viernes, 30 de diciembre de 2016

Introducción de la piedra de la locura


Mi alma es un petirrojo con las alas mordidas
por un turbión de hambrientos perdigones más fríos que la muerte,
más que no sé qué cosa, el caso
es que jamás he visto un petirrojo
ni sé si alguna vez, por más que en sus poemas
los mencionase Emily Dickinson,
existió el petirrojo;
mi alma es un perro flaco
ladrándole a las pulgas a las puertas
de un lupanar psiquiátrico con probada experiencia
en las innobles e infecundas prácticas
de la penetración bucal y anal y la lobotomía.