domingo, 18 de diciembre de 2016

El grito

a ME, que ama el verano, escucha y usa cintillo de flores

Grito y grito, lo sé,
cada vez con más fuerza.
Con el aliento roto
y el sexo hecho jirones
y la aurícula izquierda
y el ventrículo mudo
y todo el corazón
desangrado en la mano,
grito con fuerza. Y grito
con desesperación,
dolor dolor, espinas
en la garganta seca,
por vos, por mí y por ellos
que son nadie, por todos
los que nunca han gritado
y sufren, se retuercen
de impotencia en sus tumbas
prematuras y mudas
en este mundo-tumba,
en este mundo-tumbo,
en este mundo-tango,
en este mundo-timba
que no es mundo ni muda
la piel porque está mudo,
está ciego, no crece,
nunca escucha, está muerto.
Y grito y grito. Grito
cada vez con más miedo,
con más sílabas-ruina,
con el alma más ronca,
la esperanza más muerta,
porque sé que no hay dios,
nadie que escuche, nadie,
que es inútil el grito,
la palabra, el susurro,
que estás sola, que estamos,
con los tímpanos rotos,
el verano enterrado
en la nieve y el verso
castrado siempre, solos,
siempre solos, muy solos
y no hay nadie, no hay nada,
nada, nadie...
                          no somos.

1 comentario:

carlos parejo dijo...

Versoz dolorosamente solitarios entre la multitud