viernes, 30 de junio de 2017

Los invisibles y el fuego


Durante la última y reciente tragedia que ha asolado Doñana —el pavoroso incendio que ha calcinado más de 8 mil hectáreas de monte— hay un aspecto para nada baladí, que apenas ha sido recogido en medio de comunicación alguno: el de los asentamientos de inmigrantes existentes en el área del incendio y el consiguiente peligro sufrido por sus moradores ante la magnitud de tal catástrofe. Unos asentamientos con unas condiciones de habitabilidad más que deplorables, ante las cuales las administraciones competentes llevan haciendo la vista gorda desde hace décadas. Porque ellos —tales inmigrantes—, aun siendo los operadores hoy indispensables de la cochambrosa tramoya que permite representar la función, tan enriquecedora para algunos, del oro rojo, son los invisibles, los marginados, los nadie. Como también, aunque nos empeñemos con contumacia a cerrar los párpados, son nuestra responsabilidad y nuestra vergüenza.

El incendio de Doñana, entre otros muchos aspectos, debería empujarnos, para tratar de poner en marcha las necesarias soluciones, a repensar la problemática que suponen las execrables condiciones de vida que padecen estos seres humanos, estos incansables y mal pagados trabajadores sin rostro. En primer lugar, y lo más importante, por una cuestión de humanidad: nadie merece malvivir en unas condiciones tan ignominiosas. Como nadie merece estar sometido al permanente y descomunal riesgo de ser víctima de catástrofes semejantes. Afortunadamente, en esta ocasión, no ha habido que lamentar desgracias personales.

Y en segundo lugar, por si la solidaridad y la justicia no son motivos suficientes para algunos de nosotros, por razones que, sin poder ser calificadas de egoístas, no tendrían nada que ver con las medidas necesarias y de justicia a poner en marcha para aportar un poco de dignidad a la vida de estos seres humanos: el riesgo de incendio. Porque estos improvisados e insalubres campamentos, no creo que quepa duda alguna al respecto, constituyen, por estar ubicados habitualmente en áreas forestales y ser necesario el uso en ellos del fuego para actividades tan indispensables como cocinar o protegerse del frío, un factor más de riesgo en la declaración de incendios en nuestros montes. En Doñana y en muchos otros rincones de Andalucía. Porque esto, amén de ser un aspecto hasta ahora apenas tenido en cuenta en el desarrollo de políticas sociales y de solidaridad en Andalucía, debería ser también una cuestión de capital importancia para la conservación de nuestra riqueza forestal y nuestros espacios naturales.

1 comentario:

carlos parejo dijo...

Excelentes artículos, la verdad debe ir por delante de la publicidad institucional