sábado, 11 de octubre de 2014

Nada que ofrecer



no es esta mezquindad
de ahora que me empuja
a ocultar con encono
las manos en los cauces resecos del olvido
producto del orgullo
es sólo que de tanto
mantenerlas tendidas en el frío
del ayer para nada
se han mudado en muñones
ásperos y resecos
quebradizos
y temo de tenderlas
nuevamente que estallen
proyectando su lóbrega
metralla contra el ojo
que aún muy de cuando en cuando
sueña con el prodigo
del sol amaneciendo
e iluminando un franco
sendero hacia el lejano
y siempre inalcanzable
edén del horizonte
es que ya no me queda
nada para ofrecer
lo poco que tenía
se me pudrió en las manos
como un fruto maduro
en la rama de un árbol
en mitad del desierto
no es esta mezquindad
de ahora mezquindad es miedo
a confirmar que todo
—el sendero las manos el sol el horizonte—
no fue más que el aullido
inaudible y ahogado
sin fe de una quimera
que nunca hubo nacido
un dibujo en un muro
apartado y sombrío
que aun virgen ya comienza
a desaparecer
borrado por la lluvia
del otoño incipiente
no es esta mezquindad
de ahora mezquindad es el preludio
de lo que ha de llegar
inminente
la muerte

1 comentario:

carlos parejo dijo...

iDEALISMO DE LOS SETENTA, IDEALISMO DE LA JUVENTUD. AHORA TOCA HACER BALANCE PARA LO QUE LLEGARÁ Y PUEDE SER MÁS NEGRO QUE ROSA