sábado, 4 de octubre de 2014

Manda narices

El tamaño de la nariz de la alimaña política suele ser inversamente proporcional al de su decencia. Entonces ¿por qué hasta las más procaces parecen púgiles a los que les ha sido limada concienzudamente la ternilla? ¿Acaso Photoshop? No necesariamente. Y es que el cinismo y malfacer de un político narigudo guardan, salvo contadas excepciones, relación directa con la magnitud de la ceguera del pueblo al que embauca, veja y ningunea.

1 comentario:

carlos parejo dijo...

El sistema democrático imperante es aún una sociedad estamental y a a la clase política, a los banqueros, etc. se le permiten cosas que no se admitirían al ciudadano común, como tener tarjetas fantasmas para gastar a troche y moche