lunes, 13 de octubre de 2014

Homilía

El cura trajo al pueblo, hace unos años, dos sobrinas carnales desde la capital. La verdad es que, viéndolas, nadie hubiese afirmado que eran sangre de su sangre. La cosa comenzó a cambiar luego de que las dos muchachas quedasen embarazadas. Aquellas tres criaturas –una dio a luz gemelos–, de padres nunca conocidos, estaban hechas a la imagen y semejanza del, como se demostraría no mucho más tarde, convincente sacerdote. Cuando aún no contaban con la edad preceptiva para recibir su primera comunión, el cura fue trasladado por el arzobispado a misiones, dicen que como represalia a su repentino empeño por difundir entre su feligresía las Leyes de Mendel.

1 comentario:

carlos parejo dijo...

Los curas anglicanos-los ingleses son tan prácticos- solucionaron tiempo ha estas calenturas