domingo, 8 de marzo de 2015

Origen

Todo empezó con un gruñido.
De asombro, gozo, espanto
o, tal vez, de dolor
terminal sin consuelo.
Después vinieron miles,
millones de gruñidos similares.
Desde tribunas, púlpitos,
podios y pedestales,
los necios reclamaban,
a gruñidos, silencio.
Eran gruñidos simples,
sin imaginación,
invariables siempre,
que acusaban, severos,
a aquellos que gruñían
sin ser autorizados,
de ser innecesaria-
mente repetitivos,
de plagio, de perder
y hacer perder el tiempo
a ellos, los guardianes
del gruñido genuino,
poco más que el silencio.
Pero eran bien distintas las razones.
Porque, de cuando en cuando,
entre tantos gruñidos
iguales, por azar
o fruto de la lógica,
surgía un gruñido nuevo;
un gruñido avanzado,
subversivo, fecundo,
que ponía en cuestión
el orden instituido.
La historia subsiguiente
fue escrita con mordazas,
razias, persecuciones,
mazmorras y patíbulos,
que pese a su violencia,
no pudieron parar
esos nuevos gruñidos.
Gruñidos que a los hombres
dejaron por legado
lenguaje, discrepancia,
entendimiento, diálogo,
rebeldía y poema.

2 comentarios:

P MPilaR dijo...

*todo el tiempo del mundo para perdurar gruñidos.
volveremos fácil a los ((des))orígenes contaremos idéntca historia.


un descubrimiento, este blog

saludos

carlos parejo dijo...

Muy darwiniano. Pero cúando surge la conciencia y no el instinto de que un gruñido es subversivo, cuándo se idean las tácticas y estrategias cerebrales para controlar el poder...