lunes, 9 de marzo de 2015

La extinción


Cautivo de los perros
del insomnio, deambula
llevado a la deriva por las olas
como un bajel fantasma. En estas aguas,
el frío del olvido huele a sangre
y naufragios anónimos:
invocación diabólica
desvelando a las bestias del abismo
—escualos de titanio
que en sus fauces trituran
la ternura y los sueños,
y luego los escupen
al rostro de un mañana
que se pudre entre sombras
y espejismos azules.
En estas aguas rojas
henchidas de metano
y sulfuro de hidrógeno,
hay que mudarse en témpano
de hielo, en piedra inerte
para seguir, sin vida,
albergando el delirio
de otra aurora fecunda.

1 comentario:

carlos parejo dijo...

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