sábado, 28 de marzo de 2015

Lookheed Martin y su Olimpo

Los dioses de la guerra,
amén de sanguinarios,
no son seres bizarros y apolíneos
siempre en primera línea
y leales a los suyos.
Ares no es más que un mito.
Los dioses de la guerra
son engendros panzones,
traicioneros, cobardes,
que ocultos, sin dar nunca
la cara ni llegar
a hollar con sus pezuñas piroclásticas
un campo de batalla,
orquestan, miserables,
desde sus confortables y lujosas
trincheras erigidas
con vísceras y sangre,
el lento Armagedón contra natura,
el más inicuo crimen
contra la Humanidad, el exterminio.

1 comentario:

carlos parejo dijo...

¡Qué Dioses tan inhumanos, para darles este nombre¡