miércoles, 18 de marzo de 2015

La adopción

Cuando murió mama, fui dado en adopción a una pareja de terratenientes. Recuerdo que me odiaban. Pero nunca tuvieron hijos, y yo era para ellos, el fruto del amor de los vencidos. Un maldito bastardo, según decían a veces, al tiempo que un esclavo; el deseo malsano de dos viejos sin alma. Yo nunca los llamé papá o mamá; porque me recordaban, pese a ser unos diablos, de un modo u otro a los abuelos. Con el paso del tiempo, aquel lugar extraño y el dolor hicieron que borrase de mi mente a mis seres queridos y todos los detalles del pasado. Yo era un ser nuevo sin historia. Sólo Rodolfo, el gallo, que en aquel mundo hostil, era mi único amigo, me hacía, en ocasiones, volver la vista atrás y dudar del presente.

1 comentario:

carlos parejo dijo...

A veces los animales son lo más inocente del desolador relato rural kafkiano de tu Nerva natal