jueves, 15 de mayo de 2008

Nocturno (III)


Se han dormido los sueños, cansados de cellisca.
Rendidos sobre el páramo,
Finísimas partículas de hielo
Le tejen a su piel un manto oscuro
-Esa noche que cae
Cuando ya perecieron los temblores-,
Que en círculos perfectos sobrevuela su frío.
Sí, se han dormido, mas
Que nadie se lleve a engaño: los sueños
Sienten; aun llenos de escarcha sus párpados,
Sienten; con su sangre parada, sienten.
Porque funde la sal, con su aliento, la nieve,
Y penetra en la herida un licor amarillo,
Salobre y aguzado como espejo.
Y así dormidos, cual custodio insomne,
Se miran en el vuelo del iris de las sombras
Colmados de dolor, pero sin miedo.

1 comentario:

Anónimo dijo...

No hay que tener miedo de los sueños,de soñar, es tan placentero...
Me alucinas con tus letras.
Besos