jueves, 8 de mayo de 2008

La gangrena en el verbo


Cómo alborozar mi canto.
Cómo otorgarle dulzor
Si me anega un amargor
Que no apacigua ni el llanto.

Cómo amansar este espanto.
Cómo templar mi dolor
Si jamás brilló el amor
Aun queriéndote yo tanto.

Cómo amarrarme a la vida,
Cómo seguir resistiendo,
Cómo sanar de esta herida,

Sumergido en el estruendo
De la palabra prohibida
En mis entrañas muriendo.

Cómo.

Cómo.




Ilustración: Massimo Chiodi.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola primazo poeta.

Ahora te voy comprendiendo cuando me decías que no me preocupara cuando parecía que estabas en las últimas...

Sí: el poeta es un actor solemne, soberbio (en el buen sentido), exhibicionista (en el buen sentido), aireador, oreador de su propia alma y de las otras que se le acercan.

Abrazo solemne.

PS.: Primo ¿tú eres el del 1'94? Si es así, puede que arreglemos algo con la tita Carmen... ; D

Anónimo dijo...

Tenemos algo en común hoy, ambos estamos anegados, y aunque lo que subí hoy es de hace tiempo, me sentía identificada.

A veces lo mjor es simplemnte dejarse.. a la inercia..no buscar el como.

Un beso

Anónimo dijo...

Pues no sé... déjame pensar. Cuando se me ocurra algo te lo cuento bajito... ¿vale?
Besos (dios... qué prolífico eres, ¿de dónde sale tanto talento?

Anónimo dijo...

Compartiendo

El dolor se alivia algo cuando se abre a otros; su densidad, entonces, parece esponjarse y aunque nos sentimos solos, percibimos que la palabra amiga que nos susurrra queda, nos acompaña

Ecos desde mi isla, querido poeta.

Anónimo dijo...

Vuelvo como siempre a beberme tus versos.

Abrazos Rafa, estoy bien :-), besos.

Anónimo dijo...

Cuando te leo pienso:
ojalà se trate de antiguos dolores, de una mutaciòn de sensaciones, de una fusiòn de heridas lejanas ...