“Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación.
La comunidad participará en las plusvalías que genere la acción urbanística de los entes públicos”.
Artículo 47 de la Constitución Española.
Mientras cien policías como armarios
Cumplían con contundencia las órdenes
De proteger al sufrido operario
Que estaba derribando las chabolas decrépitas
Donde habitaba un grupo de gitanos de mierda,
Estaba la Ministra de Vivienda
En una sesión de peluquería,
A objeto de acudir arregladita
A dar una estudiada conferencia
Sobre “nuestro” sector inmobiliario
Y su sin par pujanza.
Por su parte, el Consejero del ramo
Para la Comunidad de Madrid,
Hastiado en su despacho,
Hacía pajaritas de papel,
En tanto el Presidente del Gobierno,
Con un gran apretón,
Había tenido que interrumpir
Un instante el Consejo de Ministros
Por ir a dar de cuerpo.
(Veintisiete policías heridos
Y un montón de crïaturas durmiendo
A partir de esa noche a la intemperie).
Y yo sin poder dejar de pensar
En que a veces el pueblo necesita
Echarse al hombro la ametralladora
Para conservar su Soberanía;
O eso, o seguir esclavizado.
Pero luego, bastante más calmado,
Termino por conclüir, como siempre,
Que no es buena solución la violencia
Y, cruzado de brazos,
Gozo mi esclavitud de privilegio
Sin volver a acordarme para nada
De esos desgraciados que en esta noche
Dormirán a la luz de las estrellas…
¡Qué final tan poético! ¡Qué puñetera mierda!