martes, 13 de noviembre de 2007

Aunque las hadas no existen


Sé que es absurdo afirmar su existencia,

Mas ha venido a visitarme un hada.

No me ha otorgado deseos ni nada,

Pero mi alma anegó de su presencia;


Y el aire de sus alas, mi dolencia,

Levemente ha dejado aletargada

Y las sombras ha henchido de alborada

Su vuelo de azulada opalescencia.


Tras un breve soplo, alejóse aprisa,

Mas me queda el calor de su sonrisa

Calentando las nieves de mi invierno,


Quebrando los cerrojos de mi infierno,

Haciendo renacer la fantasía

En mi noche de ensueños tan baldía.


Ilustración: Hada azul (tomada de enfemenino.com)

La cenicienta



Cuando sonaron las doce campanadas y hubo de salir corriendo a toda prisa, se sintió francamente aliviada de poder alejarse al fin de aquel príncipe aburrido, chapado a la antigua –cosas de príncipes, pensó- y con mal aliento, que no había dejado de pisarla continuamente durante el baile ni de sobarle insistentemente el trasero. Después, cuando, a pleno galope, su espectacular vestuario de estilo gótico no se convirtió en harapos, ni la carroza en calabaza, ni los caballos en ratones, y los cocheros continuaron siendo cocheros, empezó a dudar acerca de la existencia de las hadas y a pensar la de cenizas que tendría que barrer para alcanzar a pagar la factura de “El Corte Inglés”.

Cenizas


Hoy –debo estar
Envejeciendo-
Me he puesto a repasar
Una agenda cenicienta
Del año noventa y cinco.
Citas perdidas en la bruma
Del aroma a papel
Viejo y del menguante
Brillo de lo pretérito, y anotaciones
Confusas –ciénaga viscosa
De la desmemoria-
ya indescifrables.
Sólo borrones de tinta azul
De cuando yo, como ayer, era
Otro, y tú, aún
No existías
Como nunca
Como ahora
Como siempre.


Agosto de 2006


Ilustración: M. C. Escher, Manos dibujándose, 1948.

lunes, 12 de noviembre de 2007

La flor de las nieves

Venimos al mundo, heridos de muerte;

Con el estigma fatal de la nada

Esculpido en la frente,

Y en el llanto primero ya se advierten

- - La congoja y la angustia que, engarzadas

Cual garras en el grito y la mirada,

Son de abismos simiente.

Y no espera la muerte agazapada

- - A que se hayan cumplido nuestras horas

Para abrirnos la puerta a otro destino

De avernos, purgatorios o de glorias,

- - No somos ni ceniza en el camino,

No somos ni siquiera la memoria

De un edelweiss marchito.

El dolor de seguir presente


Si fuese un dios inmortal

Yo te otorgaría el don

De la existencia infinita;

Y una vez hecho el prodigio

Arrancaría a bocados

La eternidad de mi vida,

Para impedir que tuvieras

Que soportar para siempre

Mi omnipresencia maldita.


Pero los dioses no existen

Habitando el más allá

Como augurio de otra vida;

Y a mi esencia de mortal,

Le es imposible evitar

Condenarte día a día,

Al dolor de mi presencia,

Ni a ver tu ausencia brotar

Cual veneno en mis heridas.


La rosa azul


Ando buscando entre espinos
Un instante de locura,
Unas alas, unos remos,
La voz de un faro en la bruma
Tan fugaz como el relámpago
Y frágil como la espuma.
- - Una llama que, en lo oscuro,
Certera, fuerte y segura,
Seccione a fuego el momento,
Cual filo de espada aguda,
Del azul de aquella rosa
Marchitándose sin luna;
- - Que abisme la aciaga noche,
Sin calor y sin albura,
En que muriera el pasado
Enterrando en amargura
Los futuros y el presente,
La tibieza y la dulzura;
- - Un breve instante de olvido
Que me aleje de la angustia,
Que me impide dar color
A la corola cerúlea
Que arranqué de aquella flor
Dejando mi alma desnuda;
- - Una estrellita en el cielo
Que torne mi llanto en lluvia
Y haga renacer la rosa
Que, hermosa, pródiga y pura,
Alegraba mi jardín
Con su azul y su ternura.

domingo, 11 de noviembre de 2007

Erosión


"Nunca habéis visto agonizar un sueño?"
Delmira Agustini


Con cuanto amor odia al mar
el triste espectro en las olas
de mi castillo de arena.

La bestia durmiente


Cuando, viéndola tan bella e indefensa, abrió la urna de cristal de la que yacía presa para besarla en los labios, era incapaz de imaginar que, con aquel ósculo dulce e inocente, estaba haciendo saltar los cerrojos de las puertas del infierno.

Cruda ternura


Ella preguntando vino por mis musas;

¿Mis musas? Le dije, un tanto aturdido

Por lo inesperado; y sin más excusas

Pase a relatar el gran sinsentido


Que eran mis poemas.

----------------------------------- ¿Es que tú me acusas

De hacerte sentir verso dolorido?

-Clamó al alto cielo- Como siempre abusas

De tu condición de amante rendido;


Me niego a asumir que pueda ser yo

El monstruo que inspira tu cántico; ¡no,

No soy un demonio!

--------------------------------- La estreché en mis brazos


Con franca dulzura, y con la mirada

Dije con tristeza: Tú eres ángel, hada,

Pero son mis versos tu ausencia a mazazos.


sábado, 10 de noviembre de 2007

Siempre que estalla un llanto



Rasgando la noche despertóme un llanto,

Un llanto profundo, sumiso, cansado;

Sonaba a desierto, a mar desolado,

A heridas, a muertos, a angustia y espanto.


Era musical, pero, más que canto,

Era un hondo abismo, un trozo arrancado

Del grave silencio, lo mismo que un fado

Cuando la saudade deja de ser manto


Protegiendo el alma y ya sólo queda

La desesperanza, y el guante de seda

De las utopías se mudó en ceniza.


¿Quién será que así se agosta sufriendo?

-Me inquirí abrumado-. Tristes, respondiendo,

gimieron mis ojos con voz de albariza.

Flor de invierno


Como expresión de mi amor,

Compuse, triste, una décima,

Pero resultó tan pésima

Que causó un hondo dolor,

Arrancándole a mi flor,

Como helada ventisquera,

Su color de primavera.

Y desde entonces mis versos

Gimen de invierno posesos

Consumiéndose de espera.


Fotografía: Carlos Javier González Delgado

viernes, 9 de noviembre de 2007

Apuntes para un breve diccionario íntimo: (I) Vacío


Vacío:

No, no es la nada sin peso
Es como un lastre que arrastra,
Enroscándose en el cuello,
A los infiernos el alma.

Compulsión

Escribo mis poemas a destajo,
Sin pausa, de manera compulsiva.
Todos llevan la marca de la lila
Prendida de sus versos,
Y en todos ellos se embosca un gemido
Ahogado en el silencio.
No conozco con certeza el motivo
Que a derramar me obliga tanta sangre,
Aunque comienzo a sospechar, no obstante,
Que trato de encontrar en una estrofa
El cántico solemne que exprese mis anhelos,
De Jericó trompeta, derribando
Murallas y fronteras.
Y de este modo me voy desangrando
Sin poder asumir que la verdad
Es que las piedras están más que sordas,
Que mudas que ciegas que muertas… piedras
Sobre el mármol amargo del sepulcro
Donde habitan mis sueños.


El líder que perdió una tilde

Comenzó su alocución hablándoles de “lo colectivo", de "nosotros”, de lo “nuestro”: “Nosotros lucharemos…, es nuestro deber…, será nuestro trabajo colectivo el germen de otro mañana.” Pero, al pasar al capítulo dedicado a los frutos esperados, empezó por decirles: “Sólo yo…”; y se quedó solo.

Claro de luna (II)

Con este claro de luna
Que, rasgando la penumbra,
Con su levedad alumbra
Las sombras de esa fortuna
Que se fuera contigo, una
Duda me ata, pavorosa:
Si yo prendiese una rosa
Con su luz en tu mirada…
¿Fuera cual golpe de espada?,
¿Caricia de mariposa?

jueves, 8 de noviembre de 2007

En las últimas

“Sin sueño”, de Man Yu Fung.
Cada vez que yo te sueño
Me desvelan en la noche
Los fantasmas del pasado,

Fantasmas que me desgarran
De silencios y de ausencias
Cuando trato de alcanzarlos.

E inclino mi angustia, insomne,
Tratando de vomitarme
Desde el lecho, acongojado,

Para en veneros de nauseas
Dilüirme para siempre
Con mi afecto degollado.

Mas tengo el alma vacía,
Y sólo una bilis negra
Acude gimiendo espanto.

Breve tratado de psicología doméstica. Epílogo: Angustia.


Errabundo en las sombras me confundo

Y en mi espalda, rotunda, se derrumba

La infecunda penumbra de mi mundo.


Y una voz verecunda de ultratumba

Entona sin piedad un salmo inmundo

Que me abisma en la oscura catacumba

Donde aguarda un fantasma que, iracundo,

Moribundo y sin rumbo en negra tumba,

Ansía enterrar mi cadáver.


------------------------------------------ Dando

Tumbos y tumbos me alejo tratando

De escapar de sus fauces;


----------------------------------------- pero el son

Que desprende mi pánico, descubre

Mi último efugio, e inerte se cubre

De estéril ceniza mi corazón.



Fotografía: Rita Bernstein.

Breve tratado de psicología doméstica. Preludio: Impotencia.


Huyendo de un voraz

Enjambre de alimañas pavorosas

Logro alcanzar la orilla

Con toda mi esperanza desollada

De arrastrarla sin pudor por la arena.


Busco del mar su bálsamo,

Pero el mar ya no existe.


En su lugar, un abismo me llama

Desde su hondo silencio

Que anuncia eternidades sin aliento;

Un profundo pavor recorre mi espinazo

Y, dándome la vuelta,

Trato entonces de enfrentarme a mis miedos.

Mas ya sólo queda tiempo perdido

Sobre el yermo camino del pasado;

Y me quedo varado

Al borde de la muerte,

Con la vida pudriéndose

En mi piel y mis labios.



Fotografía: Barrie Hullegie.

miércoles, 7 de noviembre de 2007

Manual básico de pesca

Sueltas sedal, y, cuando siento
Cual manantial, junto a mis labios,
La dulce luz de mis anhelos,
Entonces tú, rompiendo el gozo
De mi alma azul, jalas de nuevo.

Pez de agua dulce,
Muero de sal
Sobre la sed
De este mar muerto.

Hambre

Australia, tierra de oportunidades, de canguros y de surf, es también tierra de Ciencia. Allí, un grupo de científicos, coordinados por Herbert Herzog, director de investigación neurológica del Instituto Garvan en Sydney, ha descubierto como activar y desactivar el hambre. Aunque parece sencillo, seguro que no lo es tanto. Se trata de una molécula, conocida en ámbitos científicos con el nombre de MIC-1, que producida por los cánceres comunes actúa sobre los receptores del cerebro que activan y desactivan el apetito, inhibiéndolo. Y, mediante el uso de anticuerpos de la citada molécula, estos investigadores han constatado que el hambre también puede ser reactivada. Esto, en “nuestro” Primer Mundo, abre las puertas a la esperanza de una posible cura para enfermos de obesidad y anorexia, e incluso para frenar en lo posible los efectos de cánceres avanzados que en poco tiempo consumen a los que los sufren por falta de apetito. Bienvenido sea, pues, el descubrimiento.


Pero, puesto a fabular, pienso que podría no quedar ahí la cosa. Se me ocurre –que me corrijan los científicos si me equivoco- que, en el Tercer Mundo, ya que más que dedicarnos a sentar de una vez por todas las bases para su desarrollo, continuamos esquilmándolo como hace siglos, se podría inocular la dichosa molécula a tanto y tanto famélico, a tanto y tanto niño comido de moscas, para inhibirles el apetito. Muchos de ellos seguirían, como ahora, muriendo de inanición, pero, al menos, “no pasarían hambre”. Igual puede que salga más caro que acabar con su hambruna crónica nutriéndolos, pero, bueno, si con ello se consigue engrosar considerablemente los impresionantes beneficios de las humanitarias compañías farmacéuticas, pues lo comido por lo servido –nunca, quizá, mejor utilizada esta expresión.

Y hasta puede que, sintiendo su estómago vacío satisfecho, muchos de esos delincuentes habituales que se aventuran a cruzar el estrecho para venir a nuestra tierra a robarnos el trabajo, el reproductor de Mp-3 del coche y hasta a “nuestras” mujeres, e incluso a tratar de imponernos su bárbara cultura, decidan permanecer allende los mares y dejar de ocasionarnos tanta puñetera molestia. Creo que la Comisión Europea y hasta nuestra Secretaría de Estado de Inmigración y Emigración, deberían tomar buena nota de éstas investigaciones desarrolladas por el Instituto Garvan, por si en un futuro no muy lejano pudieran representar la solución definitiva a tanta indeseable invasión como asola nuestros lugares patrios. Y es que lo que no se consiga con la tecnología y la ciencia…

Escribo...

martes, 6 de noviembre de 2007

Vértigo



Se extinguen con la sangre de la lila
un ayer, un afecto, una esperanza,
tornándome veneno la añoranza
de ese tiempo perdido que destila


un mar negro de llanto, en la pupila,
que me seca, me quiebra, que me lanza
a los ritmos oscuros de una danza
que me abisma, me asombra, que me asila


en mazmorras plagadas de humedades,
desazón, alaridos, soledades,
turbación, pesadillas, desesperos,


vastación, pesadumbre, tembladeros,
damnación, sacrificio, postración,
aflicción, podredumbre, perdición.


Febrero de 2007



Imagen: Vértigo, de Salvador Dalí (1930)



lunes, 5 de noviembre de 2007

Sin descanso


Sin cobijo

De tu canto,

Con espanto

Me dirijo


Al prolijo

Camposanto

Do mi llanto

-Tal que un hijo


Pavoroso

Del mutismo-

Se hace foso:


Cataclismo,

Sin reposo,

De mí mismo.


Fotografía: Farran Bagg

27 de septiembre

El mar,
En este instante tan lejano,
Nunca duerme
Aunque, a veces,
Aletargue tanto sus gemidos
Que pueda parecernos que descansa.

El mar,
Insomne impenitente,
Que trata de besar la arena de plata de la luna
-Sólo un reflejo de sol en la sal de sus aguas-,
Impotente, pierde el sueño
Alargando la sed de
nochespumas
En sus ansias de bruma evanescente;
Y cuando un rumor lejano,
Parido desde el silencio,
Trae recuerdos sin palabras
De todo lo imperceptible
Va la marea sin vuelta.




Las hojas filosas de las palmeras,
Como esquirlas de acero esplendente
Al sol de media tarde mecidas de poniente,
Atraen hacia el cielo mi mirada
Buscando otro brillo celeste.

Sólo,
Un espejismo.

Los patios,
Antaño vestidos con batas blancas
Olor a penicilina y somnolencia de quirófanos,
Hoy,
Abandonados a este calor de la tarde
De un verano que ya ocupa su ataúd,
Pero aún está caliente,
Mientras se halla presa la oratoria bajo altares ya paganos,
Son la antesala del invierno.

Los pasillos,
Esos pasillos,
Tan inmensos
Que se dirían salones de baile,
En mitad del bullicio,
Vacíos;
Las estancias
Deshabitadas,
La biblioteca
Desierta,
Sin libros que expliquen los misterios
Y a merced de fantasmas antiguos,
Espectros de un futuro de quimeras.

¡Cuánta soledad
Acecha!
¡Cuánto frío!
¡Cuánto sol muerto!

Noctívago en la tarde
Me adentro entre las sombras.

Pronto,
Muy pronto,
Con la inminencia de islas desiertas,
Saldré hacia el asfalto
-Ese asfalto mancilloso
Que va sumando grises día a día
Enterrando la primavera hecha jirones-,
Y, sin brújula ni estrellas,
Pondré rumbo al mar,
Ese mar insomne
Que aguarda a los insomnes sin sueños
Ni libros que expliquen los misterios
De ojos heridos de palmeras
Desarraigados al contraluz del celeste.

El mar
Vigilia
-La mar-
Camufla en metáforas rompientes
La triste alegoría de un mal sueño.


27 de septiembre de 2006

De lo absoluto


Aquella tarde salió de la mazmorra sólo con la intención de caminar un poco. Era ya demasiado tiempo, y no podía continuar permitiéndose no sentir bajo sus pies el frescor de la hierba y de la tierra mojada. Pero, al traspasar los umbrales del gemido, nada más que encontró sequía y asfalto. Y caminó y caminó y caminó hasta más allá de la última de sus pisadas sin huella sobre la roca estéril de las horas muertas. Y allí lloró de desconsuelo y espanto mientras se dejaba devorar por la niebla, y el estruendo de un enjambre de alimañas en la sangre rompiendo la barrera del sonido. Su último pensamiento fue de incredulidad para con Einstein.

Fotografía: Demina Antona.

domingo, 4 de noviembre de 2007

Cordura


Hay veces en las que la realidad no supera a la ficción, pero en las que tampoco se le queda por detrás. Es entonces cuando la vida se nos muestra en toda su crudeza, con la sangre, chorreando aún caliente, negando la existencia de los fantasmas.



Fotografía: Jenni Tapanila.

El legado


Mi padre era un ser excepcional. Por su profesión, nos veíamos obligados a cambiar frecuentemente de lugar de residencia, y en todos, sin excepción, y por corta que fuese nuestra estancia, acabó por estar enfrentado con todos y cada uno de los vecinos que hubieron de soportarle; mi padre odiaba a muerte. No sé si, en parte como reacción a esa tan manifiesta excepcionalidad paterna, y en parte, quizá también, por haberla recibido como legado, es por lo que he terminado por enamorarme perdidamente de la vecina del noveno, y por no poder dejar de pensar ni por un instante en encontrar el modo de asesinar a su marido sin dejar rastro alguno.


Fotografías: Elisa Lazo de Valdez.

sábado, 3 de noviembre de 2007

La lila y la llaga

Fuiste bálsamo y herida
Sobre un ansia sin conjuros

Ya no más que llaga infecta
Cubriendo la piel precaria
De un fantasma desahuciado


(La lila de hielo ulula…
Celeste
--——-- Celeste

------------------------Lívida)


Octubre de 2006

Sin perdón

Ya que se ha eternizado

La oscura tiranía del silencio,

¿Por qué no consumas la tentativa

De escribirme un poema?

No es tan difícil, sólo

Has de dejar flüir tus sentimientos

Sin el quedo remanso de las máscaras.

Así podré saber,

Sin bruma en la gramática ni ortográficas sombras,

La verdad del abismo que se hospeda en mi sangre.



Con la fuerza de un verso,

Sobre el alma que gime en carne viva,

Decreta, sin metáforas, el fallo inapelable que sentencie:

¡Muérete para siempre!

Y aligera mis pasos sin aliento

Por el vacuo corredor de la muerte

Sin otorgarme falsas esperanzas

De una amnistía que nunca podrá

Ser concedida a tiempo,

O tus lágrimas frías al pie de mi cadalso.


viernes, 2 de noviembre de 2007

Un sueño (un relato de Franz Kafka)

Josef K soñó lo siguiente:


Era un día hermoso y K salió a pasear. Pero inmediatamente llegó a un cementerio. Vio numerosos e intrincados senderos; K flotaba sobre uno de esos senderos como sobre un torrente, deslizándose ligero. Desde lejos, vio el montículo de una tumba recién rellenada y fue hacia allí. Aquel montículo ejercía sobre él una extraña fascinación, y le parecía que no podía acercarse con la suficiente rapidez. A veces la tumba casi desaparecía de la vista, oculta por estandartes cuyos lienzos ondeaban y se entrechocaban con fuerza; no veía a los portadores de los estandartes, pero era como si se celebrara una fiesta.


Seguía mirando a lo lejos, cuando vio de pronto la misma sepultura a su lado, cerca del camino; pronto la dejaría atrás. Saltó rápidamente al césped. Pero como en el momento del salto el sendero se movía velozmente bajo sus pies, se tambaleó y cayó de rodillas precisamente delante de la tumba. Detrás de ésta había dos hombres que sostenían una lápida en el aire; en cuanto llegó K plantaron la lápida en la tierra, dónde quedó sólidamente encajada. Entonces surgió de un matorral un tercer hombre, en quien K reconoció inmediatamente a un artista. Sólo vestía pantalones y una camisa desabrochada; llevaba una gorra de terciopelo, y con un lápiz iba dibujando figuras en el aire mientras se acercaba.


Apoyó el lápiz encima de la lápida; como la lápida era muy alta, el hombre no necesitaba agacharse, aunque sí inclinarse hacia adelante, porque el montículo de tierra (que evidentemente no quería pisar) lo separaba de la losa. Estaba de puntillas y se apoyaba con la mano izquierda en la lápida. Con prodigiosa destreza, trazó con su vulgar lápiz letras doradas; escribió: "Aquí yace". Las letras eran claras y hermosas, profundamente grabadas y de oro purísimo. Cuando hubo escrito las dos palabras, se volvió hacia K, que, ansioso por saber cómo seguiría la inscripción, apenas se preocupaba por el artista y sólo miraba la lápida. El hombre se dispuso nuevamente a escribir, pero no pudo; algo se lo impedía; dejó caer el lápiz y nuevamente se volvió hacia K. Esta vez K lo miró y advirtió que el artista estaba sumamente asombrado, pero no podía explicarse el motivo de su estupor. Su anterior vivacidad había desaparecido. Esto hizo que también K comenzara a sentirse perplejo; intercambiaban miradas desoladas; había entre ellos algún odioso malentendido, que ninguno de los dos podía solucionar. Sin venir a cuento, comenzó a repicar una campanita de la capilla fúnebre; pero el artista hizo una señal con la mano, y la campana dejó de sonar. Poco después comenzó nuevamente a repicar; esta vez con mucha suavidad y sin especial insistencia; inmediatamente cesó; era como si solamente quisieran probar su sonido. K se sentía afligido por la situación del artista; comenzó a llorar copiosamente en el hueco de sus manos. El artista esperó que K se calmara y luego decidió, a falta de otra alternativa, seguir con su inscripción. El primer breve trazo que dibujó fue un alivio para K, pero era evidente que el artista tuvo que vencer una extraordinaria repugnancia antes de terminarlo; además, la inscripción no era ahora tan hermosa, parecía haber mucho menos dorado, los trazos eran vagos e inseguros; pero la letra resultó bastante grande. Era una J; estaba casi terminada ya, cuando el artista, furioso, dio una patada a la tumba, y la tierra voló por los aires. Por fin comprendió K; era tarde para pedir disculpas; con sus manos escarbó la tierra, que no le ofrecía casi resistencia; todo parecía preparado de antemano; sólo para disimular habían colocado esa fina costra de tierra; inmediatamente se abrió debajo de él un gran hoyo, de empinadas paredes, en el cual K, arrastrado por una suave corriente que lo tendió de espaldas, se hundió. Mientras lo recibían las insondables profundidades, esforzándose para erguir la cabeza pudo ver su nombre grabado en la lápida, con magníficos adornos.


Fascinado por esta visión, se despertó.

De lo imposible

(Sexo débil)


Poder quisiera llevar

Un hijo tuyo en mi vientre,

En tus otoños sembrar

De primaveras simiente,


Y con mi amor alcanzar

A ser futuro y presente

Del salitre de tu mar,

Tendiendo hasta el fondo un puente.


Pero sólo soy un hombre

Que, encadenado al dolor,

Sus tímpanos vacuos rompe


Y que enmudece su voz

Porque el rumor de tu nombre

Suena a olvido y desamor.

Tanka

“En esa gran región donde el amor, ángel terrible,

No esconda como acero

En mi pecho su ala,

Sonriendo lleno de gracia aérea mientras crece el tormento.”

Luis Cernuda.



Son de tus alas,

Como espadas, rasgando

Mi pecho insomne.

Esperanza abatida

Desde cielos sin aire.

a sangre y fuego

bórrame este tatuaje

mar azul

------------- que se desdibuja innombrable


no dejes que eclipse

------------------------------- del todo

llevándosete consigo


llevándoseme


bórralo


mejor tú


y permanece

isla en la isla

si es que


bó-rra-me-lo



2005

jueves, 1 de noviembre de 2007

Lila (VIII)

I

En el barrio de Trïana

Feraz florece la lila

Que mi mirada aniquila

Y de sombras me amilana

En mis noches sin mañana.

Lila celeste, en la brisa,

Para pintar mi sonrisa,

Tu arco iris ya no asoma,

Ni tu frescor ni tu aroma...

¡Ya no rompo mi camisa!

II

Sus pétalos, como espada,

Fríos, yermos, como el hielo,

Me arrebataron el cielo,

Me abismaron en la nada,

Cuando, a mi alma acongojada,

Desterró, inmisericorde,

Dejándola sin acorde,

Cortando de un golpe el hilo

Que la mantenía en vilo

Siempre de la muerte al borde.

III

Ya no hay vestigios del huerto

Que visitara en invierno

Para aliviar el infierno

De sentirme como un muerto,

Sin velas, faro ni puerto,

En la oscura singladura

De mis noches de amargura;

¡Qué el fuego de mi impaciencia

Sembró cenizas de ausencia!

¡Fuiste, lila, quemadura!

Cordón umbilical

Del fondo de mi ser como un efluente
Brota un mar de saliva a tempestades
Que inunda cada poro de tu piel.
Y lo surco a los lomos de unos labios,
Preludio de inmersión definitiva
En la sima que me salva en sus luces
de lo oscuro, Cordón umbilical
Que me conecta al mundo.


Febrero de 2007

miércoles, 31 de octubre de 2007

Poética para Estefanía.

Estefanía

Es una chica muy exigente.

Una mañana, de aquellos tiempos

En los que aún

Yo no cuidaba rima ni métrica,

Leyó mis versos

Y me espetó solemnemente:

- ¿Dónde reside

La diferencia

De esto que escribes con algo en prosa?

Yo, humildemente, le respondí:

- En la emoción, el sentimiento,

En otorgar a las palabras

Otra semántica,

Pintando el gris del diccionario

De mil colores,

De libertad… eso es poesía,

Y lo demás

Es accesorio.

Años después,

Cuando mis versos se engalanaron

Con los ropajes de la espinela,

De las octavas o del soneto,

Vino a decirme que para ella

Era poesía

Aquel anhelo de libertad

Que yo le expuse en otros tiempos,

Que no entendía por qué caminos

Me hube olvidado de ser poeta.

Yo le expliqué que mi emoción

Estaba ya

Encadenada por el otoño,

Y que era justo

Que fondo y forma, en mis poemas,

Fuesen coherentes

Como lo fueron en el pasado.

- Pues, la verdad,

No lo comprendo –me dijo, mientras

Siguió leyendo su libro de

Marcial Lafuente, Estefanía.

Evanescencia

Desintegración de la persistencia de la memoria
(Museo Dalí - St. Petersburg, Florida)



Como barca abandonada que se pudre,
Sin bitácora ni rosa de los vientos
A la orilla de una isla, solitaria,

Así,
Se disgrega mi recuerdo en tu memoria.

Enero de 2007

Tristeza de amor

Aún sigo sin creer
En dios o eternidades.
Pero ahora que ya
Intuyo no muy lejos la hora de mi muerte
-Da lo mismo que suceda mañana
Que dentro de cien de años-,
Quisiera pedir que en una parroquia
De un arrabal de Triana.
A muerto por mí, al cumplirse mi sino,
Tañesen las campanas.
Y si alguna mujer de mirada celeste,
Preguntase ¿quién era? en la plaza de Góngora,
Respondiesen los deudos:
No era nadie, tan sólo un mal poeta
Y aún peor amante,
Que de una enorme tristeza de amor
Muy poco a poco se nos fue muriendo.

martes, 30 de octubre de 2007

Lila (VII)

(Rescoldos)

El sol,
--------- ya emboscado en el ocaso,
refulgió esta mañana
como lila estallando.

No acarició su ancha luz mis pupilas
-¡han sido tantos siglos de penumbra!-,
mas su dulce calor entibiando mis párpados,
fue el presagio de una nueva alborada
para antes que los mares, como bíblica plaga,
se atavíen de sangre.

Y una mano crispada,
pero henchida del rumor de un latido,
arañando sedimentos antiguos,
irrumpió como un grito desde el fondo
de la hosca roca madre de todos los desánimos.

Sólo fue el espectro de la esperanza
convocando a su flama mis cenizas,
mas el vivo rescoldo que ha dejado en mis venas
es la tenue simiente de nuevas primaveras.

lunes, 29 de octubre de 2007

Lila (VI)

Lo pienses o no lo pienses,
Aunque escupa en mi esperanza
La lila que heló la nieve,
Yo
--- Sigo aquí

------------------ Esperando…


Agosto de 2006

Autobiografía

Ya no alcanzo a recordar
Mi fecha y lugar de nacimiento;
Ni días de escuela e instituto
Ni el primer beso.
Tampoco me acuerdo de mis muertos
Ni si dejé algún hijo en el mundo;
Ni de auroras ni de ocasos;
-------------------------------------- Nada
Sobrevive en mi hastiada memoria.
Ya tan sólo me acuerdo de ti
Y de la noche de nuestra muerte.

El poder del corazón

Le dijo que no dejase nunca de pedirle cualquier cosa que ella pudiera procurarle. Él le pidió que tratase de acompasar por un instante el cálido galope de su corazón al ritmo de sus latidos. Y, aunque tal cosa no formaba parte de lo que consideraba posible, ella lo intentó con todas sus fuerzas. Y al lograrlo, lloró amargamente. Lloraron. Lloraron tanta muerte. Y las lágrimas airearon los sepulcros, desterrando al fúnebre cortejo, más allá de los confines del fuego.

domingo, 28 de octubre de 2007

Política de vivienda

“Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación.

La comunidad participará en las plusvalías que genere la acción urbanística de los entes públicos”.


Artículo 47 de la Constitución Española.


Mientras cien policías como armarios

Cumplían con contundencia las órdenes

De proteger al sufrido operario

Que estaba derribando las chabolas decrépitas

Donde habitaba un grupo de gitanos de mierda,

Estaba la Ministra de Vivienda

En una sesión de peluquería,

A objeto de acudir arregladita

A dar una estudiada conferencia

Sobre “nuestro” sector inmobiliario

Y su sin par pujanza.

Por su parte, el Consejero del ramo

Para la Comunidad de Madrid,

Hastiado en su despacho,

Hacía pajaritas de papel,

En tanto el Presidente del Gobierno,

Con un gran apretón,

Había tenido que interrumpir

Un instante el Consejo de Ministros

Por ir a dar de cuerpo.


(Veintisiete policías heridos

Y un montón de crïaturas durmiendo

A partir de esa noche a la intemperie).


Y yo sin poder dejar de pensar

En que a veces el pueblo necesita

Echarse al hombro la ametralladora

Para conservar su Soberanía;

O eso, o seguir esclavizado.

Pero luego, bastante más calmado,

Termino por conclüir, como siempre,

Que no es buena solución la violencia

Y, cruzado de brazos,

Gozo mi esclavitud de privilegio

Sin volver a acordarme para nada

De esos desgraciados que en esta noche

Dormirán a la luz de las estrellas…


¡Qué final tan poético! ¡Qué puñetera mierda!

Hoy vengo a pedirte perdón

Con estos versos te pido perdón

Por el afecto que yo te profeso,

Por nunca olvidarte, por el exceso

En mis ojos -henchidos de pasión-

- - Cuando te miro, por esta tensión

Que ensombrece mi rostro bajo el peso

De tu ausencia, por mi dolor confeso,

Por tanta tristeza en mi corazón.

- - Perdón también por, estando rendido,

Continuar deambulando, tan perdido,

En redor de tu ruta migratoria,

- - Empañando tus sures y tu vuelo,

Por pintar tantas nubes en tu cielo

Por querer perpetuarme en tu memoria,

- - Y ser la amarga historia,

De un tiempo perdido, de lo imposible,

En pos de tus huellas,

--------------------------------- irreprimible.

Lila (V)

(Tortuosa curvatura)


La lila celeste marca
La distancia que se extiende
Entre corazón y sueños.


Fiel amante del aroma
Que destila la botánica
Nunca dejaré de odiar
Las férreas reglas sin alma
Que impone
----------------- la geometría.

Agosto de 2006

sábado, 27 de octubre de 2007

Lila (IV)

La lila azul vive sola
Deshabitada en el yermo,
Sin ramas que la mantengan
Ni fuego en el corazón.


Pero mi leña mojada
No ha de sostener su vuelo
¡Tierra estéril de mis sueños!


Agosto de 2006

Distancia (III)

Te amo tanto en la distancia,
que vivir es un pecado...
¿No es bastante tanto amor
para al fin ser perdonado?

viernes, 26 de octubre de 2007

Tijeras

¿Y tu web? -di;
¿Qué pasó con tu web?
Era ya una de las pocas cosas
que me permitían sentirme unido
a ti,
entrar y ver aparecer tu nombre
como saludándome cada día;
y ahora ya ni tan siquiera tengo
tu nueva dirección de correo electrónico.
Ya ves,
estar a tu lado cada mañana,
sin atreverme a mirarte a los ojos,
y buscarte a solas luego en la red,
en la tela de araña,
esa absurda tela de araña
que hoy tampoco ya me sostiene.

Distancia (II)

“Cuantas veces yo pensé volver…”


Espalda contra espalda,
con el hielo creciéndose a destajo
hasta las huellas,
desde la memoria;

con palabras sin eco que se pierden
sin poder aferrarse al horizonte,
palabras sin sentido ni concierto
que, queriendo fugarse del ocaso,
se intrincan en el vacuo laberinto
de un negro firmamento sin estrellas:
ciegas sordas silentes ya sin hálito.
Espalda contra espalda,
cual estatuas de sal -en un mundo sin dioses-,
que nunca se expusieron a volver la mirada
hacia fuego y azufre por su miedo al pecado.
Espalda contra espalda: la más inexpugnable
De todas las distancias.

"Sexoñaciones"

Anoche soñé contigo,
jamás quisiera olvidarlo.
Con la luna por testigo,
sobre lecho de alabastro,

penetraron mis sentidos
tus gemidos como cántico,
tus espasmos encendidos,
tu agreste orgasmo en mis labios.

Fui después ángel de fuego,
sable en llamas, cabalgando,
sobre tu vientre, tus senos,

entre tus piernas, tus manos...
y, tras la ceniza, el cielo
de dormir en tu regazo.

Lila (III)

(Las dudas del jardinero)

Después de tanto desierto
ayer germinó la flor
en una grieta en el hielo.

Desde ayer sólo deseo
procurarle la atención
que la destierre de invierno.

Y regarla con esmero
sin que habite en el jarrón
de mis aposentos yermos.

Mas, hastiado, desespero
al pensar que su color
pueda marchitar mi aliento.

Y quebrando mis anhelos
me repliego en el dolor
de no ser su jardinero.

Agosto de 2006

jueves, 25 de octubre de 2007

Lila (II)

Ya sé que son de ceniza
Los pétalos de la flor
Que me obstino en alcanzar
Sobre el purpúreo magnolio.

Mas dejad que la imagine
Deshojarse en mis vestigios
Reconquistando el color
Antes que la arrastre el viento.

Sé también sin más opción
Que la tibia primavera
Ya no será de este mundo
Transido de intrascendencia.

Mas dejad que en el invierno
Entretanto llega el hielo
Siga soñando el calor
De la aurora en su lucero.

Ya sé que la lila azul
No habitará mi jardín
Poblado de crisantemos.

Más dejad que en su celeste
Alimente la esperanza
Del corazón macilento.

¡Dejadme, dejadme, sí!
¡No sofoquéis mi delirio!
Dejadme…
¡Soñar despierto!

Agosto de 2006

Lila (I)

Llegará de nuevo la mañana
Como el presagio
Fatal, de otro día perdido de antemano
Y un sol negro
Calcinando en el azul.
------------------------------ Abominable estandarte
De un sinvenir hecho jirones
Y de sangre mordiendo las arterias
De una patria
Que se yace inalcanzable
Tras los confines del hiriente asfalto
Donde, con sus pétalos invertidos
Florece, entre lotos sin raíz y sin esencia
La amarga lila celeste.

Agosto de 2006

Desventura

¿Qué es la ventura en la existencia? Un nombre,
¿Qué es la vida? Un sollozo. ¿Qué es el hombre?
Un átomo de noche que padece...

Amado Nervo


La luna alfanje menguante
se cierne como guadaña
sobre mi gemido errante.

Crece a la par la cizaña,
despojando al triste huerto
de su cosecha con saña,

y entre las sombras, incierto,
mi loco sueño anhelante
se va helando como un muerto.

miércoles, 24 de octubre de 2007

El frío

“Reloj no marques las horas…”



Hacía más de seis años que no sabía nada de él; se marchó sin más, inesperadamente, esfumándose con la suavidad silenciosa con que lo hace una gota de rocío. Rebuscando entre los estantes de aquella vieja librería lo recordó sin saber porqué; en realidad lo recordaba muy a menudo, mucho más a menudo de lo que hubiese deseado. Y entonces vio su fotografía en la portada de un libro. Estaba mucho más viejo, parecía como si le hubiesen caído de golpe treinta años encima. Era un libro de poemas: “Tiempo perdido”. Instintivamente miró su reloj, y vio que continuaba parado.

Lobectomía

Esta ausencia que, a mazazos,
Va trepanando mis sienes
Cada noche que no vienes
A cobijarme en tus brazos,
Está estrechado sus lazos
En redor de mi ilusión.
Y me ahoga en la razón
Dejando un mar de amargura
En lugar de la locura
Que endulzó mi corazón.

Quiromancia



Con la mirada encendida
Leyó Violeta mi mano
Y me dijo que mi vida
Duraría muchos años;
Que de súbito me iría
Sin del lecho ser esclavo
Y sin sufrir la agonía
Del que se muere despacio.
Dulce mentira, Violeta,
La que salió de tus labios,
Que sabían que de amor,
De este mi amor despechado,
Hasta el final de mis días
Viviría agonizando.