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viernes, 18 de octubre de 2019

Presentación de "Escarabajo pelotero", de Eladio Orta



Muy buenas noches y gracias a todas y a todos por haber venido hoy a acompañarnos en la presentación de Escarabajo Pelotero, este tan magnífico como particular poemario de Eladio Orta.

Quisiera comenzar agradeciendo a Eladio esta nueva oportunidad que me brinda para presentar uno de sus libros. Anteriormente, en este mismo espacio, hace ahora algo más de año y medio, hice lo propio con "Los ojos de los fornecos." También una maravilla.

Aquella noche, para comenzar, les hablé muy brevemente de Eladio como escritor, como persona y como adicto a la lucha ecologista. Hoy no lo haré para evitar repetirme.

Aunque también es cierto que hablar de "Escarabajo pelotero", es también hacerlo acerca de su autor... No, no se trata de una ofensa. A medida que avancemos en mi exposición se irá entendiendo.
* * *
Bombix Mori

(Gusano de seda)

Él se crea su mundo y se lo cierra:
(¡Sueña en romperlo pronto con dos alas!)
Mas, luego viene el hombre y de aquel hilo
—mínimo mundo, vuelo en la promesa—,
hace un vestido para su mujer.

Dulce María Loynaz, según afirman los estudiosos de su vida y su obra, escribió este poema, que forma parte de la que es considerada su ópera prima —Bestiarium—, cuando aún era una estudiante de bachillerato.

Un poemario que, al parecer, fue parido en un arrebato de rebeldía; como una sutil venganza colmada de humor, ingenio, originalidad, belleza, dominio de la palabra y poesía, sobre todo mucha poesía.

Su profesor de Historia Natural le había suspendido un examen —el único suspenso de su vida— y ella, a fin de demostrarle sus aptitudes y conocimiento en la materia, dio a luz a su Bestiarium. Sí, esto fue lo que aconteció. O algo parecido, que acerca de este capítulo de la vida y obra de la genial poeta cubana circulan diferentes versiones.

En el Bestiarium de Loynaz no tuvo cabida el escarabajo pelotero. Y he aquí que Eladio, también con mucho ingenio, originalidad, sentido del humor, dominio de la palabra, belleza, mucha poesía —o anti poesía—, y también, como demostración de rebeldía, ha venido a suplir de algún modo aquella carencia con su "Escarabajo pelotero."

Estoy convencido de que a Dulce María Loynaz le hubiese encantado leerlo. Y que su profesor de Historia Natural habría otorgado un más que justo sobresaliente cum laude a Eladio.
* * *
Pero un momento. Pudiera ser que algunos de los hoy aquí presentes estén pensando:  "Qué duda cabe, Eladio es un rebelde, su lucha de décadas en favor del medio ambiente así lo atestigua. Y de ingenio, originalidad y sentido del humor está claro que va bien servido. Tampoco ha de faltarle dominio de la palabra tras tantos años dedicado a la literatura y al quehacer antipoético. Pero... ¿Belleza? ¿Belleza en un poemario dedicado a un bichejo cuyo único afán no parece ser otro que amasar mierda y más mierda?

Pues sí, mucha belleza. Eladio nos da la pista a seguir para cerciorarnos de ello en uno de los poemas de su "Escarabajo pelotero."

"las larvas desayunan sorbos fermentados de tréboles rumiados
por estómagos de cuatro cavidades estomacales

proceso excretor:

los trifolios pasan por el tamiz del numen-retículo /
supervisado por el omazo / (órgano de transición) / y
digerido en el abonazo /

la materia residual es transportada
por el intestino delgado y
grueso al ano / produciéndose
el milagro escatológico

¿los griegos inventaron la belleza?"

¿Se puede concebir —más hoy, cuando a los políticos se les llena la boca en vano de conceptos como "economía circular" o "ciclo de vida"—algo tan hermoso como el prodigio de la vida? ¿Algo tan sublime como la vida eclosionando de otras vidas ya acabadas?
Pues todo eso lo encarna el escarabajo pelotero.

* * *

Afirma Eduardo Galante, Director del Centro Iberoamericano de la Biodiversidad, que, amén de la vital función que cumplen para el abonado del suelo, si no fuese por los escarabajos peloteros "tendríamos un problema grave de sanidad en la naturaleza."

Sirva como ejemplo lo acontecido en Australia durante la segunda mitad del siglo XX. Allí, la introducción de un nuevo tipo de ganado mayor llevó en poco tiempo a que sus excrementos se acumulasen en los campos donde, amén de dar lugar a una proliferación inusitada de moscas, impedían, como caballo de Atila, el crecimiento de la hierba. Los escarabajos y otros coprófagos autóctonos eran incapaces de reciclar este tipo de deyecciones. Desconozco, aunque no sería de extrañar, si hubo tentaciones de abordar el problema a través de algún tipo de tratamiento químico. Esos tratamientos que, en más de una ocasión, terminan ocasionando, con el paso del tiempo, problemas más graves de los que en un principio acabaron o no atajando.

Afortunadamente, gracias a un proyecto del Dr. George Bornemissza, se optó por una solución acorde con la sensatez y la ecología. La importación de varias especies de escarabajos que, en un tiempo razonable, lograron reciclar los desechos del ganado que permanecían desparramados y prácticamente inalterables en las praderas australianas.

"los escarabajos mantienen a las poblaciones de moscas /
(a raya) / bajo control"

nos dice Eladio en su "Escarabajo pelotero."

Pues sí, porque aquellos escarabajos importados, fundamentalmente desde África, operaron a la par una reducción más que notable del número de moscas, cuya proliferación se había convertido en una plaga que, entre otros asuntos, obligó a las autoridades a la promulgación de leyes en las que se prohibía comer al aire libre en determinadas zonas del continente australiano durante la década de los años sesenta del pasado siglo.

* * *

En "Escarabajo pelotero", Eladio, siempre fiel a su estilo y a su visión del mundo, escribe desde la retama y el fango, desde sus vivencias acumuladas en la memoria de la retama y el fango, con sentimientos y palabras que nacen del corazón de la retama y el fango.

"a la sombra del puchero
de tagarninas

mi madre
sentaba en la mesa
a la familia al completo

eran los domingos
cuando nos convocaba
al calorcito del caldo
de los pucheros de tagarninas"

Pero con un estilo y visión del mundo que, pese su apego y amor por el terruño, por la retama y el fango natal, desde el primer instante los trasciende, rehuyendo ese patrioterismo cateto y provinciano que en tantas ocasiones acaba constituyéndose en semilla de lo estéril y de odios. Pocas personas merecen tanta admiración como aquellos que desde el lógico y muy humano interés por lo local defienden a la par al conjunto, a la universalidad de sus semejantes y de la madre naturaleza —Pachamama, única diosa acerca de la cual no cabe discusión alguna de su veracidad— que los acoge.

"no le pongamos tabiques al verso

que la desnudez se desnude

que la cuerda desbarate el nudo

que los puntos y las comas
       desaparezcan del paisaje

que la magia brote sin mayúsculas
       en el redondel del arenal"

Una feraz visión de lo que habría de ser en todo momento nuestro breve paso por este arenal de siemprevivas y ortigas, de sonrisas y lágrimas, que es la vida. Una visión que definió de manera exquisita José Ángel Valente en un breve ensayo titulado "El lugar del canto" —es decir, ese lugar mágico donde florecen la poesía y la palabra—, publicado, junto a otros, en "Las palabras de la tribu", por Siglo XXI.

Nos dice Valente:

"Habría que buscar, para descongestión del lenguaje propio y ajeno, el punto histórico de sustitución de la idea o el sentimiento del lugar por el más abstracto de la patria. Porque en lo moderno la patria ha absorbido o anulado el lugar y, siendo como es mayor nuestra pertenencia a la viviente realidad de éste que a la cristalizada retórica de aquélla, la impuesta noción de patria en vez de ser más universal lo es menos y en vez de realizarnos nos desrealiza.

Puede aparecer la patria, así desprovista de su natural raíz, como robusta matrona, como airosa bandera, como música entre marcial y solemne, o asumir otras muchas representaciones análogas de las que se desprenden ciertas formas de emoción convencional, a veces notoriamente falsificada. El lugar no tiene representación porque su realidad y su representación no se diferencian. El lugar es el punto o el centro sobre el que se circunscribe el universo. La patria tiene límites o limita; el lugar, no. Por eso tal vez fuera necesario ser más lugareño y menos patriota para fomentarla universalidad.

[...]

La idea del retorno a lo nativo, tan importante para algunos románticos, está impregnada por un poderoso sentimiento de lugar o por una visión en que patria y lugar coinciden. Pero el proceso totalizador del espíritu de nación, al que la filosofía romántica tampoco fue ajena, contribuyó poderosamente al empobrecimiento o al desprestigio de la noción o del sentimiento de lugar en favor de proyecciones ideales, aparentemente superiores, cuya amenazadora naturaleza no tardaría en tomar cuerpo histórico. Por eso no deja de ser alarmante que determinados seudorrealismos revolucionarios hayan terminado en una visión histérica o interesada de la noción de patria que, en un principio, estaban llamados a superar."

Así es Eladio, un lugareño que, desde su amplía y rica experiencia como tal, se abre al mundo con su poesía y sus batallas. Como el escarabajo pelotero, que a la par que transforma la mierda de su pequeño microcosmos en bolita-abono-nido, se encuentra íntimamente conectado a las estrellas. No, no se trata de una licencia poética, es un hecho ya más que contrastado a partir de las investigaciones de un grupo de científicos de la Universidad de Lund (Suecia), que hace unos años descubrió que el escarabajo pelotero utiliza para orientarse la Vía Láctea. Asombroso. Como lo son los muchos, los innumerables prodigios que a diario nos ofrece la naturaleza. Atentos a los mismos.

"conexión sideral / (entre los excrementos y
el sendero celeste de la vía láctea) /
a través de la asociación independiente
de escarabajos peloteros"

* * *

A estas alturas, todos deberíamos ser ya conscientes de que "Escarabajo pelotero" es un poemario que trasciende con creces el campo de la entomología para adentrarse en los territorios de la sociobiología y la ecoantropología. Porque aquí, el escarabajo pelotero, amén de un animalillo prodigioso, es también una metáfora a través de la cual estamos nombrando a todos aquellos que dedican parte de su tiempo a tratar de garantizar un mañana con futuro.

Así, cuando terminé la primera lectura del poemario que hoy estamos presentando, envié casi de inmediato un correo electrónico a Eladio. En el mismo le decía:

Me ha 'encantao'. Yo también quiero ser escarabajo pelotero. Lástima que no puedan/podamos digerir el plástico ni la voracidad de los Jinetes del Progreso. ¿O sí?

Testificando la metáfora, escribe Eladio:

"— qué opinas

de la función depurativa
de los escarabajos peloteros

jorge falcón montalbán orihuela

—¡todos somos escarabajos peloteros!"

Y aún más:

"el escarabajo pelotero:

                                      (es activista de la luminosidad y
                                      está en la antípoda de los sabios
                                      del oscurantismo

                                      es activista anónimo contra
                                      el calentamiento global
                                      del planeta

                                      es activista activo
                                      de la silenciolidad 

                                      es activista sin saberlo
                                      de los nuevos viejos tiempos)

la dulce violencia de la trasformación"

* * *

En más de una ocasión hemos conversado Eladio y yo acerca del anarquismo y lo difícil, tal vez lo imposible, que ha de resultar alcanzar a ser un anarquista de la cabeza a los pies, cien por cien auténtico. Eladio siempre ha terminado concluyendo que para ser anarquista, un anarquista completo, habría que poseer una coherencia fuera de lo común y que, como mucho, y eso ya sería bastante, deberíamos conformarnos con ser "medio anarquistas". Algo parecido ocurre con respecto a la vocación de "escarabajo pelotero".

"si deseo algún premio
si algo deseo alcanzar
si me estremece algún sueño
es la persistente paciencia
del escarabajo pelotero"

Nos dice Eladio.

Sí, lo más probable es que, por mucho que lo soñemos, por más que nos esforcemos en tal sentido, jamás podamos llegar a ser auténticos y completos escarabajos peloteros. Pero nunca perdamos la vocación. Eso ya es mucho y, quién sabe, si hasta esencial, para llegar a salvar al mundo de los océanos de mierda que ya le llegan al cuello.

* * *

Ya, para ir terminando, voy a volver casi al principio de mi exposición. Con Eduardo Galante.

Galante, junto con Jorge Lobo, investigador del CSIC, nos alertan de como, pese a su importancia capital, el escarabajo pelotero está desapareciendo a marchas forzadas como consecuencia de "los antiparasitarios que se aplican al ganado, los insecticidas o el abandono del medio rural", de modo que hoy, en el ámbito de la Península Ibérica, sólo se conservan poblaciones de entidad "en lugares como Doñana o Cabañeros, donde no se usan antiparasitarios o insecticidas y hay muchos grandes herbívoros."

"panaderos de tozudas patas
amasando panes de estiércol
a la sombra de huellas residuales
de medicamentos e insecticidas
que fulminan

es el progreso

no le quepa a usted la menor duda /
progreso y desarrollo /
(en lenguaje tecnofascismo) /

significa: lento suicidio"

* * *

Sí, los escarabajos peloteros están desapareciendo. O, como nos dice Eladio, esperemos que algo positivo suceda que acabe desmintiéndolo, "los escarabajos peloteros tienen los días contados". Y no sólo en el ámbito de lo biológico. También en el de la metáfora hecha crimen. Chico Mendes, Berta Cáceres, Nissio Gomes, Zé Claudio, Frédéric Moloma Tuka, Almir Nogueira de Amorim, Joao Luiz Telles y un largo e ignominioso etcétera de luchadores con vocación de escarabajo pelotero asesinados por comprometerse con la defensa del medio ambiente. 168 durante el pasado año 2018.

Hoy, por lo tanto, es más necesario que antes nunca despertar la vocación de escarabajo pelotero entre nuestros jóvenes y entre nosotros mismos. Una vocación nada fácil de llevar a la práctica. Pero insisto, necesaria y urgente. El "Escarabajo pelotero" de Eladio Orta puede ser buen instrumento a tales efectos. Llévenselo, léanlo con paciencia, pásenselo a hijos, sobrinos, vecinos, a ese sujeto desagradable que jamás se digna a saludar en el portal. A ver si así logramos que algunos de ellos terminen más pronto que tarde siendo medio escarabajos peloteros.

Y, por qué no, a ver si también despertamos en algunos de ellos el gusanillo de la poesía. Para que, si algún día llegan a ser legión sus partidarios, termine siendo ese arma cargada de futuro que soñó Celaya.

Termino:

"¿hay ideología anticapitalista conservacionista
en la actitud militante anónima del escarabajo pelotero o /
hay un sillón invisible propenso a coleccionar prestigios /
que se lo disputan quienes escriben de oídas?     

ay / ay / ay…"

Nada más por mi parte. Os dejo con Eladio Orta y su "El escarabajo pelotero". Muchas gracias.


Jueves, 17 de octubre de 2018
Biblioteca Pública Provincial de Huelva.

jueves, 17 de octubre de 2019

jueves, 10 de octubre de 2019

Presentación de "Escarabajo pelotero", de Eladio Orta

Jueves, 17 de octubre de 2019, a las 19:30, 
en la Biblioteca Provincial de Huelva,
Avenida Martín Alonso Pinzón, 16.

jueves, 13 de junio de 2019

Presentación de "Historias de la Calle Alfarería", de Carlos Parejo (recordatorio)


Hoy, a las siete y media de la tarde, en la librería Padilla, Carlos Parejo vendrá a hablarnos de su libro. Y, si en lugar de hablar de su libro, alguien se empeña en que se hable de cualquier otro temacomo, por ejemplo, las costumbres sexuales de la araña alopécica de Madagascar, Carlos se levanta y se va, Mercedes.

lunes, 3 de junio de 2019

Presentación de "Historias de la Calle Alfarería", de Carlos Parejo


Jueves, 13 de junio, a las 19:30

Librería Padilla.
Calle Trajano, 18, Sevilla.

Prólogo

Historias de la calle Alfarería es un recorrido sentimental por la evolución del paisaje, el poblamiento y los pobladores y sus modos de vida y costumbres de esta calle y, por extensión, del Barrio de Triana, desde sus inicios, en la época de la dominación romana hasta la actualidad.

Recorrido sentimental que, mediante el uso de la prosopopeya, dota a este espacio de atributos humanos y nos lo muestra como un ser racional y vivo que piensa, sueña, siente alegría, se conmueve y padece. Todo un acierto, sin duda. Porque ¿qué es un poblamiento dado sino un ser vivo? Así, en estas historias, la calle Alfarería, junto con su entorno urbano y físico, se desnuda ante los ojos del lector, desde su misma concepción, cuando no era más que un arrabal o villorrio de casas de adobe y chozas de juncos, habitado por pescadores y artesanos, durante la administración de Roma y sus colonias por el emperador Trajano, hasta nuestros días, pasando por los años de conquista del Nuevo Mundo, la Revolución de 1868, o Gloriosa, y otros acontecimientos tanto de la gran historia, como de esa historia menuda que, de manera anónima, vamos haciendo todos al andar y que apenas tiene reflejo en los anales históricos. Nacimiento, infancia y una larga madurez que hoy, cuando los signos de identidad de la calle Alfarería y el Barrio de Triana se han visto notablemente desvirtuados por la vorágine urbanística, ya comienza a mostrar signos evidentes de cansancio y decadencia.

Pero, tal y como nos vino a mostrar Gustavo Adolfo Bécquer en su rima III, no basta con el sentimiento inspirador para dar a luz a una obra literaria que merezca la pena. Porque una obra literaria, para serlo, ha de hacer pasar siempre inspiración y sentimiento por el tamiz de la razón y el conocimiento. Y razón y conocimiento están en todo momento presentes en estas Historias de la calle Alfarería, fruto de los muchos años que su autor, geógrafo de vocación, consultor de profesión y lector impenitente, ha dedicado a documentarse, mediante el estudio y la observación directa, acerca de la multitud de factores que, sin solución de continuidad, han ido modelando el Barrio de Triana hasta dotarlo de la fisonomía de la que hoy somos contemporáneos.

La mayor parte de las historias contenidas en este libro aparecen narradas en primera persona, de modo que el autor, para contarlas, se introduce en el corazón de personajes tanto anónimos como históricos. Entre estos, Marifé de Triana, el torero Cagancho o Salvador Dorado "El Penitente". Y, entre aquellos, gitanos, lavanderas, un quiosquero de finales del siglo XIX o la hermana portera de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl. Y por encima de ambas categorías, la calle, siempre la calle Alfarería que, jugando a la par los papeles de narrador y personaje, nos va desgranando los avatares de su ya dilatada y fructífera vida.

Unos avatares que poco a poco se van colmando de nostalgia por las numerosas pérdidas que han experimentado la calle Alfarería y el barrio del que forma parte, tanto en lo humano como en los elementos de su paisaje urbano. Así, de ser un barrio popular —crisol de profesiones y modos de vida, que aglutinaba, entre otros, a herreros, ceramistas, lavanderas, agricultores, pescadores, panaderos, alfareros, leñadores y carboneros— y con personalidad propia, va camino de transformarse, si es que no lo es ya, en un barrio impersonal, en el que la población original está viéndose sustituida, como consecuencia de la gentrificación, por profesionales "foráneos" y otras gentes de alto poder adquisitivo, que muy poco o nada tienen que ver con sus pobladores originales. Un barrio que, más allá de las fachadas de los edificios con mayor relevancia arquitectónica, apenas conserva nada de los elementos históricos y humanos que le otorgaron una razón de ser diferenciada con respecto a este mundo nuevo que ve empobrecerse, a causa de la homogenización arquitectónica, multitud de espacios y paisajes urbanos en las ciudades de gran parte del mundo. Un barrio que, aunque todavía continúe siendo adjetivado de "tradicional", como estrategia mercadotécnica turística, ya ha comenzado a dejar de serlo como consecuencia del desplazamiento de las clases populares que, históricamente, han venido siendo garantes de la continuidad de esas tradiciones que constituían una de sus señas de identidad más características.

En definitiva, Historias de la calle Alfarería se constituye en una obra inteligente, muy trabajada y sensible que, a caballo entre la literatura y la ciencia, nos aporta una visión diferente del devenir de la calle Alfarería. Y, por qué no, como una metodología novedosa, de carácter holístico, de abordar el estudio de la transformación de los espacios urbanos y de evaluar sus pros y sus contras, como procedimiento diagnóstico destinado a corregir y evitar la repetición de antiguos errores.

jueves, 24 de mayo de 2018

Presentación de "El camino de la raya", de Eladio Orta


El jueves, 31 de mayo, a las 7 y media de la tarde, se presenta en la Biblioteca Provincial de Huelva, "El camino de la raya", de Eladio Orta.

"Las leyendas sobre los maquis siempre estaban en otras partes, Asturias, León, los Picos de Europa, la sierra de Gredos, los Pirineos… Siempre en otros lugares, respirando otros aires, escapando de otras emboscadas. Vivir abrazado al Andévalo occidental por la cintura del río Guadiana, rozarse los pies en los vados inclinados de los cabezos, a no más de treinta kilómetros de Ayamonte, y no saber que la partida de Francisco el Cerreño resistió en la zona de la sierra de las Tres Piedras, sierra del Telar, Castillejos, el Granado, Zalamea la Real, llegando a veces hasta Niebla, es ser un inculto analfabeto de la resistencia.

Así lo refleja en su último libro, ‘El Camino de la Raya’ el escritor y poeta ayamontino Eladio Orta, quien empezó haciendo una obra sobre el contrabando en la frontera Hispanolusa, y acabó descubriendo que en nuestra provincia también existieron los maquis, o grupos de resistencia a la Dictadura de Franco. El libro, editado por Niebla, consta de 100 páginas y se vende en librerías de toda la provincia de Huelva al precio de 12 euros."

Texto tomado de HuelvaCosta.com

viernes, 9 de febrero de 2018

Presentación de "Los ojos de los fornecos", de Eladio Orta



Muy buenas noches y gracias a todas y a todos por estar hoy aquí acompañándonos.



Me llamo Rafa León, y, antes que cualquier otra cosa, me gustaría pedir disculpas a aquellos de los presentes que no me conozcan, porque poco más voy a decir que les permita saber quien soy, a qué me dedico o cuáles son mis muchos vicios y mis pocas virtudes.



Espero que sepan comprenderlo. Porque hoy estamos aquí para hablar de "Los ojos de los fornecos" y de su autor, Eladio Orta.



En segundo lugar, y con ello concluyo este breve preámbulo, quisiera agradecer públicamente a Eladio la oportunidad que me ha brindado de estar esta noche presentando "Los ojos fornecos."



Porque, aunque no deja de ser un reto presentar la obra de alguien con tamaña categoría literaria y, sobre todo, humana, hoy, tras haberme deleitado con su lectura, sé que Eladio me propuso hacer esta presentación sabiendo a ciencia cierta que, al hacerlo, este que os habla disfrutaría tanto o más que un cangrejo violinista correteando al sol por el fango de la Isla de las Retamas.



Ahora les hablaré de manera sucinta de Eladio Orta.



Eladio es un ser humano entrañable, humilde y amable, una buena persona, que, desde "Los cuadernos del tío Prudencio" hasta este libro que hoy nos ocupa, cuenta ya en su haber con una amplia y muy interesante obra literaria. Evitaré ser prolijo enumerándola.



Pero, sobre todo, en Eladio, al menos para este que os habla, es de destacar su amplia e incansable trayectoria de lucha y compromiso en favor del medio ambiente; trayectoria que, como no podía ser de otro modo, impregna toda su obra poética; porque Eladio, por encima de cualquier otra cosa, es poeta. Tampoco abundaré en esta trayectoria.



En cualquier caso, y aunque estoy seguro de que a ninguno de los presentes les serán ajenos, no quiero dejar de mencionar algunos de los muchos frentes abiertos al respecto en la provincia de Huelva: Fosfoyesos; Vertedero de Nerva; barrabasadas urbanísticas perpetradas en prácticamente todo su litoral; aquellos pretendidos puentes faraónicos entre Huelva y Punta Umbría acuchillando las arterias de las Marismas del Odiel —puentes que, pocos males hay que no conlleven algún beneficio, la crisis mandó al fondo de un cajón olvidado en la Consejería de turno, al igual que la crisis ha dado un respiro a los habitantes de la Isla de las Retamas-; almacenamiento de gas en el subsuelo de Doñana; proliferación ad náuseam de pozos ilegales esquilmando el acuífero del que se alimenta este mismo espacio; Planes de Ordenación del Territorio varios que, bajo esa eufemística y rimbombante denominación, han venido a ser más que otra cosa planes para el saqueo del territorio, sus recursos y sus habitantes; y un largo etcétera. Hoy mismo maquinaria pesada de destrucción masiva ha estado ocupada es arrasar un cordón de dunas en las playas de Isla Cristina. Por no mencionar la pretensión del Ayuntamiento de Moguer de descatalogar 90 hectáreas de monte público, de pinares al borde del mar, en Mazagón. Como si no hubiese habido suficiente destrucción con la ocasionada por el pavoroso incendio que sufrió el entorno de Doñana el pasado verano.



Los ojos de los fornecos.



No puedo decir que me sorprenda —no es lo primero ni será lo último, o al menos eso espero, que lea de Eladio—, pero no por ello quisiera dejar de transmitiros que esta es una obra que, no sé si pretendiéndolo, viene a demostrar lo difusas y artificiosas que pueden llegar a resultar las fronteras que muchas veces tratamos de establecer o cuya existencia asumimos en la creación literaria.



Porque ¿en qué genero literario podríamos encuadrar "Los ojos de los fornecos"? En todos y en ninguno.



En el mismo apéndice que figura al final de esta joya poética del compromiso y la lucha, se nos dice que "va del relato novelado a la crónica más o menos fantástica y a la prosa poética".



En "Los ojos de los fornecos", resulta evidente, hay características propias de la narrativa. Pero también del ensayo. O de la crónica histórica. Y, sobre todo, de la poesía. "Todo es poesía menos las poesía", nos dejó escrito Nicanor Parra. "Los ojos de los fornecos" son prueba evidente de que no nos estaba transmitiendo ninguna fruslería.



En "Los ojos de los fornecos" nos encontramos con la crónica del devenir histórico de la Isla de las Retamas, desde que comenzaron a establecerse en ella sus primeros pobladores, la mayoría de ellos, si no todos, huyendo de algún que otro fantasma. "Todos los que llegamos a la Isla venimos huyendo de algún fantasma, pero no hay bicho más demoledor que las punzadas del hambre", le dice en un momento determinado la tía Josefa Giráldez al tío Benito Carro.



Una crónica no lineal, con continuas alteraciones cronológicas de los sucesos que se relatan, que llega hasta la actualidad, pasando, como no podía ser de otra forma, por la Dictadura franquista y ese otro periodo que dimos en llamar pomposamente Transición y que, en lo fundamental, no ha consistido más que en cambiar lo superfluo y en dar un barniz democrático al óxido de varias décadas de totalitarismo para que la desigualdad, el saqueo y la herrumbre no retrocedan un solo milímetro.



Una crónica, ciertamente de carácter local, pero que, con las particularidades de cada situación concreta, se podría hacer extensiva a todo el litoral mediterráneo. E incluso mucho más allá. Isla Canela, Pinar de la Pólvora y Marismas de Bonanza en Sanlúcar de Barrameda, El Algarrobico o la Amazonia vejada y esquilmada por la gula desmedida de nuestro tan incívico mundo civilizado.



En "Los ojos de los fornecos" asistimos a la lucha desigual entre dos mundos. Un mundo, que podríamos calificar de ancestral, el de los colonos de la Isla, un mundo  cocinado a fuego lento; y el mundo del fast food y la voracidad sin límites de los Jinetes del Progreso.



Un mundo vivo de fango, longuerones, retamas, higos negros y tuneras; y un inframundo de cemento y espantosos leviatanes al servicio de la depredación sin freno de la que se nutre la gula desmedida de La Entidad Perturbadora y la de este sistema demencial que a pasos de gigante nos ha situado ya al borde del abismo y el caos.



Un mundo valeroso y sano en armonía con la naturaleza; y un mundo mórbido que la desafía de manera temeraria, y viene a querer ocupar su lugar, arrasándolo.



"Hasta el fango huele a mundo descompuesto. Un mundo se viene comiendo a otro mundo", podemos leer en uno de los pasajes de Los ojos de los Fornecos. Una depredación que no conoce límites y que viene a mermar  hasta la "biodiversidad" que enriquece el lenguaje: "Playa se viene comiendo a costa, medusa a alburraca, alga a papelejo y duna a cabezo. Palabras sinónimas pero con distinto significado. La muerte es el último orgasmo en las aristas desbordadas de las aguas vivas en aguaje."



Un mundo voraz que agrede, y un mundo que se resiste a ser devorado.



Así, "Los ojos de los fornecos" se erige en denuncia de ese mundo violento; y en filosofía de la resistencia. En alegato contra el despilfarro. En una suerte de ensayo de carácter sociopolítico o tratado de la especulación urbanística y sus mafias, ese contubernio económico-mediático-político-judicial dedicado a la destrucción, el saqueo y la privatización de lo que nunca debería dejar de ser patrimonio de todos. En una obra que desenmascara esta falsa democracia de cartón piedra que, lejos de cualquier concepto de libertad, no es más que libertinaje y gula consumista de los menos, y opresión y miseria para los muchos. Una obra que, en definitiva, y a poco que nos dejemos llevar por la fragancia embriagadora del fango, nos puede servir de báculo poético para reconciliarnos con la naturaleza. "Poesía necesaria como el pan de cada día, / como el aire que exigimos trece veces por minuto."



La de la lucha ecologista es una historia que, hasta la fecha, se ha venido contando más que nada por derrotas. Una historia en la que las victorias, salvo contadas excepciones, no han consistido más que el aplazamiento durante un tiempo de las derrotas del futuro. Pero no podemos ni debemos desfallecer.

Debemos ser optimistas y no ver en la Isla de las Retamas un mundo en vías de extinción, sino un mundo que, pese a ser puesto casi a diario a los pies de los caballos de los Jinetes del Progreso, se resiste a morir. Y lucha por su supervivencia. Y esa lucha, esa resistencia, con la complicidad del mar y los vendavales de poniente, seguirá dando nutritivos frutos para alimentar la esperanza, en tanto queden a pie de fango luchadores como el tío Martín o Eladio Orta.



Nos dijo Celaya, tal vez en el más conocido de sus versos, que la poesía es un arma cargada de futuro. Debo confesar que llevo tanto tiempo esperando que ese arma dispare de una vez por todas, que ya empiezo a tener mis dudas al respecto.



Pero también quiero ser optimista y creer en que "Los ojos de los fornecos", a poco que todos aportamos nuestro granito de pólvora, pudiera ser una de esas armas descargando una hilarante y contundente perdigonada de sal en el apestoso y orondo culo de la Entidad Perturbadora y los Jinetes del Progreso.



Voy terminando. Y no lo voy a hacer tratando de venderos "Los ojos de los fornecos". No es esa mi función. Pero no sería honesto si dejase de deciros que con que uno solo de los presentes, que sé que seréis muchos más, terminase leyendo este libro, me sentiría satisfecho por el deber cumplido. El deber de haber contribuido a crear conciencia acerca de la importancia capital que tiene la defensa del medio ambiente con todos los medios a nuestro alcance, también con la poesía, para garantizar un vida digna a los que vendrán a ocupar nuestro lugar en el futuro.



Y os aseguro, ya lo comprobaréis cuando lo hagáis, que con su lectura, con la lectura de "Los ojos de los fornecos", viviréis momentos de magia y alquimia. Porque este libro se transformará entre vuestras manos en un pedacito vivo de fango de la Isla de las Retamas.



Un pedacito de fango que necesita ser olido, acariciado, saboreado; que necesita que le insuflemos todo nuestro aliento para continuar resistiendo, para no terminar muriéndosenos con sus arterias infestadas de cemento y desesperanza.



Y una vez que lo hayáis olido, saboreado y alentado, no dudéis en prestarlo o regalarlo. A vuestros padres, hijos, hermanos, al peor de vuestros enemigos. A vuestra frutera, al quiosquero de la esquina o a la vecina del noveno B, a ver si el olor a marisma y poniente le hacen abrir sus somnolientos ojos color verde esperanza, y termina también amando y dando aliento al fango y acogiendo en su regazo a ese desvalido curricurri al que los Jinetes del Progreso tienen permanentemente al borde del desahucio.



No quiero terminar sin haber leído uno de los poemas de Eladio, que forman parte de uno de sus poemarios. El titulado "Entidad Perturbadora". Un poemario que, sin duda, ha tenido mucho que ver en la gestación, años más tarde, de "Los ojos de los Fornecos."



casta de sinvergüenzas



crecí con una expropiación

a la espalda



condenado

a vivir el exilio del agua

en una isla de límites variables



construyeron un puente

para llevarnos al matadero



las noches eran un rosario

de máquinas que avanzaban

sin hacer ruidos

y amanecían piedras

en los caminos

para que tropezáramos



casta de sinvergüenzas

los expropiadores




Nada más por mi parte. Os dejo con Eladio Orta y "Los ojos de los fornecos". Muchas gracias.





Jueves, 8 de febrero de 2018

Biblioteca Pública Provincial de Huelva.

jueves, 8 de marzo de 2012

La jaula, de Javier Serrano





La jaula

Javier Serrano

Precio: 16.20 €
ISBN: 978-84-939443-0-8
Núm. págs.: 212
Categorias: Narrativa
Año de publicación: 2011

Descripción:

Nadie osaba contravenir aquella norma no escrita: la ley del silencio.



La vida de Bastián Bastián, un mediocre pasante de notaría, da un vuelco cuando es conducido, por algún motivo que desconoce, a un extraño penal de forma circular y panóptica, con sus puertas abiertas de par en par. En el centro de la prisión hay una torre enigmática, coronada por una campana, desde la que Fierro, un interno convertido en amo y señor de la penitenciaría, puede controlar los movimientos del resto de los internos. A la espera de que algo ocurra, la vida parece haberse detenido definitivamente en este presidio, ubicado en mitad de un desierto y a espaldas del mundo. ¿Distopía nihilista?, ¿alegoría de una sociedad en decadencia?, ¿novela de ideas en torno a los conceptos de violencia, libertad y castigo? ¿Acaso un mero drama carcelario? La jaula es la suma de todo ello, sin renunciar a la ironía, a cierta carga poética, a la crítica ecológica, a la presencia de atmósferas oníricas... En todo caso, La jaula admite tantas interpretaciones como lectores posibles.