domingo, 7 de junio de 2015

Raro

La semilla, arrastrada
por el viento, cayó
casualmente en el surco
matriz de la alegría.
Ufanos celebraron
aquella prodigiosa
buena nueva acaecida
por sorpresa y rogaron
que fuese la cosecha
abundante y promiscua.
Pero al poco estalló
de súbito una lluvia 
corrosiva segando
los brotes incipientes
y convocando, gota
a gota, golpe a golpe,
a una horda de centauros
a ajar con sus pezuñas
la raigambre lisiada
hasta mudarla en polvo
y hundirla sin posible
regreso en el abismo
de lo nunca soñado
lo nonato, la nada.

1 comentario:

carlos parejo dijo...

cuadro naturalista a lo zola