jueves, 29 de enero de 2015

Pollo a la mujer (Agustín Casado)

(receta)
 
Si me pedís una receta
Yo, mis amigos, les juro
me ponen en un apuro
pues que tales papeletas
las extiende, me figuro,
me parece a mí, aventuro,
si le enseñas la tarjeta
el médico del seguro.
Mas si al hablar de recetas
se refieren mis colegas
a un asunto de cazuelas,
no a un menú de medicinas,
ni me meto yo en harina
ni me arrimo a la candela.
Los negocios de cocina
eran cosa de mi abuela;
soy de un tiempo –vaya tela-
en que tales disciplinas
no se daban en la escuela
ni eran cosa masculina;
te podía caer encima
ser tenido por parguela,
ser, no Agustín, Agustina
-mira qué nena tan fina-
y eso era un dolor de muelas.
Y hoy qu’el que no corre vuela,
que los machos tós cocinan,
como el que pinta o modela
como en las artes más finas,
por inspiración divina,
tengo una envidia cochina.
Y eso me ha dejao secuelas
pues no sé como se pela
un huevo duro de gallina
ni distingo una lubina
de unas coles de Bruselas.
Al pensarlo m’enfurruño
mas alivio mi infortunio
poniéndole sordina;
maestro soy de una cocina
que es también de nuevo cuño:
la especialidad latina.
Si tienes un hambre canina,
y solo te has quedao en el piso,
y anoche te acabaste el guiso,
y te empieza a ser cansina
ya la dieta de bocatas,
y no queda ni un chorizo,
ni sabes pelar patatas,
recurre a mi maña innata:
mi especialidad latina;
no conozco otra cocina
ni más rica ni inmediata,
ni más fácil ni barata,
ni –paradoja, tú alucina-
que te dé menos la lata.
Yo me siento el rey del mundo,
salivando ante la cata,
cuando con la manga bruño
la de Litoral y empuño
con la mano el abrelatas.
Pero como no todo va a ser
cocina creativa de autor
yo conozco, sí señor,
una tradicional también.
No piensen que no soy quién,
puede que me falte un hervor
como pinche o como chef,
pero es mi reino el comedor
y maestro soy del tenedor.
Aunque digan que es secreta
voy a daros la receta
y disfrutadla, qué puñeta.
Búsquense lápiz y papel
los que mean por la bragueta.
Se llama “pollo a la mujer”.
Primero los ingredientes:
Un pollo, por ser coherente,
fundamental la mujer,
la tuya si puede ser,
condimento que condimente
y supongo que una fuente.
Y ahora la preparación:
introdúzcanse a mogollón
en la cocina, el recipiente,
con la señora y el capón
y ciérrese bien la puerta.
Tú vete a dar una vuelta,
o a leerte el Marca en el sillón
que está la liga muy incierta.
A la media hora, atención,
mantén el olfato alerta,
esa tu nariz experta
te avisará por el olor
que ya está listo ese esplendor.
Y por la puerta entreabierta
te llegará también una voz:
¡Venga, a sentarse mi amor,
que ya está la mesa puesta!


Texto e ilustración: Agustín Casado

1 comentario:

carlos parejo dijo...

Mi padre no entró nunca en la cocina, decía que era propiedad del ama de casa