sábado, 17 de enero de 2015

El poema

Recuerdo que una tarde de abril me sorprendieron escribiendo un poema. Fueron el cura y el maestro, junto al río, y fueron de inmediato a dar cuenta a mis padres; hacía mucho estaba proscrita la palabra. Yo me oculté en el tronco de un roble milenario, seguro de que habría represalias. Y allí pase la noche. Conversando con duendes y chupando hojas de hierbabuena.

A la hora del almuerzo, vinieron a buscarme. Mamá y el tío Roque. Me temí lo peor, pero mamá, en vez de regañarme, me habló de Federico, Aleixandre y Machado y de un tal Luis Cernuda, que era su favorito. Desde ese día el tío Roque hizo las veces de maestro. Y mamá y yo jamás volvimos por la iglesia.

1 comentario:

carlos parejo dijo...

-Vaya, en tu macondo onubense hay robles milenarios y mamás seguidoras de la generación del 27. Enhorabuena