miércoles, 20 de agosto de 2014

Instinto

Se lamentan los hombres de que el hombre
tan sólo alcance a usar el diez por ciento
del vasto potencial de su cerebro.
Y sueñan con lograr, a no muy largo
plazo, ver superada tal carencia.
Sería necesaria, sin embargo,
una honda reflexión a este respecto,
centrada en valorar
si esta limitación, más que una tara,
pudiera ser un don,
un firme mecanismo
de defensa, expresión
del más alto escalón evolutivo:
alergia, a la manzana,
que impide abrir los párpados al hombre
y ver su sombra huera reflejada
en los inmundos muros de la cloaca
donde, precaria, tiene su guarida.

1 comentario:

carlos parejo dijo...

Sin nuestros cerebros no viviríamos en esta era tecnológica, sino seguiríamos siendo simios. Pero ¿Y cuando se cortocircuitan las neuronas?