sábado, 26 de julio de 2014

Me dices, ay, la suerte ya está echada...

Me dices, ay, "la suerte ya está echada",
por no decirme "amigo, estás gafado,
nunca tuviste suerte, y de tu lado,
por tanto, aunque sabiéndome anhelada,

me tengo que apartar, pues contagiada
me niego a resultar por tu mal hado.
No esperes de mí más que un impostado
afecto en la distancia; es más que nada."

"La suerte ya está echada." A tal sentencia,
qué puedo pergeñar como respuesta.
¿Rogarte acaso un poco de indulgencia?

¡Jamás! Tampoco esperes mi protesta.
Tan sólo he de decir que es consecuencia
de su afición sin freno por la siesta.

1 comentario:

carlos parejo dijo...

Por el humo se sabe donde está el fuego,y de sus cenizas surgen los celos