miércoles, 5 de julio de 2017

Estrellas a chelín


Con todos mis espetos
aunque sin pelos en la lengua,
me veo en el derecho
y el deber de afirmar
que estas sardinas no son frescas;
si acaso, congeladas
desde cualquiera sabe
qué glaciación o invierno.
Y luego está el asunto del carbón:
lo que se dice vegetal, como que no;
más bien parece que estuviesen
asadas con gasóleo
o al fuego de unos plásticos
de envolver munición de armas ligeras.
Pero si el hambre aprieta, es bien sabido,
todo Cristo es capaz, emulando al Saturno
de Francisco de Goya,
de devorar hasta la médula
a toda su progenie
e incluso el corazón momificado
de antiguas utopías,
en un ambiente onírico
de alaridos y sangre.
De modo que esta vez seré benévolo
y en lugar de exigir
lista de precios u hoja de reclamaciones,
engulliré sin rechistar hasta la última espina
a cambio, eso sí,
de café, copa y puro
y de que alguien apague
la puñetera tele.

1 comentario:

carlos parejo dijo...

Al menos serán sardinas, a ver si es carne de tiburón