domingo, 17 de julio de 2016

El cántaro

Va el cántaro al aljibe;
no se rompe
―la tormenta de arena
ha cubierto las piedras del océano
con su manto mullido de lagartos
y náuseas cejijuntas al acecho.
La aridez subterránea de las olas sin hálito
enerva a los reptiles
que gimen como el cieno en la canícula
y escupen maldiciones contra el cielo.
El cielo les devuelve azufre y fuego
salados como perros,
en tanto que un sudor denso y celeste
corroe el vientre agnóstico
de la última criatura del rocío.
Va el cántaro, va y viene
del vacío a su imagen, desde el tóxico
tálamo de los sueños hasta el nido
fragoso de la araña y no se rompe.
Y el cíclope suplica, en su agonía
sin fe ni tiempo, igual misericordia
que la que dispensaron
a Sísifo los dioses: pero el cántaro,
viscoso como el hambre, no se rompe.

1 comentario:

carlos parejo dijo...

Poema para una ola de calor que dura mas de una semana, inmisericorde