jueves, 17 de septiembre de 2015

De cómo comenzó a arder el infierno

Vendió su alma a Satán
a cambio de una gota
de rocío. El infierno
sufre desde ese día,
para siempre la sed
febril del desterrado
que pregona su falta
de culpa en el desierto.
(El diablo sabe mucho
por diablo y más por viejo.
Pero, a veces, no alcanza
a superar las doctas
argucias del sediento)

1 comentario:

carlos parejo dijo...

El sediento tiene sus argucias, pero no siempre diabólicas