martes, 7 de julio de 2015

Caballo de Atila

Después de un largo tiempo transitando
por la selva feraz de la poesía,
el poeta despertó una madrugada
en medio de un desierto sin confines.
Sintiéndose culpable
de la esterilidad de aquellos pagos,
maldijo sus poemas,
y un miedo resignado
al silencio anegó su alma hasta el tuétano.
“Ya todo está perdido”,
se dijo en tanto daba
pagana sepultura a la palabra.
Pero al alzarse el sol,
dorando con sus haces
de sangre y sed la arena de las dunas,
brotó de su garganta, irrefrenable,
el más fecundo y bello de los cánticos.
No te arredres, poeta,
por hollar sin cesar los mismos pagos;
podrá llegar el día en que no brote
en ellos ni una brizna
de hierba a consecuencia de tus pasos,
pero puede que entonces
des a luz el mejor de tus poemas.

2 comentarios:

carlos parejo dijo...

La musa de la Esperanza te ha hablado

Milena dijo...


Sí, Déjate llevar! Rafa.... estás en sus manos