domingo, 8 de febrero de 2015

El último eclipse

La mar ocupa el cielo –más negra que la nada-
como un tornado hostil de tres cabezas
hechas con calabazas y jirones de luna,
y el sol es la alfombrilla
donde limpian sus botas salpicadas de sangre
y barro los descalzos.
No hay puntos cardinales.
La rosa de los vientos se marchitó sin aire
y sus pétalos lívidos
ardieron al contacto con la sed del granizo.
En los límites vagos del desierto
de cenizas de azogue, el horizonte
es un muro de espectros coronado
por ladridos de Escila y vidrios rotos,
y manan de las cloacas y las huesas
de los dioses del vértigo
estrellas apagadas hambrientas como zombis.
No existe escapatoria ni guarida,
sólo intemperie y jaulas
flotando a la deriva y corroyéndose
despacio sobre el légamo viscoso
de ciénagas de azufre.

2 comentarios:

Milena dijo...

Será así la última luz que veamos , Poeta?
Ahora me acordé de Mar...no sé porqué... y he sentido tanto frío....la intemperie! Creo que la Poesía nació así..tiritando, una noche de frío...cuando aquellos homínidos miraban la luna en una oscura noche y se descubrieron frágiles, pequeños, fi-ni-tos...

carlos parejo dijo...

Siniestro panorama