viernes, 10 de abril de 2015

Deconstrucción


El hombre-lobo es lobo para el hombre rumiante, el hombre-bobo
que, con los ojos turbios, se sueña a corto plazo,
ocupando la cúspide
de un zigurat en ruinas
de carroña e idiocia,
                                   devorando.


Hay que arrasar los prados ―derribar las pirámides—
hasta secar con cal, vinagre y fuego, el tuétano del hongo y la

    amapola,
y, repartiendo el hambre, sembrar en las cenizas, en los surcos

    sin gula
ni colmillos
                    pan ácimo.

1 comentario:

carlos parejo dijo...

De hombres bobos que ascendieron precipitadamente están llenos los palacios de justicia