viernes, 10 de junio de 2016

Para que luego digan

Esta caló de dos pares de güevos
afecta a las funciones cognitivas
de un modo tan severo y negativo
que escribes unas cosas que te cagas.
O, como afirmaría
mi amigo Juan Romero,
pa’ cagarse la perra.
Una insólita mezcla de escritura automática
y el éxtasis lisérgico que arrobaba y hacía
levitar a los santos.
Son cerca de las 11
y media de la noche
y en este crematorio de la calle Castilla
calculo puede haber una temperatura
de unos 40 grados —33 en la calle.
Así que no hay manera
de conciliar el sueño
pese a haberme metido
entre pecho y espalda
ya nueve botellines de Cruzcampo.
Y vaya una putada
no disponer de un mísero canuto
que llevarme a la boca.
Hace un rato en la radio
—creo que era en Radio Nacional de España—
un científico ha estado comentando
el más reciente hallazgo de la NASA:
Y es que, según se infiere
de una investigación
puntera de la Agencia,
se expande el Universo
a más velocidad
de lo antes estimado.
Y a mí esto, la verdad,
me importa tanto o menos
que a cualquiera que llegue
a leerlo, esta birria de poema.
Es decir, una mierda
de la vaca más gorda de la raza mostrenca.
Pues siendo para mí
de este modo, imaginen
cuánto le importará
—me refiero al poema, no al hallazgo—
a la horda miserable de mafiosos
que gozan bombardeando
hospitales, o a aquellos
enfermos que reciben
una buena ración de metralla en el culo.
Por no hablar de los náufragos
que se ahogan, como ahora
yo lo hago, en esta ola
de calor sahariano
o, peor aún, en las aguas
del mar Mediterráneo.
Las 12 y 25: 30 grados
en la calle; a este paso
tal vez hacia las cuatro
o las cinco se pueda
dar unas cabezadas. Entretanto
—qué remedio— abriré
otras cuantas cervezas.
(Para que luego digan
que el sur también existe).


(Sevilla, en la noche del 8 al 9 de junio de 2016)

2 comentarios:

mailconraul dijo...

No se puede beber cerveza y agradar al mundo...

carlos parejo dijo...

Poema popular y realista, chistoso y chispeante, con la gracia del trianero adoptado, y dedicado al verano ardiente a la vera del Guadalquivir