domingo, 2 de agosto de 2015

Rerum monachorum

Desbocado y salvaje
en su origen, al tiempo
lo domaron poniéndole
relojes en las patas
a modo de herraduras.

Ahora es, por la gracia
de dios, el privilegio
del señor del castillo.

El resto marcha a pie
o arrastrándose, a golpes
de látigo y de diezmo,
sin rumbo ni destino.


Fotografía: Eduardo Longoni

1 comentario:

carlos parejo dijo...

el tiempo domado desde los primeros relojes de sol de los faraones, y nosotros aqui con nuestras jornadas horarias