domingo, 2 de agosto de 2015

Las cuatro estaciones

Me han abatido, echado
por tierra como al árbol
el hacha impenitente
del leñador furtivo,
los fantasmas de un tiempo
que no ha de regresar
y que ya no recuerdo
si viví sólo en sueños.

Un sudario otoñal
de bruma y musgo empieza
a envolver la madera
que agoniza, pudriéndola.

Se diría que el tiempo,
mi tiempo, nuestro tiempo,
se agotó o es tan fútil
y escaso que no queda
nada ya salvo darlo
por muerto o por perdido.

¡No es cierto! Bajo el manto
funerario que cubre
primaveras de flores
y veranos de frutos
que acabaron pudriéndose
en el suelo, aún palpita
un vasto corazón
de leña ardiente y viva
ansiando calentar
tu invierno con su fuego.

1 comentario:

carlos parejo dijo...

amor es Calentar tu invierno con su fuego, concisa y cabal afirmación