jueves, 13 de agosto de 2015

Lo que no le dejaron decir al concejal 28 (Agustín Casado)


A ver si soy capaz de decir lo que quiero decir, que a mí la asignatura de síntesis se me quedaba siempre para septiembre. Pero sobre todo si soy capaz de decir lo que quiero decir sin que nadie me tome el número cambiado. Se equivocaría.

Soy votante de izquierdas, desde siempre, un contumaz votante de izquierdas; a veces pienso que un irreflexivo votante de izquierdas. Pero a medida que cumples años y ves cosas va uno, sin comprometer la integridad, abdicando de integrismos. Ya saben, como su propio nombre indica, asumir en bloque, sin fisuras, sin flaquezas, acríticamente, íntegramente cualquier actuación, posicionamiento o directriz de los tuyos. Las adhesiones incondicionales son tan temibles como ridículas, porque ni a Dios le salió todo bien todo el tiempo.

La crítica es sana, es justa y necesaria. Pero la crítica a la totalidad, además de injusta, es estúpida por inverosímil porque estadísticamente nadie, ni siquiera la derecha, es capaz de hacerlo todo mal durante ocho años.

Y de las legislaturas precedentes, junto a errores y actitudes que tienen mucho que ver con que hoy gobiernen los que lo hacen aquí, en honestidad habría que salvar sobre todo la gestión de la actividad cultural. A diferencia de mi asignatura de síntesis, Cultura salda su desempeño de estos años con nota. Yo diría y digo que con sobresaliente. Lo digo yo y lo dice mucha más gente, incluso de mi cuerda; los no integristas, obviamente.

Nos hemos llevado años rasgándonos las vestiduras y llorando sobre el cadáver de eventos culturales y artísticos instituidos por gobiernos socialistas y posterior y sistemáticamente desmontados piedra a piedra por ayuntamientos de otro color. Bienal de Pintura, Premio de Novela Ciudad de Marbella, Premio de Poesía Juan Carlos I, Bienal de Pintura El Corte Inglés-Museo del Grabado, Certamen de Humor Gráfico (ahí respiro por la herida)… Y ahora parece darse la paradoja, yo diría que la parajoda, de que justamente se invierten los términos y los agentes. Sonoros, consolidados acontecimientos de este orden puestos en pie por la gestión de la Delegación de Cultura durante estos años parecen importar un bledo a los flamantes muñidores de la cosa munícipe.

La casi treintañera temporada de cine español en vía muerta por unos problemas técnicos para cuyo remedio se habían encontrado adjudicados los trabajos y dotados éstos presupuestariamente.

La modestia rayana en la cutrez del programa paralelo de la vigente Feria del Libro (ahí también me duele) disuena esperpénticamente con el vuelo que venía alcanzando tal programación en las ediciones precedentes, dicho sea esto con el mayor de los respetos hacia el voluntarismo admirable de mis amigos locales, reconociéndose quien esto escribe el más pequeño y mediocre de ellos. Me temo que invocar ahora nombres, Manuel Alcántara, Félix Grande, Aramburu, Gamoneda, Caballero Bonald, Mestre, Aguirre, Neumann, Soler, Vargas Llosa, Ullate…, resultaría estéril; a determinados oídos podría parecerles la alineación del próximo rival de la U.D. San Pedro.

Los no natos premios literarios Marbella Literaria y Marbella Hispanista, dotados y percibida la dotación (veinte mil del ala) de Cajamar y Gas Natural, presentados e incluídos en calendario, con jurado confirmado, jurado de una altura de pívot americano y cuya composición renuncio a pormenorizar por la misma razón que no hacía exhaustiva la lista de comparecientes en la feria del Libro, pa’qué si probablemente ni p.i., pero del que sí quiero hacer notar que incluyendo entre otros pesos pesados de las artes y las instituciones al director adjunto de EL PAÍS, al de El Mundo y el del ABC Cultural (más equilibrio no cabe), se aseguraban una notable caja de resonancia mediática. Cosa que nos vendría la mar de bien para paliar en algo ese tufillo a mitad de camino entre cosa frívola y cosa kitsch que tanto nos sonroja a algunos cuando se sabe por ahí que vives en Marbella. Se alegarán razones de orden presupuestario y financiero. Y yo pregunto cómo pensarán que se han puesto de pie cosas similares en los años anteriores. Buscando cada pela, peleándola y en muchos casos, me consta, haciendo un uso y hasta un abuso posma y machacón de agenda y relaciones personales de la responsable. Yo me temo que esta vía esté cerrada para la nueva gestión; no creo que el ámbito profesional del señor Piña incluya relaciones de este tipo, tan vampirizables a la postre para la causa.

Decía mi pobre madre que hacer un pato a la naranja con un pato y con naranjas es razonablemente fácil, lo jodido es hacerlo con un pollo congelado del súper y dos patatas medio pochas. Y no sabe el señor Piña qué exquisiteces y qué atracones nos hemos regalado por aquí últimamente. Digo y afirmo que no lo sabe porque servidor, asiduo a estas cosas, no lo recuerda por más que rebusca en la memoria en demasiadas de ellas. Vamos, tan no demasiadas como ninguna.

A los cuatro chalaos de la cosa cultureta se nos hacen los dedos huéspedes temiéndonos lo peor respecto a Marpoética, el Marbella Todo Danza, los cursos de verano de UMA cuando en la próxima edición no se los encuentren organizados, programados y pagados, Los diferentes ciclos de conferencias de pintores, arquitectos, grabadores, poetas y otras gentes de mal vivir. Los talleres de verano de éste que nos está achicharrando se vienen celebrando sólo en San Pedro; los de Marbella desaparecidos con la estupenda excusa del cierre por reformas y ampliación del Museo. Al señor Piña le han puesto en la puerta de su casa como quien dice el mejor equipamiento cultural de esta ciudad (digamos conurbación ya que a él me refiero), el “otro” Trapiche, que permanece es estas fechas cerrado y cesante por ausencia de actividad, justo en verano cuando cualquier pueblo se llena de programación lúdico-cultural a poco que tenga un auditorio sólo la mitad de guapo que el recién construido.

Se argüirán, con gran decepción las he leído de boca y mano de alguien justamente reputado en este campo de la cultura, digo que se argüirán razones de rechazo a las élites en el asunto de los abortados premios literarios. Sin caer en la cuenta, imagino que por fidelidades inquebrantables, de que la cultura popular lo es más, más cultura y más popular, cuanto mayor sea su aspiración a la excelencia; los talleres de papel están muy bien y los cuentacuentos también. Pero es que ya son demasiados cuentacuentos, tómese en el sentido que le dé la real gana tomárselo a cada quién.

Amigos, a la izquierda se nos ha llenado la boca de blasonar que la cultura es cosa nuestra, que somos los guardianes del fuego. Son ellos, los otros, los que acuñaron la injuriante y despectiva denominación de titiriteros para los poetas, cantantes, músicos, actores… No los carguen de razones, joder.

Texto e ilustración: Agustín Casado

1 comentario:

carlos parejo dijo...

La presencia de intelectuales y artistas, ahí está una de las claves, no de personas del aparato, sea el partido político que sea...