jueves, 27 de agosto de 2015

Reductio ad absurdum

El muro de Berlín
fue sólo un juego cruel
de niños comparado
con estos otros que hoy
se erigen en la Europa
democrática y libre
para cerrar el paso
a los que huyen del hambre
la guerra y la miseria
que urdieron la codicia
de los hombres de Estado
de Bruselas y Washington.
Puede que, tras leer
mi juicio, te apetezca
manifestar con ira
que las comparaciones,
y está más, son odiosas.
No habré yo de negarlo.
Pero como alegato
en su favor, permíteme
argüir que este poema
no ha sido dado a luz
al dictado del odio,
sino que es resultado
de la náusea que infligen
la rabia y la impotencia
de ver a tantos seres
humanos reducidos
a la categoría
de problema al que, Europa,
tan enferma, pretende
dar solución cortando,
infame, por lo sano,
en lugar de tender
puentes a la esperanza
de los nadie y con ello
poder negar que el muro
de Berlín fuera un juego
de niños o que nunca,
pese a las apariencias
fuese al fin derribado.

1 comentario:

carlos parejo dijo...

Yo se los enviaba a Putin por apoyar el genocidio sirio de Basher el asad