sábado, 1 de agosto de 2015

Águila

La línea que separa
el amor del desprecio
es delgada y se ubica
en vaguadas comidas
por el cardo y la niebla.
(El odio es otra cosa,
sentimiento elevado
como el vuelo del águila,
y diáfano y firme
como el diamante, ajeno
al corazón espino
sin luz de los mortales).
Hay que usar el oído
a fin de retrasar
lo infalible: quedar
a merced de la araña
que urdió las alambradas
(cuando olvide tu voz,
será el tiempo sin tiempo
de renunciar por siempre
al amor propio, el tiempo
de inmolarse al silencio).

1 comentario:

carlos parejo dijo...

Hay amores más petinaces que el odio...y siempre queda la esperanza