miércoles, 4 de abril de 2007
El efecto mariposa
Un aspecto que normalmente no se tiene en cuenta a la hora de evaluar la incidencia ambiental de una determinada obra o proyecto es el de los impactos que podríamos denominar remotos, el tan de moda “efecto mariposa”, algo que, dicho así, puede parecer una cursilada o el producto de la mente “acalorada” de intelectuales y tecnócratas locos o pedantes, pero que, lejos de esto, es algo muy a tener en cuenta. Así, hoy comienza a haber cierto consenso en admitir que fenómenos como los incendios de 1997 en Australia e Indonesia o los más recientes de la selva amazónica tienen su origen (o, mejor, parte del mismo para acometer una más lógica explicación multifactorial en la causalidad de los fenómenos) en el ya famoso “Niño” del Pacífico Chileno, con una desconocida virulencia inusitada de sus manifestaciones en la actualidad como consecuencia del ¿cambio climático? : El efecto mariposa o los impactos remotos de los diferentes fenómenos naturales o antrópicos a los que hasta hace muy poco tiempo no se había dado ninguna relevancia.
Este efecto mariposa a nivel global o planetario es algo que a escala regional también se produce, siendo, si cabe, hasta más evidente. No obstante cuando se realizan estudios de impacto no se suelen tener en cuenta estos efectos remotos, bien en el plano espacial o en el temporal. Se evalúan casi exclusivamente los impactos más o menos locales y los que se pueden producir a corto o medio plazo.
Para ilustrar y hacer más comprensible este argumento me voy a permitir contar una historia, en la que por supuesto, “todos los hechos, lugares y personajes son ficticios y cualquier coincidencia con la realidad es pura casualidad”.
Erase una vez un país llamado IMPACTOLANDIA. Este era un lugar maravilloso, con inmensos bosques, magníficos ríos y tierras fértiles que sus habitantes aprovechaban de un modo tradicional y sostenible, sacando de la Naturaleza lo que necesitaban para vivir y compensando a la misma con un exquisito respeto por sus valores. No había grandes fortunas, todos tenían que trabajar a diario para vivir y todos vivían dignamente.
Pero un día llegó a aquellas tierras un gran emprendedor, llamado Señor X (no confundir con el Señor X de los GAL), con grandes proyectos. Él sólo iba a transformar la anticuada economía de aquel “atrasado” país, mediante la instalación de diferentes industrias basadas en la materia prima de aquellos “inútiles” bosques. Iba a generar energía (limpia por supuesto), a fabricar papel, muebles y un sin fin de productos manufacturados y, de paso, iba a proporcionar un enorme número de puestos de trabajo a los habitantes de la zona, porque aunque éstos ya tenían trabajo suficiente en el aprovechamiento sostenible de unos recursos naturales que eran su patrimonio inmemorial, sus técnicas de producción eran muy anticuadas y generaban poco valor añadido y escasas plusvalías. Con los nuevos avances prometidos, su trabajo iba a ser mejor y de mayor calidad e incrementarían notablemente su nivel de vida.
Así que en pocos años el Señor X acabó con aquel estúpido bosque sin utilidad alguna (no hubo oposición ninguna, no había aún conciencia ambiental; ni se evaluaron posibles impactos: por aquel entonces aún no existía esa molesta e inútil figura legal que la mayoría de las veces sólo sirve para impedir el “desarrollo), dejando en su lugar unas tierras yermas y casi desérticas, ¡bendito desierto por haber contribuido al “desarrollo” económico de IMPACTOLANDIA! Muchos habitantes de aquel bosque se trasladaron a trabajar a las factorías del Señor X, pero éstas no tenían capacidad suficiente para absorber toda la mano de obra que quedó sin tarea alguna al no poder ya ocuparse en aquella extinta riqueza forestal aniquilada es pos del modernismo y el crecimiento económico.
Al poco tiempo, aquellos ríos limpios y con un caudal suficiente todo el año (hay un “horrible” y “falso” dicho ecologista que afirma que el bosque es el mejor embalse posible) comenzaron a aparecer turbios por la materia que arrastraban y a secarse en verano, y los habitantes que fueron a poblar las villas y ciudades que surgieron en torno a la factoría del Señor X (insisto no confundir con el tema del GAL), empezaron a padecer sed, y los agricultores que les suministraban alimento comenzaron a tener problemas para regar sus tierras.
Ante tamaño problema, sesudos gobernantes decidieron que aquel “cuello de botella” de la economía del país había que atajarlo como fuese. Una señora llamada “Morcilla”, asesorada por el Señor X (convertido por aquel entonces en un gran constructor y en terrateniente) llegó a la conclusión de que recuperar aquel bosque era, además de innecesario, inviable, y que lo mejor era construir una serie de grandes embalses que almacenaran el agua en épocas de abundancia para cuando llegaran las vacas flacas. Ya había conciencia ambiental y se estudió el impacto de aquellos embalses en la fauna local, se hicieron islotes artificiales para las aves, se “aclimataron” nuevas áreas para mamíferos, e incluso se transplantó alguna encina centenaria al desierto que se había creado aguas arriba. La verdad es que “no quedó mal”.
No pasaron muchas lunas para que, muy lejos, aguas abajo, ya en la desembocadura de aquel río, Perico “Acuicultor” notase que las marismas donde sus más remotos ancestros habían encontrado sustento suficiente desde siempre, empezaban a secarse y a ser más y más saladas, y contempló como cada vez había una menor cantidad de peces, y desaparecían las especies más valiosas. Ya apenas llegaban a aquellas marismas aguas del río, ni los ricos sedimentos nutritivos que se acumulaban en ellas con cada crecida.
Por su parte, Curro “Chiringuito”, que había construido un “bareto” junto al mar (por supuesto fuera de dominio público), vio como la playa iba desapareciendo y los temporales cada vez eran una amenaza mayor para un patrimonio en el que había empleado todos sus recursos, hasta que un día una gran ola se lo tragó (entiéndase que esta ola se tragó el “bareto” y no a Curro, afortunadamente no hubo que lamentar daños personales).
Comenzaron las protestas; aquel embalse, junto a otras obras mal planificadas como diques, espigones y puertos deportivos, había reducido el aporte de arena a aquella playa antaño paradisíaca. Pero el Señor X y la Señora “Morcilla” no se arredraron, tenían la solución, una solución de progreso.
Transformarían aquellas marismas anticuadas en una instalación de corte industrial superproductiva y el “bareto” de Curro “Chiringuito” en un moderno complejo hotelero-hostelero-urbanización de segunda residencia (no faltaron, por supuesto, varias de esas instalaciones que tanto contribuyen a recuperar el medio ambiente en áreas degradadas como son los campos de golf) en los que darían empleo estable a Curro, sus amigos y sus familiares. Pero para ello había que recuperar aquella playa. Fácil; se dragaría de por vida la arena de los fondos marinos para rellenarla y mantenerla frente a los embates de aquel malvado océano.
¡Que maravilla! Al poco tiempo, donde había una playa limpia y libre para todos, se levantaban modernos hoteles, sobre una arena donde se pudrían peces muertos, y campos de golf, privilegio de turistas, en los que de manera estacional trabajaba Curro “Chiringuito” y hasta de vez en cuando Perico “Acuicultor”, que había visto como sus marismas se habían transformado en un estanque donde otros criaban peces transgénicos muy gordos y caros.
Poco después, Pepe “Pescador”, que vivía de pescar artesanalmente sargos, pargos (ciertamente capricho de dioses), herreras, lenguados, caballas, y otros manjares exquisitos en la costa, vio como muchos de los días en los que salía a faenar (por supuesto junto a las instalaciones para el dragado que estaban por doquier) de sol a sol volvía de vacío, hasta que un día tuvo que vender su pequeña embarcación y pasó a ofrecer pañuelos de papel a los automovilistas junto a un semáforo, que por supuesto había financiado el Señor X.
Pero todo esto eran minucias comparadas con la modernización, progreso y riqueza (por supuesto acumulada en manos del Señor X) que en pocas décadas habían transformado radicalmente el paisaje, el modo de vida y las relaciones sociales en IMPACTOLANDIA.
Tan grande fue el cambio que el máximo dirigente del país, el Señor “ANSAR” (al que, aunque tenía nombre de “pato”, sus homónimas palmípedas se la traían al fresco) decidió pasar ya siempre allí sus vacaciones y en la primera ocasión que lo hizo no pudo más que exclamar “IMPACTOLANDIA VA BIEN, pero que muy bien”. Y todos estuvieron de acuerdo, desde el Señor X hasta Pepe “Pescador”, temeroso de que algún día pudieran echarlo del semáforo.
Hoy los más contestatarios en IMPACTOLANDIA, por supuesto rojos diabólicos o ecologistas locos que lo único que quieren es volver a morar en sucias y libidinosas cavernas, lo más que se atreven es a preguntar: ¿Después de Pepe “Pescador”, quién? El tiempo lo dirá.
Y COLORÍN, COLORADO…
martes, 3 de abril de 2007
Rima sencilla
Con su aliento, media vida,
Mas la mitad que quedó
No ha de morir en la herida
Del corazón que quebró
Su dolorosa partida.
La parroquia de los excluidos y la falsa Iglesia.
En el contexto de esta labor humanitaria se encuentra la parroquia de San Carlos Borromeo del madrileño barrio de Entrevías, la parroquia de “los excluidos”. Esta parroquia fue eximida hace veintidós años de sus responsabilidades pastorales por el entonces arzobispo de Madrid, Ángel Suquía. Desde entonces, los responsables de la parroquia vienen realizando una ímproba labor a favor de los desposeídos, de los marginados, de los excluidos, de los nadie, que diría Galeano. Antes que a evangelizar, se han dedicado a tratar de reintegrar a estos excluidos –drogadictos, prostitutas, sin techo…- en la sociedad, dándoles otra oportunidad de construirse un proyecto de vida digna y sin tantas apreturas, de ser hombres y mujeres de provecho que, tras comenzar de nuevo a amarse a sí mismos, sean capaces de amar y ayudar a sus semejantes. En definitiva, y en mi modesta opinión, a seguir fielmente la doctrina y las ideas de iglesia que quiero pensar que defendía Jesucristo, la iglesia de los pobres y para los pobres, una iglesia de personas con criterio y no un rebaño de borregos sumisos a los dictados de las jerarquías eclesiásticas.
Y, claro, esto ha terminado molestando a esas jerarquías, a esas jerarquías que sólo saben del “ordeno y mando” y que no quieren que nadie cuestione sus mandatos por extemporáneos y poco humanitarios que resulten, esas que quieren hacernos pensar que con la fe se soluciona todo y que se agarran a esa fe espuria para mantener sus privilegios. Deben ser los “nuevos” aires que corren desde el Vaticano desde la elección de Benedicto XVI como Papa, un Papa que ya ha dado buenas muestras de su involucionismo y de sus afanes reaccionarios.
Y, claro, el actual arzobispo, Rouco Valera, ha decidido poner fin a tan cristiana experiencia, bajo la burda coartada, en un acto de cinismo sin parangón, de convertir la citada parroquia en un centro dedicado a la acción social de la iglesia. Porque ¿qué aberración es esa de hacer comulgar con rosquillas a los hambrientos? ¿Y eso de impartir la liturgia con métodos dialécticos, dialogando, comprendiendo, escuchando, en lugar de, como mandan los cánones, “impartir las enseñanzas de Cristo” casi en latín, para que nadie las entienda, y tan sólo sean “compartidas” por esa mezcla de fe, miedo y asunción ciega de conciencia de pecador –aunque se desconozca el pecado cometido- que tanto daño han venido haciendo a la humanidad desde tanto tiempo atrás? Los que detentan el poder con modos absolutistas nunca han querido que sus siervos ni comprendan ni se cuestionen nada, sino un servilismo ciego que siga fielmente cualquier mándato jerárquico por injusto y aberrante que pueda llegar a ser.
Y es que, desde esa parroquia han surgido grupos tan dinámicos, tan humanitarios, independientemente de la mayor fe o no de sus integrantes –que hasta miembros de otras confesiones acudían allí a buscar asilo-, tan críticos y exigentes como Traperos de Emaús, Coordinadora de Barrios, Escuela sobre Marginación, Fundación Raíces... ¿Más acción social?, señor Rouco. Pero ¿a quiénes pretenden engañar estos señoritingos con casulla de la curia eclesiástica?
Tanto tiempo metiéndonos el miedo en el cuerpo con el Armagedón y el advenimiento del Anticristo, cuando ellos no dejan de trabajar únicamente por mantener sus privilegios y la obediencia ciega de los fieles, aun en contra de todo lo que predicó Jesús. No será que el Anticristo ya está entre nosotros, no ese Anticristo imposible de leyendas de agoreros y milenaristas, sino un Anticristo real y cotidiano, ese que se empeña en tirar por tierra la labor de los que se ocupan en tratar de mejorar las condiciones de vida de los excluidos, sean o no creyentes, que todos deberían tener cabida, de existir éste, en el Reino de los Cielos.
Creo que algunos, por mantener su estatus incuestionable, están dando pasos de gigante camino del infierno. Una pena que tampoco exista para que allí más de uno recibiese lo que merece por su falta de humanidad y su desprecio por el sufrimiento ajeno y por la labor desinteresada de aquellos que tratan de aliviarlo.
Vaya desde aquí mi solidaridad con los curas de la Parroquia San Carlos Borromeo, y con su intención de resistir al ataque vergonzoso que han recibido desde los que se autoproclaman indecentemente servidores de Dios y de los hombres. Y mi reprobación y desprecio por estos anticristos cotidianos empeñados únicamente en joder al prójimo.
Amén.
Ps. Me pueden, señores de la curia, amenazar de excomunión si no me retracto, que me la trae al fresco, que yo no he hecho oficial declaración de apostasía, porque me siento hace ya tiempo un apóstata de hecho. Que les den.
lunes, 2 de abril de 2007
Donde habite el olvido... (un poema de Luis Cernuda)
Donde habite el olvido,
En los vastos jardines sin aurora;
Donde yo sólo sea
Memoria de una piedra sepultada entre ortigas
Sobre la cual el viento escapa a sus insomnios.
Donde mi nombre deje
Al cuerpo que designa en brazos de los siglos,
Donde el deseo no exista.
En esa gran región donde el amor, ángel terrible,
No esconda como acero
En mi pecho su ala,
Sonriendo lleno de gracia aérea mientras crece el tormento.
Allí donde termine este afán que exige un dueño a imagen suya,
Sometiendo a otra vida su vida,
Sin más horizonte que otros ojos frente a frente.
Donde penas y dichas no sean más que nombres,
Cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo;
Donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo,
Disuelto en niebla, ausencia,
Ausencia leve como carne de niño.
Allá, allá lejos;
Donde habite el olvido.
Luis Cernuda
Este es para mí, no uno de los mejores, sino el mejor poema que he leído. Casi insuperable su lirismo. Y Cernuda, un poeta sin fisuras; sólido y, a la vez, embriagador como el éter.
De un oscuro rincón de la memoria
Entre la niebla amarilla
Del tiempo y el desaliento,
Me enfundo guantes de seda
Y asesino los recuerdos.
No es tarea nada fácil,
Y es que los muy puñeteros se defienden
Tan bien como gato panza arriba,
Y gimen y aúllan y muerden
Y arañan con sus garras el latido
Que alocado palpita en mis heridas.
Pero yo, con los modos de un nefasto cirujano,
Les clavo mis uñas sobre el lomo
Y golpeo sus fauces, sin aliento,
Y en mi horrible crimen aterrado.
Luego, espantado por la sangre chorreante de las sábanas
Me abro paso llorando a dentelladas sobre ellos
Hasta alcanzar a quebrarles de un lamento
La garganta.
Y todo, frío,
Se torna silencio oscuro.
Más tarde, cuando llamo a los servicios funerarios,
Para tratar de disponer que se hagan cargo
Tal y como se merece del cadáver,
Una voz, amable
Y a la vez sumamente impersonal,
Desde el otro lado del hilo telefónico me informa
De que en mi póliza de seguros no aparecen contempladas
Determinadas coberturas sin importancia.
Y cuando insisto, argumentando
Que empieza a oler a demonios,
Ya con unas maneras
Bastante más destempladas, y antes de colgarme bruscamente,
Me aconseja, con tono sarcástico,
Que vaya a buscarme la vida
A otro lado
-Ironía, quiero suponer,
De indolentes empleados funerarios-.
Me vuelvo entonces ofuscado
Para cerciorarme de que todo fue como debía,
Y un fantasma pavoroso que se aleja con el alba,
Entre susurros me anuncia
Que ha de volver con la noche
A ganarme otra batalla
Consumiéndome la sangre.
domingo, 1 de abril de 2007
El polígrafo
Ergástula
Tan yerma,
Y ahí,
Frente a los labios resecos,
Aguas de un río cantando
Que me esquivan como sueños.
Boca henchida de tormento,
Y un anhelo, renegado,
De desiertos y silencio.
sábado, 31 de marzo de 2007
Ya gaviota migratoria

Ven
Y mírame.
Yo que fuera como alondra
Que apegada a tus jardines
Consumiera gota a gota
En tus rosas el rocío,
Hoy gaviota migratoria
Me apresto a levar el vuelo
Para dejar que acaricie
La dulce lluvia tus pétalos.
Y buscaré en otro mar
Las olas que nos negamos,
Al confín de un horizonte
Estrellado sin ocaso.
No es que en tu ansiado jardín
Dejase de amar las flores
Pero debo ya rendir
La sangre de mis blasones,
Y dejarte así morar
Nuevas nubes, nuevos vientos
Y recobrar la color
Sin mi aliento macilento.
Ven, sí,
Ven, y digamos adiós.
Y cuando me eche a volar
Mirémonos frente a frente
Esbozando una sonrisa
Que perdure para siempre.
viernes, 30 de marzo de 2007
Concurso de microrrelatos
Un abrazo.
Rafa.
Una de las cosas más interesante que han llegado con el funcionamiento de este blog es el tema de los microrelatos. Además, por los comentarios que he leído, es quizá lo que más gusta. Como también estoy recibiendo de otros lectores he pensado HACER UN CONCURSO DE MICROS. No quiero que los participantes lo pongan como comentario de este artículo, sino que lo manden a mi correo: escritorenciernes@hotmail.com para que yo, una vez que tenga todos (espero que sean unos cuantos) los publique y republique (periódicamente) para que los vayamos votando. Así que, ya sabéis, lanzad el vuestro, que seguro que es el mejor.
Cigüeña
Ni rutas hacia el sur:
Murmura un frío ardiente de sepulcros,
Y el viento en el ocaso
Sin nubes en el cielo
Me abisma desterrado al vertedero
Sin que una flor de plástico me otorgue
Quimérica esperanza de estaciones.
jueves, 29 de marzo de 2007
¿Y el amor?
Me refería Carlos que había escuchado una conversación entre dos amigas suyas, no porque Carlos tuviera intención de escuchar, sino por que ellas hablaban con total naturalidad del asunto y sin ningún tipo de tapujos, en la que una de ellas comentaba a la otra que los principales motivos que ella encontraba para compartir la vida con otra persona eran: poder irse de la casa de sus padres, sin tener que estar abocada a la soledad, y poder adquirir una Vivienda de Promoción Pública. Y, también, poder tener un acompañante seguro para las citas de carácter social, ya fuesen programadas o espontáneas. Y que, para poner la guinda a tan sólida relación, lo que no deja de ser ideal es que tanto los horarios laborales de los miembros de la pareja, como sus aficiones, no sean coincidentes para, de este modo, no dar oportunidad a demasiado diálogo. La respuesta de la otra amiga fue estar en todo de acuerdo. Y, bueno, tal vez, aunque ninguna de las dos lo mencionase, me da por pensar que, igual en algún momento, pudieron pensar en lo útil –y útil es un adjetivo muy meditado en este punto del texto- que puede resultar poder tener más o menos asegurada la satisfacción de las necesidades sexuales. Aquí es preciso que haga un inciso para decir que pienso que una conversación de este tipo es igualmente posible entre dos hombres.
Tras contarme todo esto, con una expresión y un tono de voz que denotaban perplejidad y asombro, hizo una larga pausa, acompañada de un gesto pensativo y a la vez escéptico, tras la que, con una vehemencia calmosa, me dijo:
- Y entonces yo pensé, Rafa, ¿y el amor?, ¿y el amor?
Yo, que no dejo de ser un romántico compulsivo y puede que un tanto morboso, no pude más que, sin palabras, mostrarme de acuerdo con la profunda, compleja y decepcionada reflexión sobre la banalización de los afectos contenida en su pregunta retórica.
Pero, casi de inmediato, terminé por decir:
- Querido amigo, nosotros dos no somos más que unos idealistas trasnochados y permanentemente angustiados por pretender o por no poder abandonar ciertas filosofías de vida que ya hace tiempo que se batieron en retirada.
Y, entre estas filosofías, no me refería tan sólo a las relativas al amor-pasión o de pareja, sino a todo tipo de relaciones “sociales” –padres-hijos, entre amigos, etc.- en las que el afecto, de ser casi el motivo exclusivo o, al menos, el de mayor importancia para su nacimiento, desarrollo y consolidación, ha pasado a considerarse un elemento meramente accesorio, con tintes ciertamente edulcorantes o decorativos, cuando no a no existir directamente.
Lo que siento por ti (un poema de Idea Vilariño)
No es de rosas abriéndose en el aire,
es de rosas abriéndose en el agua.
Lo que siento por ti. Esto que rueda
o se quiebra con tantos gestos tuyos
o que con tus palabras despedazas
y que luego incorporas en un gesto
y me invade en las horas amarillas
y me deja una dulce sed doblada.
Lo que siento por ti, tan doloroso
como pobre luz de las estrellas
que llega dolorida y fatigada.
Lo que siento por ti, y que sin embargo
anda tanto que a veces no te llega.
Idea Vilariño.
miércoles, 28 de marzo de 2007
Sobreviviente
yo pensaba que sin ti
de desamor moriría.
Y en mi espantosa agonía
esa esperanza perdí:
¡Sobrevivo en la carencia!
(Ya lo dice el refranero:
mala hierba nunca muere;
¡Soy cizaña sin tu apego!).
Abismos

martes, 27 de marzo de 2007
Sólo busco un breve aliento
De un breve aliento prestado
La calidez de la esencia
De algunos sueños pretéritos.
(Y en la atmósfera vacía
Vago en mis suspiros yermos).
Sólo espero que un momento,
Pertrechado de esperanza,
Alumbre la turbia uñada
Que se requiebra en mis dedos.
(Y en mis sueños de vigilia
Vuelan sombras al acecho).
Sólo un poco de clemencia
Dictada por los afectos
Para arrancar a mi vida
Tanto barro en sus cimientos
(Y una dureza de piedra
Se desploma desde el cielo).
Sólo una mirada amiga
Que la maraña marchite
Y de su mano sin tacto
Me conduzca a mi sendero.
(Cicatrices de patíbulo.
Arañan muñones ciegos).
Poder balbucir un nombre
Sin disfrazar de metáfora,
Torpe máscara que esconde
Culpa, cobardía y miedo.
Sólo
Eso
Voy buscando
Solo en mitad del océano,
Con el trayecto
Perdido,
Sin remos, vela, ni viento,
Sin un leve canto de sirenas
Como el último refugio del naufragio.
Y profano el mar que me acogía
Al tratar de retenerlo entre las manos,
Y la hiriente arena macilenta
De amargas lunas menguantes
Se me instala en los sentidos
Ahogándolos.
Pedestal de cieno
Desde el pelo ensortijado dando escolta
A tus labios de fresa y tentación,
Y nos he soñado eternamente compartiendo
Anhelos, sinsabores y esperanzas
Al son del prodigio del viento:
Dulce sueño de un iluso
Que aún piensa que los afectos
Son los que mueven el mundo.
Luego, al despertar
Con matices agridulces en mi aliento
Te he buscado por la casa
Como quien busca un latido quebrado
Y la estela de mi sangre en el silencio me ha arrojado
Al pedestal de tu ausencia.
lunes, 26 de marzo de 2007
Cuarenta grados a la sombra (un poema de María Gómez)

Cuarenta grados a la sombra
Hay una alameda sin álamos
y sin bancos en los que sentarse
donde se compra y se vende dinero
al mayor postor.
Una irónica pintada de diseño ('Escape')
corona la fachada
de un antro sospechoso, con puerta cerrada
a hierro y canto.
Rodean la alameda sin álamos
ocho edificios Giralda de hormigón.
Un pobre de limosna soporta la vida bajo
la 'Consulta de Tratamiento de la Anorexia Mental
(puerta 21, cuarto B)'.
Y yo,
que salgo de la casa para no estar sola,
me siento en una terraza de esta alameda
sin álamos y con bancos nominativos,
a ver si por lo menos intercambio aburrimientos
con el camarero.
Pero no aparece nadie.
Al rato, el colmo de la soledad:
"psh, oiga, que es autoservicio",
equivalente al "su tabaco, gracias".
Menos mal Angel González
y esta cerveza fría
que indirectamente me han servido.
Pienso en ti y en el poema que escribirías
rodeado por esta realidad del verano sevillano,
en un barrio de urbanismo urgente e impersonal.
Aun con la lengua muerta
Pienso mover la voz a ti debida.
Garcilaso de la Vega.
Cuantas veces a las puertas
De tus brazos he quedado,
Cuantas noches macilentas
Sin la luz de tu regazo,
Cuanta lágrima escondida
En la angustia de mis versos,
Cuanta pútrida saliva
Calcinada sin tus besos,
Cuantos gritos despechados
En la prisión de la ausencia
Cuanto amor amordazado
Tras los muros de un poema,
Cuanta estrofa ensangrentada
Por no habernos encontrado,
Cuanta vida malgastada
Por el pánico a entregarnos.
Y se me escapa la vida
Con la mudez de mis versos
Poesía a ti debida
Como bálsamo y veneno.
El desamor que en ti siento
Es lo que me hace poeta,
Y extenderá mi lamento,
Cuando more bajo tierra,
Más allá del sinsentido
De lo eternamente muerto,
Y mi verso como aullido
Pervivirá en el silencio,
Aunque entonces como ahora,
Indiferente a mis ruegos,
Tornes muda la oratoria
Donde yacen mis deseos.
domingo, 25 de marzo de 2007
In-tacto
Y trémulo extiendo las mías
A un celeste de espejismos
Que olvidaron ya tu nombre.
Y todo, tan de súbito
Como el fin del fulgor de un relámpago,
Se torna oscuro,
Y el aliento,
Frío,
Me abisma en caminos de cieno
Entretejidos de invierno.
Y en la ciénaga de los sueños rotos
Pierdo a jirones la piel
Del alma,
Y el corazón entre el hielo,
Late en sinfonías moribundas
Con acordes de espanto y derrota.
Sí, quisiera poder sentir,
En la dulce ebriedad de un ensueño,
Mis manos en tus manos esta noche,
Pero mis dedos dormidos
Nunca conocieron tacto,
Y el peso de la vigilia,
Como tenaza en los labios,
Se me hace eterno.
sábado, 24 de marzo de 2007
Lo único que ya tenía
La tolerancia no es suficiente (por Ignacio González de los Reyes Gavilán)
Muchos fenómenos a nuestro alrededor nos demuestran que si queremos una auténtica convivencia humana y fructífera es necesario dar algunos pasos más allá de la tolerancia.
Nos decimos tolerantes y democráticos, pero los intercambios entre ideologías políticas vienen plagados de insultos y acusaciones, de descalificaciones e insinuaciones malévolas. No parece existir un verdadero afán de intercambio de ideas, sino un espíritu de lucha y confrontación. Toleramos a los otros, es cierto, pero ¿ qué entendemos por tolerar ? Según
Ese enfoque es suficiente para evitar absolutismos, para sustentar regímenes participativos, para que exista libertad. Pero cuando pensamos en enriquecer la convivencia, o cuando pensamos en esa convivencia en entornos reducidos, en convivir en la familia, en un grupo de amigos, en una comunidad de vecinos, en un foro de Internet, en nuestro lugar de trabajo, la tolerancia, simplemente, no es suficiente.
Debemos acompañar la tolerancia de otros valores, de otras virtudes, de otras actitudes, de otros atributos, que realmente nos permitan mejorar como sociedad, como grupo, como personas y que fomenten una convivencia armoniosa al tiempo que enriquecedora.
El primer y necesario paso que deberíamos dar es el paso del respeto. No se trata de sufrir con paciencia ideas contrarias a las nuestras, se trata de respetarlas. Se trata de admitir, pero admitir de corazón, que esas ideas pueden ser tan razonables, quizá tan acertadas, como las nuestras. No se trata de decir ‘yo respeto todas las opiniones’ frase que no suele ser más que eso, una frase, una frase hecha, una frase hueca. Se trata de interiorizar la validez de esas ideas, al menos como hipótesis. De admitir como posible que esas ideas sean acertadas. Esto descarta, entre otras cosas, actitudes insultantes o despectivas. Si consideramos respetables las ideas ajenas, nunca caeremos en descalificaciones: no podemos descalificar algo que nos merece respeto, no podemos insultar o despreciar a alguien por mantener una posición que nos parece respetable e, incluso, de plausible acierto.
Un paso más, en esta escala de convivencia, es acompañar la tolerancia de aprecio, consecuencia casi directa del respeto. Mediante el aprecio, adornamos de cualidades morales, aunque sólo sea en grado de presunción, al que sostiene ideas contrarias a las nuestras. En el terreno político, admitimos que una persona de derechas puede, a pesar de ello, ser bienintencionado y buena persona o, por el contrario, admitimos que una persona de izquierdas puede, a pesar de ello, ser intencionado y buena persona. O que puede ser monárquico y, a pesar de ello, bienintencionado y buena persona, o republicano y, a pesar de ello, bienintencionado y buena persona, o anarquista y, a pesar de ello, bienintencionado y buena persona. Y lo mismo cabe decir, por ejemplo, de un ateo, o de un católico o de un musulmán. Eliminamos el típico maniqueísmo, la típica y tan dañina reacción de corte tribal de pensar que ‘los otros’ son ‘los malos’.
Pero aún podemos ir más allá. Podemos, incluso, incluir la empatía, podemos intentar entender el razonamiento y modo de pensar y sentir de los que no piensan como nosotros. Podemos ponernos en su pellejo, en su cerebro y en su corazón. Liberados de prejuicios por obra del respeto y el aprecio, un ejercicio de empatía, puede, además, aproximarnos a los otros. Tal vez entendamos sus razones, tal vez hasta lleguen a convencernos. En cualquier caso, nos acercamos.
Pero sí creemos que con esto hemos alcanzado la perfección, yo diría que aún no. Diría que, finalmente, deberíamos añadir el atributo del amor, que puede adoptar, según el caso, formas de cortesía, de amistad o de auténtico amor. Quizá este atributo sólo se pueda lograr en grupos humanos reducidos y no, por ejemplo, a escala nacional, pero no deja de ser el objetivo, quizá la utopía. Mediante esta cualidad, cuidamos los sentimientos de nuestros oponentes Porque les apreciamos, porque les amamos, cuidamos de no hacer daño si debemos expresar nuestras diferencias. Nos lleva a poner por delante los sentimientos de quienes apreciamos frente a la mera defensa de nuestras posiciones. Esto no supone una renuncia a nuestras convicciones, sino unos cauces acerca de cómo hacer llegar esas convicciones a quienes no piensan igual.
Realmente, la tolerancia es un valor positivo, es la base de una convivencia en libertad, pero no es suficiente. Si queremos una convivencia armoniosa, si queremos caminar juntos hacia mejores destinos, debemos acompañar esa tolerancia de respeto, aprecio, empatía y amor.
Ignacio González de los Reyes Gavilán
Podéis leer más cosas y saber más de Ignacio en su Mundo Azul y en el Portal Literario El Recreo.
Pérdida
del reproductor de emepetrés del coche,
y en estos días, también
-¡no!, ¡no tan bien!, ¡no!-,
sobre asfaltados sin música,
me acompaña en mis viajes tu recuerdo.
Y lo hace tal que siempre
como lúgubre canción desafinando
repiqueteos a muertos
-la campana que con pena
me saluda cuando paso
con tañidos de silencio-.
Y en lugar de la voz de Dulce Pontes,
balsamando en el tímpano la ausencia,
brota por la garganta como simas
un grito –amargo- puesto en el cieno,
pero el dios del abismo y el ruido
-¡tan poco!- tampoco presta su oído
al clamor de mi quebranto.
Coitus interruptus
Cada cierto tiempo, cuando ya casi no podía seguir soportando la ansiedad que le provocaba su ausencia, la llamaba para invitarla a un café o a una cerveza. Ella accedía en cada ocasión, pues, aunque siempre se esforzó en no demostrarlo, lo quería con toda su alma, y lo último que deseaba era poder llegar a hacerle daño, aun sabiendo que él ya estaría herido de por vida por su causa, una causa perdida de antemano. Nunca permanecían juntos más de diez minutos y siempre era él quien sugería el momento de despedirse. Ella siempre, al marcharse, le decía que no dejase de llamarla cada vez que le apeteciese, pero estaba convencida de que no lo haría, porque sabía que él pensaba que, por mucho que lo desease, no se debía permitir llamarla cada día.
Pero esta vez parecía que podían cambiar algunas cosas. Cuando él la llamó, ella le sugirió que podían quedar citados para cenar juntos. Durante la velada, como era habitual, sólo hablaron de cosas intrascendentes, él siempre encontraba el modo de evitar hablar de sentimientos. No obstante, en el rostro de ella, siempre tan calmada, asomaba incontenible una inquietud evidente. Cuando él decidió poner fin al encuentro y ya se levantaba de su asiento, ella lo detuvo agarrando con firmeza su antebrazo.
- Verás, Manuel, aunque yo nunca te lo haya dicho, tú sabes que te quiero con toda mi alma, que haría cualquier cosa que estuviese en mi mano por ti. Yo sé, Manuel, que desde el día en que me conociste, y durante todos estos años que nos hemos estado viendo casi a diario empujados por nuestra amistad… yo también echo de menos esos momentos, Manuel, yo también los echo de menos, pero, al igual que tú, no creo que podamos llegar a recuperarlos –en ese instante se inclinó hacia delante para mostrarle la hermosa madurez de sus senos desde el balcón al mar de su escote celeste. Te decía que sé que durante todo ese tiempo no has podido dejar de desear por un solo instante follar conmigo, que, incluso ahora, en cada uno de nuestros encuentros esporádicos, no puedes dejar de pensar en ello. Pues bien, Manuel, ya no lo soporto más, cada día que pasa estoy más cansada de verte así, tan lleno de tristeza. Así que, esta noche, vayamos a mi casa y echemos un buen polvo. O, mejor, follemos como salvajes, sin límites ni medida, sin precauciones, hasta que alguno de los dos, tras haberlo intentado con todas sus fuerzas, comprenda que está rendido y que no puede más. Hagámoslo, Manuel, como si mañana se acabase el mundo, porque esta noche, Manuel, esta noche… puede que sea el fin del mundo, de ese mundo que ambos conocimos y que ha terminado por alejársenos tan inalcanzable.
Cuando ella terminó de hablarle, Manuel volvió a sentarse de nuevo, y, hundiendo su mirada en el mantel como si fuese el fondo del más insondable abismo, permaneció en silencio durante unos pocos segundos que a Elvira se le hicieron interminables.
- ¿Sabes?, Elvira; yo, como viene sucediendo desde el mismo día en que te conocí, y aunque sé que por mucho que llegases a intentarlo nunca podrías sentir algo parecido a lo que yo siento por ti, daría mis cinco sentidos tan sólo porque tú me amases un solo día. Un solo día sin sábanas ni noche –respondió, trémulo, con un tono de voz agridulce y la mirada, humedecida de desesperanza y de tristeza, reflejándose en los desolados ojos de Elvira.
viernes, 23 de marzo de 2007
Las cuatro dimensiones
A lo ancho.
E incansable se expande cada noche
A lo bajo,
Donde espesa, profundiza en los muros
Del silencio,
¡Oh triste infierno sin tiempo¡
(¿He de pensar que existió
Alguna vez tu sonrisa?)
Big Bang
jueves, 22 de marzo de 2007
Mar sin olvido
Me trajo el mar tu memoria
-¡Ay! corazón confundido
Entre el averno y la gloria-,
Y de la arena prendido,
La resaca predatoria
Bamboleó el sinsentido
De mis huellas sin historia
Luego una bruma de invierno
Abriendo llagas de hielo
Me requemó la esperanza:
En océanos de infierno,
Sin sol, zozobró mi cielo
¡Triste malaventuranza!
Haikus de mar y arena (Antología segunda)
Si acaso somos
leve huella en la arena
que la mar barre.
XIII
Con alas ciegas
vuelo a tu arenacielo,
gaviotamar.
XIV
De noche el mar
arrasa mis castillos
de arenamor.
XL
Entre mi barca
y la luz de tu faro,
el arrecife.
L
Como Penélope
destejedor nocturno,
por si amaneces.
LVII
Quiero ser ola
para borrar tus huellas
de mi memoria.
LXI
Mar sin orilla,
barquitos de papel
son los suspiros.
LXXV
¡Reloj de mar!
no te lleves la arena
de su recuerdo.
LXXXI
Sin tu poniente
en esta calma chicha
sangran mis velas.
LXXXII
Quise ser palo
para aguantar tu vela
Y zozobramos.
Como ya adelanté, en esta segunda y última antología de mis "Haikus de mar y arena", he escogido algunos de los que se podría decir que son más heterodoxos, "menos" haikus.
miércoles, 21 de marzo de 2007
Amor platónico
La primavera,
Ha rozado con sus alas
La escarcha de la mazmorra
Que desbocada palpita
De sollozos de añoranza
Y espantoso desconsuelo,
En el mar de telarañas
Que se vertiera en mi pecho
Como duelo.
Sólo fue por un instante,
Volátil como espejismo
Que se inicia al dar las doce
En la bruma cenicienta
De la noche.
Pero dejó con su magia,
Blanca como flor de almendro,
Cielo azul en las miradas
Eclipsadas de cegueras
Y de invierno.
Hoy en su roce,
De primaveras,
Y en el vuelo de su aliento,
Trenzado de aroma a flores
Y la luz de un arco iris
Tal que un ósculo salobre,
Vislumbré que tras los muros
Que encarcelan mi esperanza
Aún pervive una simiente
De magnolios,
Y que al huerto donde habita
La lila color celeste
Aún conduce algún sendero
Entre las marañas densas
Del silencio.
Y anegado del calor
De su fugaz aleteo,
Se hizo cántico el gemido
Como réplica al dolor
Del olvido.
El estruendo de los corderos
El árbol del bien y del mal
Antonio Machado.
Hubo hace ya un tiempo tan lejano que se pierde en la ciénaga en la que se confunden en un solo ser la Historia y la Leyenda, según se dice, allá por las tierras de Mesopotamia, una tribu que habitaba el más rico vergel nunca conocido. Eran los Manis. Los Manis adoraban a las dos entidades que se fundían en el que para ellos era el único dios verdadero: el árbol del bien y del mal. De un tamaño colosal y una feracidad como al parecer jamás ha alcanzado ningún otro, del árbol del bien y del mal brotaban continua y simultáneamente dos tipos de frutos: el ormuz y el ahrimán. El primero era tan blanco como la nieve de las más altas cumbres nunca holladas por el pie de ningún hombre, en tanto que el segundo era tan negro como la más oscura noche sin luna ni estrellas.
Con el paso del tiempo, y las luchas de poder intestinas, los Manis terminaron por diferenciarse en dos facciones religiosas y políticas enfrentadas, que tomaron sus nombres de cada una de aquellas entidades, ahora ya separadas en dos realidades distintas y sin conexión alguna, a las que respectivamente terminaron por adoptar como símbolos diferenciadores, y por consagrar su obediencia, culto y pleitesía: los unos, al ormuz, y los otros, al ahrimán. Cuando el poder era ostentado por la facción de los Ormuzes, tan sólo se permitía comer los frutos blancos del árbol del bien y del mal, en tanto que cuando lo alcanzaban los Ahrimanes, aquéllos pasaban a estar prohibidos y no se podía consumir más alimento que sus frutos negros. El resto de los frutos, diverso y multicolor, que generosamente ofrecían los territorios habitados por los Manis, pasó a estar vedado en todo momento.
Tras pocas generaciones los Manis comenzaron a ser presa de enfermedades hasta entonces desconocidas, y a estar aquejados por una debilidad abrumadora y creciente. Pronto algunos hombres sabios, agrupados en una sociedad secreta auto-denominada de “Los Dioclecianos”, comenzaron a tratar de extender la teoría de que la causa de todos los males de la tribu no era otra que el hecho de que todos y cada uno de sus miembros hubiesen terminado alimentándose tan sólo de los frutos del árbol del bien y del mal. Era tal la represión que se fue urdiendo contra aquel peligroso germen de sedición, que cualquier sospechoso de profesar semejante herejía era arrojado de inmediato al Éufrates con una enorme roca atada al cuello. Éste era el único punto de consenso existente entre los líderes de ambas facciones.
Y cuanto más patente y aguda se hacía la debilidad enfermiza que aquejaba a los Manis, más se iba ensimismando el conjunto de la tribu en torno al árbol del bien y del mal. Hasta que al fin, cuando apenas ya les quedaban fuerzas para erguirse lo suficiente como para alcanzar sus frutos, y como producto más de la desesperación que de la reflexión, terminaron por aceptar que aquellos que habían estado siendo perseguidos y sacrificados en injusta ordalía durante generaciones y generaciones por herejes, podrían haber estado en lo cierto.
Fue sólo entonces cuando, con avidez y desesperación, los Manis se volvieron de nuevo hacia el vergel. Pero sólo quedaba desierto. En no más de una década desaparecieron de la faz de la tierra.
martes, 20 de marzo de 2007
Haikus de mar y arena (Antología primera)
Enamorados
el mar y las arenas.
Parto de espuma.
XIX
Sobre la arena
va dibujando el mar
su libro en blanco.
XXVIII
Con piel de tul
bailan su danza antigua
las aguamalas.
XXIX
Con la pleamar
Tetis busca el dulzor
que trae la ría.
XXXVI
Mar de marfil
cuando la luna llena
peina tus olas.
XXXIX
Blanca salina,
hieráticos flamencos,
butoh rosáceo.
XLVI
Sobre las olas
la libélula juega
a ser gaviota.
XLVII
Tejen las olas
una alfombra de conchas
y de algas muertas.
XLIX
Feraz marisma
cópula de agua dulce
y espumasal.
LIII
La estela blanca
hiere la piel del agua.
Rasguño leve.
lunes, 19 de marzo de 2007
Lázaro (un poema de Octavio Fernández Zotes -Foz)
la voz majestuosa
del más dulce amigo de la infancia.
Ha días que dormía mansamente
en el seno caliente de la tierra.
Era un sueño apático y sin sueños;
era un estar estando, simplemente.
Era una soledad cristalizada.
Era un nadar a braza por la nada.
Era un vacío hundido en el vacío.
Su amigo le conminó con voz urgente:
¡álzate, Lázaro, álzate y anda!
Pero Lázaro, ¡ay!, estremecido,
miró en torno a él y, convencido
de que nada sorprendente le esperaba,
se dio la vuelta y continuó dormido.
Octavio Fernández Zotes (Foz)
Foz ha publicado los poemarios “En las zarzas del camino” (Editorial Erroteta, 2005) y “Memorial inacabado” (Ediciones Hontanar, 2006), y ha participado asimismo en la Antología poética “Poetas de Transición” (Ediciones Hontanar, 2006).
Muchos de sus poemas y relatos se pueden leer en el Portal Literario "El Recreo".
Más información en "Poesía en el páramo".
(La fotografía es el recuerdo gráfico de una maravillosa velada que tuve oportunidad de compartir el pasado mes de febrero en el Parador Nacional de Mazagón con Octavio y su compañera, Pilí. Dos grandes personas colmadas de humanidad y buenos sentimientos).
Gárgola
Bajo mármoles sedientos…
Espanto!
Un espejismo de océanos
Ensombrece con sus alas,
Sin sal,
Los aguaceros de ensueño
Que asoló la tempestad
Del miedo.
Y de abismos rojos de delirio brotan,
Lentamente,
Unas manos enlutadas de arco iris
-Fúnebre silencio de violines
Con las cuerdas quebradas.
Banderas
Ésta, aunque prefiera otras, también es mi banderaReloj de arena
Mitos antiguos, a borbotones desbocados, desangra el albor.
(Abril de 2005)
domingo, 18 de marzo de 2007
Haiku

Ya es primavera.
Una encina, de pie,
se va muriendo.
Hoy voy a celebrar el Día Forestal Mundial con unos amigos (por que el día 21 es laborable y es más complicado). Sembraremos árboles y también trataremos de sembrar en los niños el amor a la Naturaleza y la necesidad de conservarla. Sí, ya es, si no astronómicamente, sí de hecho, primavera. Y también esta primavera seguiran muriendo, de pie, con dignidad, muchas encinas aquejadas de ese mal que se ha dado en denominar "la seca" y cuyo origen aún no parece estar nada claro -y es que hay investigaciones que cuesta mucho llevar para adelante-, pero seguro que tiene que ver mucho con el "progreso". Alguien me dijo hace unos días, dada mi firme oposición a muchos proyectos auspiciados por el progreso: "Tú, Rafa, es que quieres cargártelo todo". Yo no pude más que contestar. "No, yo quiero conservar lo más posible, los que prentenden cargarselo todo son aquellos a los que no les importa hacer cualquier cosa, sin importar el daño que puedan ocasionar, con tal de ganar más y más dinero".
Sí, no yo, los que se lo pretenden cargar todo son aquellos que se nos presentan a diario como los adalides del desarrollo -siempre sostenible, por supuesto, que la prostitución de la semántica lo soporta todo-, como salvapatrias que nos venden la moto de que todo lo hacen por la creación de riqueza (que después se la quedan toda) y el mantenimiento del empleo.
Letras de arena (un poema de Maruja Vieira)
mis sueños están hechos de palabras.
Tus palabras.
Las que nunca me has dicho y están vivas
con fuerza de memoria verdadera.
Vivas como en el fondo transparente
las estrellas marinas.
Como el recuerdo tuyo que me sigue
y voy llevándolo.
Sin que lo aparte un cielo distinto ni una ola,
ni siquiera la sombra de otro cuerpo.
Escucha.... El mar enreda
sus dedos verdes en los arrecifes.
Es como si tu voz estuviera buscándome
sin encontrarme y sin que yo la encuentre.
Desde lejos
viene a azotarme el rostro tu silencio.
Maruja Vieira
sábado, 17 de marzo de 2007
Granizo en los cerezos

Se desliza de soslayo, por las rendijas de mi ventana,
Brevemente anticipada:
Hay otra luz, otro aroma, otros trinos que no entiendo,
Inundando a buen seguro tu sonrisa.
Mientras, en los balcones, florecidos los geranios,
Una brisa, blanca y sin mordiente,
Deja su caricia calma
Sobre el óxido verde que en el invierno
Se adueñó del enrejado
Que me separa del mundo.
Amanece y la primavera
Una vez más se me escapa
Bajo el recuerdo marchito
Del granizo en aguacero
Que en la tormenta de octubre
Devorase las semillas
De los cerezos en flor.
(Se ha abismado en la maraña
La senda breve del huerto
Donde florece la lila
De los pétalos de ensueño).
viernes, 16 de marzo de 2007
El perezoso
Lila y ceguera
En que me armo de torpe valor y te llamo y entonces
La frescura de tu voz
Sabe a fragancia de flores
(Lástima grande es que no
deba fe a mis sensaciones).
El aplomo y honestidad de Pilar Manjón

Para los violentos, para los fascistas, para los cortos de ideas, para los largos de lengua, para los de bigote, para los de las guerras, para los de las torturas en Guantánamo, para los que no encontraron las armas de destrucción masiva, para los que no sabían ni que existían, para los que nos mintieron entonces, para los que nos mienten ahora.
Para los amigos del ex presidente del Gobierno, para los amigos del ex ministro del Interior, para los amigos de Bush, para los que si pierden unas elecciones se enfadan, para los que se enfadan aunque no pierdan las elecciones, para los que bendicen los bombardeos, para los que ladran cuando hablan, para los que hablan cuando rebuznan. Para los que se tambalean cuando no están en el poder, para los que necesitan estar en el poder para no tambalearse, para todos los que justifican todo con el terrorismo, para todos para los que ahora todo lo justifica el terrorismo, para los que me insultan, para los que me injurian, para los que me calumnian, para los que amenazan, para todos ellos, y en mi nombre, mi desprecio más despreciable.
Pilar Manjón
Presidenta de la Asociación de Víctimas del 11-M.
Grietas
jueves, 15 de marzo de 2007
Fumar perjudica gravemente su salud y la de los que están a su alrededor
Estoy asqueado de tanto tabaco. Cada día que pasa fumo más y más. Yo, que durante tantos años lo único que he fumado ha sido marihuana o hachís, con bastante moderación, por cierto, salvo que hubiese algo más o menos importante que celebrar. Hoy ya, será que no les encuentro motivo, apenas me apetecen los porros, y consumo con desbocada ansiedad cigarrillo tras cigarrillo tras cigarrillo. Hay cada vez, además, más y más ocasiones en las que los acabo por encender con las brasas moribundas de la colilla del anterior: es asqueroso. Me cuesta subir las escaleras de casa, me asfixio, y durante casi todo el día no dejan de dolerme el pecho y la garganta, y cada madrugada, al levantarme, no paro de toser durante un mal rato que parece ir a eternizarse mientras me asaltan a bocajarro unas nauseas repugnantes. A veces no puedo contener las arcadas y termino retorciéndome pavorido y exhausto sobre la taza del inodoro mientras vomito una bilis oscura y amarga con un profundo y pegajoso hedor a tabaco. En alguna ocasión, sin importarme demasiado, he llegado a pensar que me moría. Cuando pasan esos momentos, sin apenas fuerzas para sostenerme en pie, juro y perjuro que a partir de ese instante lo dejo. Pero más tarde, cuando amanece sin sol, no encuentro otra cosa que el humo del Chester para tratar de llenar el espantoso vacío que me ha dejado tu ausencia… y de reducir de algún modo el tiempo en el que ya para siempre habré de malvivir sin esperar tu regreso.Las altas distancias (un poema de Rosella di Paolo)
y tú escribes mi nombre en la arena
pero en otra playa
es que hemos descuidado las cosas
hemos dejado crecer el mar como hierba mala
y habrá que arrancarlo con cuidado
hasta allanar la arena de esa playa
donde puedas escribir mi nombre y rozar el dedo
que está escribiendo el tuyo despacito.
Rossella Di Paolo
(Este es uno de los poemas que he leído -y he leído muchos- que me ha parecido más hermoso, más emotivo, más sensible, más sabio, más positivo... Precioso. Una pena que de esta peruana no se encuentre nada en las librerías y casi nada en la red)
miércoles, 14 de marzo de 2007
A través de tu mirada (de un cuadro de Mar Sánchez)
Broquel de cortinas celestes,
Te veo desnuda,
Mirando al mar.
Y en la curva delicada de tu espalda
Surge un canto delicado de sirenas
Que imagino en mis delirios que me llama
Al embate dulciamargo de tus olas,
Y comienzo la ilusoria singladura
De tus ojos al confín de los océanos
Donde el viento está en calma
Y en las nubes
Se dibujan con los dedos del ocaso
Los sueños perdidos que, ciego,
Nunca dormiré a tu lado.
Breve vocabulario de urgencias
Es todo el vocabulario
Que mi garganta rendida
Aún conserva en su afonía
Sin tiempo ni diccionarios.
martes, 13 de marzo de 2007
Silencio (un poema de Octavio Paz)
brota una nota
que mientras vibra crece y se adelgaza
hasta que en otra música enmudece,
brota del fondo del silencio
otro silencio, aguda torre, espada,
y sube y crece y nos suspende
y mientras sube caen
recuerdos, esperanzas,
las pequeñas mentiras y las grandes,
y queremos gritar y en la garganta
se desvanece el grito:
desembocamos al silencio
en donde los silencios enmudecen.
Octavio Paz
lunes, 12 de marzo de 2007
Babel
Licantropía sin luna
Huelva (un poema de Antonio Orihuela)
en las afueras de esta ciudad
que jamás verás en un folleto turístico.
Paisaje de escombro
donde hierve, estancada,
el agua de los colectores de las petroquímicas
y se deslíe hacia el mar
el rojo veneno de las montañas de fosfoyesos.
Tosen las chimeneas toneladas de gases tóxicos
y cae polvo gris sobre la piel del mundo
levantada, día tras día,
con más saña que el padrastro de un niño.
También estallan en esta hora
un millón de motores
que vuelven a casa,
signos de normalidad
que no impiden que las enfermedades pulmonares
arrasen con los viejos, dejen tocados a los recién nacidos
o empañen de hollín mis pulmones, mis gafas
y se pone el sol
no sin una incierta belleza
que hace aún más hiriente
toda esta ruina
que paga
periódicos, políticos, libros de poesía
y hasta la restauración de todos los santos y santuarios de esta ciudad
antes de llevarse por delante a los que acuden a las procesiones.
Espacios de desolación
en otra mayor desolación
por la que va cayendo lentamente la tarde.
Antonio Orihuela
Poema del libro “Piedra, corazón del mundo” (Ed. Germania, Valencia, 2001)
domingo, 11 de marzo de 2007
Los invisibles
Los invisibles
La Insignia. México, marzo de 2007.
Los intocables, los desechables, los invisibles. Los intocables son la casta más ínfima de indios, a los que nadie ayuda; a pesar de estar abolida por la Constitución que rige la democracia más populosa del mundo, sigue más vigente que nunca. Los desechables es el término que se utiliza en Colombia para referirse a los pobres sin techo, cuyo barrio más emblemático de Bogotá fue arrasado pocos años atrás y donde ahora se ha asentado la potente clase media bogotana. Los invisibles son los que sobreviven día a día en medio de una miseria imposible, sin acceso a los servicios públicos de agua, electricidad, salud, educación y justicia; sin nadie que los proteja, sin conocer que existen instancias donde reclamar sus derechos, en definitiva, existiendo sin existir.
Muchos ni siquiera tienen identidad, no existe registro de su nacimiento ni documento que los acredite como ciudadanos. Son sin papeles en su propio país. Más de la mitad de los nacimientos en el mundo en desarrollo carecen de registro y otros muchos tardan más de un año en formalizarse. Sin acta de nacimiento no eres nadie, no tienes derecho a nada, eres invisible. Existen iniciativas regionales para que se alcance en los próximos años un registro de nacimientos obligatorio, universal, permanente, continuo y gratuito.
Incluso en países tan desarrollados como Noruega se producen casos de discriminación grave. Durante la segunda guerra mundial nacieron unos doce mil noruegos de padre alemán. Muchos fueron despojados de sus nombres originales y de su identidad, acosados y maltratados, y creen que la situación continúa porque todavía se valora negativamente su origen.
Ahora Javier Bardem, el actor español mejor pagado, ha producido una película en la que narra cinco historias de cinco conflictos que, como no salen en televisión, no existen. No son conflictos llamativos pero son sangrantes. Sangran todos los días, silenciosamente. Todos deberíamos ir a ver esa película, aunque sólo sea por solidaridad cinematográfica. Y ojalá que el cine se aproveche como instrumento de reivindicación de realidades mucho más cercanas de lo que, lamentablemente, queremos reconocer.
La insoportable levedad del no ser
(No es tanto la ausencia, como el silencio clavado en mi vientre -con saña que desconoces-, lo que me abisma en el pozo sin luna de las impiedades).
sábado, 10 de marzo de 2007
Cicatrices
viernes, 9 de marzo de 2007
Puertas
Pero no es mi intención teorizar sobre la idoneidad o la mayor o menor capacidad didáctica del dolor y el sufrimiento como métodos de enseñanza. Más bien trato de expulsar un poco del agudo y persistente cadalso que me ha llevado a mal aprender una de las últimas lecciones que me ha dado la vida, sólo la vida, no los tímpanos que a fuerza de gritar sin voz terminé por dejar sordos. Porque tengo ya los puños en carne viva, los nudillos en puro hueso sanguinolento y el corazón sin latidos de tanto golpear y golpear a una puerta cerrada. Y me desangro por las manos vacías. Porque una puerta cerrada a cal y canto es mucho peor que un muro, pues pensamos que tal vez pudieran escucharnos desde adentro, descorriendo finalmente los cerrojos. Y llamamos y llamamos y llamamos casi hasta la última gota de sangre.
Sí, humillado y perdido, cansado, sin esperanzas de tanto golpe ciego, dolorido, he terminado por aprender que no es nada bueno llamar hasta la saciedad a una puerta cerrada. Aunque puede que no lo haya aprendido a tiempo, puesto que siento que apenas me sostienen ya mis fuerzas sobre mis ruinas. Pero nunca se completan del todo las enseñanzas en la reválida sin examen de septiembre de la vida, siempre surgen nuevas dudas, y, aún hoy, no alcanzo a distinguir con nitidez cuando una puerta se ha cerrado para siempre o si, tras un tiempo a la necesaria defensiva, ha terminado por volver a estar tan sólo entornada. Tal vez bastaría con empujar un poco, pero no puedo saber si, en el caso de permanecer cerrada, con la próxima gota de sangre golpe a golpe se me escaparía también la vida. Y tengo miedo. Y se me pasa el tiempo vacío frente a la puerta que pienso cerrada, y el inmenso dolor que siento, en el corazón inmóvil, no logra enseñarme nada.
jueves, 8 de marzo de 2007
Ruido
Esos chistes que enviaste por e-mail
Eran buenos;
Y aunque ya no me seduzcan las quimeras,
Lograste por un instante
Que creyera que aún existo,
Y eso sólo es suficiente
Para apreciar más que nunca
Tu generosa misiva,
Al tiempo que hace que sienta
No haber podido lograr
Responder a los deseos que expresaste
Regalándome el aliento de unas risas.
Pero, ¿sabes?
Ya hace bastante tiempo, puede que demasiado,
Que no echo para nada en falta
Las carcajadas,
Que mi amarga y más grande carencia
Es la sonrisa,
Así que hubiera sido preferible
Que enviases como antaño mariposas
O que me hubieses contado
Los buenos resultados que seguro
Obtuviste en los parciales de febrero,
O hacerme saber al menos
Como llevas estos días tu migraña.
Pero el hielo del invierno
Cubre de frío las alas
Del más poderoso insecto,
Y la dulzura del vuelo
De un baile de mariposas…
¡Es tan frágil!
miércoles, 7 de marzo de 2007
La niñita sordociega
Tú, ¡no me dejes!, celeste ausente.
Circunferencia
Tú
no vendrás.
Y será mi único anhelo
Despuntar a un nuevo sol
para volver otra vez
a esperarte.
(Y el tiempo
volando ciego).
martes, 6 de marzo de 2007
lunes, 5 de marzo de 2007
Esquinas
Una prueba que concluya que no anduve los momentos
Del pasado de quimeras que me abisma sin mañana,
Ser capaz de abandonar con la amnesia de una sombra
Los océanos de sal que han crecido en mi mirada,
Reconocerme rendido como tributo postrero
Al aroma de la lila que se marchitó en el miedo.
(Vierte el corazón vacío
Sangre irredenta vencida
Sobre el herbaje baldío).
¿Cómo haré para arrancar
las páginas que borraste?
domingo, 4 de marzo de 2007
Domingo triste
Eclipse
Hoy Diana, asombrada, se perdió en la oscuridad de un firmamento, salpicado por la débil luminaria de un mar muerto de estrellas, que marchitan su sangre en la bruma sin nombre de las luces de la ciudad anaranjada. Ciudad de cuarzo y ausencia. Y el desamor de la Tierra, áspera alfombra de celos en las sombras y cenizas apagadas de una lila, se interpuso con su frío, en la senda furtiva de luz con que el Sol acaricia a la Luna.sábado, 3 de marzo de 2007
Imagíname
Sin la vida de la luz de las estrellas,
Imagina al prisionero en la zozobra
Sin un faro en las alturas que lo guíe con su estela,
Imagina los océanos helados
Sin marea ni oleaje saludando a las arenas,
Imagina que se te amanece oscuro
Tiñendo de un irreverente eclipse a la mañana,
Imagina unos labios amputados
Y su aliento perdiéndose en la nada
Imagina un bajel sin remeros
Arrancándose la vela de los sueños,
Imagina las nauseas de un chiquillo
Vomitando su vida de hambre y vacío,
Imagina una flor, un rosal, sin rocío
Bebiendo en las espinas de la bruma,
Imagina un galope desbocado
Hecho ansias por llegar hasta el abismo,
Imagina un cauce seco, el trino mudo, una tumba en carne viva…
Imagina, sí, pero no por mucho tiempo
Pues la angustia te helaría las entrañas.
viernes, 2 de marzo de 2007
You're beautiful
Como cielo,
Verde mar,
Negro eterno en el azul
Y único abismo sin precedentes.
Gran desamor,
Oh,
Tan triste,
Tan como muerte de un niño,
Dulce,
Que pierde su aliento
Creyendo en el alba
Tan sólo.
Este gran imprescindible
Me hace sentir
Que en mi invierno sin luna
Aún hay estrellas.
Tan solo.
Creyendo en el alba.
Cuento de horror
jueves, 1 de marzo de 2007
Las cuatro reglas
Una y una, dos, dos por dos, cuatro
No me enseñaron que el mundo
Era una tabla del cero
Una y una, dos, dos por dos, cuatro
Donde para que unos sumen
Otros deben ser restados
Una y una, dos, dos por dos, cuatro
Con el pasar de los años
Poco a poco comprendí
Una y una, dos, dos por dos, cuatro
Los grandes efectos multiplicadores
Que pueden para algunos operar las divisiones
Uno menos uno, mil, dos entre dos, millones
Y por conservar las esperanzas
Arrojé las quimeras matemáticas
Uno menos uno, mil, dos entre dos, millones
Al sucísimo fondo del inodoro
Donde engordan come-mierdas
Uno menos uno, mil, dos entre dos, millones
Que hacen la regla a su antojo
Una y una, dos, dos por dos, cuatro
Uno menos uno, mil, dos entre dos, millones…


