lunes, 10 de marzo de 2008

El hombre que nunca existió

Era tanto el dolor, tanta la angustia, tanta la añoranza, tanto el desaliento que se abatían como alimañas de alas negras sobre su vida, que comenzó a desear poder desandar todo lo andado, tener la oportunidad de recomenzar de nuevo, de volver al pasado, de recuperar aquel tiempo perdido, en el que no se sentía continuamente un infeliz absoluto, para permanecer en él para siempre. A su lado.


Y lo deseó con tantas fuerzas, que una mañana, al despabilar de la eterna duermevela que lo acongojaba, observo, con sorpresa, como las manecillas de su reloj de pulsera comenzaron a girar hacia la izquierda.


Al principio le resultó muy duro, casi tan insoportable como mirar hacia el oscuro y yermo abismo que se abría ante él desde que Elvira se apartó de su vida. Hubo de revivir el alejamiento, la incomunicación, los intentos frustrados por reconquistar su confianza y su cariño, la ruptura, los celos y los reproches, la traición recíproca. Pero tras estos primeros y pesados pasos hacia el ayer, comenzó a transitar los mismos senderos en el aire que durante varios años le hicieron sentirse tan liviano como un ángel perdido alegremente en mitad del paraíso: los abrazos, los paseos acurrucados mutuamente bajo la lluvia, el primer beso, la declaración de amor. Hasta que llegó el día en el cual la desconoció. Y, entonces, se desvaneció en un instante.


Febrero de 2007


5 comentarios:

Anónimo dijo...

A veces deseamos volver hacia atrás, sin pensar… intentando no sufrir, pero si miras hacia atrás te das cuenta de que cuando pasa el tiempo estas vacio, ahora por lo menos tienes sentimientos que antes no tenias, porque ahora hay gente que antes no existía… Así que no mires hacia atrás, quédate con lo bueno de esa gente, de esos recuerdos que ahora tienes, desechando los malos, pero sin olvidarlos porque de lo malo también aprendemos.
Mil besos Rafa y mi ánimo siempre.

Anónimo dijo...

Este relato ya lo leí por entonces.
Podemos volver atrás de vez en cuando porque ya la vida se encarga de empujarnos hacia delante.

Un beso, grnadote.

Anónimo dijo...

Elvira, my love, ¿cuánto tiempo sin saber de ti...? Ande estabas metía...

Kaiman, dando la bienvenida.

Anónimo dijo...

Rafa, ni queriendo, vamos, ni soñando, vamos para atrás tío. Este carro de la vida sólo anda hacia delante.
UN ABRAZO

Anónimo dijo...

Es la hora de cerrar la puerta, està entrando demasiado frìo y no nos lo merecemos.
El pasado ha sido transformado ya por el dolor, es un cuaderno para echar en la estufa, inasibles las cenizas.
Va mi abrazo, Rafa.