jueves, 18 de diciembre de 2014

Nocturno navideño


Paseo por las calles y me siento igual que una gallina ponedora. Tanta apretura, tanta luz emitiendo sin tregua, órdenes tan coercitivas como subliminales: ¡COMPRE YA DE UNA VEZ! ¡O PONGA UN HUEVO! Pese a su titileo multicolor, son luces negras como cuervos, son como diablos, como la comadreja, siempre a la espera de robarnos los huevos. Hay un mundo de luz, y otro de oscuridades. Repiten los devotos, en estas fechas cáusticas, que hace ya dos mil años, nació un niño en Belén. No era el hijo de un dios —los dioses no son más que inicuos personajes de leyenda—, no era el hijo de un dios, y vino al mundo a oscuras.

¡FALACES FIESTAS!

1 comentario:

carlos parejo dijo...

Me encanta lo de gallinas ponedoras de euros a la potente luz de los anuncios navideños. Y ese niño dios que nació en un portal oscuro sin luz, calefacción ni tiendas alrededor, con la sencillez de un exiliado de patera