
Eres
-------- todo un encanto.
Qué gran putada
--------------------------- ¿no?

Tiempo perdido,
Dónde estará tu tumba;
Entre qué sombras mora tu cadáver,
Destilando esta densa
Y amarga bilis negra
Que se alza en vuelo en mitad de la noche
Para alcanzar mis sueños y hacérmelos añicos,
Que atraviesa con sus garras la luz
Del último crepúsculo
E hipoteca las huellas que jamás
Tuvieron el aval de la esperanza
Que otorga un pie desnudo labrando las arenas.
Tiempo sin tiempo,
Di dónde estás para exhumar tus huesos
Y en ellos perpetrar el plácido exorcismo
De la luz, del olvido.
“Yo no quiero tener nunca hijos, ¿para qué traerlos al mundo?, ¿para que estén toda la vida sufriendo?” (*)
Niña peruana, la mayor de seis hermanos, que, con 12 años se dedica a trabajar duro pescando en el Lago Titicaca para tratar de sobrevivir.





Esta liturgia de usar y tirar,
Credo de un dios insaciable y caníbal
Sin ángeles celestes en su corte,
Todo lo muda obsoleto en seguida.
La sucia saciedad que nos consume
-Burbuja de jabón llena de abismo-
Construye sus altares como fauces
Que ofrendan al aullido de un eclipse
Muñones en sangriento sacrificio.
(Nunca falta la pieza de repuesto
Para llenar con la nada el vacío
Que abre en el fango un arcángel caído:
No cabe refugiarse en la herejía
De volar tras la estela de un ensueño).
Es preciso, por tanto,
Con sumisión indolente de piedra,
Asumir sin faltar todos sus dogmas
Y arrastrase a sus templos cual gusanos
Para no ser objeto de anatema.
Mas no cree en doctrinas la esperanza
Y se hace vulnerable a la carcoma
Que en la luz de los sueños se alimenta.
Cuando al mueble de un sueño se le quiebra una pata
-O sufre un descosido
En una de sus alas-
Prescriben los obscenos mandamientos
De este culto dictado a sangre y lágrima,
Que se habrá de abjurar de la ternura,
Dejándolo pudrir sobre sus huellas
Camino de la náusea y del espanto
De sólo ser madera que el desprecio
Arroja sin piedad al vertedero.
Así, cual albañal, están las calles
Pobladas con las sombras macilentas
De plumas desgarradas que murieron
Rogando que el cauterio de un aliento
Viniese a dar tibieza a sus rasguños.
Y vagan a millones los vuelos sin mirada
Cruzándose, sin verse, por páramos de olvido
Formando en la inmundicia cegueras sin destino.
Esta liturgia de usar y tirar
Que obliga con sus salmos disonantes
A ser blanco del tiro que, en las sienes,
Aloja el rito antiguo sin sentido
Que teme dar amor y ser amado.

Sobre el lecho, rendido,
Busca el último refugio en un mar
De tormentosa calma
Que en sus aguas lo enclaustra.
Ya zozobraron todas las palabras
Que nunca fueron dichas
Y la música se ahoga de ausencias
¡Tan lejos de la luz del horizonte!
Vencido en la lluvia, sólo las lágrimas
Recuerdan lo que hubo sido, y las náuseas
Se funden con la sal de océanos exánimes,
Ajenos al abrazo de la Luna.
Sobre el lecho rendido,
Espectro a la deriva, evanescente,
Ya nada espera,
Sólo
Salvarse al fin en su propio naufragio.



Cómo expresar con palabras
Que nuestra esencia es la nada,
Sombra hambrienta y descarnada
Que, a dentelladas macabras,
Muerde los abracadabras
De la noche y la alborada,
Luz de antemano gastada.
Cómo expresar con palabras
Que es sólo un sueño el camino
Sin origen ni destino,
Y que la muerte, cual rayo,
Ha de mudar lo vivido
Sólo en ceniza y olvido;
Ay, cómo. Mejor si callo.

En mi insomnio sobre el lecho
Me calcina el déjà vu
De aquel sueño que perdí
Sin que anidase en mi pecho.
Y en mi corazón maltrecho
De ese pasado sin ti
Que es futuro baladí,
Se clava a fuego el despecho.
Fuego que muda en cenizas
Mi existencia sin sentido,
Que hace mis anhelos trizas
Con su abrasivo rugido,
Y al que no alcanzan las brizas
Del cauterio del olvido.

