martes, 10 de diciembre de 2013

Boceto


postrado frente al mar -verde reflejo
de una mirada ignota
sin orillas-
se afana en sosegar
su sed inapagable
lamiendo las cenizas
del galeón que hizo arder
sin que hubiese cubierto
su ansiada singladura

2 comentarios:

Anónimo dijo...

¿Es éste el ojo del destino aciago?

Erato dijo...

Absolutamente bello y tremendamente desolador. Hay galeones que nunca dejan de arder y cenizas que nos acarician el pelo.Besos