lunes, 30 de septiembre de 2019

Sevilla a través de sus azulejos (6): Panaderías, confiterías y pastelerías tradicionales (parte primera). (Carlos Parejo)


El Horno de San Buenaventura (año 1922, Calle Carlos Cañal) fue, hasta su cierre (año 2016), uno de los más antiguos establecimientos sevillanos en este triple ramo. Ya antes habían desaparecido el Horno de San Isidoro (Calle San Isidoro), la confitería La Española (Calle Tetuán) y los cafés modernista Paris y Madrid. Todos se dedicaban tanto a la panadería como a la pastelería.

El Horno de San Buenaventura, por ejemplo, tenía elegantes y recios muebles de caoba donde se exponían los productos a la venta. Su personal de servicio iba siempre pulcramente uniformado de camarero(a) al modo inglés. Ellos de chaquetilla y corbata de smoking, y ellas con falda, cofia y delantal. La confitería lucía un logotipo –pintado- tan sevillano como era la torre de la Giralda rodeada de dos azucenas.

Había numerosos obradores y hornos de pan en los barrios. Podemos imaginarlos – como en el caso del Horno de Santa Cruz (convertido en apartamento turístico), con una decoración a base de azulejos trianeros de su fachada y del interior. Por dentro cubrían la parte baja de las paredes y del mostrador del despacho del obrador.


La decoración con paneles cerámicos es importante aún en la panificadora tradicional Las Doncellas (año 1925, calle Doncellas, 3. barrio de Santa Cruz). El local todavía luce azulejos en su fachada y posee dos grandes paneles cerámicos en su interior. Todos fueron realizados en la casa Montalván, lo que es reconocible por sus característicos colores blancos y azules. Uno de los paneles retrata a una enigmática joven trabajando en el obrador, y otro a la virgen escoltada por dos ángeles, protegiendo bajo su manto al establecimiento. Aquí todavía podemos encontrar el bollo y las regañas de antaño, elaborados a partir de las mejores harinas nacionales.


Hay, además, otros obradores tradicionales que se conservan milagrosamente por la fidelidad de los habitantes del barrio como el horno San Roque (Avenida Menéndez y Pelayo).

Respecto a las confiterías, cabe enorgullecerse de que aún están funcionando los dos establecimientos más emblemáticos de Sevilla ciudad, como son La Campana y Ochoa. Y alguno que otro más como la trianera Lidia .Sion embargo, han desaparecido otras confiterías como La Española, Filella, etc. Las confiterías netamente sevillanas se diferenciaban ostensiblemente una de otra. Todas tenían grandes vitrinas acristaladas como escaparate. Por ellas pasaba el calendario anual de eventos y fiestas locales: las torrijas, los pestiños y los huesos de santo en Semana Santa; los mazapanes en Navidad; los roscos de Reyes Magos, etc. Y no faltaban dulces locales como las milhojas, las yemas sevillanas, las tortas de aceite y polvorones, los tocinos de cielo o los cortadillos de cidra. Incluso, con motivo de las Fiestas Mayores, en confiterías como La Campana se siguen adornando los escaparates con pasos en miniatura -no comestibles o de chocolate- y nazarenos bomboneras y de caramelo, para deleite del público.



(¢) Carlos Parejo Delgado

1 comentario:

Anónimo dijo...

Preciosos recuerdo mi suegro trabajo en el horno San Isidro de maestro y hacía unos dulce que por desgracias no lo e vuelto a comer Dios lo tenga en su gloria