jueves, 7 de abril de 2016

Alcayata (Agustín Casado)

El sabio y el papanatas,
el que a la hora de comer
tiene pico de gurmet
y el que tira de bocata.
Don Amancio, es un poner,
y el que no tiene una lata,
El lumpen, la crema y nata,
los gaviotos del PP,
La banda de los sociatas,
el Bernal, el Piña, el Kata.
Los que apean el usted
al niño que fui yo ayer
aunque sea ya un jubilata
porque me han visto volver
más de dos noches a gatas
gateando a cuatro patas
como lo hacen los bebés
una noche de bachata.
Los que engañan a la sed
que les pide de beber
dándole una triste horchata
y el que su hígado paté
hizo a dieta de cubatas.
Los del fino y el jerez
y el que abreva matarratas.
Reinotas de cabaré,
Reyes de la cabalgata.
Clark Gable y su Escarlata,
el blasfemo y la beata
y hasta el cura don José
El mulato y el negrata,
el morito y el sudaca,
y el chino del todo a cien.
La Carmen de Merimeé,
Tosca, Aída y La Traviata.
El que viste de jersé
dejando libre la nuez
y el que se ahorca en la corbata.
El turismo de caché
y el turista de alpargata.
El de trote y caminata
y los del sofá también.
El narizón y la chata,
el donnadie, el niño bien,
el merengue y el culé
El que cuando se retrata,
pa‘salir requetebién
le escuchas decir patata,
y el que sale como un juez
de severo, cago’n diez.
El rebelde y el que acata,
el que vive a todo tren
y el que lo hace a salto mata.
La criatura innamorata
que ama sin mirar a quién,
del derecho o del revés,
que es de ca’uno su culata.
Bronquiosano y el fumata,
porque vaya usté a saber
si el que dijo fumar mata
no habrá ya palmao también.
El que huye puente de plata
y el que se queda por fiel
que sea porque quiera él
que aquí nadie a nadie ata.
El que tiene cataratas
y quien como un lince ve,
o ambas cosas a la vez.
La Venegas literata,
por poner un suponer
El ganador, y más bien
el que pierde y el que empata
si es que no vendió barata
la derrota ni la piel.
El que un día metió la pata
pues que le vamos a hacer,
si tras meterla la saca
porque en ese metisaca
encontrará al fin el placer placer.
El que escogió de pirata
cojo o con sus dos pies
la vida y el que al revés
tal vida lo escogió a él.
La lagarta, la pazguata,
la real hembra, la niñata,
la locatis, la sensata,
la lanzá, la timorata,
sobre el tejado una gata,
que todas tienen su aquél.
El que hoy me vino a ver
y a aguantar mi perorata
y el que no vino también
que pa’aguantar serenatas
de un tío dando la lata
van a dar pronto las diez.
Con toda esta intemerata
de gentes aunque no estén,
predilectas o non gratas,
gritar quiero y se oiga bien
¡Larga vida a la alcayata!
Y ahora a guisa de postdata
descubramos una placa
fijadita en la pared
donde salvo error o errata
el mundo pueda leer
”Muralla de la Alcayata”


Texto e ilustración: Agustín Casado

miércoles, 6 de abril de 2016

Programa de gobierno para otra España posible


Querido pueblo, amados
ciudadanos, si alcanzo,
con vuestra confianza,
los escaños precisos
para formar gobierno,
prometo, porque puedo,
como vuestro futuro
presidente, currar
hasta la extremaunción
—y esto no es una errata—,
a fin de conseguir
para España el estatus
de paraíso fiscal.
(Y a tomar por el culo
zarandajas y ¡ARRIBA
la patria y Panamá!)

Vocación de altos vuelos



El hijo menor de los vecinos del tercero C, licenciado en Ciencias Políticas que está cursando un máster sobre corrupción y puertas giratorias, me comenta que no sabe si serán ciertas las afirmaciones de Banderas sobre la vocación de funcionario que mueve a la mayoría de los universitarios andaluces, pero que él, personalmente, preferiría ser miembro del consejo de administración de alguna transnacional mafiosa. Chico listo.

El académico y la pescadera

 
Al bocazas de Félix
de Azúa, por las palabras
clasistas y machistas
que dedicó a Colau,
se le está reclamando
con vehemente insistencia
su pronta dimisión.
Pero él está tranquilo
pues, por su condición
de académico, sabe
que muy lejos de ser
un apellido ruso,
dimitir es un verbo
singular por el hecho
de no haber sido nunca
conjugado en España
en primera persona.

martes, 5 de abril de 2016

Banderas y la demagogia


Las declaraciones de Antonio Banderas hace unos días en el programa de Pablo Motos han levantado pasiones. Y es que el malagueño, echando mano de la demagogia y de unas supuestas encuestas según las cuales la aspiración del 75% de los universitarios andaluces encuestados no es otra que la de ser funcionario, en tanto que idéntico porcentaje de universitarios estadounidenses se decanta por el emprendimiento para ser así dueños de sus propias vidas, concluye que “con un 75% de gente que quiere ser funcionario no se hace país, se hace país con la gente que se la juega”. Manifestaciones que reciben de inmediato un tan abominable como estólido aplauso por parte del público.

Porque para analizar y comparar las realidades de dos países tan disímiles, es preciso tener muy en cuenta las diferencias de contexto entre ambos. Hay que tener en cuenta que España lleva décadas siendo saqueada por sus próceres patrios, saqueo que no acabó con la Dictadura y cuyo último episodio hasta la fecha es el del reciente escándalo de los papeles de Panamá. Hay que tener en cuenta que la generación más preparada de toda nuestra Historia se está viendo abocada al exilio porque en España, a causa de ese largo y generalizado saqueo, no encuentra oportunidad alguna de futuro. Hay que tener en cuenta que en tanto la tasa de paro en Estados Unidos se sitúa en la actualidad por debajo del 5% de la población activa, la de Andalucía, según la EPA, está próxima al 30% y la de España por encima del 20.

Escuchando a Banderas no puedo evitar recordar “Apología y Petición”, ese maravilloso poema de Gil de Biedma. Y no me cabe duda alguna de que el actor, que no analista político, es de los que piensan que “nuestra famosa inmemorial pobreza, / cuyo origen se pierde en las historias / que dicen que no es culpa del gobierno / sino terrible MALDICIÓN de España, / triste precio pagado a los demonios / con hambre y con trabajo de sus hombres”. Es decir, según Banderas, es el pueblo español, por su indolencia y falta de iniciativa, el único culpable de todos sus males.

Frente a esa actitud, yo prefiero quedarme con las últimas estrofas de “Apología y Petición”, esas que llevan a Gil de Biedma a querer “creer que nuestro mal gobierno / es un vulgar negocio de los hombres / y NO UNA METAFÍSICA, que España / debe y puede salir de la pobreza, / que es tiempo, aún para cambiar su historia / antes que se la llevan los demonios.” Porque quiero creer con el poeta “que no hay demonios”. Que “son hombres los que pagan al gobierno, / los empresarios de la falsa historia, / son hombres quienes han vendido al hombre, / los que le han convertido a la pobreza / y secuestrado la salud de España.” Y porque, con el poeta, “pido que España expulse a esos demonios. / Que la pobreza suba hasta el gobierno. / Que sea el hombre el dueño de su historia.”

Porque se hace país con el pueblo, apoyando al pueblo, y no criticando de manera malintencionada e interesada o, en el mejor de los casos, indocumentada, a unas clases obreras que se han visto abocadas a la miseria y el desempleo por décadas de mal gobierno. Décadas de gobiernos dedicados de manera sistemática a vender España al mejor postor y a saquear a las clases populares para favorecer los intereses de la oligarquía patria de banderita tu eres roja, banderita tu eres gualda y cuentas opacas en paraísos fiscales.

Sí, yo soy de los que quieren que los hombres —ya aspiren a ser funcionarios, ya al emprendimiento―, y los pueblos de España expulsen a los que han secuestrado su salud para, de este modo, tratar de ser los guionistas y protagonistas de su propia historia. Pero esto, que a estas alturas ya es difícil de por sí, será casi imposible mientras que declaraciones como las de Banderas levanten pasiones entre las gentes de España.

Cuarto y mitad de besugo

Carcadémicos de la lengua española.

Ensayo general

Aquel cuatro de abril se había programado un simulacro para ensayar el modo de hacer frente a una emergencia ocasionada por la miseria. Todos los servicios al efecto habían sido escrupulosamente preparados a fin de evitar error alguno. Tras su puesta en práctica, y pese a su éxito incuestionable, hubo que admitir que no había tenido utilidad alguna. Una vez más la realidad superaba con creces cualquier tipo de escenificación teórica.

lunes, 4 de abril de 2016

Cuento de amor y muerte


Mi corazón miedoso animalillo
huérfano entre el alambre
de espinos y el estrépito
que anuncia a la jauría.

Goleada

Se oye en la calle un estruendoso alborozo colectivo. Ya tenemos gobierno -me digo. No, sólo ha sido un gol (otro más).

La California de Philip Marlowe (1) (Carlos Parejo)


La carretera recorría todo el litoral, serpenteando entre sus farallones y atravesando multitud de poblaciones pequeñas. Cercas blancas separaban cuidados céspedes de hileras de casitas. Tenían paredes encaladas y techos de tejas verdes como en México. De cristal verdoso eran sus ventanales, mirando al mar. Verdes eran también los marcos de sus ventanas y sus costados, y de un verde oscuro, sus cabinas telefónicas. Las playas extensas y, sobre todo, un gran número de pequeñas calas, tenían escaleras de piedras para su acceso. Azucenas y lirios marinos se veían salpicados de un sinfín de parasoles multicolores y algunas estaciones salvavidas, en torre de metal. Sólo se escuchaba el fragor de las olas y el ruido metálico de los cortadores de césped. Olía a heno segado, fragante bálsamo de pinos y penetrante aroma de algas.

(¢) Carlos Parejo Delgado

domingo, 3 de abril de 2016

Nada tan doloroso...

Nada tan doloroso como parir poemas, para quien no es poeta.

Una de eufemismos

¿Por qué denominamos sociedades conservadoras a aquellas que se hallan sometidas a la asfixiante voluntad de estados opresores?

sábado, 2 de abril de 2016

Nocturno

Como un niño pequeño
insomne y de ojos trémulos
abiertos a las sombras
luego de oír un cuento
de horror que no comprende.

Precipotarse (NDJR)

precipotarse

1. prnl. Eyacular de manera precoz.

No me convoquen más a hipócritas minutos de silencio

No me convoquen más
a hipócritas minutos de silencio
por los empobrecidos,
por los niños del hambre
y la guerra,
los seres
humanos que perecen
bajo las aguas frías
del mar o en las fronteras
tratando de escapar de la metralla,
la miseria,
las zarpas
de tiranos y dioses
de la ira y la codicia. 
No me convoquen más, no me convoquen,
¡ya basta de silencios
cómplices y cobardes!
Convóquenme, convoquen
a miles, a millones,
a miles de millones
de seres a un minuto
de alaridos y llanto,
a una hora de repulsa,
a días, meses, años
de rebelión y rabia.
Allí estaré con todos.
Con todos hasta el fin aunque albergase
la duda razonable
cercana a la certeza
de que tampoco habría
de servir para nada.
Pero no me convoquen,
no me convoquen más, no me convoquen
a la farsa, el sainete
ignominioso y cómplice
de guardar otro hipócrita
minuto de silencio.

viernes, 1 de abril de 2016

Epigrama

De entre todas las armas
de destrucción masiva
que ha utilizado el hombre
contra el hombre a lo largo
de la historia, la más
mortífera e inicua
ha sido la codicia.

Estado del Bienestar

Nadie supo entender
aquella decisión sin vuelta atrás
y, en la opinión unánime
de todos sus vecinos y allegados,
amén de irracional, precipitada:
"Las cosas le iban mal, pero tampoco
para una acción tan drástica."
Pero él dejó bien claros sus motivos
en una escueta nota manuscrita
no exenta de sarcasmo —odiaba a muerte
la mal llamada fiesta de los toros—,
que una racha de viento
arrastró, como a una hoja
cansada del otoño, hasta la calle:
"MAS CORNÁS PEGA EL AMVRE"

jueves, 31 de marzo de 2016

Pequeño poema de ausencias

Llegar al espejismo de la luz a destiempo. O, sin haber llegado, ser desterrado al pozo sin color de lo eterno.

Un orden nuevo

Un orden nuevo
siempre será el reflejo
de viejas órdenes.
Dejad hacer al caos
para tomar las riendas.


Versión

Todo orden nuevo
siempre será reflejo
de órdenes rancias.
Hay que dejar hacer
al caos para ser libres.

miércoles, 30 de marzo de 2016

La luz vedada

No se apagan tus ojos en mis noches desierto: 
huelo, pese a la bruma del desaire y la ausencia, 
titilar, a lo lejos, sus matices turquesa de cocuyos y oasis. 
Pero su luz sin mancha 
no alcanza a iluminar mi corazón mazmorra: 
ciega la sangre, estática
como un muñón infecto de gangrena, soy presa
fácil de la alimaña de la desesperanza.
Más profunda es la ciénaga que el olvido y la muerte;
me atrapa entre sus lodos de destiempo y abrojos,
sorbiéndome el aliento y secando las parcas
fuerzas que aún acompañan
mi fe sin más motivos que el pujo y la nostalgia.
Seguro que hay un modo de adentrarse en la broza
y abrir a dentelladas
un camino precario hacia el fuego profundo
que aún late en los rescoldos del ayer y sus fuentes.
Pero
cómo encontrarlo
con esta tetraplejia
sin sentido instalada en el meollo del alma.
No se apagan tus ojos
en las cuencas vacías
de mis ojos cadáver.