
Jamás calles por miedo
a decir algo
que otro pudiera haber
dicho ya antaño.
Todo aguacero
antes de ser torrente
fue vasto océano.



Cada vez que escucho a un político decir que apostará por algo, recuerdo que mi padre me decía a menudo, que una apuesta era una suerte de embeleco mediante el cual unos cuantos y muy selectos individuos incapaces de contraer compromiso ético alguno, sacaban tajada a costa de las pérdidas de muchos. Lo recuerdo, y me echo a temblar.



“¡Oh más dura que mármol a mis quejas,
y al encendido fuego en que me quemo
más helada que nieve, Galatea!”
Garcilaso de la Vega
