viernes, 31 de diciembre de 2010

La ausente (II)


la llamo
sombra
pero no tiene nombre
ni habla
ni escucha
es nadie nada nunca
desmemoria y silencio

jueves, 30 de diciembre de 2010

La ausente

sol gélido encendido
detenido en su eclíptica
en tanto ungida al túmulo
de su lágrima antártica
se consume de frío
la pupila desnuda

Dieta mediterránea


CUANDO abrió la ventana –no sin cierta premura, pues ya había cantado en un par de ocasiones el gallo-, se dio de bruces con una tupida barrera de ristras de ajo. Bien –se dijo-, nunca es tarde para adoptar buenos hábitos alimentarios. Y, tras desayunar como antes nunca, se alejó hacía las sombras, satisfecho, guiándose del eco de sus gritos ultrasónicos.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Iteración


un animal
sin nombre

me hostiga con su pulcro sudario de silencios

en todo lo que callo
en aquello que nunca
sabré cómo decir
sin haberse hecho carne
agoniza el poema

El deseo


daría lo que fuera
porque tú me abrazases

casi a traición inesperadamente
con esa suavidad que sólo sueñan
las hojas desgajadas de su rama
en una tarde calma del otoño

daría lo que fuera todo todo
por un instante mágico de sapos
abrazos y princesas
de brujas sin malicia
cuervos blancos
alfombras voladoras ligeras como el viento
preludio de ese genio que concede
saliendo de la lámpara un deseo

que no haya sido un cuento
que no haya sido un sueño

martes, 28 de diciembre de 2010

Singladura


si sigue desvelándome el periplo
que lleva hasta su mar llena la luna
cualquier noche escapando de estos páramos
iré a apagar mi sed entre su espuma
a alzarme en surtidor copioso y denso
bañando su convulsa arquitectura
a hacerme de sus olas ya jinete
ya en desbocada lid cabalgadura
espasmo enardecido en sus mareas
de su bramido extática columna
orilla ansiando el golpe de sus aguas
pez trémulo sin tregua en su cintura
buceando desmedido sin aliento
y agónico en su estela en su angostura
Ulises desatándose del mástil
por ser sal de su sal la quilla impúdica
que atada a sus abismos se hunda emerja
penetre se hunda a fondo emerja se hunda
sedosa y trepidante a un tiempo emerja
penetre se hunda a fondo emerja se hunda
hasta estallar ahogados al unísono
al borde de la muerte y la locura

Fotografía: Angela Menéndez.

lunes, 27 de diciembre de 2010

Paredón


como el rescoldo agónico
que acobardado espera
caiga el rocío al alba
así cuento las horas
que faltan para estar
al pie de tu mirada

domingo, 26 de diciembre de 2010

Jordán


tan grande es ya la herida que no cabe
la sangre en el poema
. . . . . . . . . . . . . . . . . . su ancho río
sin cauce engendra un mar negro y bravío
rompiendo sin piedad sobre la nave
de la esperanza exangüe

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . qué mal sabe
en la afasia esta sal qué escalofrío
de agónicos anhelos que sin brío
se sienten ya naufragio

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . no hay más grave
zozobra que en su espanto el verbo ahogado
sentir que la palabra -ayer cauterio
frenando la hemorragia- muda en serio
silencio en grieta el grito
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . que apocado
el llanto se abandona al denso abismo
biliar y deletéreo del mutismo

sábado, 25 de diciembre de 2010

Apología


evitando infligir
el daño que no quieras
para ti ni los tuyos

no castres tus pasiones

cuando caiga la noche
tendrás tiempo sobrado
de ser fiel a tu eterna
compañera

. . . . . . . . . . . . la muerte

viernes, 24 de diciembre de 2010

Crisma

LLEGA la Navidad, periodo que dicen de encuentro, y un estruendo hecho cisma me conmueve: un eco de fusiles y metralla royendo el esqueleto a la esperanza. Pese a no haber tenido nunca fe, y aun sabiendo que no serviría de nada, hoy, tan sólo por no permanecer cruzado de brazos, quisiera poder, saber rezar. Pero ya se me olvidaron las plegarias. Noche de paz, noche de amor, la estrella que contemplo queda lejos y es pintada, y sólo tras caer lo son los ángeles. Llega la Navidad: gloria a ¿dios? en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena y mala voluntad; Belén solloza ahogada por la sangre de un mundo que es un campo de batalla.

jueves, 23 de diciembre de 2010

Alegoría (el óxido y la espada)


JAMÁS un enemigo le infligió tanto espanto. Jamás había huido pavorido hasta entonces. Pero todo jinete desbocado, termina detenido en su galope. Ya entre la sombra y la pared, desenvainó su espada, la blandió con destreza, con arrojo, asestó golpes certeros. Mas cerraban al instante las heridas de las sombras, cegándolo, envolviéndolo, asfixiandolo. Al fin, a punto de doblar ya las rodillas, creyó hallar por su empeño el asidero que habría de llevarlo a la victoria. Y dio con fe de nuevo un paso al frente. Después la náusea, el vértigo, la angustia que acompaña en la caída. Y se le hizo la noche. Y fue noche en la noche para siempre.

Besar


besar tus labios
y entregarte mi frente;
húmedo olvido.
ya tengo en tus pupilas
la razón de mis sueños.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Réplica



a Eva
cuando no me ves
mastico los cristales
de una estrella sin sueños

cuando no me ves
me hielo en las penumbras
de un abrazo sin cuerpo

cuando no me ves
lamo la hosca cicuta
de tu acerbo silencio

cuando no me ves
me atraganto de ausencias
desde mi hondo destierro

cuando te puedo ver
sin palabras ni crédito
apocado lo niego

(cuando no me ves
-como un cuchillo
SIEMPRE-

yo en mi herida te llevo)

El amor y la noche


“Para que supieras”

Idea Vilariño

CUANDO, en mitad de la noche, despertó, ella estaba a su lado.

-¿Qué haces aquí?, ¿por dónde entraste? –le dijo, más feliz que sorprendido, por un hecho tan insólito como inesperado.

-No deberías mostrarte tan exultante, no soy quien te imaginas.

-¿Entonces? –dijo, incrédulo, amén de un tanto aturdido.

-Mi nombre es Mortis Causa, y he venido para llevarte conmigo al imperio de las sombras –le respondió, sumamente grave, la enviada de la Muerte.

-No importa; también hueles a flores. Y agradezco que al fin, cuando ya no te esperaba, hayas decidido venir a hacerme compañía. Buenas noches, Violeta –le dijo, en tanto, con una ternura desmedida y una sonrisa en los ojos, la abrazaba antes de quedarse dormido para siempre.

martes, 21 de diciembre de 2010

Carta a una desconocida



querida en este abismo
sin efugio ni límites
al que me has desterrado
y donde hace ya tanto
que no te reconozco
no me otorga un instante
de tregua tu recuerdo

y no es tanto el espectro
de tu falta en mi sangre
la razón desmedida
que devasta mi calma

mucho más que la ausencia
que saber que aquel tiempo
que expirase naciendo
se perdió para siempre

me amilana me duele
tener que en este punto
sin retorno asumir
que en la paz que imagino
sólo hallaré en las sombras
no tendré otra ocasión
de encontrarte y con suerte
no perderte del todo

desde un lugar sin nombre
donde ya el calendario
y el camino de vuelta
se eclipsaron de otoños

se despide sin más

este desconocido
que en la desesperanza
y a pesar de tu olvido
no te olvida y te quiere

La mujer descorazonada


EN el fondo de aquel papel en blanco, caleidoscopio de sombras, junto a un generoso corazón sin mácula, residían sus recuerdos, los cielos nunca hollados, los horizontes rotos, sus desconcertados sentimientos. Noche a noche -lo hacía por los minúsculos poros de aquella piel de nívea oscuridad y celulosa que recubría su alma-, los iba sacando a la superficie en forma de palabras, con la sola intención de aliviar la creciente presión que, voraz como un cáncer, le iba robando el hálito, las ganas de vivir, sus cada vez más apocadas esperanzas. Pero cuánta belleza en sus letras.

Y aquella noche no pudo más; fue tan grande la presión lacerando su entraña, que decidió pintar sobre el papel una gran boca abarrotada de náuseas. Y, a descomunales arcadas, vomitó océanos de una bilis negra y pegajosa que terminó arrastrando tras de sí su corazón cansado.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Fiel reflejo


a veces un poema
ruinoso incomprensible
difícil y caótico
da la medida exacta
del alma del poeta
. . . . . . . . . . . . . . . . y por ende
del mundo y los submundos
que nunca han existido
al fondo del espejo

La tercera vía


(o de los tiempos que se avecinan)

TRAS enumerar la prolija lista de cargos que pesaban en su contra, con medida vehemencia la jueza le inquirió:

-¿Cómo se declara el acusado, inocente o culpable?

-Hambriento, señora, hambriento.

(Dedicado a todos los sesudos políticos que, al servicio exclusivo del capital, rigen nuestros destinos desde la Comisión y el Parlamento europeos, Congreso y Senado, Gobierno de España, Parlamentos y Gobiernos Autonómicos, Diputaciones Provinciales y Ayuntamientos).

domingo, 19 de diciembre de 2010

El hombre descorazonado


ÉRASE una vez un hombre que no se llevaba nada bien con su corazón. El caso es que, sin ninguna patología aparente que pudiese explicarlo, aquel corazón grande y limpio le dolía; insoportablemente, sin dar tregua. Y una mañana clara del mes de abril, ya cansado del dolor de sus latidos, con sus manos fuertes, pero tan ungidas de ternura, se lo arrancó. Sorprendido por seguir sintiendo el aroma de las flores y el poniente mesando sus cabellos, el hombre recordó como a aquel corazón lo había abandonado el alma una lluviosa y fría noche de finales de un muy lejano ya diciembre, y como, pese a seguir latiendo, había estado muerto desde entonces.

Pero el corazón, que aún palpitaba en sus manos, le seguía doliendo, y el hombre, pensando que quizá sólo así podría procurarse el sosiego que tanto anhelaba, lo enterró en el rincón más apartado del jardín de aquella mujer que carecía de nombre, desde que, bajo aquel pertinaz aguacero, su canto se uniese al silencio. Y allí se sentó a esperar, tal y como lo venía haciendo desde el día de su muerte, sin corazón, sin esperanzas.

Al caer la noche, como sintió frío, para tratar de guarecerse de su intemperie interior, el hombre, escarbando con las uñas, agrandó la sepultura en la que yacía su corazón sin alma, y, tras cubrirse de tierra, se fue quedando dormido. Para siempre quizás, sin latidos.

Unos años después, sobre la tumba ignota, floreció el clavel rojo más hermoso y con el más dulce y penetrante aroma que nunca hubiese dado primavera alguna. Tal era su fragancia, que aquella mujer, al sentirla, mudada en mariposa celeste, ascendió desde el profundo abismo de su mutismo voluntario y comenzó a cantar y a pintar el aire en torno a la flor con su vuelo. Y, entonces, el clavel, recodando su nombre, deseó poseer unas manos fuertes y ungidas de ternura para poder arrancarse a aquel hombre descorazonado que, doliéndole, palpitante, acababa de despertar en su interior.

Ciudad desperezándose


gruñe
ronco un motor barrita un claxon
neumáticos chirriantes
un frenazo

¡A VER SI PRESTA USTED MÁS ATENCIÓN
A LA ORDEN LUMINOSA DEL SEMÁFORO!

la luz parpadeante del neón
del lupanar de moda destilando
estruendo y desazón por cada poro
un coche haciendo un trompo una ambulancia
aullando enloquecida hacia la nada

hoy pican algo más que de costumbre
los ojos la nariz y la garganta

-comenta una señora al camarero
que acaba de servirle un aguardiente
sumida en un estrépito espantoso
de jóvenes noctámbulos
café solo y tostada-

y luego está señora
perdone si le grito
este áspero sabor como a castañas
se les iría la mano
seguro es el sulfúrico
¡MARCHANDO DOS CON LECHE!

entretanto en la calle
una alarma
quizá en la joyería
tras un golpe brutal de luna rota
eleva su lamento a las alturas
y anuncia en poco tiempo la estridencia
de sirenas curiosos y disparos
millares de motores al unísono
despiertan y vomitan trepidantes
el asfalto
qué hiriente la hosca
luz
de los escaparates
neumáticos alarmas el sulfúrico
frenazos
¡DOS CON LECHE! los semáforos
brutal saturación de los sentidos
que impide que escuchemos
aunque oigamos
el trino fabuloso de los pájaros