lunes, 22 de octubre de 2012

Emprendedor


Vocablo polisémico,
parido en los obscenos mentideros
del ámbito político,
que en sus significados
distintos se aproxima a la antinomia.
De un lado se refiere
a aquel que se hace esclavo de sí mismo
por no tener donde caerse muerto,
y así se va arrastrando a duras penas
bajo el sórdido fango funerario
que engrasa los circuitos del sistema.
Del otro al esclavista
que, tras trepar a lo alto, lo más alto,
del basural, pisando en su periplo,
el cuello y la esperanza
de aquellos que en un tiempo fueron sus semejantes,
siendo sólo una rata, vive como los príncipes,
de la sangre, el sudor y las carencias
de una legión de zombis, de ilusos que se sueñan
a veces, sólo a veces, seres vivos.

Relatos verosímiles (53): Trianeros auténticos (Carlos Parejo)


Se decían entre sí que eran de los pocos “trianeros auténticos” que allí seguían todavía. Y compartían nostalgias comunes de un pasado ya desaparecido: Los fuertes lazos de vecindad de aquellos corrales de vecinos donde celebraron en común bautizos, comuniones y bodas; las salidas de la “hermandad”; las romerías al Rocío; las “Velás y sus cucañas”; Ver crecer, subir y bajar hasta morir a toreros, tonadilleras y cantaores gitanos famosos.

Pero el encanto mágico de sus recuerdos compartidos se quebraba bruscamente, como una linda porcelana, cuando miraban a su alrededor. Se sentían náufragos en el océano de la Triana contemporánea: ¡Qué seres tan anónimos les resultaban los nuevos personajes que habían desembarcado en el barrio¡

Y es que, atraídos por el ambiente vivo y típico de sus calles, éstas se habían llenado de estudiantes y turistas alquilados; de apartamentos y pisos de lujo para nuevos ricos que hacían su vida puertas adentro; de asalariados de cadenas franquicias y supermercados que vivían lejos; de las inmensas progenies de las innumerables tiendas chinas a buen precio que sólo hablaban con los de su raza; o de atildados dueños de establecimientos gourmet, que vendían carísimas y diminutas exquisiteces a precio de lingote de oro y paseaban con la compañía exclusiva de sus perros de pedigrí.

© Carlos Parejo Delgado

domingo, 21 de octubre de 2012

Sonetos a pares (sexta entrega)

No sé cómo saldrá este experimento
en que sumando al poeta el cocinero,
escribo este soneto del que espero
sea dulce como tarta o suculento

como embutido ibérico grasiento.

Mezclo los ingredientes con esmero:
un gato, un antifaz y, a cuerpo entero,
una mujer que quita hasta el aliento.

No está quedando mal. Pero ¿y las velas?

Mejor las sustituyo por la llama
de los libros ya que la bella dama
poeta es de la cabeza hasta las suelas.

No más falta la guinda. Ahí va. Te canto

“happy birthday to you”. Y un beso, encanto.


El Éxodo


Un soneto me manda hacer, oculta
bajo una mascarada epigramista,
una desconocida, sin mas pista
que dárselo al León porque resulta

que no sé qué trasunto me faculta

para que yo le rime y sea cronista
de una sorpresa dulce, una imprevista
demostración de afecto y lo que abulta.

Y en este aprieto estoy y lo que me queda

es decirle al artífice en la sombra
que la del antifaz y el gato espera

que sepa la sonrisa que se hospeda

debajo de la máscara, que asombra
saber que esa sonrisa le libera.


María Fernández Lago "P.O."

sábado, 20 de octubre de 2012

Poema sin título


Qué escribiría yo
y cómo, me pregunto,
habría titulado este poema,
si fuese una mujer, mujer que olvidas
mi sed mientras entregas tus aguas al desierto,
y no fuese tan débil
y no tuviese miedo
y erguida contemplase, indiferente,
a este que soy sin ser,
demolido; ¿silencio?

viernes, 19 de octubre de 2012

Si tú


si tú murieses si
tú ahora te murieses
si tú te me murieses
sería deserción
la más alta traición el más abyecto
el más grave pecado el peor mi amor
de todos los pecados
contra alguien que sin fuerzas se ha rendido
a ser ya hasta su fin carne de exilio

y no sé si podría si sabría
querría perdonarte

Cuento de horror


Día tras día, cuando aún no ha amanecido, sumido en la densa opresión del tráfico atascado, miro en redor de mi angustia, y todos los que me rodean, con el rostro enrojecido por la tinta infernal de las luces de freno, se me antojan siniestros maniquíes, muñecos hinchables a punto de estallar, despojados para siempre de su alma por el mismo demonio. Después, cuando llego a mi destino en ninguna parte, tratando de liberarme de la insoportable y pesada presión de lo vacío, de darme un breve respiro –hay paradojas sin explicación posible-, tras programar el temporizador y ajustarme bien la toma de aire, durante unos minutos me desinflo.

jueves, 18 de octubre de 2012

Breve tratado de ciencias políticas a la luz de la mecánica


cuando en un mecanismo
a una fuerza centrífuga
se opone otra centrípeta
de similar calibre
no es otro el resultado
que un tenso statu quo
agotador e inútil
que al cabo de la pugna
colapsa el artefacto
el cual queda abocado en su deriva
a ser un peso inerte en retroceso

Nacionalistos


Desviando la atención,
tanto monta, monta tanto,
Artur Mas que Gallardon.

miércoles, 17 de octubre de 2012

Juan 18:36

qué nutritivo
papas a lo pobre
menú sin ese aliño vaticano
a base de oro y gula
que engulle entre salmodias el maná
de aquellos que no habrán de hollar ni en sueños
el cielo prometido

Miga


con p de pan se escribe pan
esto es más que evidente
y por lo tanto pretender
pergeñar una especie de poema
mutación aberrante
con mimbres semejantes
no crean tiene su miga
¡lo ven! ya acuden las hormigas

martes, 16 de octubre de 2012

Neolengua y Nobel de la Paz



En neolengua –que podría ser, según Orwell, la jerga propia del totalitarismo global- nada es lo que parece. Cada palabra es tan ambigua y turbia y está tan vacía de contenido, que puede tener varios y contrapuestos significados y, más que otra cosa, ninguno. Así, en neolengua cada palabra es siempre expresión del pensamiento único –que es sinónimo de no pensamiento- sobre el que, en última instancia, se sostienen y retroalimentan las estructuras de poder. La neolengua es un sistema de (in)comunicación dirigido a demoler cualquier tipo de dialéctica, de modo que al pueblo –una amalgama de individuos, sin nexo social alguno, relegados como mucho a la condición de súbditos- le sea imposible cuestionar cualquier tipo de imposición o dictado emanados de los aparatos espurios del Estado.  En consecuencia, cuando en neolengua se pronuncia la palabra Paz –pese a que el pueblo, ensordecido por el estrépito alienante de la jerga totalitaria, no se percate de ello-, se está hablando en realidad de opresión, terror, crimen y guerra. Por eso no debe extrañarnos que se haya concedido el Nobel de la Paz a la Unión Europea.

lunes, 15 de octubre de 2012

Jurassic park


Aquellos años de la transición
que, vaya uno a saber por qué demonios,
se apellidó en España democrática,
quizá no hayan tenido parangón
alguno en los anales de la ciencia.
La ajada piel de toro, en esas décadas,
fue un gran laboratorio tutelado
por diestros ingenieros que de un gen
de una bestia dichosamente extinta
un 20 de noviembre, dieron vida
a una antediluviana e insaciable
jauría de clones que hoy dominan todo
el ámbito económico y político.
Y así la madre patria se ha mudado
en un aterrador parque temático
donde el mayor tirano –paradojas
de la socio genética-, aunque parte
de los depredadores y heredero
directo de aquel saurio, no es el rex.

Relatos verosímiles (52) (Carlos Parejo)


Hay dos calles muy estrechitas en el arrabal trianero, las de Covadonga y Rocío, que pertenecen al mundo contemplativo de los filósofos. Todavía hay que andarlas despacito. Su espacio no se ha achicado con la entrada de los camiones y coches. Y se muestran escépticas respecto a la novedad de los ordenadores. No comprenden como un joven gafinegro y encasquetado puede pasearlas cual si un zombie. Lo que no han sido capaces de digerir es lo del venerable anciano Don Migué. Tras cumplir un siglo las ha visitado alborozado y saltarín. Y es que ha sido reprogramado celularmente como un muchacho adolescente.

© Carlos Parejo Delgado

domingo, 14 de octubre de 2012

Caída de tensión




Cuando se fue la luz,
todos pensaron que era lo de siempre:
un fallo más de tantos
de aquella vieja y frágil subestación eléctrica,
que bien pronto sería subsanado.
Fue un error de diagnóstico.
Después, poco después,
llegaron en tropel las fieras:
pedazos de ultratumba
que destilaban por su piel gélido espanto.
Diezmaban a su paso
la llama de los números y todo lo visible,
y los hombres rogaban a los dioses
que adelantasen con premura el alba.
No hubo respuesta alguna. Entonces
llegó un profeta: prometió la luz,
la luz de un dios que él mismo encarnaría
cuando la llama de la fe prendiese
en el alma mortal de los escépticos.
¡Que se haga ya la luz! –clamó a los cielos,
y todos vieron luz mientras echaban
raíces en sus almas las más espesas sombras.

sábado, 13 de octubre de 2012

Spider ku


hambre de ti
araña y telaraña
entre hojas secas

Incongruencia


cuando el ritmo y la métrica enmudezcan
y no quede siquiera una metáfora
de mármol bajo el mar como testigo
entonces sólo entonces sólo y qué
¿decir que lo lamento?
más quisiera
jamás fue el blues propicio
al arrepenti-miento

viernes, 12 de octubre de 2012

No al día de la (co)Raza


Celebro con cerebro
y todo el corazón:
siempre no al genocidio.

Eso es todo



“todo el prodigio se volvió espesura”

Mario Benedetti

todos
los días
todos
ni una falta
todos
metida aquí
lejos
tan lejos
y así
dentro de mí
como si nada

jueves, 11 de octubre de 2012

Lírica



Me pregunta Zutano –el camarero
del bar que hay en la esquina de la calle Parnaso-
si conozco a Fulano.
Después de, como poco, 10 cervezas
–pero qué’sagerao loh andaluce-
Cruzcampo Gran Reserva entre pecho y espalda,
pongo cara de póquer y él advierte
que no tengo ni idea, de momento,
de quien –¿de quién?, ¡cojones!-
me puede estar hablando.
Entonces apostilla: “Sí, hombre, sí,
Fulano, ese individuo
que también es poeta”.
No le respondo nada, dejo el tercio
aparcado en la barra y, con premura
–me estoy meando a chorros-,
camino dando tumbos
al fondo a la derecha,
con la sana intención de dar descanso
por cuarta o quinta vez a la vejiga.
“Fulano, ese individuo
que también es poeta” –me digo, mientras meo,
pensando que el adverbio de Zutano,
sin duda alguna, debe referirse
a Gelman, Margarit o el gran Panero.

miércoles, 10 de octubre de 2012

Su última batalla




La batalla estaba siendo bastante menos favorable que de costumbre para el ejército del rey Waldemar, que hacía más de dos lustros era comandado siempre victorioso por el aguerrido Amalrik. La caballería de Hilmar había cobrado una clara y casi definitiva ventaja al sorprender a los de Amalrik en un estrecho desfiladero poblado de rocas que dificultaban sus maniobras, y las bajas comenzaban a ser numerosas, con lo que el desánimo era cada vez más evidente entre los suyos. Cuando Amalrik fue alcanzado y herido de muerte por espada enemiga en la mitad izquierda del tórax, desde donde comenzó a brotar sangre a deletéreos borbotones, el fatal desenlace parecía que se desencadenaría bien pronto de manera indefectible. Entonces, inesperadamente, surgió desde la retaguardia aquel guerrero menudo y desconocido manejando su espada con una maestría tal que nadie recordaba haber visto antes nada igual. Con gran destreza y corriendo un riesgo rayano en la temeridad más absoluta, se abrió paso al galope entre los jinetes enemigos hasta llegar junto a Hilmar por su flanco izquierdo para asestarle, sin darle tiempo a reaccionar, un fatal golpe de espada que le partió en dos la armadura por el costado y lo derribó del caballo, haciéndolo desplomarse con violencia sobre el suelo y aparentemente ya sin vida. La caída de Hilmar provocó en su ejército un desconcierto repentino y evidente, y a los pocos minutos se batía en retirada abandonando sobre el campo de batalla a sus heridos que metódicamente eran rematados sin piedad por los de Amalrik, que ya también yacía exánime sobre la hierba teñida de rojo.

Durante el trayecto de regreso al poblado, los guerreros no dejaron un sólo instante de aclamar a su inesperado nuevo líder. Cuando el ejército se presento ante Waldemar, al que ya habían llegado noticias de la singular hazaña, éste ordenó al desconocido héroe despojarse del yelmo para conocer su identidad y poder honrarlo como merecía.

Cuando la rubia y larga cabellera comenzó a ondear al viento y el rostro del guerrero se evidenció luminoso y engrandecido por los reflejos rojizos de los últimos rayos del sol poniente, el desconcierto y la ira asomaron abruptos e indiscutibles en el rostro de Waldemar.

–¡Alfhilde, hija! ¿Cómo habéis osado suplantar la identidad de un guerrero para cometer el imperdonable delito de hacer acto de presencia en el campo de batalla? ¿Acaso habéis olvidado que el arte de la guerra es un honor reservado a los hombres? ¿Es que mis enseñanzas no han conseguido haceros comprender que las únicas razones de la existencia de la mujer en este mundo no son otras que la de proporcionarnos hijos fuertes y valerosos que honren a nuestro pueblo vertiendo su sangre en el campo de batalla, y la de aliviar su cansancio y sus heridas tras el combate? ¿Qué atenuante podéis esgrimir para evitar que os condene, como merecéis, a una inmediata ejecución?

–¡Oh gran Waldemar!, padre mío; si mi única misión es la de tener unos hijos que durante años me han sido negados por los dioses, ¿deberé resignarme hasta mi muerte a una vida inútil y sin sentido? ¿Es que hoy no os he probado mi valía y valentía en el campo de batalla? ¿Acaso no he conducido a vuestro ejército diezmado a una inesperada victoria?

El alegato de Alfhilde levantó murmullos de admiración y respeto entre los guerreros, lo que no hizo más que encolerizar aún más a Waldemar.

–¿Es que, además, vais a osar desafiar mi sabiduría y la de todos nuestros ancestros y a cuestionar las normas por las que nos venimos rigiendo desde tiempos inmemoriales? Os exijo que os despojéis para siempre de esa armadura que estáis mancillando. Pero antes dadme el nombre del traidor que os ha ejercitado en el manejo de las armas. Sólo así os permitiré permanecer, ya deshonrada para siempre, en este mundo. Vuestra vida a cambio de que me entreguéis la suya.

–Si esa es su providencia, padre, que así sea. Aquí me tenéis dispuesta y sin miedo alguno a recibir vuestro castigo.

Waldemar, de inmediato y sin dudarlo un instante, desenvainó con furia su espada y la levanto firme sobre la cabeza de Alfhilde.

–¡Alto! –se escuchó entonces gritar entre la muchedumbre, perpleja ante un hecho tan inesperado, mientras Waldemar, sorprendido, suspendía el fatal mandoble de su espada.

–¿Alto? ¿Cómo, Gildwin, osáis también vos cuestionar mis hasta ayer indiscutibles decisiones? ¿Es que pensáis que no he sido ya hoy suficientemente desafiado por mis súbditos?

– ¡Oh misericordioso Señor! –dijo entonces Gildwin mientras se aproximaba para postrarse genuflexo a los pies del rey- Yo fui quién adiestró a vuestra hija en el manejo de las armas. ¡Tomad mi vida a cambio de la suya!

La cabeza de Gildwin, separada violenta y certeramente de su cuerpo, rodó hasta chocar con el pretil de un pozo, salpicando en su trayecto a muchos de los presentes con su sangre sin vida. Un murmullo, mezcla indisoluble de horror y desaprobación, se elevó entonces impertinente desde la muchedumbre hasta el cielo, sembrando por primera vez la duda y el desconcierto en Waldemar.

–¿Qué podemos hacer ahora con vuestra esposa¿ –dijo entonces el rey dirigiéndose al pusilánime Bernulf.

Bernulf, trémulo como hoja de sauce movida por la brisa de la alborada, se aproximó a Waldemar y, balbuciendo, le dijo en voz baja:

–¡Oh Gran Señor! ¿Acaso no veis el germen de rebelión que se comienza a extender entre los guerreros? ¿No sois consciente de la admiración que entre ellos ha despertado la hazaña de vuestra hija? Mi humilde e insignificante consejo es que dejéis a vuestra hija comandar vuestro ejército una vez más. Sin duda su éxito sólo ha sido el efímero y frágil fruto de la fortuna. Cuando se produzca su indudable fracaso en el campo de batalla, entonces podréis condenarla sin ninguna consecuencia indeseable al destierro o, si así os place, a la muerte.

–Sabio consejo el vuestro, Bernulf. Os será tenido en cuenta. ¡Qué así sea!

Combate tras combate, el ejército de Waldemar se fue haciendo mas fuerte e invencible y la fama de Alfhilde tan sólida, que muchos de los guerreros de las huestes enemigas desertaban nada más oír mencionar su nombre precediendo su llegada al campo de batalla. Por otra parte, con paso del tiempo, su ejemplo comenzó a cundir entre las mujeres, que empezaron a cuestionarse en secreto el dominio hasta entonces indiscutible de los hombres y a conspirar para tratar de urdir una estrategia destinada a lograr la cuota de poder y protagonismo que ya pensaban debía corresponderles en la toma de decisiones acerca de todo lo que afectaba a sus vidas. Bien pronto tuvo noticias Waldemar de aquella confabulación que no pudo más que interpretar como una insidia inaceptable y que exigía ser cortada de raíz.

Aquella mañana lluviosa y, como un presagio, pesadamente gris de noviembre, el ejército comandado por Alfhilde había formado en el campo de batalla para una nueva indiscutible victoria. Las huestes enemigas sólo eran la sombra de un débil espectro cuyo destino no podía ser otro que ser arrastrado como humo por el viento. Alfhilde comenzó a desplegar sus tropas para disponerlas para el combate. Miró a su espalda un instante para cerciorarse de que todo estaba en orden en la retaguardia y, entonces, su mirada se cruzó con la de Gernot, en la que durante un breve momento fugaz creyó adivinar una malévola expresión de asechanza.

Una vez desplegado su ejército, se produjo un prolongado silencio y una casi eterna quietud inusitada, tras los cuales Alfhilde dio orden de cargar contra el enemigo y, en ese preciso instante, sintió en su espalda la punzada de una lanza atravesándola y partiéndole en dos el corazón.

Nunca antes los ejércitos de Waldemar o de alguno de sus antepasados habían sufrido una derrota tan ignominiosa y sangrienta. Pero, a pesar de tan bochornosa afrenta, el Rey recibió la noticia de aquel estrepitoso fracaso sin expresar el menor atisbo de sorpresa, indignación o pesadumbre, y con una mal disimulada sonrisa en el rostro.

(Enero de 2006)

martes, 9 de octubre de 2012

Ser prisión duele...


ser prisión duele
sentimientos cautivos
me estallan dentro

(¿2004?)

lunes, 8 de octubre de 2012

Y si ebrio escribo...



y si ebrio escribo
un haiku de hojas muertas
¿se irá el verano?

Relatos verosímiles (51): Don Juan Valdeflores (Carlos Parejo)


Corría el año 1974 cuando Don Juan Valdeflores quedó en coma, tras un derrame cerebral. Y cómo se apenaron sus amistades. Era el tertuliano más dicharachero del arrabal trianero. Todo el día estaba enfrascado en cualquier corrillo, ya se hablara de política, deportes, cotilleos o lo que fuera.

Y diose la casualidad de que recientemente recuperó la conciencia él solito. Eso sí, con cerca de ochenta años, que el tiempo no pasa en balde.

Recuperado del susto, se vio en casa de su hijo, con tres nietos que cuidar. Y se fue a charlar con el pequeño, pero estaba demasiado ocupado con los videojuegos para escucharle. Y luego con el nieto mediano, pero escuchaba música por los auriculares y le respondía por señas. Finalmente se fue a por el mayor. Pero estaba enganchado a los videos de YOU TUBE y ni caso le hizo. Una lágrima se le escurrió por la comisura de los ojos al pensar: ¿Y ahora que todo el mundo prefiere hablar con las máquinas, para qué he resucitado?

© Carlos Parejo Delgado

Ilustración: La tertulia del Café Guerbois (1869). Manet.

domingo, 7 de octubre de 2012

Ofidiofobia

Cuando se hizo la luz, aquella luz
impenetrable y fría como niebla,
pensábamos que el yermo que habitábamos
era un edén soberbio, el más valioso
legado de los dioses.
El tiempo, a nuestros ojos
–que entonces se encontraban ubicados
en la región del mito y de la sangre-,
era un río infinito que manaba
colmado de plateados peces pájaro,
y la tierra una hoguera sin confines
ajena a la cellisca y las distancias.
Tan sólo hubo una sombra sobre aquellas
tinieblas disfrazadas de luciérnaga:
el miedo a lo prohibido,
a perder tanto bien
cayendo en la endiablada tentación
del verbo que pugnaba por mudarse
en carne contra carne, espasmo a espasmo.
Pisamos la cabeza a aquella sombra,
a aquel anhelo vivo con los ojos
abiertos a soñar otro horizonte.
Y ahora que palpando comprendimos
que el río no era más que una cloaca
naciendo junto al lúgubre vacío
que habría de engullirlo de inmediato,
y la tierra un helado cuchitril
plagado de fronteras y de abrojos,
ahora lo prohibido yace muerto,
sacrificado al miedo, al mandamiento
absurdo que nos dimos
pensando que agradaba a un dios bastardo.

sábado, 6 de octubre de 2012

Piedra



a casi 100 kms de ausencia
que se antojan millones de años luz
plagados de tinieblas como palos
metidos en las ruedas como piedra
-la misma piedra siempre el torpe ciego
que palpa que la busca y a conciencia
tropieza al encontrarla y cae de bruces
mordiendo el polvo hirsuto del desprecio-
te sueño te requiero te
deseo

Yuigon


traspaso musas
razón en el exilio
fin de existencias

viernes, 5 de octubre de 2012

Haiku (o más bien no) computerizado


recorta y pega
sistema operativo
de los cleptócratas

jueves, 4 de octubre de 2012

Tu ausencia dicta...


Tu ausencia dicta
mi crónica de urgencias.
Fin del poema.

miércoles, 3 de octubre de 2012

Anti epopeya


el que apenas recuerda
los versos que no ha escrito
y suplica vehemente
ven a llevarme olvido

La mitomorfosis


Morfeo, preocupado por su aspecto físico, llevaba mil y una noches sin dormir. Y, para colmo de males, ni siquiera tenía quien le contase un cuento. Tratando de poner remedio a su insomnio, terminó por hacerse adicto a las operaciones de estética. Pero aquellas fueron todo un éxito. La transformación fue tal que ahora duerme el sueño eterno tras haber caído de bruces a un estanque.

martes, 2 de octubre de 2012

Breve tratado de mirmecología


Recuerdo que en la infancia
-qué espantosa a pesar de su inocencia
la crueldad de los niños-
jugábamos a veces a ser dioses,
puteando a un par de hormigas:
las despojábamos de sus antenas
para luego enfrentarlas, trastornadas y ciegas,
en una encarnizada lucha a muerte.
Aquel circo romano en miniatura
resultaba dantesco, un espectáculo
excitante y brutal que siempre terminaba
con uno de los contendientes muerto
y el otro moribundo,
y una legión de obreras que, metódicas
y raudas, arrastraban los despojos
camino del granero común en el subsuelo.
Aquello, ahora lo sé, no era tan sólo
un acto de crueldad ingenua y arbitraria;
era asimismo una lección que, entonces,
aún no comprendíamos
y, que una vez perdida la inocencia,
a algunos, a los muchos,
apenas nos sirvió para estimar los límites,
a menudo tan tenues y difusos,
que median entre el bien y el mal, y a otros,
los menos, para, crueles y venales,
jugando a ser demonios,
cegarnos, arrancarnos las antenas
y, luego de la lucha fraticida,
llevar nuestros despojos,
para su uso exclusivo, a su granero.

Anti tanka (8)


no hay un poema
tan complejo y tan breve
como el silencio
es el canto del cisne
la métrica perfecta

lunes, 1 de octubre de 2012

Tribulaciones de un poeta social desencantado



abro el periódico es dantesco y
para
tratar de hacerle frente a tanto espanto
pergeño denunciando los hechos un poema
que no es de utilidad no sirve a nadie
y siento que mi tiempo se ha cumplido
y que aunque sigo aquí como esos otros
que sufren el horror pero más cómodo
no soy más que un cadáver

Relatos verosímiles (50): Susana y su abuelita (Carlos Parejo)


¡Cuando llega el otoño y los días se ponen tan tristes, nietecita de mi alma, pienso que sin rezarle a dios todos los días no podría vivir más¡ ¡ Sabes qué, abuela, yo me moriría sin un ordenador¡

¿Tú no rezas antes de acostarte? ¡Si me guardas el secreto, te lo diré¡ ¡ Cuando me tapan los papis con las sábanas me pongo a hablar mediante la webcam con mis amigos, hasta que me quedo dormida de madrugada¡

¡Y no te diviertes con las muñecas, yo tenía hasta una casita donde vivían todas ellas, y eran mis mejores confidentes¡ ¡Querida abuela, bastante tengo con sacar de los titos y las titas suficiente dinero para mis gastos informáticos¡ ¿Y tampoco lees libros? ¡Sí, los que me mandan los profesores y por obligación¡

¿Y tus padres están conformes con que estés todo el día con tu ordenador o el teléfono móvil? ¡A veces se enfadan porque no estudio sino que juego con la videoconsola¡ ¿Sabes cómo me castigan ? ¡Desconectan el cable del ordenador, la clavija del teléfono y me incautan el móvil, y los guardan bajo su almohada toda la noche¡

© Carlos Parejo Delgado