martes, 23 de abril de 2019

Conciencias muertas


Lo que nunca querrán reconocer los despotas pseudoilustrados que, presumiendo de pedigrí comunista o —tanto monta, monta tanto— declarándose sin el menor tapujo afines a la derechona sin complejos heredera del franquismo, no cesan ni un solo instante de hacer apología del ultraliberalismo nacionalcatolicista en los medios de comunicación o en las redes sociales, es que, entre que un sujeto a título individual prenda fuego a una fotografía del Rey de España y el linchamiento simbólico a lo KKK de "Puigdemont" —y otras diabólicas "encarnaciones del mal" en años precedentes—, organizado por el Ayuntamiento de Coripe, hay un salto cualitativo —o hacia el vacío— que nunca deberíamos permitirnos: la institucionalización del odio. ¡Como para no querer independizarse!

1 comentario:

Carlos dijo...

Lo de la institucionalización del odio tiene su miga ultraderechista que empacha