jueves, 28 de febrero de 2013

García Caparrós

“Me dicen que no te fuiste, mi bien,
que te desaparecieron”

Carlos Cano

Y hoy que por fin
y ya era hora,
después de tanto tiempo
sin ni querer nombrarlo,
ya es otro de tus hijos
predilectos, recuerda,
¡recuerda, Andalucía!
Nunca una madre buena,
como las de la Plaza
de Mayo, ha conciliado
el sueño sin haber,
como último homenaje,
señalado a los perros
que, emboscados, cobardes,
a su hijo asesinaron.

Tribulaciones de una crisálida (XLIV)

Una estridencia gris como una prematura despedida, se instala en el silencio y asalta con su tul los más recónditos rincones de la noche. No temo al viento, pero estoy temblando: ha disuelto el diluvio los cristales, y un amasijo helado de sombras e intemperie me sube por las piernas con hambre de carcoma. Hay algo acedo y turbio en mi renuncia; debiera sentir miedo, estar rogando, devoto, por mi vida -qué ha sido de mi vida-, y en cambio estoy sentado al otro lado del espejo esperando, repitiendo anegado de sosiego, rodeado de cadáveres, el verso espléndido y luctuoso de Pavese.

miércoles, 27 de febrero de 2013

Y el "Plus" p'al salón

La bestia es despiadada,
violenta, traicionera.
Utiliza sus armas,
que son cuántas
-desde el precepto al plomo-,
según más le convenga;
jamás ha conocido impedimento
moral para ejercer
el robo, la tortura, el genocidio.
Si piensas que podrás
derrotarla esgrimiendo
tan sólo la palabra
o una bandera blanca
en tus manos vacías,
ya puedes ir cavando,
fosa común, tu tumba.

martes, 26 de febrero de 2013

Maelstrom

aquí náufrago anónimo extraviado
en un tiempo y lugar sin coordenadas
¿hay alguien que me escuche? ¿me reciben?
en este ponto al borde del vacío
sin horizonte faro ni retorno
el sol la sed la sal me están secando
no aguantaré ya mucho esta deriva
¿hay alguien algo un ángel? s.o.s.

Crisis

Con los labios resecos
por la duda y el miedo
despiadado a perderla,
le rogué una certeza.
Y no sé si por causa
de su sordera o bien
por socarronería,
me la sirvió sin gas
y tibia más que fría.
Eso sí, acompañada
de una jugosa tapa
de tortilla. No estuvo
del todo mal por un euro cincuenta.

lunes, 25 de febrero de 2013

Poemas serios (XXIX)


“para que supieras.”

Idea Vilariño

No se muere de amor.
Yo he sufrido la pócima
el erial el vacío
del desdén y la ausencia
en las venas secando
desahuciando mi sangre
quebrándome en pedazos
no en dos descuartizando
haciendo añicos polvo
triturando pudriendo
motivos sueños ganas
corazón y aquí sigo
con náuseas llagas llanto
dolor dolor sin nada
sin aire respirando
jadeando muerto en vida.

El túnel del tiempo de las comunicaciones (5): La Revolución Francesa (Carlos Parejo Delgado)


Dando un salto en el túnel del tiempo me voy a vivir a la ciudad de Paris, en plena revolución francesa.

Paseo por las calles desiertas. Aquí y allá hay carteles y grafitis con carboncillo negro grabados en las paredes. La mayoría son contra el rey y los aristócratas. Se dice que los jacobinos han pegado más de diez mil carteles en su contra, para forzar a la Convención a destituirlo. ¡Nunca vi nada igual en las paredes de una gran ciudad¡ Hay también frases amorosas a tal o cual modistilla y tabernera. Me llama la atención una que dice: “La Diosa Razón ha sustituido al Ser Supremo, el ciudadano al Señor”.

Pasa una patrulla municipal, compuesta por ciudadanos patriotas con su gorro frigio rojo y su banda azul y roja en el pecho. Son como la policía local de entonces. Me piden el salvoconducto, algo así como el antiguo pasaporte; después me reclaman el certificado de civismo, similar al carnet de identidad; Y, por si fuera poco, la consigna del día para andar libremente por la calle: “Lutecia contra César”. La ciudad vive en constante vigilancia…

Veo un balcón del que cuelga una cinta negra. Se oyen los gemidos y lloros del velatorio por el difunto en el interior. Poco más allá, una cinta verde, y un ciudadano que trepa por la tubería, en busca de su amante, pues es la señal de que su marido no está en casa. Y, al doblar la calle, sendas cintas rosa y celeste. La vecina ha parido gemelos: hembra y varón.

Distingo perfectamente, como los gatos, cualquier rincón de la calle en penumbra. Mi vista es superior, a falta de alumbrado público. Incluso, cuando estoy en la cima de una colina, soy capaz de diferenciar nítidamente los edificios más lejanos. Mi vida al aire libre me ha acostumbrado a que pueda ver el horizonte con todo detalle.

Amanece. Hay relojes por todas partes. Relojes de arena y agua en viejos caserones medievales. Artilugios mecánicos con muñecos que bailan en el ayuntamiento y en la catedral. Medir el tiempo va asociado a una vida de lujo y de privilegios. El banquero que me aguarda luce un reloj de oro y diamantes en el bolsillo de la chaqueta. Y dentro de su oficina hay inmensos relojes aparadores y de cuco, incrustados en fina porcelana china.

De pronto, el director del banco grita “albricias” y echa a volar su sombrero en señal de alegría. Ha llegado un mensaje del telégrafo que le anuncia, antes que a nadie, la muerte del rey inglés. Venderá sus pagarés a la deuda británica, que luego bajarán estrepitosamente cuando la noticia salga en los periódicos. Hablando de periódicos, hay varias decenas de ellos de todas las tendencias políticas, y se reparten y leen en todas partes. En las escuelas, en los clubs, en el mercado y hasta en las iglesias.

Sin embargo, al pasar por los muelles del río Sena me doy cuenta de que hay quien todavía se comunica de otra manera. Un barco contrabandista emite señales luminosas y mediante banderolas de colores a la orilla. Los rufianes que aguardan allí empiezan a imitar sonidos de pájaros y otros animales: ¡No hay moros en la costa, desembarquemos rápido la mercancía”, parecen querer decirse.

A las doce del mediodía suenan las campanas de las iglesias y se disparan salvas desde el cuartel. Hoy empieza el carnaval. Y el pueblo llano se comunica amor y amistad con un lenguaje sutil: Se arrojan confetis, flores, caramelos, huevos, naranjas… y se abrazan y besan a primera vista. Las familias puritanas observan con binóculos y catalejos, detrás de los visillos de sus viviendas, el paso de la comitiva. Estos artilugios visuales son como su primitiva televisión particular, cuyo mando a distancia todos se disputan.

El banquero me mira compasivamente. Abre un resorte secreto de su gabinete escritorio. Aparece una rosa. De su corola extrae un diminuto y enrollado papel. Lo abre y está en blanco. El banquero lo rocía con tinta simpática y aparece un mensaje dirigido a mi persona: ¡tu tiempo de estancia en este época ha concluido¡

(¢) Carlos Parejo Delgado

domingo, 24 de febrero de 2013

El espejo de la melancolía (LVII)

Recuerdo que el futuro,
recinto sin memoria,
no ha sido como entonces.

Burdel España

¿Qué culpa tiene Justicia
de que sea un burdel, España,
chapoteando sin entraña
en vomitiva inmundicia?
 

La culpa es de la avaricia
desmedida y disoluta
y la iniquidad poluta
de felones proxenetas
que con sórdidas recetas
la han metido a prostituta.


Ilustración: Pachu del Valle.

sábado, 23 de febrero de 2013

Seguidilla gallardona

La venda que han quitado
de la mirada
a la Justicia la usan
como mordaza.

¡Españolito!,
ya tan siquiera tienes
derecho al grito.

"Epigramando"

Con el lobo, animal noble,
no se debe comparar
a los patriotas de sobre
y paraíso fiscal.

No son lobos, son gusanos
disfrazados de cordero,
dando a España por el ano
entre hipócritas “te quiero.”

23:32

(F-méride)

32 años
para sentir de súbito
el espanto de haber
llevado atada al cuello
siempre la sofocante
soga de aquel instante

viernes, 22 de febrero de 2013

El espejo de la melancolía (LVI)

Se paró hace ya cuánto
que no sé cómo aún sigue
su tictac oxidado
desgarrando las sombras.

Poemas serios (XXVIII)

Sólo la sed, la mano
miserable apegada
a la copa vacía.
El resto es el muñón
purulento, la oquedad
dolorida, cenizas.

jueves, 21 de febrero de 2013

España no es ya una piel de toro

España va hacia atrás como el cangrejo,
esclava de un hatajo de pendejos
que rinden vasallaje sin complejos
al dios mercado y, veja que te vejo,

arrancan a la patria hasta el pellejo
igual que se desuella a los conejos.
Y en tanto, amodorrado con festejos,
el pueblo, sin fruncir el entrecejo

ni queja, asiste atónito al cortejo
luctuoso que lo arrastra, amarillejo,
a la fosa común de un tiempo añejo.

Pues si otros no se quejan, ¡yo me quejo!;
me niego a ser coautor de este manejo,
callando pusilánime o perplejo.

A su imagen y semejanza

(poema ultrapagano)

quién me pregunto y no soy yo es el otro
el desaparecido el inmolado
el dejado a su suerte el harapiento
que no es nunca será no fue no estuvo
jamás nació vivió murió nació
el que cayó y se alzó y cayó y se alzó
roto por cuántas veces
no es nada nadie y sin embargo se alza
desde la tierra el lodo los pingajos
de su sudario este otro preguntándose
qué digo preguntándose
blasfemando execrando maldiciendo
rogando mendigando pordioseando
un nombre identidad aliento un alma
muerto sin ser muriéndose ya muerto

miércoles, 20 de febrero de 2013

El espejo de la melancolía (LV)

me miro en el espejo y eres yo
es decir
nada

ITV


Era un tipo, digamos, singular;
trataba a su automóvil,
un viejo utilitario de segunda
mano y unos 600 000 kilómetros,
como a un primer amor, y a su mujer,
más bella que la Venus de Sandro Botticelli,
como a un Ferrari de coleccionista.
Quiero decir que era un cabrón y, sin embargo,
caía a todo el mundo,
excepto a su mujer, de puta madre.
Era un afecto extraño; me refiero
a que cuando se supo
que la noche anterior se había estrellado,
ebrio, contra una encina en una curva
de la N-435,
a excepción de la viuda,
nadie encargó coronas
de flores –“Tus amigos no te olvidan”–
ni derramó una lágrima
durante las exequias
en las que, por su expresa voluntad,
fue incinerado y luego
sus cenizas echadas
al viento en el circuito
de fórmula 1 en Jerez de la Frontera.

martes, 19 de febrero de 2013

Poemas serios (XXVII)

Y qué esperas de mí que soy la espera.

lunes, 18 de febrero de 2013

Poemas serios (XXVI)

“¡Allá resopla! ¡Allí,
entre la húmeda espuma!”,
aullar oigo al destiempo.
Y yo, con el arpón
despuntado y de palo
y lágrimas de palo
en mis ojos de palo
y el aliento de palo
en mi boca de palo
y la sangre de palo
en mis venas de palo
y mis noches de palo
y horas y horas de palo
y recuerdos de palo
y mi pata de palo,
ahogándome de sed,
varado tierra adentro.

El túnel del tiempo de las comunicaciones (4): El palacio del Louvre (Carlos Parejo)


Heme aquí, disfrazado de paje de antecámara real, en pleno Palacio del Louvre (Paris, Francia).

Las campanillas se han convertido en los diminutivos de las campanas de las iglesias, para demandar una presencia útil en el hogar. Se han generalizado y están en todas partes: En la portería del jardín; a la entrada del edificio, y en cada una de sus cientos de habitaciones. Hay, incluso, un diccionario sonoro que todos los sirvientes deben aprender. Según el número de veces que su excelencia real la haga vibrar, llama a uno u otro. Pienso para mis adentros que no está nada mal. Aunque, si Graham Bell hubiera inventado ya el timbre eléctrico, aquello sería un manicomio.

La reina se pasa toda la mañana despachando y recibiendo billetes. Se trata de mensajes diminutos, escritos de puño y letra, que luego pliega, mete en su sobre y cierra con lacre y su sello real (los primitivos anti virus contra espías y gente sediciosa). Más de un centenar han pasado por mis manos, para que luego hablen de la adicción a los teléfonos móviles.

Las comunicaciones, en este palacio aparentemente tan vigilado, no dejan de sorprenderme. Los reyes y sus familiares directos tienen un laberinto de pasadizos y puertas secretas para acceder –mediante resortes hábilmente disimulados- a todas las habitaciones, sin ser vistos. En estos pasillos, a la altura de sus ojos, hay unas disimuladas pequeñas mirillas para observar lo que sucede en cada una de ellas. También han incorporado tubos para que los techos y las paredes oigan las conversaciones de cualquier habitación; y otros ingenios más sofisticados, como tuberías con espejos reflectantes, para ver lo que sucede en las de la planta baja o en las entradas al edificio. Aquí se acaba de inventar el dicho “Cuidado, que hasta las paredes oyen”.

Nadie entra en una mansión notable de cualquier manera. Las mansiones están vigiladas por verjas y barreras custodiadas por porteros de garita y fieros perros guardianes. Uno, tras recibir el visto bueno de los porteros, ha de dejar su tarjeta y motivo de visita al mayordomo o ama de llaves, y sólo tiene vía libre cuando se hace anunciar. Los vestíbulos y salas de espera se generalizan en esta época, y de ella los hemos heredado.

Vivimos en una época donde las noticias se recaban en la plaza mayor de cada ciudad, llamada vulgarmente el mentidero, por la cantidad de insidias y rumores que se propagan y de las que luego hay que retractarse. Y todo este cotilleo no hace más que aumentar las precauciones de la gente famosa para comunicarse sin indiscreciones. Tienen habitaciones ocultas en sus mansiones, que nadie conoce, o las alquilan en viviendas de gentileshombres, conduciendo hasta ellas a sus visitas con los ojos vendados. Salen a pasear de incognito, desatornillando escudos y divisas de sus lujosos carruajes; poniéndose velos, antifaces, capuchas, sombreros anchos y calados, capotes y capas para embozarse.

Las noticias importantes, como siempre, les llegan antes a los personajes poderosos. Cualquier “Grande” de Francia o España tiene una buena provisión de caballos en la red de “postas” o “posadas correo” de su país. Y sus “enviados especiales”, mudándose de uno a otro equino, les traen sin tardanza, en menos de veinticuatro horas, los mensajes urgentes desde el más remoto confín.

© Carlos Parejo Delgado

domingo, 17 de febrero de 2013

Me masturbé esperando a Tom

Alegan sin escrúpulos
o peor aun como loros sin sesera
–¡Oh qué honda reflexión, merece tanto!–,
cuestiones de carácter filosófico

para justificar el alto precio
de ideas vagas sin forma.
Pero esto no es filosofía, es otro
asunto que requiere
de cincel y martillo, amén de idea,
para abrir, sin caer en la impostura,
las puertas del Parnaso
y acaso, si la suerte no es esquiva,
una cuenta corriente
prosaica y sustanciosa.
Por poner un ejemplo y, si se tercia,
hacer un buen negocio:
Si me masturbo a ciegas
en tanto amargamente reflexiono
sobre encuentro y olvido, orgasmo y muerte,
y dejo con el semen derramado
un cerco tan estéril
como informe en las sábanas,
¿merecerán acaso estas un día
ser objeto de culto o alcanzar
el mínimo valor en los mercados?
Qué quieren que les diga, no lo creo.
(No obstante, si hay quien piensa
que pueden hacer juego en su pared
sobre una meditada ratonera,
estoy dispuesto a hablar tanto de precio
como de la mejor forma de pago).


Imagen (repetida en breve tiempo): "Esperando a Tom",
de Juan Muñoz.

Sobretensión


(poema erótico)

igual que una bombilla
de 125 en una red
que tiene por tensión 220

sábado, 16 de febrero de 2013

De otro costal

"Todo necio
confunde valor y precio."


Antonio Machado

¿Qué es el arte? me dices
mientras derraman lágrimas
tus pupilas henchidas
de estupor e inquietud.
¿Qué puedo yo, reñido
de siempre con las Musas,
romana del Trastévere,
responderte al respecto?
Si el arte es alelarte
o estofado de estafas
para pijos con pasta
de pico y poco casco,
¿qué haríamos si Sanzio,
siguiendo su costumbre,
un viernes sacrosanto
volviese como dicen
-y no digo el de Tormes-
que hizo, harapiento, Lázaro?
¿Cortarle la cabeza
siguiendo los dictados
de alguna liberal
reina de sinrazones
y entregarla al mejor
postor pijo con poco
casco y de pico y pasta
en el cadalso de ARCO?
Oh Margherita Luti,
giovane donna en cueros,
reina del corazón
del de Urbino, ¿qué precio,
de darse la hipotética
resurrección, habría
que poner a tus ojos
oscuros y a tus claras
y panaderas tetas?
Cuando el arte es, más que arte,
patético estofado
de estafas, Margherita,
con que se forran pícaros
de baja estofa a costa
de pijos alelados,
es cuando esas dos tetas
que hechizaron a Sanzio,
demuestran que valor
por mucho que se empeñen
los crípticos venales
del arte de alelarnos
no es ni será jamás
sinónimo de precio.

Resaca

este nido amarillo
de muerte y rojo sangre
y exilio de violetas marchitas sin parterre
incubando en su centro un huevo de águila
esta estantigua esta hez
de flechas que regresan
de las abyectas cloacas del pasado
este tiro de gracia este garrote
vil estos paredones
este himno crematorio a yugo lento

viernes, 15 de febrero de 2013

ÚLTIMA HORA: Axteroides en Hispania

Agencia OBELIX. Madrid, 15 de febrero de 2013. Según fuentes anónimas, pero muy acreditadas, el Gobierno del Reino Borbónico habría estado ocultando a los súbditos de la futura muy cultural y benéfica por ley piel de toro, la espantosa lluvia de meteoritos que desde hace más de un año viene asolando la península Ibérica. “Lo de Rusia no ha sido nada, comparado con lo de aquí”, ha asegurado un reputado astrónomo que cubría su rostro con una capucha para evitar ser reconocido. “Aquí -ha añadido- la caída incesante de violentos meteoritos ha producido ya decenas de muertos, infinidad de cuadros depresivos, y ha dejado a miles de familias sin hogar”. Entre los asteroides más letales nos ha citado los siguientes: PP-RAJ-01, PP-C05-P-DAL, PP-M0-NT-0R0, PP-MAT-0 (letal, letal), PP-D-GUIND-05, PP-RAT-0 y un largo etcétera.

Liberartismo (o de cuando el arte es alelarte de frío)


Era reconocido de manera unánime como el más grande críptico de arte de todos los tiempos.

jueves, 14 de febrero de 2013

Para que después digáis que no escribo poemas de amor por San Valentín


(o de amores perros)

Un caracol me sube por el pene.
De los testículos al glande
-que no es tan glande; he de decirlo
por no mentir en el idioma
del país del sol naciente,
o sea en japoné-.
Pero yo ni me inmuto;
no quiero que me acusen de zoofilia.
Ahora lo entiendo todo, mala perra,
no se trataba de algo personal,
es sólo que querías
evitar te tildasen de caníbal.
Y yo, más que maduro, podrido a estas alturas,
ansiando ser cocido en tu caldero,
en tanto el caracol
me recuerda la baba derramada
y el apetito rancio y desabrido
que ya lo es nada más que por costumbre.
Escucha mis ladridos, perra mala,
mis aullidos llamándote
como un enfermo crónico
cuyo único deseo es ya la muerte.
Te quiero como a nadie, como a nada.
Te quiero, mala perra.

Ilustración: Marte, Venus y Cupido, de Lucas van Leyden

Y comieron perdices


No se les pudo dar mejor la noche. Tanto, que decidieron apostatar del amor sine die.

Ilustración: Venus y Cupido, de Alessandro Allori, Il Bronzino.

miércoles, 13 de febrero de 2013

Bajel sin portulano


A Sebastián de la Obra, amigo y miembro del Coro Averroes de la UCO

Me envías, caro amigo, tu lumbrera
"Historia de un bajel", polifonía
que me instas a cantar, mas no hay tutía;
y no por arduo reto, por quimera.


Me explico: te aseguro y, si no fuera
ateo de hueso a piel, te juraría
que en esto del bel canto y la armonía
no lo hago mal aun no siendo una fiera.


Pero hay una cuestión -la partitura-
que trueca aquesta cosa asunto feo,
y no digo con ello grave o dura,


digo imposible y más por ser yo reo
de una grande carencia: desventura
de no tener ni idea de solfeo.


Poemas serios (XXV)


Aquel dolor suplicio angustia aquel
dolor rabia insurrecta coraje en carne viva
arrastrándose iluso sobre abrojos
carbón al rojo espinas
se fue pasó murió murió dejando
esta tristeza suave
cicatriz
servil
sin esperanzas.

martes, 12 de febrero de 2013

Caja negra

Esto de la auditoría,
dada tanta cuenta opaca,
huele mal, huele a cloaca,
permitidme que me ría.
Aunque igual no debería,
porque al reírme destapo
la nariz y así me empapo
de ese hedor tan rancio a facha
que da náuseas, que me agacha
y me deja hecho un guiñapo.

Francachela


devotos de sus propios
ombligos de alimaña
aguzaban el odio
prestos a devorar canibalescos
el alma a los que habían
reducido a carroña
de la esperanza al tuétano

lunes, 11 de febrero de 2013

Poemas serios (XXIV)

Táctica
y estrategia:
Vivir. Parece fácil.
Sin embargo,
requiere un gran esfuerzo.
No basta respirar,
amar y ser amado,
comer y defecar,
postrarse genuflexo,
santificar las heces.
Vivir es mucho más:
es contener las náuseas
y el ansia de ceder
al sentir en las venas
la angustia, el odio, el miedo;
al escuchar los pávidos
gemidos terminales
de los que se postraron
en nuestra misma fila
de hinojos y ahora beben
la hiel del matadero;
al despertar de súbito
con la mierda hasta el cuello.
Vivir es dar un paso
Al frente, es dar un paso
aun sabiendo del vértigo,
la piedra, la caída,
la hiel del matadero,
es ceder a las náuseas,
tropezar y caerse
de bruces en la mierda,
y limpiarse la boca
para con un aullido,
santificar el aire.

El túnel del tiempo de las comunicaciones (3): La Corte Omeya (Corduba, 1013). (Carlos Parejo)

La vida íntima está férreamente separada de la vida pública que, para las mujeres, casi no existe. Mi ama, la favorita del rey, se acicala en la azotea mientras me manda observar el vuelo de los pájaros en la amanecida. Quiere conocer si el día será neutro, de buen o mal agüero. Y compara mis predicciones con las de su astrólogo personal, que le ha sacado las tripas a una gallina negra. Zahara, luego, ha permanecido bordando, reclinada en su diván que está lindante al patio interior. Sus oídos han asistido a un concierto celestial. Gorriones y tórtolas lo iniciaron. Se le unieron más tarde el francolín y el mirlo y, cuando todo era un eco ensordecedor, el fabuloso solista que es el ruiseñor. Se oían los ecos de los niños en las escuelas. Musulmanes, judíos y cristianos aprendiendo sus primeras letras en las escuelas coránicas, rabínicas y parroquiales. Recitan y escriben cientos de veces, hasta aprendérselos memoria, sus libros sagrados.

El libro es, por cierto, un artículo de lujo. Sólo un pequeño grupo de grandes personajes tienen bibliotecas con algunos cientos de ejemplares. Algunos libros sabios y raros se traen a precio de oro desde la remota Arabia o la lejana Grecia, y se traducen aquí. Después cada ejemplar nuevo es fabricado lenta y trabajosamente por manos exquisitas y expertas: curtidores para sus tapas, orfebres y plateros para sus incrustaciones, iluministas para las miniaturas pintadas, escribanos para sus letras,…

Al mediodía he acompañado a mi ama que ha salido de incognito para visitar mercados y plazas. Su cabeza va envuelta en un velo y vestida sencillamente como una esclava. Los zocos están abarrotados de gente. Allí se clavan los bandos municipales y los pregoneros recitan todo lo que hay que saber sobre lo que acontece en la ciudad. Además, los caravaneros, juglares, cuentacuentos y peregrinos, nos dan “nuevas” de lo que acaece en territorios distantes. Sanadores y milagreros nos ofrecen los prodigios de su medicina alternativa, basada frecuentemente en hechizos y supersticiones que la ciencia ignora.

Orientarse en Córduba no es tan difícil. Las piedras se han trabajado para saber dónde estamos: Los versículos del Corán adornan las fachadas de las casas del barrio musulmán, donde los almúedanos llaman puntualmente a la oración seis veces al día, desde los altos alminares de sus mezquitas de tejados verdes. Un humilladero con una soberbia cruz da entrada al barrio cristiano. Los altares callejeros de Santos, Cristos y vírgenes identifican sus calles. Y cuando llegamos a las cancelas que se cierran cada noche, y las calles se estrechan y tornan laberintos, nos encontramos con la judería. Allí se pintan las fachadas con candelabros de múltiples brazos y estrellas de David.

Cae la noche, se cierran las puertas de las murallas, las rondas de la guardia urbana pasean las calles solitarias y oscuras. El suave repiqueteo del agua en la fuente del patio nos va adormeciendo los sentidos. Las doncellas le cuentan a mi reina todos los chismes del día, siempre con un tono medio, cada vez más bajo, sensualmente misterioso.

Antes de acostarse mi señora repasa su correspondencia subiendo a la azotea. Cualquier noble andalusí tiene un magnífico palomar en casa. Estas aves mensajeras son su “correo aéreo urgente” con los familiares que dejaron en la lejana Siria y con los espías del norte cristiano,…

©Carlos Parejo Delgado

domingo, 10 de febrero de 2013

Matar al violinista

A María F. Lago
Cuando cesó la música
–había envenenado el desaliento,
al más que centenario violinista-,
autómatas perfectos
en un mundo de sordos manejado
por una casta obscena de aulladores,
por miedo a que al dormirnos devorasen
con gula nuestros sueños,
continuamos bailando
al son que nos tocaban,
que siempre, desde siempre, habían tocado
por acción u omisión,
los dueños del silencio:
era lo establecido, único modo
–según los catecismos oficiales-
de evitar la catástrofe.
Después, cuando cayeron, sin aviso
previo de las sirenas,
las bombas –fuego amigo lo llamaron-,
cansados, con las piernas aquejadas
de calambres, no fuimos
capaces de correr a los refugios.
Y entonces lo supimos. Era tarde.

Escribo ciertas...

escribo ciertas
palabras que no son
más que mentira
la inocencia del verbo
retando a la falacia

sábado, 9 de febrero de 2013

El espejo de la melancolía (LIV)

Extraviado en los límites
de un eclipse de tiempo,
hay algo de agua y algas en la boca
de sal del desterrado. Con la noche,
piedras abominables caen del vano
sarcófago espectral del firmamento
y se hunden en la mar alzando oníricas
columnas de oraciones execrables.
No habrá misericordia; falta al cántico
el ánimo caudal que se requiere
para enfrentarse airoso a la ordalía
blasfema y sofocante del silencio.

viernes, 8 de febrero de 2013

Poemas serios (XXIII)

Noche tras noche escribo
lo que no sé decir, lo que no debo
ni puedo desvelar: ese alarido,
vano lamento críptico,
con la lengua amputada,
de orfandad sin consuelo,
que pesa como roca
de Sísifo ligada
con una soga al cuello.
Y cómo me atormenta
advertir que el silencio
al que sucumbe el cántico
no es más que un eufemismo
inhumando tu nombre.

jueves, 7 de febrero de 2013

Mito

Estamos en el año
2094.
Un grupo de arqueólogos

halló hace unas semanas
con señas de no haber
sido jamás abierta
y en un lugar tenido
de siempre por sagrado,
la caja de Pandora.
De inmediato el hallazgo
desató la polémica
entre los partidarios
de abrirla con la idea
de desmentir el mito
y aquellos que, por contra,
ansiaban confirmarlo.
Hubo también algunos
individuos aislados,
tildados de insociables
por tirios y troyanos,
que abogaron, vehementes,
por dejarla cerrada.
Al fin se decidió,
tras una contumaz
y atroz caza de brujas,
desvelar sus secretos
por terribles que fuesen.
Estamos en el año
2094
y esto es el fin del mundo:
no se ha hallado en la caja
nada al abrirla, nada.

La injusticia mecánica

Hoy día, pervertida,
la Justicia en España
nos recuerda la escena -o su reverso
en lo que a su objetivo se refiere-
del "film" de Stanley Kubrick
-La naranja mecánica-,
cuando al protagonista, Alex DeLarge,
un salvaje sociópata, le instalan en los párpados
un extraño artilugio -un par de ganchos-
con el fin de impedirle cerrarlos y obligarle
a ver una tras otra películas violentas
para con este método inhumano,
llamado Ludovico en la ficción
e inspirado en los perros de Iván Pávlov,
hacerle aborrecer toda violencia.
Hoy día a la Justicia
en la Una, Grande y Libre,
al igual que a DeLarge,
le han quitado la venda,
sólo que con el fin
de hacerle tolerar las actuaciones
violentas que en España se perpetran,
siempre y cuando lo sean
desde una posición de privilegio.

miércoles, 6 de febrero de 2013

Anti tanka (9)


una elegía
no es más que una elegía
ni más ni menos
las musas del poeta
son sólo un sueño huero

La patria


A ellos, contra ellos: la jauría.

"Los trabajadores, los pueblos
sólo tienen un medio para tener patria:
hacer la revolución.”

Roque Dalton

“Cada vez que dicen patria,
pienso en el pueblo y me pongo a temblar”

Carlos Cano

Vinieron a buscarme enarbolando
banderas y, al unísono, entonando
un himno espurio al todo por la patria.
“La patria, vuestra patria, no la mía
–les dije–, es una cierva inerme, atónita
con la que se les llena
la boca a los felones que en jauría,
la acosan para, aún viva, devorarla.”
Y los mandé sin más, con sus banderas
y su himno carnicero, a hacer puñetas.

Ilustración: Paul de Vos.

martes, 5 de febrero de 2013

El espejo de la melancolía (LIII)

hablo de lo que sé
es decir de lo ignoto
de ese bajar los brazos ese vértigo
ese adusto estertor previo a la calma
con los ojos abiertos al silencio
y qué estarás pensando en este instante

Ilustración: Ophelia, de Alexandre Cabanel.

Bosque

ocultos como lobos
detrás de las metáforas
tabúes de alma lóbrega silentes rememoran
la acerba levedad de lo pretérito
la nieve es un sudario hecho rescoldo
sobre una piedra negra se desangra
el corazón del miedo

lunes, 4 de febrero de 2013

Alumbramiento


Bajo la luz menguante de un rescoldo, un ángel se diluye, enterrado en estiércol. Estamos en agosto y hace frío –nunca antes sucedió por estos pagos–, las flores languidecen quemadas por la escarcha, y el sol es una mancha enfermiza y borrosa hundiéndose en la ciénaga. El ángel gime inerme chapoteando en sus heces, siente el peso de su transmudación en pulpa y sexo, y se muerde las alas, en tanto el brío corrosivo de las horas desmenuza sus huesos. De súbito, la noche, se tiende como un muerto sobre el filo opaco y terminal del horizonte. Nadie escucha el lamento del ángel: dios ha muerto, y el nuevo ser nacido del despojo de una ilusión celeste, es lo único que, efímero y sin sentido, existe.

El túnel del tiempo de las comunicaciones (2): Roma Siglo I DC (Carlos Parejo)


El invento del topógrafo hace que se hable de todo lo referente al espacio y la distancia como una geometría medible en millas y escenificable a través de mapas, y no sólo como una percepción personal. A la par, el imperio romano tiene sus limes, con sus puestos fortificados y sus aduanas. Se comunica entre sí organizadamente por las calzadas y vías de piedra, el precedente de las modernas autovías. O por el mare nostrum, que se abre en primavera con los carnavales y se cierra a la navegación cuando empiezan los temporales que anuncian el invierno.

Meteoro, mercader de especias orientales, gusta pasear por la mayoría de las ciudades romanas que, excepto la capital, tienen dimensiones modestas. Cada persona porta su identificación legal, pues ha de estar censada y empadronada. Hay quienes tienen el privilegio de ser ciudadanos latinos y romanos, y después están los emigrantes, que son otra cosa. Y, además, la escala de tratar a cada cual varía infinitamente según seas una persona libre, liberta o esclava. La costumbre del sometimiento de la mujer al varón, típica de los pueblos bárbaros, ha ido desapareciendo. Las mujeres romanas no tienen pelos en la lengua. Tienen derecho a sentarse a la mesa con los hombres, a insultar, a tener amantes y divorciarse, a salir solas por la calle…

Van pasando las horas: Prima, Tercia, Sexta, Nona. La calzada, le parece a Meteoro, va subiendo su corriente vital. Se hace más intenso el ruido producido por el roce -sobre las losas de piedra- de las sandalias de los transeúntes y las yantas de los carros. Cada cual lleva su traje distintivo. Todo el mundo se aparta voluntariamente cuando pasa la toga de un senador con franjas púrpuras en la manga; el soldado con su casco y penacho de plumas; o el pedagogo luciendo su capa y bastón, las barbas lacias y unas sandalias negras con cordones blancos. La dama de alcurnia se hace conducir en su litera o silla de manos y tiene su esclavo delantero, que se abre paso con el látigo, y dos niños pajes a ambos lados, vestidos con túnicas inmaculadamente blancas y con el pelo teñido de oro.

Los militares se reúnen en los gimnasios, espacios que les están reservados para su formación atlética. El resto de La ciudadanía acude a los templos, los foros, las tabernas y los baños públicos, donde se pasa todo el día tertuliando pausadamente. Meteoro observa que, después de la hora Quinta, los tenderos le hablan con abruptos monosílabos, esperando que retire prontamente la mercancía. Los taberneros se apresuran a echar el cierre a sus negocios. Todo el mundo camina con prisas. Nadie quiere perderse los juegos gladiatorios. ¡Cómo si fuera un partido de fútbol de los eternos equipos rivales¡. Allí descubre que ya se usa el lenguaje dáctilo-gráfico como una forma de comunicación masiva. Para determinar la muerte los espectadores inclinan el dedo pulgar boca abajo, y para la clemencia del vencido lo alzan hacia arriba. El gladiador triunfante recibe una corona de laurel y numerosos ramos de flores, regalo entonces no sexista.

Las masas abandonan el circo. Cae la noche en la ciudad, dejando sus excepciones luminosas. Las vías principales se identifican por las columnas luminarias de sus aceras. Puntualmente, linternas informan de los lugares de placer, las rojas para las prostitutas y las verdes para los homosexuales. Meteoro ha sido invitado a cenar por el cónsul Próculo. Allí, los nobles patricios, que han recibido una educación esmerada - griego, retórica, geografía e historia, ética y filosofía,…- hablan variada y refinadamente con sus comensales mientras les enseñan los curiosos tesoros de sus bibliotecas y pinacotecas para mayor lucimiento personal… Después, Próculo se ha tumbado en un triclinio y recita poesías picantes a una dama que se ha adueñado de sus ojos. También hay anfitriones tímidos e introvertidos que llegan a alimentar de gañote a algún personaje famoso para que, con sus chistes e imitaciones, le asegure una distinguida concurrencia a sus fiestas. Contrasta este refinamiento artístico y gramatical con el comportamiento de los romanos mientras se alimentan. Devoran entre seis y once platos con sus copas siempre llenas de los más variados vinos y licores. Arrojan los restos de sus tragos de la boca al suelo para que los esclavos los recojan. Están a la orden del día salivazos, pedos, eructos y vomiteras, que se provocan a sí mismos para poder seguir comiendo.

Allá en el campo, los correos militares no están tan ociosos. Recorren continuamente el imperio trasmitiendo avisos, mensajes y órdenes que mantienen la “pax” romana. Son tanto más importantes y urgentes de portar, cuanto lo sea el sello del anillo que imprime el remitente: un centurión, un senador, un procurador, un cónsul, o el mismo imperator.

© Carlos Parejo Delgado

domingo, 3 de febrero de 2013

Poemas serios (XXII)

En la noche, espantoso,
me ha desvelado un grito:
mi aliento desbocado con tu nombre.
No ha sido,
por fortuna,
más que un sueño.

Violeta

Comprendo que haya poetas
de pluma enhiesta e inquieta
que en el café “Los estetas”
emborronen servilletas
mientras, porque el hambre aprieta,
toman leche con galletas
y echándole mucha jeta,
con la mano en la bragueta,
no quitan ojo a las tetas
que dominan la silueta
embriagadora y coqueta
de la barwoman, Violeta.
Lo comprendo ¡qué puñetas!
Pero como estoy a dieta
y odio a muerte las galletas
y además no soy poeta
y si la penuria aprieta,
aun no siendo anacoreta,
más que otra cosa, me inquieta
consolarme por la jeta,
con la mano en la bragueta,
echando el ojo a las tetas
colosales de Violeta,
en lugar de servilletas
utilizo una libreta.
Y si la tengo completa,
papel del váter ¡puñetas!

sábado, 2 de febrero de 2013

Chunda, chunda, chunda, chunda, chunda...

Si Ludwig van Beethoven
volviese, como dicen que hizo Lázaro
–y yo que no termino de creérmelo–,
del mundo de los muertos,
en vista del estruendo que preside
las actuales tendencias musicales,
no rogaría a dios lo devolviese
a su tranquila tumba con urgencia;
Beethoven, ya es de sobra conocido,
al fin de su afinada vida estaba
más sordo que una tapia.