La flor del tabaco
-
*(Pues si mata… que mate)*
*A Manolo Rubiales –echando humo.*
*Ayer noche, al quedarme sin tabaco*
*–Estaban los estancos y colmados,*
*Los quioscos...
sábado, 17 de diciembre de 2016
De lo eterno
Buscamos la palabra por eriales
de silencios sin nombre,
de soledades y ansias
rebosantes de espinas, de semánticas
sin hálito ni aurora
simiente de horizontes.
Buscamos, la buscamos
con ahínco, sin fe,
con de - ses - pe - ra - ción,
esa hermana gemela
de la ambigua esperanza.
La buscamos y un día,
después de huronear los taciturnos
rincones de un sinfín de diccionarios
para no sucumbir al desconsuelo
de no alcanzar a hallarla,
convenimos, cansados,
que existe, como dios
o el tiempo, pero obviando la evidencia
de que si al fin, por causa
de una azarosa y rara serendipia,
pudiésemos sentirla
un breve instante al menos
al borde de los labios,
no nos sería útil para nada.
viernes, 16 de diciembre de 2016
Presentación
Hoy siento, sin llegar
a entender las razones
—nunca antes me ha ocurrido—,
deseos de presentarme,
pero no encuentro nada
digno de ser contado.
Mejor que digan otros;
y, por favor, que insulten,
denigren, hagan sangre...
que, para los halagos,
quién mejor que una madre.
Jazz
Improvisé un poema.
"Ansiar que ya no duela.
Temer que deje un día
de doler, que no duela-ese imposible.
Doler con más encono
en los raros momentos
en los que apenas duele.
Es la jodida madre
de todos los dolores."
¡Magnífico! -me dijo.
Y yo pensé: terrible.
(Pasará este dolor...
pero doliendo siempre)
jueves, 15 de diciembre de 2016
Serrano Suñer
Más allá del adulterio,
nada tras aquellos ojos
escondido: odio a los rojos,
paredón y cautiverio,
mientras desde el Ministerio
de Exteriores ofrecía
franco apoyo a la jauría
de Hitler y sus secuaces.
No seamos, pues, falaces
templando su biografía.
Y Marbella fue el diluvio... (Agustín Casado)
Y Marbella fue el diluvio,
un agua va, un jarreo,
lo de Noé un chispeo,
y Nabeul el Danubio.
Como lava del Vesubio
en imparable chorreo
al Marítimo Paseo
las fecales y su efluvio…
Y aunque to’l mundo se moja
porque llueve para todos
y para todos hay lodo
se te queda la congoja
que unos menos, paradoja,
y otros más de cualquier modo.
Texto e ilustración: Agustín Casado
miércoles, 14 de diciembre de 2016
Crónicas del Régimen (16)
El que, mientras otros se dedican a reducir a cenizas el país impunemente desde las instituciones, a unos individuos los procesen por quemar unas fotografías del ciudadano Borbón, no deja de ser un anacronismo propio de la Edad de Piedra. ¡Cuándo dejará Esperpentaña de ser reserva inquisitorial de Occidente!
(y hasta sin "mientras")
Evanescencia
Comienzan a sobrarme las palabras.
Hasta el verbo hecho carne
putrefacta me sobra.
Mi sed y todo yo,
ya apenas un pronombre
taciturno e inhóspito,
nos vamos diluyendo
aprisa en el silencio.
Se me está haciendo tarde justo ahora
que empiezo a ser poeta.
martes, 13 de diciembre de 2016
Poema
Llega, oh, la Navidad con su paz y su amor confitados, su solidaridad en almíbar y su edulcorado discurso de aceite de ricino y tentetieso monárquico-constitucionalista heredero de los tiempos en poco blanco y mucho negro del NODO y las Historias para no dormir de Ibáñez Menta y los ajusticiados al alba por el Régimen. Y para ser unos perfectos patriotas de arriba España en este país de todos los demonios como dios manda, nos las habremos de ingeniar para materializar esa inverosímil cuadratura del círculo consistente en incrementar el consumo a fin de levantársela a la economía patria, a la par que continuamos transitando como sigilosos y apacibles corderitos por la estrecha y tortuosa senda de la austeridad a objeto de contribuir al cumplimiento de los objetivos para la reducción del déficit que nos marcan nuestros despóticos soberanos del totalitarismo financiero global a través de sus instituciones-títere como la Comisión y el Banco Central europeos. Así que nada de pavo y menos aún de jamón de Jabugo o gamba blanca de la costa de Huelva. Este año, autopistas con papas.
Teoqueteveocracia
Nos engañaron repetidas veces
y seguimos creyendo.
La fe es nuestra collera.
Hay que derruir liturgias
e iconos con colmillos
de víbora y los pies
de barro. ¡Apostatad!
¡Apostatad, malditos!,
y uníos al ejército
de los que nada tienen
que perder, porque nada
les dejó la jauría.
lunes, 12 de diciembre de 2016
Crónicas del Régimen (15)
Morraya Sáenz de la Santa Madonna aparca el coche oficial en el carril bus de la Gran Vía pa' ir al Primark y pa' que nos distraigamos de la subida del IVA, el saqueo de la hucha de las pensiones y de otras muchas menudencias perpetradas y a perpetrar por el gobierno que vicepreside.
BONUS TRACKS
La vidorra de C. Brian.
(nunca segundas partes fueron buenas)
. . . . . . . . . . . . .
¡Los muy hijos del todo atado y bien atado!
Cuentos de la Calle Castilla (14) (Carlos Parejo)
Estamos en el año 1592 del nacimiento de Cristo. Por un espeso naranjal me dirijo desde el Monasterio de la Cartuja a la “Cava”, o foso lleno de agua que rodea de forma ovalada desde la Torre del Oro hasta aquí, el barrio de Triana. Tras atravesar su pasarela mis ojos quedan fijos en la larguísima calle Castilla. Domina el perfil de la calle el grandioso edificio de las Almonas Reales, fábrica donde se elabora el famoso jabón sevillano que se embarca para América, Inglaterra y Flandes. Donde no hay campo, las casas bajas están pulcramente encaladas. Las cubren tejados a dos o cuatro aguas con tejas morunas que se fabrican aquí en gran abundancia. Sus moradores se emplean en estas fábricas o son hortelanos. Varias viviendas tienen grandes patios con huertas que riegan mediante pozos allí excavados. Curiosamente, todas las fachadas dan la espalda al río, del que las separa un continuo de gruesos tapiales y una enmarañada maleza, así se protegen de su humedad y, sobre todo, de las inundaciones. Descabalgo en una de las posadas que han abierto para viajeros. Un esclavo negro conduce mi caballo al establo, para reponer sus fuerzas con agua y paja; allí le coloca herrajes nuevos un moreno o gitano. Se dice que estos tienen aquí sus mayores poblaciones dentro de la capital. Al dar mi nombre al posadero, un viejo marinero se descubre el sombrero y exclama: “Es un honor para mí, señor Rodrigo de Pinzón, encontrarme ante un pariente del marinero trianero que avistó las Américas por primera vez”.
(¢) Carlos Parejo Delgado
domingo, 11 de diciembre de 2016
Langosta, vieira y codorniz en el Salón Azul
Alfred Nobel hizo su fortuna fabricando muerte. Y es por esto que al final de sus días, tratando de mitigar su sentimiento de culpa y, tal vez, de hacerse merecedor de la misericordia de un dios inexistente, la legó en su testamento para premiar a “aquellos que durante el año precedente hayan realizado el mayor beneficio a la humanidad”.
En un principio la concesión de los premios debió servir en muchos casos a los premiados para continuar su labor científica, literaria o a favor de la paz. Eran otros tiempos en los que era raro hacer fortuna a partir de tales disciplinas. Pero hoy día van a parar a manos de personas que, aun siendo merecedoras de recibirlas en muchos casos, no lo necesitan para vivir, pues ya viven muy bien, ni para dar continuidad a su creatividad, investigaciones o militancia solidaria (se ruega no se tenga en cuenta esta afirmación para el caso de Esperpentaña). Hoy el Nobel, salvo en honrosas excepciones, es concedido a multimillonarios.
No estaría, pues, de más hacer una reforma en profundidad del galardón. Alfred Nobel, sin duda alguna, lo habría aprobado. Así, los actuales laureles deberían ser concedidos como mero reconocimiento (evitando, eso sí, por ejemplo, la concesión del de la Paz a redomados asesinos) sin asignación económica para, con el dinero liberado, habilitar nuevas categorías de premios: el Nobel de la Miseria, del Hambre, de la Guerra… destinando la parte económica a paliar los efectos de estas lacras allá donde más se necesitase. Premio Nobel de la Guerra a la ciudad de Alepo.
Y para incrementar esas aportaciones económicas destinadas a mitigar levemente tanta ignominia, en el banquete de gala de la entrega de los premios se debería servir un menú de seis euros, habiendo cada asistente (esos miembros ociosos de unas realezas anacrónicas y despilfarradoras o de esa nueva aristocracia de sangre roja desteñida y tóxica) de abonar su precio multiplicado por mil, que para estos no deja de ser calderilla.
Y que todos los años cante Patti Smith y se confunda a causa de la emoción, pero sin volver nunca a entonar de nuevo un “lo siento mucho, me he equivocado, no volverá a ocurrir” que más que a ella, correspondería siempre al tan hipócrita como insolidario auditorio.
sábado, 10 de diciembre de 2016
Esto tampoco es un poema
(Desechos reservados)
Caga un mojón hediondo
y, una vez esté seco,
colócale un lacito
rosa de PVC.
Luego súbelo a facebook
y hazte publicidad
hasta haber alcanzado
un número abultado
de fieles seguidores,
que, vástagos de la era
del fast food, aseguren
que les gustan tus mierdas
virtuales. Poco tiempo
después un editor
de mierda, convencido
de sacar un buen pico
vendiendo tus boñigas,
publicará en papel
tan sucia verborrea
y así podrán, con gula,
consumirlas tus fans
en vivo y en directo.
¡Enhorabuena! Ya eres,
sin la menor noción
de lo que es la poesía,
un poeta de mierda.
(crítica literaria)
El sol y el laberinto
A Anita Porfanchuk
brillará el sol de nuevo
y el laberinto
mostrará para ti en cada recodo
ese algo ignoto inalcanzable
que alienta tu periplo,
haciendo que te niegues
a traspasar la puerta
que oculta tras de sí la honda tiniebla
(diciembre de 2011)
viernes, 9 de diciembre de 2016
Batiburrillo (3)
Todas y todos somos aquí inmigrantes. Y más tarde o más temprano acabaremos siendo repatriados. Vinimos de la nada. Así, la xenofobia sólo puede ser categorizada como una de las más violentas y nocivas patologías psicosociales. Más lobotomías y menos, cuando no aplausos, tolerancia.
(a tomar por Le Pen el Ku Klux Trump)
. . . . . . . . . . . . . .
Constrictorción apañola.
. . . . . . . . . . . . . .
Los torturadores suelen asistir a misa domingos y fiestas de guardar. Son cosas de su santo oficio.
. . . . . . . . . . . . . .
Esperpentaña es una gran nación y los espaguiñoles muy papagayotriotas y mucho papagayotriotas.
. . . . . . . . . . . . . .
Trump es rubio de bote (y no me hagáis rimas).
El largo y vacío día de después
No tenemos más piel que la memoria
para enfrentar al frío.
Es un órgano frágil con cimientos de barro,
pero con tanto fuego
que igual que nos abriga
bien puede devorarnos.
Ese es el desafío:
domesticar el fuego.
para enfrentar al frío.
Es un órgano frágil con cimientos de barro,
pero con tanto fuego
que igual que nos abriga
bien puede devorarnos.
Ese es el desafío:
domesticar el fuego.
jueves, 8 de diciembre de 2016
San Pedro (Agustín Casado)
Jamás nunca una opinión
-bueno, dos exactamente-
resultó tan influyente
como precio de un sillón.
Gel, vaselina y jabón,
un poner paños calientes,
un no problem reverente
ante cualquier petición.
No hay que dar a los enfrente
la más mínima ocasión
de poner una moción.
Por eso lógicamente
hace piña el buen regente
y está a partir un piñón.
Texto e ilustración: Agustín Casado
miércoles, 7 de diciembre de 2016
Elegía
A mi madre y a mi hermano José Manuel,
que durante tanto tiempo se estuvieron
dando mutuamente la vida.
cincuenta y una horas
de espantosa agonía,
lloraba el cielo a mares.
Durante la agonía de mi madre
estuvo diluviando de tal modo
que era como si todos
los dioses, al unísono,
llorasen sin consuelo
lamentando su pérdida.
Nunca lo tuvo fácil
-el porqué y los detalles
no vienen ahora a cuento-
ni en vida ni en las horas
aciagas de su muerte,
pero fue una mujer
luchadora que dió
desde el principio al fin
la vida por sus hijos,
una madre valiente
que al final de sus días,
pese al cansancio, el tedio,
el sufrimiento de una
vida apenas sin vida,
trató de continuar
viviendo, batallando
sin tregua por nosotros
hasta el último aliento.
(Pero esta vez, mamá,
esta maldita vez
no te ha sido posible
seguir dando batalla,
mi vida, madre buena.)
Nunca he creído en dioses
ni en una vida nueva
más allá de la muerte.
Hoy, menos, sin mi madre.
Pero ella era creyente
y os juro que en las horas
eternas de su muerte
lloraba el cielo a mares.
lunes, 5 de diciembre de 2016
Cuentos de la Calle Castilla (13): Años 30 (2) (Carlos Parejo)
Había entonces en la Calle Castilla no más de una docena de casas patio con balcones sobresalientes, cuyas cristaleras multicolores sujetaban firmemente herrajes y rejerías afiligranadas. Tras sus visillos las vestiditas niñas de las familias respetables contemplábamos cuanto sucedía fuera. Y si no pasaba nada hacíamos bordados, calcetas, zurcidos u otras labores; recitábamos versos, leíamos en voz alta, cantábamos coplas acompañadas del piano familiar, o rezábamos el rosario. Estaba prohibido que saliéramos a la calle, excepto cuando íbamos acompañadas de las criadas a las escuelas de niños y niñas. Tan sólo recibíamos en casa a algunas otras gentes importantes como el médico, el farmacéutico, el párroco o el procurador. Para ellos se abría media docena de veces al año el inmaculado y coqueto salón de las visitas, el que congregaba nuestros mejores cuadros, muebles y porcelanas. Cuánta envidia nos daba el ama de cría, que sacaba a pasear a los bebés hasta el monasterio de la Cartuja o a la vera del río Guadalquivir cuando venían los días soleados y suaves. Y no digamos la chica de los recados. Era la que se sabía mejor todos los chismes del vecindario. No en vano, desde la primera claridad del día salía a la carbonería y luego a comprar los desayunos en la lechería, la confitería y la tienda de pan y tortas; a media mañana hacía lo propio con las comidas yendo a las tiendas de comestibles y ultramarinos, a las de chacinas y a la frutería. Los días festivos eran la excepción a nuestro habitual encierro, pues íbamos a misa a la iglesia del Patrocinio o a la parroquia de la O; luego acudíamos a la sesión infantil del Cinema Triana y nos sentábamos en la única freiduría o el único restaurant de la calle, dándonos el lujo de comer al aire libre. Las casas de comidas y las posadas, así como las tabernas –que eran muchas-, sólo las veíamos de paso. Entrar en ellas era tabú para las familias respetables. Con todo, nuestro momento mágico era ir al fotógrafo Don Joaquín, e inmortalizarnos en sus placas sepias, con motivo del nacimiento, la primera comunión o boda de alguno de nosotros.
(¢) Carlos Parejo Delgado
domingo, 4 de diciembre de 2016
Gases lacrimógenos
Señores muy progres de toda la vida, pendientes día y noche de que en la prensa cavernaria patria publiquen que a un miembro de Unidos Podemos se le ha escapado un pedo, pa' tirarse a degüello en las redes sociales.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)




















