domingo, 30 de septiembre de 2007

El doble

Al principio pensó que con el paso del tiempo llegaría a dejar de extrañarlo. Pero día tras día le crecía en la memoria el cáncer de su ausencia. Y se sentía sola y aislada, insoportablemente sola y aislada.

Llegaron a ser tan grandes la desesperanza y el vacío que la embargaban, que, tratando de no extraviarse para siempre al fondo de un abismo de silencios, decidió crearlo de nuevo a partir de la nada. Como a uno más de esos personajes a los que daba vida en sus cotizados relatos.

Lo llamó Mario.

Le creó un apartado de correos desde el que él correspondía, una vez por semana, a sus cartas de amor y deseo. Más tarde, le alquiló un pequeño apartamento en la plaza Zabala, y cada noche le dejaba varios mensajes en su contestador automático. Ni una sola vez dejó él, a la mañana siguiente, de responderle a su buzón de correo electrónico.

No hubo de transcurrir mucho tiempo para que Mario cobrase la vida suficiente como para pasar a ser el alter ego de Julia. Y así eran felices, dolorosamente felices, y, aunque no lograban encontrar el momento propicio para estar juntos, estaban convencidos de que ya nunca podrían vivir el uno sin el otro.

Hasta que una noche, al comprobar los mensajes almacenados en el contestador, no hubo ninguno de Julia. Ni a la noche siguiente.


Enero de 2007

La flor de hielo

Ante la espada de la soledad

Grité de espanto.


Todo era silencio en la noche sin lluvia ni susurros,

Y en esa bruma densa que se agita en los párpados cerrados cuando el recuerdo se vuelve alimaña,

Sonó un eco desconocido,

Espectral y metálico.


Fulgió la sangre estallando ante el golpe de aquel espejo de opacidad sublime

Y cegáronse como arduos misterios los tímpanos por siempre:


Grito suspiro, grito amapola, grito enronquecido de sin mañanas

Ahogado en el azogue,

Grito como la flor en la nieve tardía,

Triste ceniza de hielo sin llama.

sábado, 29 de septiembre de 2007

Dime como te llamas y te diré de que época vienes


Yo quisiera hacer un llamamiento, de manera especial, a los hombres del ejército. Y en concreto, a las bases de la Guardia Nacional, de la policía, de los cuarteles... Hermanos, son de nuestro mismo pueblo. Matan a sus mismos hermanos campesinos. Y ante una orden de matar que dé un hombre, debe prevalecer la ley de Dios que dice: "No matar". Ningún soldado está obligado a obedecer una orden contra la Ley de Dios. Una ley inmoral, nadie tiene que cumplirla. Ya es tiempo de que recuperen su conciencia, y que obedezcan antes a su conciencia que a la orden del pecado. La Iglesia, defensora de los derechos de Dios, de la Ley de Dios, de la dignidad humana, de la persona, no puede quedarse callada ante tanta abominación. Queremos que el gobierno tome en serio que de nada sirven las reformas si van teñidas con tanta sangre. En nombre de Dios y en nombre de este sufrido pueblo, cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: Cese la represión.

Óscar Arnulfo Romero y Galdámez


Cuando nació Óscar hacía muy poco tiempo que Monseñor Romero había sido asesinado mientras impartía la eucaristía al día siguiente de hacer su llamamiento a los miembros de la policía y el ejército salvadoreño instándolos a la desobediencia ante las órdenes de matar. Los padres de Óscar pensaron bautizarlo con el nombre del mártir de la paz como sentido homenaje. Pero su madre, finalmente, pensó que igual cuando creciese podría no gustarle que lo hubiesen bautizado con el nombre de un muerto. Así que Óscar Arnulfo se quedó sólo en Óscar. No obstante, en la intimidad, había veces en que lo llamaban Arnulfo. Cuando Óscar conoció aquella historia, aún siendo un niño, pidió acudir al Registro Civil para recuperar el nombre que debió llevar desde un principio.

¡Cómo cambian las mentalidades y los tiempos! Hoy a los niños los llevamos a bautizar y les ponemos Ronaldinho o hasta Jennifer López, así con apellido y todo.


Pena capital

Como última voluntad, pidió morir degollado. Pero, en una acto de suma impiedad, sólo le arrancaron las cuerdas vocales.

Eulalia y las mordazas

Aquella mañana se amaneció gris y fría; con una pesadez plomiza que parecía querer sepultarlo todo. Nada más despertar, como cualquier otro día, lo primero que hizo fue recordarlo. Y después se sentó a esperar junto a la ventana. Al fin y al cabo, el año anterior, cuando no iban peor las cosas, él la había llamado para felicitarla. Sabía que en esta ocasión no lo haría, pero aun así estuvo todo el día esperando. Al fin, cuando sonaron las doce de la medianoche, por no asumir que él ya la había dado por muerta para siempre, prefirió engañarse pensando que simplemente lo había olvidado. Y, muda, comenzó a vagar por los pasillos, arrastrando sus cadenas.

Brindis


Sola en la barra del bar,
como borracha perdida
sin apego por la vida,
anoche bebió llorando
cien copas de vino blanco...

Vino triste, vino amargo...

¡A su salud!, por supuesto.

Ilustración: Eve Arnold, "Bar Girl in a Brothel". Havana, Cuba, 1954.

El sueño

Desde que comenzó a tener uso de razón –no queráis saber porqué, pero eso fue algo que sucedió ya casi en el otoño-, quiso entrar, de algún modo, a formar parte de la leyenda; no una leyenda épica y estridente, sino una leyenda íntima y armoniosa como el poema que se escribe en un árbol que sólo habitan dos náufragos. Pero al fin, aquella noche de invierno, comprendió que se había quedado sin tiempo para vivir su locura. Así que puso a sonar la voz de Loreena Mckennitt, la misma canción repetida hasta trece veces en el mismo CD, y se fue a dormir. “...Dreaming, I was only dreaming, I wake and I find you asleep in the deep of my heart, here...”

El pez y la lila celeste

Sigo aquí, entre las olas, marchito.

Aunque mis brazos no se alcen en grito

Para pedir auxilio, sigo aquí,

Naufragando en anhelos sin salida.


A la deriva, a esta tempestad

De ausencias y silencios, sigo atado,

Sin una mísera brizna de viento

Que inflame mi esperanza. Y en la asfixia


De castillos de arena en las arterias

Gime mi aleta caudal confundida

Y hondo salitre me muerde las branquias.


Llevo un anzuelo clavado en los sueños

Como las lágrimas de un dios caído

Y una lila celeste cual mortaja.

Bilis

Gran maldad
Tu desprecio;
Mi orfandad
Gran maldad.
A mi edad
Ser tan necio;
Gran maldad
Tu desprecio.

La represión

De tantas mordazas, estaba cantado que acabaríamos mudos.

viernes, 28 de septiembre de 2007

Cine mudo



Mi vida ya no es vida. Se parece
A una película de cine mudo
Donde un trémulo actor, triste y desnudo,
Yace en un blanco y negro que “ennochece”

Igual que un hondo abismo. Se adormece
Ahogado el tímpano, se me hace un nudo
En la garganta, y por los ojos sudo
Sol a gritos. Y todo así perece,

El patio de butacas gris, vacío,
Y solo con mi espanto, hastiado río
Como un loco bufón. ¡Luces, acción!

-Tan sólo sombras-. ¡Música maestro!
-Sólo silencio-. Y sigue, atroz, siniestro,
Proyectándose el drama sin guión.


(Septiembre 2007 - noviembre de 2011)

Paradoja

Desde el día en que marchaste,

Sumido en vértigo quedo,

Te busco sin encontrarme.

Sierpe

Tu ala blanca se ha mudado en serpiente
Y viborea. De su antigua seda,
Cual la escama de un monstruo, sólo queda,
Áspero, de lágrimas un torrente

Ardiendo en los párpados. ¡Qué doliente
Rosal harto de espinas! ¡Qué vereda
Salpicada de infiernos! ¡Qué humareda
Amarilla de veneno! –un diente

Ficticio se me clava dentro el alma
Con tu recuerdo-. Ya no tengo calma
Para buscar un antídoto. Sólo

Busco y busco tus colmillos de fuego
A sangre abierta. Úsalos y luego
Deja mi cuerpo en el páramo, solo.

jueves, 27 de septiembre de 2007

Violeta y el baúl americano

Una historia de supervivencia, esperanza, espíritu de lucha y entrega

“Escribo/ en defensa del reino/ del hombre y su justicia. Pido/ la paz/
y la palabra…”

Blas de Otero.



Cuando Paco Tovar, a través de un programa de Radio Nacional de España, conoció la historia de Manuela Rejas, quedó profundamente fascinado por la sugestiva personalidad y las intensas vivencias que ésta atesoraba en sus 82 años de existencia. Y, persona emprendedora y solidaria donde las haya, decidió que tan fructífera experiencia no merecía perderse en las ciénagas del olvido, que era necesario que alguien nos brindase la oportunidad de conocerla y de recoger el testigo del profundo humanismo, de las ganas de vivir y del amor al prójimo de esta mujer que fue y sigue siendo la primera mujer ilusionista de España, de esta mujer que, llena de vitalidad a su edad, aún sigue ofreciendo ilusión a través de su magia.

Porque la de Manuela es una historia de determinación ante la vida, de rebeldía ante la injusticia, de darse a los demás, de honradez, de ansias de libertad y de espíritu de superación, valores todos que, por desgracia, hemos terminado olvidando en la vorágine de este tiempo a contrarreloj que nos ha tocado vivir y que a marchas forzadas, sin que apenas nos demos cuenta, nos devora.

Manuela nació en el contexto de la España de los años 20 del pasado siglo, un contexto que reservaba a las mujeres el mero papel de esclavas domésticas sin posibilidad alguna de emancipación ni de desarrollarse como seres humanos. Eso lo supo bien pronto Manuela al nacer “en el lugar del hijo” que su familia esperaba y sufrir desde entonces el rechazo y el maltrato de unos padres que nunca llegaron a creer en ella ni a quererla. Pero, a pesar de esa soledad que marcó su infancia, Manuela nunca se rindió ante los continuos reveses que fue recibiendo de la vida ni dejó de luchar en pos de sus sueños. Unos sueños que florecieron en su corazón a la edad de 11 años cuando decidió, ante la burla y la falta de fe de los que la rodeaban, que quería ser ilusionista para repartir magia y esperanza entre sus semejantes. Y así comenzó su continua lucha contra las adversidades, contra la miseria de la guerra y la posguerra, contra el hambre y la pobreza y, ya, en los últimos años de su vida, contra un cáncer ante el que nunca se ha rendido.

Y así, con esa esperanza y espíritu de lucha siempre irredentos, Manuela alcanzó su sueño de ser ilusionista, de hacerse a sí misma hasta convertirse en una persona que va repartiendo ilusión allí donde aparece. Una ilusión que recogió de la maleta de un mago ajusticiado por los fascistas y del baúl americano de Iris -su eterna amiga y mentora, la que la ayudó a convertirse en Violeta, la maga Violeta-, cuyos valiosos contenidos no deberían perderse el día que venga a reclamarla la muerte. Y ese es el objetivo del proyecto de Paco Tovar y de todos aquellos que se han sumado al mismo: que el espíritu solidario, rebelde y vital de Violeta no termine perdiéndose en la maraña del tiempo, porque, en el fondo, todos, de algún modo, llevamos en nuestro interior a una Violeta esperando a que alguien la abone de ilusión para que florezca.

Un proyecto consistente en la realización de un documental, con guión basado en las memorias autobiográficas de Manuela, recogidas en su libro inédito “Anécdotas y vivencias de una ciudadana del mundo”, y con ella misma y sus grandes valores humanos como protagonistas, que comenzará a rodarse el próximo 12 de octubre en Veguellina de Órbigo, el pequeño pueblo de la provincia de León en el que reside Violeta y donde continúa repartiendo su ilusión y su magia de manera desinteresada.

Un proyecto en el que, junto con Paco y entre otros, participan de manera totalmente altruista Rocío González, Luna Baldallo, Eloy Botello, Licinio García, José Manuel Roldán, Oscar Arnulfo González –al que tuve en mis brazos casi recién nacido-, Guillermo Mora, Carlos Ferrer y Carolina Toscano.

Un proyecto serenamente transgresor que da la Paz y la Palabra a Violeta en la esperanza de que con su historia empecemos a desandar lo andado en este mundo que ningunea la experiencia y hace de la tecnología y las –cada vez más pasajeras– modas el sumum de la felicidad. Un proyecto que pretende que recojamos, al menos, parte del testigo que nos ofrece Manuela Rejas, porque si somos capaces de aprender de su espíritu de lucha, de su amor por la vida y al prójimo, de su pacífica rebeldía, estaremos poniendo los cimientos que pueden llevarnos a construir otro mundo posible.

Gracias Manuela, Violeta, gracias Paco, gracias a todos.

Orden de desahucio

Con la lengua de barro
Edificó palabras
Que en precario equilibrio
Amenazan rüina.

(Sangre en la hoguera,
Adobe en las olas,
Cimiento en la ciénaga).

El desahucio inminente
Olvidó los puntales
Del susurro en un eco
Desterrando el silencio.

(Fulgor sin estrellas,
Estancias vacías,
Adagios sin seda).

Con los sueños de trapo
La nostalgia sin llama
Se consume en el frío
De vigilias de espanto.

(Sin olas ni aliento
Mi lengua de trapo
Se ahoga en silencio).

miércoles, 26 de septiembre de 2007

Tras la pared

Semántica castrada,
diálogos vencidos,
dialectos censurados;

idiomas silenciados,
el léxico rendido,
la voz decapitada;

mensaje amordazado,
quejido reprimido,
epístolas calladas;

palabras cercenadas,
aullido enmudecido,
poemas degollados.

(Tras la pared
--------------------- lengua de mármol).

Revolución negada

Hoy quisiera
(como ayer, como mañana)
germinar unos versos como espada,
arista amputando fronteras
negras de sangre en las playas
y cercenando las manos
a los que guardan con celo
tanta fortuna robada
(martillo
legando herejías,
tijera
contra alambradas).

También
quisiera
(como ayer, como mañana)
transformar cada metáfora
en afiladas esquirlas
contra el corazón protervo
de los puercos que trafican
con los cuerpos, vil carroña,
y se nutren con sangre de burdel
y vísceras que esparce la metralla.

Y, quisiera
(como ayer, como mañana),
por qué no,
decapitar,
sin medida ni asonancias,
a cada falso profeta
que en minaretes o altares especula con las almas
(golpes de seda en el pecho,
guantes de acero que arrasan
con su contrición hipócrita
y derechos de pernada).

Hoy
(como ayer, como mañana)
quisiera ser
desmedida hipérbole, pesada bota de acero
para aplastar las entrañas
de la falsa progresía
que mira para otro lado
tras sus arengas vacías
e ideal de mangas anchas.

Hoy
(como ayer, como mañana)
quisiera
que cada estrofa fuese
barricada,
puño en alto resistiendo,
avanzando,
golpeando a contracorriente,
con saña.

Hoy quisiera
(como ayer, como mañana)
parir, a dolor y sangre hirviente,
un poema monstruoso con que aterrar a los cómodos,
a los cautos,
a los pusilánimes,
hasta a los valerosos;
epanadiplosis tras epanadiplosis
de revolución.

Pero hoy
(como ayer, como mañana)
es bien sabido
(en la Historia se constata)
que la revolución
nunca la hicieron hambrientos.

Y hoy
(como ayer, como mañana)



me faltas.

Mayo de 2006

Magia negra

Loca de amor y remordimientos desde el mismo día en que le dijo que se marchara para siempre, Claudette terminó pensando que sólo con su muerte podría liberarse de las ansias que sentía por buscarlo para pedirle que volviese a su lado. Incapaz de soportar durante más tiempo la angustia que le producía tanta indecisión, justo la noche en que se cumplían dos años desde que propició la ruptura, mandó llamar al hechicero de la aldea y, con todo detalle, le expuso su caso.

- Así que crees que sólo con su muerte lograrás liberarte de tu tormento, que deseas su muerte... Por lo que cuentas yo no estaría tan seguro. Pero si es lo que me pides, que así sea. Pero para realizar mi sortilegio necesito algún objeto que aún te una a él.

Claudette, temblorosa y sin poder evitar una lágrima, le entregó una fotografía de ambos que llevaba entre la ropa y su cuerpo a la altura del corazón, mientras cerraba los ojos para evitar contemplar el macabro ritual que estaba desencadenando.

- Para que surta efecto mi magia, mujer, ha de ser contemplada por tus ojos –dijo entonces elevando la voz y con solemnidad el hechicero.

Tras unos minutos de danza y cánticos que parecían provenir del mismo infierno y que a Claudette se le hicieron interminables, el hechicero alzó su brazo izquierdo y de un golpe seco clavo un diminuto alfiler oxidado en el centro de la imagen del hombre. Sólo un instante después yacía sobre el suelo entre pavorosas convulsiones y alaridos de espanto. Al fin, cuando logró dominar a duras penas su cuerpo e incorporarse, se dirigió a Claudette con voz grave y acusadora:

- ¿Cómo has osado engañarme?, mujer. ¿De dónde has sacado el valor para burlarte de mi magia? ¿Cómo me pides que quite la vida a quién lleva ya dos años muerto? ¿Es que no te das cuenta de que su alma en pena ha estado a punto de arrebatarme todos mis poderes y hasta la misma vida? Desafortunadamente para ti, no ha sido así. ¿Cuál imaginas que será el precio que me habrás de pagar por semejante temeridad?

- ¡No, no es posible! ¿Es que ha caso no me has escuchado cuando te he dicho que sólo hace unos días fue visto merodeando por los alrededores de la aldea? –balbució Claudette colmada de recelo y congoja.

Pero el hechicero, que había iniciado de nuevo su danza y sus demoníacos cánticos, ya no la escuchaba. Y así estuvo bailando y cantando, ante los ojos pavoridos de Claudette, hasta que, tras proferir un espeluznante aullido que parecía salido de las mismísimas fauces de Belcebú, con desdén, arrojó la fotografía al fuego.

- Al fin ambos descansan en paz –se dijo, mientras caminaba por las calles desiertas de la aldea aspirando el fresco aroma de la brisa nocturna y bañado por la pálida luz de las estrellas, y un tanto molesto por haber liberado a Claudette de su tormento cuando lo que pretendía era imponerle un duro castigo.

martes, 25 de septiembre de 2007

Haiku

Tormenta azul
Ahogando singladuras.
Hay calma chicha.

Daltonismo



Quiso pintarle, como despedida, un cielo azul que llegase a expresar todo lo que había sentido, todo lo que aún sentía, toda la grandeza de su amor y de su generosa renuncia. Pero su sangre, como la de cualquier otro mortal, también era roja.