lunes, 31 de marzo de 2008

Una versión diferente del “show” televisivo


Verás, Lucía, huérfana desde tan joven, sin estudios, y habiendo sacado para adelante a tus tres hermanos pequeños a base de dejarte la piel limpiando escaleras, cuidando a enfermos y, cuando no has vislumbrado otra posibilidad, prostituyéndote… te tengo que decir que ¡TÚ!... ¡SÍ TIENES TALENTO!


De cenizas y silencio


“Cuando se muere alguien que nos sueña, se muere una parte de nosotros”
Miguel de Unamuno

Como un mendigo sin nombre
Se resguarda en los portales
Del gris suburbio fantasma
Que el tiempo yerto ha poblado
De cenizas y silencio,
Y que aguarda en el invierno
La limosna que lo salve
De los hielos de su alma
Susurrándole su aliento…

Así yo espero el azul,
En la luz de una mirada
Y al calor de una sonrisa,
Bajo el frío de las calles
De la lúgubre ciudad
De la que tú estás ausente.



Diciembre de 2006

domingo, 30 de marzo de 2008

****


Duelen mis sueños

Sobre la arena insomne:

Noche amarilla.

(Este flujo de ausencias

Tiene aromas de muerte).


Tras tanta oscuridad,

Cómo abrir, cómo,

De nuevo los ojos;

Cómo encontrar suficiente valor

Para escapar de las viles cloacas,

Sin saber si, también,

Allá en la superficie,

Rigen, grises, las ratas.


Tras tanta oscuridad,

Cómo saber si aún

Cuartos crecientes, el sol, una estrella…

Tras el párpado inerme,

Tras el iris saturado de espectros

De sal, espuma y sílice.


Tras tanta oscuridad,

Cómo ignorar que, afuera,

Nunca duerme la noche;

Que la sombra amarilla en la clepsidra

Es anuncio de fauces,

Mientras la más densa de las vigilias

Eterniza lo breve.


sábado, 29 de marzo de 2008

Vigilia amarilla


Esta noche he soñado con Antonio,

Amigo de la infancia que, no hace mucho,

Falleció de cáncer.

Íbamos subiendo las escaleras

Del bloque en que vivíamos entonces,

Cuando, de súbito, me miró y dijo:

“Adiós, amigo, adiós”, para caer rodando

Hasta el descansillo del primer piso.

Yo baje, apresurado,

Para ver como estaba,

Y quedé horrorizado al contemplar

Su cuerpo y su cabeza separados

Sobre el ocre del tétrico enlosado.

Comencé a gritar llamando a su madre,

A su padre, a mi madre, a los vecinos…

Pero nadie escuchaba;

Yo estaba solo con aquel cadáver,

En un lugar que, ahora,

Me era desconocido,

Sin nadie que atendiese a mis gritos de espanto.

Comencé a sosegarme al observar

La abusiva limpieza de la onírica escena

-No había sangre, sólo ensueños rotos

Salpicando la pared amarilla-,

Y quise creer que estaba soñando.

Pero, entonces, Antonio abrió los párpados

Y empezó a mirarme con unos ojos

Que ya no eran los suyos:

Eran dos sombras, de intenso celeste,

Mirando desde abismos infernales,

Y, al fin, mi propia mirada, perdida,

Entre la luz del ayer y la nada.

Y, entonces, deseé,

Con todas las fuerzas de mis entrañas,

Ser yo aquel lú-gu-bre de-ca-pi-ta-do.


Bula de carne


“El ambiente estaba demasiado cargado. Y toda la tensión, finalmente, derivó en incidentes. Unas 600 personas recibieron con piedras, palos y botellas y al grito de “asesino” a Santiago del Valle y a su hermana a su llegada a la Audiencia Provincial de Huelva desde Cuenca, aproximadamente a las 17.10 horas. La Policía Nacional tuvo que terminar cargando contra unos 50 exaltados que les lanzaban piedras. Los altercados se saldaron con dos detenidos, uno de ellos menor de edad.


La Policía Nacional y la Subdelegación del Gobierno requirieron a la jueza instructora del caso que el principal sospechoso no fuera trasladado a Huelva, sino a otra sede judicial, pero la magistrada desestimó la petición. Los hechos se encargaron después de demostrar lo atinado de las preocupaciones policiales.” (Público).


“El líder del PP, Mariano Rajoy, avanzó hoy que una de las primeras iniciativas que presentará en el Congreso de los Diputados será una reforma del Código Penal para agravar las penas en los delitos contra la libertad sexual de menores, una reforma que, según explicó, ya recogía el programa electoral con el que concurrió a las elecciones.” (Diario de Sevilla).



A río revuelto... ganancia de PECADORES.



(Quién es responsable de graves alteraciones del orden público, de incitar a la violencia y al vandalismo, quién.


Quién se acuerda de Santa Bárbara sólo cuando truena, quién.


Quién hace y deshace a su antojo y para su exclusivo beneficio, quién.


Quién se alimenta con fruición de carroña, quién.)


viernes, 28 de marzo de 2008

El matiz


A Victoria

- Eres un pedazo de hijo de la gran puta, ¿lo sabes, verdad?

- Sí, papa, afortunadamente, soy el hijo de una gran puta, de una gran mujer que se ha ocupado durante toda la vida de que nada me faltase. Tú, en cambio, padre, eres todo un señor que jamás quiso reconocer como suyo al hijo de una ramera.

El principio


El hombre, una vez más, había tenido un mal día. Absorto en sus pensamientos vacíos, y sentado solo frente a un café aguado en aquel lúgubre bar de carretera, la madrugada, oscura y lluviosa, iba sepultando sin misericordia sus ultimas esperanzas y arrancándole, con la precisión torturadora de un dentista nazi, las pocas ganas de vivir que, a duras penas, aún conservaba.


Una muchacha joven y con una enorme tristeza sin cicatrizar en su rostro, acompañada únicamente por el estridente chirrido metálico sin engrasar de la puerta y por las gotas de tormenta que caían de su pelo caoba, entró entonces quebrando por un instante la soledad y el ruidoso silencio que, a borbotones, salía de la máquina de moler café. Pidió una copa de aguardiente y se sentó en el extremo opuesto del local.


El hombre tomó la taza en sus manos temblorosas de frío y desaliento y se le aproximó atravesando aquel inmenso desierto de mesas repletas de vasos y platos sucios y servilletas de papel manchadas y arrugadas como atormentadas almas de usar y tirar en el Purgatorio.


- Hola ¿te importa que me siente contigo a terminar el café? Es sólo por charlar un rato, por no estar solo.


La muchacha alzó sus ojos húmedos y rojos de lágrimas tan recientes, lo miro fijamente y, sonriendo, con dulce amargura le dijo:


- ¿Sabes? Creo que no es un buen momento. Además, soy puta.


- Y yo matemático.


Fue el principio de una íntima amistad.


Febrero de 2005


jueves, 27 de marzo de 2008

Justicia y espectáculo


De entrada, y antes de entrar en materia -la materia que me ha de ocupar en este, espero que breve, texto-, mostrar mi solidaridad con el dolor de los padres, familiares y allegados de Mari Luz Cortés –ojalá yo pudiese creer en que existe una gloria para desearle que estuviese en ella-, y mi indignación para con el pedazo de hijo de puta pederasta que, sin compasión alguna, le quitó la vida con tan sólo cinco añitos. Ese pedazo de hijo de puta que, probablemente, estará rezando por pasar metido entre rejas hasta el último día de su vida, porque, de salir antes, a partir de ese momento, sus días, casi sin duda alguna, se podrán contar con los dedos de una mano.


Dicho esto, y una vez que fueron detenidos semejante animal y sus cómplices, ¿era preciso el lamentable espectáculo que se ha vivido esta tarde a las puertas de la Audiencia Provincial de Huelva? ¿Era necesario anunciar, a los cuatro vientos, itinerario, hora de llegada y demás vicisitudes del traslado de Santiago del Valle hasta los juzgados? Ha habido suerte y, al parecer, tan sólo han salido heridos dos periodistas; pero ¡la que se podía haber armado! Porque a nadie se le escapa que, de verse en el pellejo de los familiares de Mari Luz, su más ferviente deseo, contenido o no al fin, no podría ser otro que partirle la cabeza al asesino. Y, más aún, a nadie se le escapa que, con todas las circunstancias que han rodeado a tan lamentable suceso, junto con los familiares, aparecerían por la improvisada carpa circense un buen número de energúmenos ávidos por presenciar o incluso por participar en un linchamiento.


¿Y, acaso, era también necesario someter a los familiares de Mari Luz a más dolor, el dolor ante la impotencia de no poder hacer la tan ansiada justicia por su mano? ¿Era necesario el caos circulatorio que se ha producido en buena parte de la ciudad? ¿Era necesario tener que sufrir las malas maneras de algunos agentes de la policía local que, más que a guardianes de la ley y el orden, se asemejaban a los miembros de alguna familia de la mafia siciliana? ¿Era necesario exponerse a una algarada en la que podrían haber resultado heridos varios centenares de personas y un buen número de miembros de las fuerzas de seguridad del Estado? ¿Eran necesarios los destrozos en coches patrullas y en mobiliario urbano que habremos de pagar entre todos de nuestros bolsillos? ¿Eran necesarios pelotas de goma, cargas policiales, quema de contenedores e intervención de los bomberos? ¿No hubiese sido más fácil tomar declaración al detenido en otro lugar sin hacerlo público? ¿Quién gana, a parte de los medios de manipulación de masas, con tanto despropósito?, ¿los adalides del pan y circo? Algo me queda muy claro, la que no gana en ningún caso es la Justicia, al igual que nada han ganado los familiares de Mari Luz ni los ciudadanos de Huelva ¿En qué estarán pensando, ¡madre del amor hermoso!, “nuestras” autoridades (in)competentes?, ¿en qué?


Espero que Mari Luz ya descanse en paz, porque sus familiares no lo harán nunca. Y menos aún con esta mediatización aberrante de los procedimientos judiciales. La Justicia, cuando se convierte en espectáculo –como esos ajusticiamientos públicos que todavía se producen en muchos rincones de este apestoso mundo y de los que, al menos con la boca “chica”, tanto abominamos-, pierde su razón de ser para situarse en las peligrosas fronteras de la barbarie. Y en esos territorios el dolor nunca cesa.



Fotografía: Agencia EFE.

***



…“en el infierno siempre estás enamorado,
sin nada que amar”…
Charles Bukowski.

Para mí
Es muy duro
Vivir sin esperanza.
Porque sé que somos
Germen de olvido,
Que este breve,
Pero pesado, tránsito
No es más que un torpe ensayo
De una función que nunca
Será representada.

Qué espantoso arrastrarse,
Sin guión ni tramoya, sobre el mudo escenario,
En tanto que,
Desde la última fila del patio de butacas,
Con la mirada inyectada de ocasos,
Expectante, nos aguarda la nada.
Y sentir como el aire que se escapa,
Silente y fatigado, entre los labios,
No es más que una incorpórea entelequia
Que carece de nombre.
Mas, no obstante,
Qué asfixia
No poder retenerlo con la tibia dulzura
Con la que, entre las manos, se conforta
Al pájaro que gime con ansias de Ave Fénix,
Mientras, muy poco a poco,
Se nos muere de inviernos.

Para mí
Es muy duro
Vivir sin esperanza;
No digo una gran esperanza, digo
La esperanza cotidiana
Sin más,
Esa esperanza que nunca nos da
La improbable certeza
De ser utopía o sólo quimera.

Para mí
Es muy duro
No creer;
Apenas
Alcanzar ya tan siquiera
A creer en mí mismo.

miércoles, 26 de marzo de 2008

La tortura


La mujer que amé se ha convertido en fantasma. Yo soy el lugar de sus apariciones.
Juan José Arreola.

Cada vez que, en la distancia,
Anhelando tu regreso,
Me asaltaba la añoranza,
Era tanta la aflicción
-Rosa amarilla en mi pecho
Cultivada de carencias-
Que se me hacia la espera
El mayor de los tormentos.

Hoy que, encontrándote cerca,
Amparada en el silencio
Y en la más amarga ausencia,
Eres tan sólo un espectro,
Me atenaza la tristeza
-Triste soñador rendido-
De saber que esta tortura
Nunca tocará frontera.

Y peldaño tras peldaño
Me despeño en mi mazmorra
Bajo el clamor de un gemido
Que me quiebra la garganta
-Amarga desesperanza
De esta ordalía sangrienta
Henchida de crisantemos
Y cenizas apagadas-

Septiembre de 2006

martes, 25 de marzo de 2008

No me llaméis poeta


(Poética conturbada II)

No me llaméis poeta.
Escribo
como terapia.

Es preferible siempre
-y sé
que tal desecho no existe-
anegarse de palabras
llenas de hiel y de sangre
a un atracón de
valium
o de fatua valeriana;
O que gris lobotomía
practicada con la esquirla
de un deseo sin mañana.
O, al menos, eso pienso
o eso creo
tal vez
¡quién sabe!

¡No! No me llaméis poeta.

Cuando escribo,
por ejemplo, mercurio
no sé muy bien lo que digo;
Sólo sé
que el mercurio duele
y arranca un rictus de espuma
que arrebata las entrañas,
mientras las lágrimas ríen
desangradas en la noria
de una pena a carcajadas.
Y se me nublan
los ojos
de una mirada sin alma.
¡El alma!
esa improbable entelequia
¡siempre sin dar la cara!

Cuando brota un agujero negro
desde el teclado fantasma
-virtualidad descarnada-
o un quasar
que así queda
como más científico,
o erudito
o quizás pedante,
-sírvase a su gusto-
no se muy bien lo que siento.
Sólo sé
que esa densidad
me arrastra
aplastando,
confundiéndome
en la gravedad
volátil
de una ceguera asombrada.

Si sé, en cambio,
lo que significa estrella
o azul
o
aromamar
-qué manía tan extraña
ésta de inventar palabras-
pero lo callo por miedo,
vergüenza
o también pudiera ser
que por no quemar el sueño
que me enajena en el alba.

¡No!
No me llaméis poeta.
¡Llamadme sobreviviente!
Sólo eso,
¡Sí! Sólo sobreviviente.
A duras penas.
Por imperativo,
tal vez, moral.
A regañadientes.

¡No!
No me llaméis poeta.

En cualquier caso, Poesía
¡Te doy las gracias!

Marzo de 2006

lunes, 24 de marzo de 2008

Hilo roto


En la noche tarareo canciones

Con un acre sabor a pólvora mojada.

Es la crudeza de la soledad,

Ese tiro en las sienes

Que jamás da en el blanco,

Perpetuando,

Hasta la extenuación,

Un laberinto de huellas truncadas

Que a duras penas serena la música.


Cuando la ciudad se duerme


Cuando la ciudad se duerme,
Atrapado en la vigilia,
Te rebusco entre mis sueños.

Transito, en mi desconsuelo,
Por la luz anaranjada
Que, velada por la bruma,
Va quebrándome en los ojos
Sombras de humedad y miedo.

Pregunto por ti en los parques
Al letargo de las risas
De niños desconocidos
Que se ocultan de mi noche
Tras murallas de silencio.

Vago en las calles desiertas
Tratando de ser la huella
Que habrán forjado tus pasos,
Mas tu camino se pierde
Confundido en mis deseos.

Me acurruco en las esquinas,
Asolado de impotencia,
Cuando el semáforo en rojo
Me atraviesa de cenizas
Bañadas de desaliento.

Me paro frente a tu casa,
Inerme bajo la lluvia,
Esperando que la luz
De una lánguida esperanza
Ilumine mis recuerdos.

Y elevo hasta tu ventana
Mi espíritu que agoniza,
Y lo sostengo al aroma
De la magnolia olvidada
Que se marchitó en tus dedos.

Cuando la ciudad se duerme,
Astillándose en mi pecho,
Trato de velar tus sueños,
Anhelando que un instante,
Permitas que habite en ellos

Cuando la ciudad se duerme
Me busco en mis pasos yermos,
Desterrado de tus sueños.

Septiembre de 2006

domingo, 23 de marzo de 2008

Flores de camposanto


(Poética conturbada I)


poemas tardíos

poemas de ausencias

poemas de lágrimas

que no hago con versos

a palos de ciego

que el poniente arrastra

que son como estrellas

cuya luz

ya muerta

se perdió en la nada

clamor en silencio

por sentir marchitos

amor y esperanzas

poemas de sal

inermes

de hiel

desiertos

sin casta

con olor a ruina

de castillo abierto

y de almenas blandas

sacrificio azul

en el aquelarre

de una diosa malva

torcida ordalía

en gélidos ríos

de aceradas aguas

suspiros rendidos

que mi vida oprimen

como mil tenazas

llamita que nunca

logrará prender

su fuego en tu alma

ansias

dolor

miedo

deseos

alarma


poemas


tan sólo


poemas


Diciembre de 2005


Ilustración: El aquelarre (Goya).


sábado, 22 de marzo de 2008

La sangre emponzoñada de la vibora


Ha descartado salir esta noche;
Durante todo el día se ha sentido algo enfermo
Y al fin ha decidido cancelar
Todos los compromisos que aún restaban
En su agenda política a destajo.
Así que ha despedido, hasta mañana,
A sus dos guardaespaldas y a su chófer,
Ha silenciado el timbre del teléfono,
Y se ha colocado las zapatillas
Y ese horrible pijama azul marino,
Regalo postrero de su ex-esposa
Como celebración de su divorcio.
"Lo mejor es irse a la cama" -piensa,
Ajeno a las seis balas que lo esperan
Al fondo del garaje subterráneo-;
Entra en el baño, se lava los dientes
Y después se dirige al dormitorio
-Parece que la suerte le sonríe
Sin haberla buscado ni saberlo-,
Pero da media vuelta
Para oír los mensajes
que, sin lugar a dudas,
Tendrá en el contestador automático.
¡Vaya mala fortuna!,
Lo esperan con urgencia
En la sede del partido. Se viste,
Febril y con desgana,
Y se encamina hacia los ascensores.
La bestia encapuchada que lo aguarda
Comienza mientras tanto a impacientarse,
Y no tardará mucho en renunciar,
Por el momento, a sus viles propósitos;
Su vida, pues, depende
Sólo de unos segundos-.
La alimaña al fin decide marcharse,
Mas cuando se dirige a la salida
Ve como el ascensor viene bajando
Y se embosca de nuevo con premura
Tras una furgoneta de reparto.
De pronto se detiene el ascensor;
Se ha olvidado del teléfono móvil
Y apresurado regresa a buscarlo;
El asesino está desconcertado,
Pero decide seguir esperando
Aún por unos minutos.
Ya baja de nuevo, llega el instante
De la sangre vertida y el estruendo;
Mas el centro a estas horas debe estar atestado
Y será muy difícil encontrar
Un solo puñetero aparcamiento;
De modo que, de súbito,
Justo a la altura de la planta baja,
Detiene el ascensor, sale a la calle
Y dirige sus pasos
A una de las paradas más cercanas
Del autobús urbano.
Sí, por esta vez ha tenido suerte,
Aunque sólo se trate de una prórroga;
Mañana la alimaña volverá
Con su veneno a esperarlo de nuevo,
Apostada al abrigo de las sombras.

viernes, 21 de marzo de 2008

Lila (XIII)


(Libre adaptación del mito de Narciso)


De estar enamorado de mí mismo,

Tildado, los efebos me adoraban,

A pesar, y las ninfas me anhelaban;

Mas yo, que no aspiraba a su hedonismo,


A todos rechazaba. De onanismo,

Acusándome -¡qué crimen!-, trataban

De azorarme, por ver si así lograban

Conquistarme; mientras yo, de su abismo


Al borde, ciego buscaba, en la fuente

De Némesis, la imagen de una flor,

Que me era ajena, con ansia sediente.


Y buscando el cerúleo color

De esa lila imposible, cual demente,

Al agua me arrojé del desamor.


Imagen: La Metamorfosis de Narciso; Salvador Dalí, 1937.


jueves, 20 de marzo de 2008

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Permitir a las manos de la noche

Una caricia blanca;

Abrazar con la urgencia del que espera

La bajamar de un sueño;

Fundir a mi voz la arena y la espuma…


Y dormir.


Fotografía: Dime ho.

miércoles, 19 de marzo de 2008

Ronroneo


Si yo pudiese
morirme en tus brazos
y tú cerrases
besando
mis ojos
y el gato fuese
testigo de todo

silente

qué ternura


Rogativa


Tiéndeme, oh dios, tu mano, que no puedo

Más; dame una luz, que no puedo más;

Quiebra el silencio, que no puedo más;

Que no puedo más de ahogo y de miedo,


Que no puedo más y, cual piedra, ruedo

Cauce abajo, yerto; no puedo más

Con el desaliento, no puedo más

Sin anhelos; no puedo más y cedo,


Rendido, al aullar del vacío; no

Puedo más con tan violenta inclemencia,

No puedo más resistir la impotencia


Sin tregua, tanta indolencia. No, yo

No puedo más y te suplico, oh dios,

Piedad, que no puedo más, flor de adiós.


martes, 18 de marzo de 2008

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Se propaga el silencio
Como la onda expansiva
De un millón de Hiroshimas.

¿Es que no escuchas su voz como alarma?

Ven a otorgarme un cántico
Que me arrulle en la noche
De las tribulaciones.

lunes, 17 de marzo de 2008

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A veces,

Tanto me pueden mis ansias,

Que no puedo evitar

Tratar de ir a buscarte.


Entonces,

Miro mis pies,

Alimento del barro de un cauce seco,

Y no puedo más

Que derramar una lágrima.



Fotografía: Jarek Kubicki.

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domingo, 16 de marzo de 2008

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sábado, 15 de marzo de 2008

El verso yermo


Siempre que quiero hablarte y tropiezo en el muro,

Sin rendijas gestándose, de la cruel impotencia,

Yo / te escribo poemas. / Un canto sin esencia

Que agoniza silente con su espalda al futuro,


Remordido en sus ansias. Por eso su cadencia

Se rompe en marchas fúnebres, en humo / prematuro;

Y brota de sus versos, como piélago oscuro,

Un augurio sin nombre que anuncia evanescencia.


Es cual súplica a dios -sordomudo en lo eterno-,

Estrella que anhelamos sabiéndonos Quimera

Sin espacio ni tiempo. / Y se queja el cuaderno,


Con sus horas gastadas, de la sombra hechicera

Que a su grito amordaza; / y la voz del Averno

Lo sentencia a las llamas / de la infecunda espera.



Fotografía: Jarek Kubicki.


El fin de las horas


(Trece líneas)

Desde el espejo

Me mira el que fui.

Se le ve sin fuerzas,

Triste,

Cansado,

Hundido en su cárcel

De azogue y sombras;

Aparenta calma,

Pero en su centro

Se adivina el fragor de la tormenta.

Ya nada espera,

Sólo esquirlas breves

Refrendando la ceguera,

La noche,

Un cuarto menguante alfanje sin luna.

Le tiendo mi mano y fluye una lágrima,

De su pupila hasta el suelo,

Cayendo,

Y tiembla el mundo anunciando a gemidos

El fin de la esperanza,

De la música,

La luz, el movimiento...

De las horas.

Fotografía: Dariusz Klimczak.


viernes, 14 de marzo de 2008



Aunque perdí tu amistad,
Para mí siempre serás
Aquel tiempo de alboradas
En que el son de tus palabras
Era un acorde de fiestas.

Siempre fuiste risa abierta,
Y, a mi lágrima, caricia,
Balsamándome la herida
De la pasión sin sentido
Que me hiciera sentir vivo,
Anhelando tus abrazos
Y dormir en tu regazo
Sabiendo el lecho prohibido.

Siempre serás ser querido,
Aunque siempre la distancia
Sea un muro ante mis ansias
Por regresar a tu lado;

Siempre serás ángel claro,
Cómplice, sueño y amiga,
Brillo y hoguera encendida
Guareciéndome del frío;
Serás la mar de mi río,
Y, en la noche de la espera,
Mi más anhelada estrella.

Tú ya por siempre serás
Todo eso y mucho más;
Y por siempre esperaré
Volver de nuevo a tener,
Como cántico encendido,
Tu palabra en mis oídos,
Y, alumbrando mi mañana,
En mis ojos tu mirada.

Tú ya por siempre serás
Todo eso y mucho más.


(Aunque ya
----------------------- Nunca me / hables,

Aunque ya
----------------------- Nunca me escuches,

Aunque ya
----------------------- Nunca me mires,

Aunque ya
------------------------------------------------- Nunca estés).

jueves, 13 de marzo de 2008

Cuento triste


I


Ella se marchó en la noche

Sin creer que la alegría

Con la luz de un nuevo día

Pusiese a su vida broche.

Se marchó sin un reproche

Contra aquél que su querer

Le negó por entender

Que ella no le era bastante,

Y, mostrándose distante,

La condenó al displacer.


II


Él, desde entonces, no vive,

Pues su ausencia le ha mostrado

Un afán enamorado

Que en el tiempo no prescribe;

Y, en la madrugada, escribe

Cartas de anhelo encendido

A ese amor que ha comprendido

Por siempre estuvo en su pecho;

Y se desangra en su lecho

Ante el insomnio rendido.


III


Y maldice la ceguera

Que, en su dura prepotencia,

Agotara la paciencia

De aquel hada que en la espera

Terminó por ser viajera

Para huir del desamor.

Y el amargo sinsabor

De sus cartas sin destino

Ahora es ya su único sino

Mudo, quedo y sin calor.


IV


Y la busca por las calles,

Por las sendas y los puertos,

Por la mar y los desiertos,

Por los montes y los valles,

Y su nombre, a grandes “ayes”,

Grita y grita en su tormento.

Y el cristal de su lamento,

Su garganta y su costado

Con encono, ha desgarrado,

Su sangre vertiendo al viento.


V


Entretanto, en su destierro,

Ella lleva en su memoria,

Dando vueltas como noria,

Aquel candado de hierro

Que, cual cortejo de entierro,

Él siempre tuvo en su boca.

Y aún lo añora como loca,

Y su anhelo es regresar,

Mas la detiene el pensar

Que no se ablanda una roca.


VI


Y en el tiempo va creciendo

Como océano sin playa

La distancia y la muralla

Que, sus entrañas muriendo,

Entre los dos se fue urdiendo

Por su recelo en exceso.

¡Malhaya destiempo avieso!,

Que ella se marchó en la noche

Sin saber que era un derroche

De la caricia y el beso.


A dios rogando...

Las armas las cargan los "dioses"...



...y las disparan pobres Diablos.


En lista de espera


Estos versos que nacen de mi sangre,
Son los versos de un bardo desolado,
Que en sus rimas se siente abandonado,
Y así nacen muriéndose de hambre.

Estos versos que beben del asfalto,
Son los versos de un lúgubre sediento,
Que espira sus estrofas, sin aliento,
Por no poder gritarlas claro y alto.

Estos versos que ansían la locura,
Son los versos de un cuerdo sin remedio,
Cuerdo-cuerda apresado en la atadura

De muertas esperanzas y del tedio,
De haber dilapidado la ternura
Y estar sin corazón del pecho en medio.

miércoles, 12 de marzo de 2008

Sin género ni número


Las yemas de mis dedos he castrado,
Por no martirizarla con caricias,
Llenado mis pulmones de Malboro,
Por no mortificarla en mis palabras,
Borrado hasta mi imagen de su vida
Con tal de que no sufra mi presencia…
Y sufro este maltrato en la impotencia,
Sin manos y sin lengua hecho fantasma,
Tragando la acidez de los cristales,
Quebrados en mi entraña con su ausencia.

martes, 11 de marzo de 2008

Con la flor de mi tumba


Éste tu querer ver pasar el tiempo,

Así, mansamente, sin sobresaltos,

Es renunciar de antemano a la vida.

¿De qué te valdrán las risas vacías?,

¿De qué tu sosiego impuesto a la fuerza?,

¿De qué no enaltecerte en las pasiones?;

¿Es que piensas que merece la pena

Anclarse de tal modo a la tibieza,

Despreciando el calor por temor al granizo?

Nunca te faltaron

Valor ni fuerzas

Para acoger en tu herida lo justo,

Enfrentándote al mundo,

Para salir adelante en lo adverso,

Salvando la sonrisa de los otros,

Aunque al cabo te costase una lágrima.

¿Qué mudo demonio

Te ha transformado?,

¿En que momento te mudaste en piedra

Repudiando en tu gesto a las arenas?,

¿Qué te volvió timorata a sabiendas?,

¿Se te pudrieron, acaso, las velas

Del roce con mis remos miserables?,

¿Ya no recuerdas que juntos luchamos,

Codo con codo, el uno por el otro?,

¿O que el dulce dolor que sentíamos,

Expuestos a las fauces de los perros,

Era la envidia de las alimañas?

Reconozco que, a veces,

Me paralizaba el miedo al futuro,

Sin piel a piel, a tu lado forjándose,

Sin la sangre vertiéndose a gemidos

Sobre un lecho de olímpicos pecados,

Sabiéndome sólo

Flor de paréntesis,

Penada a marchitarse sin ser tu primavera;

Pero así, tan desnudo y apocado,

Desafiaba a los ojos de las sombras

Para unirme a tus manos sin tocarlas

Y guiarte en mi ceguera a tú camino

Aunque yo me quedase en la cuneta.

Luego mis alas se hicieron muñones

Levantando murallas con su fúnebre sangre

Y manchando de pavor tus arrestos

Como pecado de poma sin culpa

Y sin redención posible en mi vuelo

De ceniza apagada;

Y todo adelante, atrás y en el centro

Se mudó en negra noche sin estrellas

Devorando sin tregua nuestros sueños.

He de confesarte que, sobre todo,

Lo siento por mí que, solo, agonizo

Sin tus brillos celestes,

Pero no es menos cierto que abriría mis venas

Por volverte a la vida con la flor de mi tumba.


Camino


Busco el cobijo que me albergue de la distancia, sobre telarañas entretejidas de silencio y de un fruto sin sabor que carece de simiente. Pero mis pies, descalzos sobre la nieve, se hielan sensibles a un dolor de zanjas breves y de cunetas sin amapolas, donde, desnudo en la inercia de lo estático, me fusiono con los copos y el barro.

En la semántica oscura he buscado mi lenguaje, sediento por comunicar los signos a la luz de la lila celeste. Pero los centímetros se agrandan y lobos hambrientos, entretanto, desprecian mi carne; demasiado fría para sus gustos.

Diciembre de 2006

lunes, 10 de marzo de 2008

El hombre que nunca existió

Era tanto el dolor, tanta la angustia, tanta la añoranza, tanto el desaliento que se abatían como alimañas de alas negras sobre su vida, que comenzó a desear poder desandar todo lo andado, tener la oportunidad de recomenzar de nuevo, de volver al pasado, de recuperar aquel tiempo perdido, en el que no se sentía continuamente un infeliz absoluto, para permanecer en él para siempre. A su lado.


Y lo deseó con tantas fuerzas, que una mañana, al despabilar de la eterna duermevela que lo acongojaba, observo, con sorpresa, como las manecillas de su reloj de pulsera comenzaron a girar hacia la izquierda.


Al principio le resultó muy duro, casi tan insoportable como mirar hacia el oscuro y yermo abismo que se abría ante él desde que Elvira se apartó de su vida. Hubo de revivir el alejamiento, la incomunicación, los intentos frustrados por reconquistar su confianza y su cariño, la ruptura, los celos y los reproches, la traición recíproca. Pero tras estos primeros y pesados pasos hacia el ayer, comenzó a transitar los mismos senderos en el aire que durante varios años le hicieron sentirse tan liviano como un ángel perdido alegremente en mitad del paraíso: los abrazos, los paseos acurrucados mutuamente bajo la lluvia, el primer beso, la declaración de amor. Hasta que llegó el día en el cual la desconoció. Y, entonces, se desvaneció en un instante.


Febrero de 2007


sábado, 8 de marzo de 2008

Haiku


Sobre las flores
Se evapora el rocío.
Fugaz encuentro.

viernes, 7 de marzo de 2008

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"Llegó con tres heridas:..."
Miguel Hernández.


Esta herida,
------------------ tan dolorosa,
Ya no sangra...
Debo estar muerto.

Mi poema más perfecto


Esta noche escribiré
Mi poema más perfecto;

Un poema como espada
Que desgarre los recuerdos
Sin metáforas ni rimas
Endulzando el sentimiento
Que condenado a la ausencia
Hace del verso lamento.

Con su métrica
------------------------ cambiada,
Crepitando
------------------ como fuego
Sin requiebros ni esperanzas
Ni sonrisas ni tormento
Ni esta arritmia de campanas
Tañendo sones de muerto.

Esta noche aventaré
Sus cenizas contra el viento
Para acallar de una vez
Los gemidos del espectro
Que aferrado a su memoria
Sangra arenas en silencio.

(Y volaré con el alba
lejos de mí… lejos, lejos).

jueves, 6 de marzo de 2008

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Dadme un instante de dudas amargas,
Que el huero sinsabor de esta certeza,
Impío, me devora las entrañas.

miércoles, 5 de marzo de 2008

P(l)utocracia



La democracia, esa doncella inocente prostituida por los mercaderes del voto, para ser vendida a saldo al mejor postor.

martes, 4 de marzo de 2008

Lumbre distante


Frente al hielo de tu guerra,
Izando banderas blancas,
Matizadas con mi sangre,
Ya coágulos de escarcha,
He suplicado tu paz
O una tregua a la distancia.

Verbo quebrando el silencio,
Armisticio en la palabra,
O un instante de calor
Que, a la luz de una mirada,
Venga a restañar la herida
Que, abierta, llevo en el alma.

Pero tú, lumbre distante,
Que encendiste mi añoranza,
Creyéndote en la tibieza
Y en las sombras emboscada,
Me has helado sin tu aliento
El mañana y la esperanza.

Y sin vuelo en la derrota,
Con las alas desgarradas,
Ya he de cavar bajo el hielo
El sepulcro de mis ansias,
Y tejer con tu cellisca
De destiempo mi mortaja.

Frente al hielo de tu guerra
Mi sangre-paz yace helada.

Esta mañana me ha llamado Esperanza


ESTA mañana me ha llamado Esperanza. Todavía no estaba seguro de si terminaría finalmente amaneciendo, eran las siete y trece, curiosa y significativa combinación numérico-temporal para recibir una llamada suya. Yo iba ya embutido en la mortaja de chatarra en la que, durante unas horas casi a diario, llevo morando desde hace tanto tiempo; me encontraba a la altura del cruce hacia Niebla –hoy, cada día me siento más cansado, salí un poco más tarde-, abismado entre la espesura de la bruma y la aspereza del asfalto movedizo. Nada más escuchar el móvil supe que era ella, el timbre sonaba más apagado que de costumbre, casi tanto como esa singular y siempre dispersa melodía fosforescente que se desprende con parsimonia desde el silencio ensordecedor de los sepulcros. Después, cuando pulsé la tecla verde para dar paso a su llamada, el ambiente se colmó súbitamente de un penetrante aroma a lágrimas quemadas y se me llenó el paladar de un regusto extraño a suspiros rotos. No sé si eran míos o de ella, puede que de ambos, o casi de alguien.

Me dijo que a cada instante que pasa se siente más y más cansada de mentiras, que ya no es capaz de soportar la falsedad pegajosa que anega hasta las denominaciones en la ambigüedad de la semántica, y que, hoy mismo, piensa acudir a los juzgados para comenzar a gestionar el cambio de su nombre; que, a partir de ahora, quiere –debe- llamarse Angustias; para hacer honor a su verdad y no dar lugar a equívocos o a incertidumbres enmascaradas tras la cruel apariencia de falsas ilusiones o del amargo y siempre estéril reproche de un condicional compuesto. Que más adelante necesitará un par de testigos para alguno de los trámites, pero que no va a contar conmigo porque no quiere ser de algún modo un motivo más para que mi identidad continúe difuminándose aún más de lo que ya lo está. No le di respuesta alguna, pero ella supo que me sentí aliviado con su generosa decisión.

También me dijo que estaba sola, más sola, mucho más sola que desde siempre, pero que había mucha sangre sobre las sábanas y en el borde inferior del espejo del cuarto de baño, sangre que no era la suya, ni la de nadie, pero que tenía los ojos y las manos manchados de sangre, una sangre con un extraño sabor a mineral y a cenizas de acuarelas apagadas. No sé muy bien lo que habrá querido decirme, pero la entendí perfectamente, será que ya empezaba yo también a derramar una sangre ajena y venenosa por una de las heridas que me atraviesa desde la espalda hasta el pecho. También me dijo que fuese prudente, que no pisara a fondo, que estaba convencida de que, si me lo tomaba con la suficiente calma, tras la siguiente curva en el aire, me esperaría un vuelco absoluto en mi destino que me pondría en el camino de las estrellas que tanto tiempo me he llevado buscando. Pero yo, como le ocurre a Angustias, hace ya mucho que no busco nada, que dejé de creer que pueda esperarme destino alguno, y supe que, sin apenas convencimiento, me estaba tratando de engañar en un intento inútil por evitarme un mayor cúmulo de tristezas. Se lo agradecí a corazón abierto. Angustias y yo somos dos almas gemelas y siempre paralelas, y, a pesar de haber sido desde hace tanto tiempo desalmados, de sentirnos tan ajenos, no mutuamente sino cada uno consigo mismo, seríamos incapaces, por mucho que lo pudiésemos pretender, de engañarnos el uno al otro, aunque hayamos desperdiciado tanta vida engañándonos a nosotros mismos.

Después me contó que ya no puede seguir soportando la reiteración obsesiva en las despedidas de aquellos que desde hace ya una eternidad se marcharon muy lejos para siempre, pero que se alegra de que éstos aún conserven sus alas para intentar volar más y más alto huyendo de los demás o, quién sabe, si de sí mismos; que ella está atrapada sin esperanza en un albañal pavoroso de plumas podridas y ya nunca podrá levantar el vuelo, y que siempre, hasta el mismo día de su muerte, lamentará no ser capaz de tener el valor suficiente para iniciar, si fuese preciso arrastrándose por debajo del fango del infinito, su ansiado periplo camino al naufragio definitivo en las aguas de la asepsia y el frío que imagina que gobiernan los confines más remotos del centro del Mar de la Tranquilidad, ese mar que, sin duda, terminará siendo su última y deshabitada morada. Pero tarde, demasiado tarde, como siempre; sin haber sido capaz de ejercer la facultad de decidir cada instante en cada momento, sin haber podido disfrutar de la intensa emoción de sentirse a sí y por sí misma en algún otro. Como también a mí me sucede.

Cuando se despidió de mí, apresuradamente, con el saldo agotado y con un beso, no puede evitar las lágrimas, aunque tal vez ya estuviese llorando desde mucho antes de su llamada, no sé, cuando uno, sin llegar nunca a acostumbrarse, se va haciendo al llanto, es difícil distinguir los sollozos del cansancio con que nos atenazan los fantasmas de la responsabilidad y el desaliento.

Ahora luce el sol, pero llueve, hace ya varios meses que no cesa esta lluvia inmisericorde, que siempre llueve, una lluvia salobre, angustiosamente salobre. Y todo se va secando. No sé si ya habrá conseguido sacarse los coágulos de sangre de encima. Más tarde la llamaré. Para saber como está y explicarle como me encuentro -que esa curva en el cielo también es inalcanzable para mí-, aunque lo más probable es que ya llevemos tanto tiempo perdidos, tanto tiempo perdido, que ya no sea posible ni necesario ni deseable continuar buscándonos a nosotros mismos ni el uno al otro ni a los demás ni a nadie. Yo, al menos, hace ya tiempo que abandoné cualquier búsqueda. Sí, esta mañana me ha llamado; ya no sé bien cuál era su nombre, pero creo que estaba tratando, sin fuerzas, de despedirse de mí para siempre. Pero sus alas amputadas yacen, inalcanzadas, en la angustia de un albañal de plumas podridas. Como las mías. Como las tuyas. Llueve, siempre llueve. Y tengo las manos y los ojos manchados de sangre. Una sangre densa, agrietada y oscura que estoy comenzando a lamer con amarga fruición para sentir su intenso y doloroso sabor a arsénico recorriendo mis venas abiertas.

Febrero de 2007