jueves, 2 de septiembre de 2010

Cuando asoma el invierno


Existen muchos modos.
Quizás tantos o más
que granos incontables
de arena en el desierto.
Todos resultan arduos.
Pero el ánimo puede
siempre ser adiestrado
para asumir con temple,
entereza y sosiego,
el espantoso trance
que conlleva ese tránsito.
¡Mas que hirsuta excepción¡;
para hacerlo de amor
nunca existieron pautas,
nadie está preparado.

45 grados a la sombra


Ego te absolvo a peccatis tuis in nomine Patris et Filii et Spiritus Sancti, le dijo el sacerdote sordo al mudo, que no sabía latín ni había pecado, y sólo fue a tomar el fresco a aquel confesionario.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Porque también los zombis tienen alma


Sin norte, hecho jirones,
leproso, tambaleante,
tenazmente de pie
hasta que el alma aguante.

Juan 1:14


Si es cierto aquel versículo
Que afirma, adoctrinando,
que el verbo se hizo carne,

hijuela de cenizas
sin duda es el silencio.

(Y tal vez pueda serlo
aun dando por falsario
aquel prodigio arcano).

martes, 31 de agosto de 2010

Abracadabra


Soberbio y elegante, muy puntual,
rodeado de asesores por doquier,
su chófer, trece escoltas y un bedel,
muy propio el Consejero de la cosa,
cual
Caesar Imperator que veni, vidi, vici,
llegó y cortó la cinta.

(Aplausos y sonrisas profident,
micrófonos y flashes, apretones
de manos de esmerada manicura,
"cuidado, Pepe Juan, que si te mueves
no sales en la foto
y puede que hasta incluso te saquen del pesebre".)

Queda solemnemente inaugurada
otra covacha más de Alí Babá
y su horda de ladrones.

Que no


Que no, que ya no puedo;
Ahí queda mi renuncia irrevocable:
No puedo ya cargar con este abismo
Metido en mí humillando, aniquilando,
Quebrándome los huesos hasta el tuétano.
Quedaros con mis huellas, mis disfraces,
Las vendas, las muletas, la morfina,
La paz y el finiquito que merezco
Por tanto tiempo atándome a los sueños,
Incluso cuando hirsutas pesadillas
Mudaron sin dar tregua ni un momento.
Que no, que nada espero;
Que no me queda ya ningún motivo,
Perdido el tren que nunca hubo pasado
Por este anden sombrío y solitario
Sitiado por lo huero y la demencia.
Que no, que ya no quiero;
Dejadme que abandone, no insistáis,
Que intento levantarme en carne viva
Y caigo a tierra exangüe como un muerto.
Tan sólo os rogaría, si es que alguno
Le dais cierto valor a la quincalla
Sin brillo y arruinada de mis versos,
Que no dejéis que caigan en las fauces
Silentes y amarillas del olvido.
Quisiera desertar con la esperanza
De que una noche de ancha luna llena
Pudieran habitar alma y mirada
De aquella por la cual fueron escritos
Y estando yo no quiso conocerlos
Debido a la afección que le profeso.
Que no, que ya
No puedo.

Nota: Sólo se trata de un poema. Ni más, ni menos.

Pornofobia


Qué triste qué espantoso haber llegado
a esta gélida fiebre a este delirio
que anegan de carencias con las sombras
las frágiles regiones de lo onírico.

Metido tu recuerdo entre mis sábanas
de noche a mi costado mientras duermo
no entibia como antaño el subconsciente:
no cabe la lujuria ya en mis sueños.

lunes, 30 de agosto de 2010

El último guerrero


Una vez más de tantas
te espero a la hora D y el día H
en el lugar de siempre.

Puntual como un reloj -casi perfecto-
de 23 quilates
made in Suiza,
no acudes a la cita que no hemos concertado,
dejándome sin tiempo y con la paz
que porto como ofrenda entre las manos,
en esta nada estéril donde ha mucho
no quedan ni enemigos ni aliados.

(Guerrero de la luz, noche tras noche,
Mi abismo es más profundo entre las sombras:
El brillo de mi tiempo se ha agotado).

&&~~~~


"Creo que en un lugar

un hombre aguarda

a verme, como al átomo,

crepuscular,
- - - - - - - - - desnuda."

María Fernández Lago.

¿Física y química?
Flotando en torno al átomo
hay cierta magia:
No cabe la pasión
en la tabla periódica.

domingo, 29 de agosto de 2010

El cuadro


Afuera llueve a males con encono.
Buscando guarecerme del relámpago,
entro en la biblioteca: está vacía;
ni libros ni bibliotecaria. Sólo
un hosco hedor a espanto impregna el aire,
en tanto un polvo espeso y gris decora
hirsuta y sobriamente los estantes.
La luz penetra, sucia y con sordina,
agónica a través de las ventanas,
tiznando las paredes de un crepúsculo,
presagio de otra noche mutilada.
Presiento algo pretérito en mis huellas:
me sigue en las penumbras una sombra.
No es mi sombra; no obstante, a mí va unida.
Me afano en vislumbrar su procedencia,
en tanto que la piel de la memoria
se agrieta envejecida de distancia:
descalzo y conmovido me desangro;
deambulo en mi terror sobre cristales.
De súbito en lo oscuro atisbo un brillo:
me mira una mujer de ojos celestes
bajo una áurea corona que calcina
la fe y las ilusiones con su azufre.
Galopa desbocado el corazón.
Qué insólito terror: la reconozco;
su nombre está tatuado en la mordaza
que asfixia los muñones de mis labios.
Con un esfuerzo exangüe e inhumano
la nombro, me aproximo, abro los brazos,
y un turbio vendaval nacido al fondo
del alma de Gorgona me hace frente,
degüella la esperanza y me derriba.
Atónito y exánime, arrastrándome,
me trato de ocultar, pero me sigue
la cal de su mirada y me da caza.
Fuera
llueve:
metida en mí,
la sombra.

sábado, 28 de agosto de 2010

礼


Decidieron dejarlo.
Sin hablar, con los ojos,
consensuaron su marcha,
alejarse por siempre,
renunciando al deseo,
tacto, luz y palabra.

Desertar, desterrarse,

poner tierra por medio
de sus ansias taladas.
Convocando al olvido,
destripar el pasado
y abortar el mañana.

Mas, ajeno, el recuerdo,
a aquel tácito acuerdo,
terco, los visitaba
desde el alba al ocaso,
en el sueño, el insomnio,
cada nueva alborada.

Y así, sobre las vísceras
del ayer sin futuro,
vertidas sin batalla,
por vida agonizaron
estrechamente unidos,
sin paz, por la distancia.

En guante de seda


Se mira anonadado en el espejo
y, herido por las horas que se alejan
como un tren por vía muerta, desbocadas,
susurra, en su zozobra, carpe diem.

Estéril rebelión, su grito ahogado
percute y se revienta en el azogue,
que, en su eco contrahecho, le responde,
sarcástico y triunfal, memento mori;
dejando que, después, siga blandiendo
su inocua insurrección contra el destiempo.

La muerte es un tirano complaciente;
le pasa al insurrecto por el lomo
su guante, convencida de que, al cabo,
su imperio de penumbras será eterno.

viernes, 27 de agosto de 2010

&&~~~


Distancias cortas.
Cuanto más cerca está,
Más la echa en falta.

Caida

Se fuga el viento,
Y pugna por, asido
A un sueño a uñas y dientes,
Mantenerse en el aire
Desafiando al vacío.
Insomne
Se des-plo-ma.
No hay en lo ingrávido,
Ni cúspide ni abismo;
Sólo sangre en lo cóncavo
Del latido que estalla
A-no-na-da-do.
Desde el centro cae todo
Hacia un círculo opaco
Que carece de límites.

Idea


Con sólo arena y agua
alzó las más excelsas
y firmes catedrales
del verbo y el poema.

jueves, 26 de agosto de 2010

Submundo paralelo


No sabes cuánto siento
penar, como un satélite,
orbitando ruinoso,
helado, oscuro y seco,
en torno de tu mundo
ordenado y ubérrimo,
y la luz que germina
de sus cálidas aguas.
Lo siento porque esa órbita
me condena a mirarme
noche y día en tu espejo
sin lograr reflejarme.
Mas lo siento ante todo
por las sombras que, a veces,
de mi yermo emergiendo,
tus vergeles alcanzan.
Mas no puedo eclipsarme
ni, atrapado en tu eclíptica,
tampoco hacer contigo
borrón y luna nueva.

El verbo, un río en calma...


El verbo, un río en calma que, hecho carne,
Se exalta y se derrama, incontinente,
Herido por la sal de la nostalgia.
Carnívora, mordaz y deletérea,
La arritmia a borbotones lo desborda,
Y sólo en el poema encuentra un lecho
Capaz de darle abrigo frente al pulso
De la agria torrentera de las sombras.
El verso encauza el curso de la sangre,
Sus ansias por verterse en un latido,
Frenando ese runrún que arde en su centro
Como un volcán en flor, vergel de un día,
Que corre hacia el mar seco del destiempo.

miércoles, 25 de agosto de 2010

Sentina


Quemada toda luz por el crepúsculo,
se busca entre las grietas de las sombras,
igual que un perro ciego.
(Se intuye sucio abismo sin confines).
Su sed, vampiro autófago,
perdida en el vacío, es un aullido
de tiempo coagulado.
(Las náuseas que destila,
lo mudan pozo ciego).
Sin norte,
se consume
estático, famélico, con rabia, desbocado,
atónito en sus heces.

El ojo y la bula


POCOS individuos hubo por aquellos pagos con tan certera puntería como el padre Amador. Amador Recio de la Vara, para más señas. Y es que, Amador, donde ponía el ojo ponía la bula. Y así, llegaron a contarse en más de un centenar los sobrinos suyos que acabaron, con el tiempo, poblando la comarca.

El ojo y la garra


DIÓGENES Ciscar era un individuo en cierto modo curioso. Y lo de curioso no le venía por que fuese cotilla, sino por lo excepcional de determinada práctica que venía realizando a diario desde hacía ya muchos años: Diógenes, donde ponía el ojo ponía la garra. Y otras cosas. Cada noche, justo antes de disponerse a dormir, se sacaba el garfio que llevaba engarzado en el muñón del antebrazo derecho, la dentadura postiza, el ojo de cristal, el bisoñé, y, junto con todo aquello que solía portar en sus bolsillos, incluidos los bastoncillos para los oídos y un sinfín de pañuelos de papel usados, los depositaba sin orden ni concierto en el cajón de la mesita de noche. Sí, Diógenes era un individuo en cierto modo curioso. Y, en todo caso, muy poco cuidadoso en asuntos relativos a la higiene.