jueves, 12 de julio de 2007

Callejón sellado

Tengo miedo de verte
necesidad de verte
esperanza de verte
desazones de verte.


Mario Benedetti


En el callejón oscuro
con farolas de tormenta
ha despertado la flor,
de pétalos de mercurio,
su denso aroma vacío
y su sabor ceniciento.

El periplo que anunciaba
a un reino sin territorio
mientras soñaba con ninfas
tras su muralla de espinos,
se ha cubierto ya de cieno,
mariposas sin estirpe
y huellas de pasos yermos.

Con los párpados lacrados,
frente al rugido del mar
busco la luz de unos ojos,
que a tientas y sin aliento,
extirpe con fuego el fuego
(una amarga letanía
vierte su bruma en el cielo
pues sin sueños qué será
de una amapola sin peso).

Y se envilece la angustia
que se aferra a las esquirlas
de espejos sin esperanza
que hizo jirones el viento.

Y lagrimea la risa,
ahíta de sal volátil,
enturbiando las miradas
que se ocultan tras el párpado,
presas de un mal de cuervos.

Y una calavera muda
se hace eco del lamento
de preguntas sin respuesta
que se enquistan en lo eterno.

Duda eterna que desgarra
y los sentidos perturba
difuminando el deseo
tras escudos de desdichas
y la armadura del miedo.

Me traiciona la traición
que muere sin amor propio
sobre el dolor del ajeno
y se diluye el espectro
de un cadáver que agoniza
a los pies de un tiempo yerto
y se va difuminando
disperso en un pensamiento.

Ser y no estar
o estar sin ser.
Verte o no verte
sin esgrimir una lágrima;
es el dilema insoluble
en la derrota segura
de esta batalla irredenta.


Tres de mayo de 2006

Pira bautismal

Con el frío metido en los huesos,
Arden,
Lánguidamente,
Las plegarias.
Pira abismal ungida de espanto,
Bautismo de sombras.

Cuento infantil para procurar la vigilia

Llueve granizo sobre el hormiguero. Grita la reina, se siente sola, la soledad del trono. Grita, mientras una cuadrilla de obreras despedaza vivo a un escarabajo ante la muchedumbre enfervorecida, que se frota las antenas para oler mejor la sangre. “¡Avisen a los bomberos! ¡Y a los servicios funerarios!” Pero las infantas bastardean, conspirando. “¿¡Vosotras también, hijas mías!?”, interpela, sorprendida, antes de ser congelada.

miércoles, 11 de julio de 2007

Retirada con amargos laureles


El silencio que se agita,

Amordazando el lamento,

Sabe a lilas floreciendo

Sobre la tierra marchita

De los vestigios de un sueño.


Oh ser un lecho de flores

Hecho con sangre vertida

Por corazones sin nombre.

Vértigo

VÉRTIGO: No, no es ese miedo ancestral a la caída, que nos deshabita en sueños. Es tratar de alzar el vuelo entre nubes sin nombre que escupen mercurio.

Los códigos del amor

Catorce de febrero de 2069. Hace siete meses, tras trece años de trabajo incansable, el Grupo Interdisciplinario de Investigaciones Avanzadas sobre Comunicación y Encuentro de la Universidad de Florencia hizo el que ha sido considerado como el mayor descubrimiento en la materia de toda la Historia de la Humanidad: descifrar, sin ningún margen de error, los códigos del amor.

Inmediatamente fueron puestos a la venta al precio de siete passias. El passia es la unidad de moneda internacional y equivale a quince sonrisas. Por este motivo, mientras los códigos han resultado fácilmente asequibles para algunos, para otros muchos han constituido un artículo de lujo casi inalcanzable. A los pocos días de iniciarse su comercialización masiva, era el producto con más difusión en el mercado negro, y por el que más denuncias por robo y asesinato se han recibido desde entonces en la sede del Ministerio de las Emociones. En cualquier caso, de un modo u otro, en sólo unas semanas todo el mundo había logrado hacerse con los códigos. Hoy, inmersos en ésta guerra global que en poco tiempo habrá acabado con cualquier vestigio que pudiera atestiguar la existencia del hombre en la Tierra, el amor ha desaparecido irremisiblemente de la faz del Planeta y del latir de los corazones.
Septiembre de 2006

Fe debida

Ojos de luto

Masticando naufragios.


Párpados cortados

Que claman sin eco al silencio

Como alas de alambre y espinos.


Me invade, irrumpiendo en la médula,

Un presagio con destino a los horrores,

Antesala consignada

De lo huero.


No escuches

Mis plegarias.

He comprendido los designios

En la férrea causalidad de lo complejo

-fe de vida sin efectos-

Y en las fauces apegadas de la ausencia

Me he vestido de destierros.


Fundamento que sostiene a la poesía

Que en las sombras alumbrara la ternura

De tu gesto.

martes, 10 de julio de 2007

Las hadas marchitas

Cada medianoche,

Al runrún de las doce,

NOES como espadas,

Blandidos contra el tímpano,

Se desploman como un cielo

Sobre el mar de los hechizos.


Nace sin fe una oscura presencia

Que destripa, atribulando, las ficciones,

Y van floreciendo andrajos

En la oquedad de las alas.

Identidades

Te miro asombrado
Y no eres la misma.

O, tal vez,
Es que es otro el que te mira.

Parásitos

He visto cientos de moscas
Posadas en la miseria
De un rostro de ojos gigantes,
Dulce y famélico rostro
Sin su vida por delante.

He visto cientos de moscas
Y me he frotado las patas.

lunes, 9 de julio de 2007

Desdén constante más allá de la muerte

Lamiendo cristales,

Así sobrevivo.


Con las fauces abiertas

Al profundo vacío,

Y pupilas aferradas como garras

A la luz sin color de un espejismo.


Lamiendo lamiendo lamiendo.

Lamiendo

El aroma putrefacto de las huellas

De un cadáver que se viste de domingo

Desde la última alborada sin ocaso.


Todo está negro.

Todo

Menos mis huesos amarillos:

Tristes, deslavazados,

Polvo al polvo,

Pero polvo

Desenamorado.

Otra mañana en la Bota.

Tumbado sobre la arena,

Entre verso y verso de Blas de Otero,

Recuerdo mañanas de playa

En extintos veranos por el frío.

Y al mar lamiendo, voraz, las sordas huellas pretéritas

Que jamás alumbraron mi mirada,

Y dejando, como herida, en su lugar

Pisadas de sal y espuma

Sobre restos de algas muertas.

Rompe el azul la luna menguante,

Altiva frente al sol del mediodía,

Y ahogándose los pinos al mutismo caluroso del estío

Alzan sus copas al cielo para brindar por la brisa,

Cuarteto de sal y viento

Que pinta con su soplo entre las ramas

Sabrosas y silbantes melodías.

-Silencio: anda afónica la orquesta-.

Te voy a contar una historia de amar:

El mar mueve las manos como tú cuando te alejas,

Dejando mi playa en un yermo

Que nunca bebió de tu océano.

domingo, 8 de julio de 2007

Nunca es tarde

Y si al fin una noche en cuarto menguante

Vienes a rozar la hornacina ensombrecida de mis dulces anhelos apagados

Con la llama encendida de agreste humedad de tu lengua almibarada

Y un beso germina a destiempo, fugaz, cual vuelo azul de mariposa en el ocaso,

No habrán de pronunciar entonces, trémulos, mis labios:

Llegas tarde.

Como un torrente

Imagínate un torrente,

De alta montaña, buscando

Su cauce entre las rocas;

Despeñándose, rompiendo

Sobre aristas afiladas

Que hacen saltar, como gotas

De sangre clara, añicos

De la frescor de su origen,

Dando a luz pequeños arco

Iris al sol, espejismos

Coloridos que se esfuman

Arrastrados por el viento.

Imagínatelo roto

Una y millones de veces,

Rehaciéndose de nuevo

Por la fuerza que le otorga

Su dulce ensueño anhelante:

Verdor de un valle acogiéndolo.

E imagínalo al final

De su periplo, frustrado,

Entre arenas de un desierto

Que lo engulle calcinante.

Imagina todo esto

Y a mis latidos buscándote

Sobre arenales hambrientos

Como la herida sangrante

Que me abriera en medio el pecho

El buscar sin encontrarte.

sábado, 7 de julio de 2007

Datos personales para un formulario tributario

Yo ya no soy el que espera;

Mi nombre es desolación,

Mi morada el callejón

De la tirana Quimera.


(Sin nada que declarar,

siempre resulto a pagar

por mis latidos, gabelas).



Sentio, ergo sum.

Esta noche, un tanto colgado, pero aún no lo suficiente -tendré que hacer algo al respecto-, me he propuesto ir escribiendo sin esquemas previos. Sólo aquello que me vaya brotando de los dedos sin pasar por el tamiz engañoso de eso tan falso y pesado que denominan raciocinio. Porque no es cierto aquello que dijo el filósofo, sólo se existe sintiendo. Bueno, parece que, de momento, lo voy consiguiendo. Hoy escribí una larga carta tratando de explicarme a mí mismo y rogando que se me concediese la oportunidad de no tener que soportar más esperas vacías de esperanza. No la envié. No te la envié. Tuve miedo, no por mí que ya ando perdido, si no por ti, que espero que aún conserves, aunque te anegue de espinas, en tu pecho una rosa de los vientos. Y es que estoy muy cansado de este juego en el que desde el principio estoy abocado a la derrota. Y aunque ya sé hace tiempo que no es la esperanza lo último en perderse, que siempre quedan el dolor y el desamparo, aun con ellos quisiera seguir viviendo. Pero así no puedo. Han sido tantas tácitas promesas incumplidas robándome el aire, que no podré soportar muchas más sin que me invada el territorio del último vacío. Y en ese no lugar no se respira. Y yo quiero seguir respirando, aunque el aire esté cargado de añoranza cual veneno. Quisiera hacerlo contigo, pero tú no te mereces un pulmón de acero aprisionándote. Así que tendré que habitarlo solo. Pero, ¡piedad!, no más promesas, no más anuncios, lo que hayas de hacer, ya sea junto a mi o en la distancia, hazlo, sin más. Porque es muy duro tener que esperar sin esperanza y tú nunca quisiste tanta amargura ensombreciendo mi camino. Hoy pienso que puede que L. tuviese razón. Aunque nunca será posible saberlo con seguridad. Es lo que tiene la irrealidad manifiesta de los tiempos verbales condicionales, de los estrenos fracasados sin ensayo, que nunca es posible valorar sus verdaderas posibilidades. Nada más existen como un pasado sin futuro, o como un futuro sin pasado ni presentes. Pero sí, puede que estuviese en lo cierto y tú y yo debiéramos haber aprovechado la oportunidad de transitar al unísono las mismas sábanas, el uno pensando que hacía el amor y la otra disfrutando tan sólo del sexo, que no es poco. Puede que así hoy no lo hubiésemos perdido ya todo, y aún conservásemos el inmenso placer del encuentro que ya desperdiciamos para siempre, sólo el encuentro en la voz y las miradas, que también es mucho, al menos para mí, aunque puede que tú nunca opinases lo mismo. Aunque todo esto no deje tampoco de ser un condicional sin sentido, añadiendo dudas absurdas a lo imposible. Pero lo cierto es que nos dejamos manejar por la renuncia, esta renuncia, entretejida de deseos y recelo –mucho menos de las dos cosas por tu parte-, que ha terminado arrinconando los anhelos y alzando sólo el miedo como barrera absoluta sin ningún tipo de atributos. Victorioso hasta el vacío. Miedo, sólo miedo. Miedo a todo, y miedo a nada, a la nada. Sí, puede que L. tuviese razón, pero eso ya, tan tarde o, en realidad, fuera ya de cualquier posibilidad de conjugar en primera persona del plural nuestros momentos, nunca llegaremos a saberlo. Bueno, parece que lo he conseguido y, por una vez, aun sabiendo que tú nunca llegarás a conocerlos, he logrado no guardar mis sentimientos. Y al menos por este rato he vuelto a existir de nuevo. En mí, solo en mí, tan sólo. O en mí, sólo en mí, tan solo. Pero a esto nunca llegaré a acostumbrarme. Y sigo pensando. Y me desvanezco. Y sigo buscando, aunque BUSCAR: No es un verbo sino un vértigo.

viernes, 6 de julio de 2007

Sucedáneos

Pues yo, últimamente, consumo poco. Y, la verdad, me jode, porque nunca me ha gustado demasiado consumir. Así que estoy comiendo mucho chocolate. Creo que engordaré.


Inspirado en un magnífico texto de la viuda de Tantamount.

Bestiario (IX)

(Ramnusia)




Eres el nido que alumbra al poema: pájaro ciego

sin alas.


* * *


Desde esta tela de araña

Atrapados de infortunio

No han de volar los insectos

de la noche.


* * *


Está la mariposa

deshojada.


* * *


Incinérame de olvido, pájaro blanco de fuego. Y ofrenda mis cenizas apagadas, a la reina de las lilas: virgen vestal sin simiente, metamorfosis






inalcanzable.


* * *


Qué estéril

Promiscuidad,

Cuánto silencio.


* * *


En mi parva desmesura, con la vara de un manzano, golpe a golpe desmedida.


* * *


Vuela a lo lejos el cisne, escupiendo su desprecio.

(De mis bestias, la más cara, lleva una rueda en la mano)


* * *


Arde el nido:

Vuelan los muñones

desolados.

Desesperanza

Esquirla de humo infranqueable

penetrando sin estirpe la memoria
-mazmorra de gemidos rogando el desenlace
sobre un túmulo de cenizas y silencio-

cuando la noche,
insomne,
se espesa en el tumulto del viento
y las estrellas,
marchitas,
se acogen a una niebla recóndita
y a sus miradas,
turbias,
lamiendo el ácido espejismo
de su inútil y frágil existencia.


24 de julio de 2006

Haiku


Crepita el bosque
Pinta el sol sobre el humo
Su sangre arbórea.