lunes, 18 de febrero de 2013

El túnel del tiempo de las comunicaciones (4): El palacio del Louvre (Carlos Parejo)


Heme aquí, disfrazado de paje de antecámara real, en pleno Palacio del Louvre (Paris, Francia).

Las campanillas se han convertido en los diminutivos de las campanas de las iglesias, para demandar una presencia útil en el hogar. Se han generalizado y están en todas partes: En la portería del jardín; a la entrada del edificio, y en cada una de sus cientos de habitaciones. Hay, incluso, un diccionario sonoro que todos los sirvientes deben aprender. Según el número de veces que su excelencia real la haga vibrar, llama a uno u otro. Pienso para mis adentros que no está nada mal. Aunque, si Graham Bell hubiera inventado ya el timbre eléctrico, aquello sería un manicomio.

La reina se pasa toda la mañana despachando y recibiendo billetes. Se trata de mensajes diminutos, escritos de puño y letra, que luego pliega, mete en su sobre y cierra con lacre y su sello real (los primitivos anti virus contra espías y gente sediciosa). Más de un centenar han pasado por mis manos, para que luego hablen de la adicción a los teléfonos móviles.

Las comunicaciones, en este palacio aparentemente tan vigilado, no dejan de sorprenderme. Los reyes y sus familiares directos tienen un laberinto de pasadizos y puertas secretas para acceder –mediante resortes hábilmente disimulados- a todas las habitaciones, sin ser vistos. En estos pasillos, a la altura de sus ojos, hay unas disimuladas pequeñas mirillas para observar lo que sucede en cada una de ellas. También han incorporado tubos para que los techos y las paredes oigan las conversaciones de cualquier habitación; y otros ingenios más sofisticados, como tuberías con espejos reflectantes, para ver lo que sucede en las de la planta baja o en las entradas al edificio. Aquí se acaba de inventar el dicho “Cuidado, que hasta las paredes oyen”.

Nadie entra en una mansión notable de cualquier manera. Las mansiones están vigiladas por verjas y barreras custodiadas por porteros de garita y fieros perros guardianes. Uno, tras recibir el visto bueno de los porteros, ha de dejar su tarjeta y motivo de visita al mayordomo o ama de llaves, y sólo tiene vía libre cuando se hace anunciar. Los vestíbulos y salas de espera se generalizan en esta época, y de ella los hemos heredado.

Vivimos en una época donde las noticias se recaban en la plaza mayor de cada ciudad, llamada vulgarmente el mentidero, por la cantidad de insidias y rumores que se propagan y de las que luego hay que retractarse. Y todo este cotilleo no hace más que aumentar las precauciones de la gente famosa para comunicarse sin indiscreciones. Tienen habitaciones ocultas en sus mansiones, que nadie conoce, o las alquilan en viviendas de gentileshombres, conduciendo hasta ellas a sus visitas con los ojos vendados. Salen a pasear de incognito, desatornillando escudos y divisas de sus lujosos carruajes; poniéndose velos, antifaces, capuchas, sombreros anchos y calados, capotes y capas para embozarse.

Las noticias importantes, como siempre, les llegan antes a los personajes poderosos. Cualquier “Grande” de Francia o España tiene una buena provisión de caballos en la red de “postas” o “posadas correo” de su país. Y sus “enviados especiales”, mudándose de uno a otro equino, les traen sin tardanza, en menos de veinticuatro horas, los mensajes urgentes desde el más remoto confín.

© Carlos Parejo Delgado

domingo, 17 de febrero de 2013

Me masturbé esperando a Tom

Alegan sin escrúpulos
o peor aun como loros sin sesera
–¡Oh qué honda reflexión, merece tanto!–,
cuestiones de carácter filosófico

para justificar el alto precio
de ideas vagas sin forma.
Pero esto no es filosofía, es otro
asunto que requiere
de cincel y martillo, amén de idea,
para abrir, sin caer en la impostura,
las puertas del Parnaso
y acaso, si la suerte no es esquiva,
una cuenta corriente
prosaica y sustanciosa.
Por poner un ejemplo y, si se tercia,
hacer un buen negocio:
Si me masturbo a ciegas
en tanto amargamente reflexiono
sobre encuentro y olvido, orgasmo y muerte,
y dejo con el semen derramado
un cerco tan estéril
como informe en las sábanas,
¿merecerán acaso estas un día
ser objeto de culto o alcanzar
el mínimo valor en los mercados?
Qué quieren que les diga, no lo creo.
(No obstante, si hay quien piensa
que pueden hacer juego en su pared
sobre una meditada ratonera,
estoy dispuesto a hablar tanto de precio
como de la mejor forma de pago).


Imagen (repetida en breve tiempo): "Esperando a Tom",
de Juan Muñoz.

Sobretensión


(poema erótico)

igual que una bombilla
de 125 en una red
que tiene por tensión 220

sábado, 16 de febrero de 2013

De otro costal

"Todo necio
confunde valor y precio."


Antonio Machado

¿Qué es el arte? me dices
mientras derraman lágrimas
tus pupilas henchidas
de estupor e inquietud.
¿Qué puedo yo, reñido
de siempre con las Musas,
romana del Trastévere,
responderte al respecto?
Si el arte es alelarte
o estofado de estafas
para pijos con pasta
de pico y poco casco,
¿qué haríamos si Sanzio,
siguiendo su costumbre,
un viernes sacrosanto
volviese como dicen
-y no digo el de Tormes-
que hizo, harapiento, Lázaro?
¿Cortarle la cabeza
siguiendo los dictados
de alguna liberal
reina de sinrazones
y entregarla al mejor
postor pijo con poco
casco y de pico y pasta
en el cadalso de ARCO?
Oh Margherita Luti,
giovane donna en cueros,
reina del corazón
del de Urbino, ¿qué precio,
de darse la hipotética
resurrección, habría
que poner a tus ojos
oscuros y a tus claras
y panaderas tetas?
Cuando el arte es, más que arte,
patético estofado
de estafas, Margherita,
con que se forran pícaros
de baja estofa a costa
de pijos alelados,
es cuando esas dos tetas
que hechizaron a Sanzio,
demuestran que valor
por mucho que se empeñen
los crípticos venales
del arte de alelarnos
no es ni será jamás
sinónimo de precio.

Resaca

este nido amarillo
de muerte y rojo sangre
y exilio de violetas marchitas sin parterre
incubando en su centro un huevo de águila
esta estantigua esta hez
de flechas que regresan
de las abyectas cloacas del pasado
este tiro de gracia este garrote
vil estos paredones
este himno crematorio a yugo lento

viernes, 15 de febrero de 2013

ÚLTIMA HORA: Axteroides en Hispania

Agencia OBELIX. Madrid, 15 de febrero de 2013. Según fuentes anónimas, pero muy acreditadas, el Gobierno del Reino Borbónico habría estado ocultando a los súbditos de la futura muy cultural y benéfica por ley piel de toro, la espantosa lluvia de meteoritos que desde hace más de un año viene asolando la península Ibérica. “Lo de Rusia no ha sido nada, comparado con lo de aquí”, ha asegurado un reputado astrónomo que cubría su rostro con una capucha para evitar ser reconocido. “Aquí -ha añadido- la caída incesante de violentos meteoritos ha producido ya decenas de muertos, infinidad de cuadros depresivos, y ha dejado a miles de familias sin hogar”. Entre los asteroides más letales nos ha citado los siguientes: PP-RAJ-01, PP-C05-P-DAL, PP-M0-NT-0R0, PP-MAT-0 (letal, letal), PP-D-GUIND-05, PP-RAT-0 y un largo etcétera.

Liberartismo (o de cuando el arte es alelarte de frío)


Era reconocido de manera unánime como el más grande críptico de arte de todos los tiempos.

jueves, 14 de febrero de 2013

Para que después digáis que no escribo poemas de amor por San Valentín


(o de amores perros)

Un caracol me sube por el pene.
De los testículos al glande
-que no es tan glande; he de decirlo
por no mentir en el idioma
del país del sol naciente,
o sea en japoné-.
Pero yo ni me inmuto;
no quiero que me acusen de zoofilia.
Ahora lo entiendo todo, mala perra,
no se trataba de algo personal,
es sólo que querías
evitar te tildasen de caníbal.
Y yo, más que maduro, podrido a estas alturas,
ansiando ser cocido en tu caldero,
en tanto el caracol
me recuerda la baba derramada
y el apetito rancio y desabrido
que ya lo es nada más que por costumbre.
Escucha mis ladridos, perra mala,
mis aullidos llamándote
como un enfermo crónico
cuyo único deseo es ya la muerte.
Te quiero como a nadie, como a nada.
Te quiero, mala perra.

Ilustración: Marte, Venus y Cupido, de Lucas van Leyden

Y comieron perdices


No se les pudo dar mejor la noche. Tanto, que decidieron apostatar del amor sine die.

Ilustración: Venus y Cupido, de Alessandro Allori, Il Bronzino.

miércoles, 13 de febrero de 2013

Bajel sin portulano


A Sebastián de la Obra, amigo y miembro del Coro Averroes de la UCO

Me envías, caro amigo, tu lumbrera
"Historia de un bajel", polifonía
que me instas a cantar, mas no hay tutía;
y no por arduo reto, por quimera.


Me explico: te aseguro y, si no fuera
ateo de hueso a piel, te juraría
que en esto del bel canto y la armonía
no lo hago mal aun no siendo una fiera.


Pero hay una cuestión -la partitura-
que trueca aquesta cosa asunto feo,
y no digo con ello grave o dura,


digo imposible y más por ser yo reo
de una grande carencia: desventura
de no tener ni idea de solfeo.


Poemas serios (XXV)


Aquel dolor suplicio angustia aquel
dolor rabia insurrecta coraje en carne viva
arrastrándose iluso sobre abrojos
carbón al rojo espinas
se fue pasó murió murió dejando
esta tristeza suave
cicatriz
servil
sin esperanzas.

martes, 12 de febrero de 2013

Caja negra

Esto de la auditoría,
dada tanta cuenta opaca,
huele mal, huele a cloaca,
permitidme que me ría.
Aunque igual no debería,
porque al reírme destapo
la nariz y así me empapo
de ese hedor tan rancio a facha
que da náuseas, que me agacha
y me deja hecho un guiñapo.

Francachela


devotos de sus propios
ombligos de alimaña
aguzaban el odio
prestos a devorar canibalescos
el alma a los que habían
reducido a carroña
de la esperanza al tuétano

lunes, 11 de febrero de 2013

Poemas serios (XXIV)

Táctica
y estrategia:
Vivir. Parece fácil.
Sin embargo,
requiere un gran esfuerzo.
No basta respirar,
amar y ser amado,
comer y defecar,
postrarse genuflexo,
santificar las heces.
Vivir es mucho más:
es contener las náuseas
y el ansia de ceder
al sentir en las venas
la angustia, el odio, el miedo;
al escuchar los pávidos
gemidos terminales
de los que se postraron
en nuestra misma fila
de hinojos y ahora beben
la hiel del matadero;
al despertar de súbito
con la mierda hasta el cuello.
Vivir es dar un paso
Al frente, es dar un paso
aun sabiendo del vértigo,
la piedra, la caída,
la hiel del matadero,
es ceder a las náuseas,
tropezar y caerse
de bruces en la mierda,
y limpiarse la boca
para con un aullido,
santificar el aire.

El túnel del tiempo de las comunicaciones (3): La Corte Omeya (Corduba, 1013). (Carlos Parejo)

La vida íntima está férreamente separada de la vida pública que, para las mujeres, casi no existe. Mi ama, la favorita del rey, se acicala en la azotea mientras me manda observar el vuelo de los pájaros en la amanecida. Quiere conocer si el día será neutro, de buen o mal agüero. Y compara mis predicciones con las de su astrólogo personal, que le ha sacado las tripas a una gallina negra. Zahara, luego, ha permanecido bordando, reclinada en su diván que está lindante al patio interior. Sus oídos han asistido a un concierto celestial. Gorriones y tórtolas lo iniciaron. Se le unieron más tarde el francolín y el mirlo y, cuando todo era un eco ensordecedor, el fabuloso solista que es el ruiseñor. Se oían los ecos de los niños en las escuelas. Musulmanes, judíos y cristianos aprendiendo sus primeras letras en las escuelas coránicas, rabínicas y parroquiales. Recitan y escriben cientos de veces, hasta aprendérselos memoria, sus libros sagrados.

El libro es, por cierto, un artículo de lujo. Sólo un pequeño grupo de grandes personajes tienen bibliotecas con algunos cientos de ejemplares. Algunos libros sabios y raros se traen a precio de oro desde la remota Arabia o la lejana Grecia, y se traducen aquí. Después cada ejemplar nuevo es fabricado lenta y trabajosamente por manos exquisitas y expertas: curtidores para sus tapas, orfebres y plateros para sus incrustaciones, iluministas para las miniaturas pintadas, escribanos para sus letras,…

Al mediodía he acompañado a mi ama que ha salido de incognito para visitar mercados y plazas. Su cabeza va envuelta en un velo y vestida sencillamente como una esclava. Los zocos están abarrotados de gente. Allí se clavan los bandos municipales y los pregoneros recitan todo lo que hay que saber sobre lo que acontece en la ciudad. Además, los caravaneros, juglares, cuentacuentos y peregrinos, nos dan “nuevas” de lo que acaece en territorios distantes. Sanadores y milagreros nos ofrecen los prodigios de su medicina alternativa, basada frecuentemente en hechizos y supersticiones que la ciencia ignora.

Orientarse en Córduba no es tan difícil. Las piedras se han trabajado para saber dónde estamos: Los versículos del Corán adornan las fachadas de las casas del barrio musulmán, donde los almúedanos llaman puntualmente a la oración seis veces al día, desde los altos alminares de sus mezquitas de tejados verdes. Un humilladero con una soberbia cruz da entrada al barrio cristiano. Los altares callejeros de Santos, Cristos y vírgenes identifican sus calles. Y cuando llegamos a las cancelas que se cierran cada noche, y las calles se estrechan y tornan laberintos, nos encontramos con la judería. Allí se pintan las fachadas con candelabros de múltiples brazos y estrellas de David.

Cae la noche, se cierran las puertas de las murallas, las rondas de la guardia urbana pasean las calles solitarias y oscuras. El suave repiqueteo del agua en la fuente del patio nos va adormeciendo los sentidos. Las doncellas le cuentan a mi reina todos los chismes del día, siempre con un tono medio, cada vez más bajo, sensualmente misterioso.

Antes de acostarse mi señora repasa su correspondencia subiendo a la azotea. Cualquier noble andalusí tiene un magnífico palomar en casa. Estas aves mensajeras son su “correo aéreo urgente” con los familiares que dejaron en la lejana Siria y con los espías del norte cristiano,…

©Carlos Parejo Delgado

domingo, 10 de febrero de 2013

Matar al violinista

A María F. Lago
Cuando cesó la música
–había envenenado el desaliento,
al más que centenario violinista-,
autómatas perfectos
en un mundo de sordos manejado
por una casta obscena de aulladores,
por miedo a que al dormirnos devorasen
con gula nuestros sueños,
continuamos bailando
al son que nos tocaban,
que siempre, desde siempre, habían tocado
por acción u omisión,
los dueños del silencio:
era lo establecido, único modo
–según los catecismos oficiales-
de evitar la catástrofe.
Después, cuando cayeron, sin aviso
previo de las sirenas,
las bombas –fuego amigo lo llamaron-,
cansados, con las piernas aquejadas
de calambres, no fuimos
capaces de correr a los refugios.
Y entonces lo supimos. Era tarde.

Escribo ciertas...

escribo ciertas
palabras que no son
más que mentira
la inocencia del verbo
retando a la falacia

sábado, 9 de febrero de 2013

El espejo de la melancolía (LIV)

Extraviado en los límites
de un eclipse de tiempo,
hay algo de agua y algas en la boca
de sal del desterrado. Con la noche,
piedras abominables caen del vano
sarcófago espectral del firmamento
y se hunden en la mar alzando oníricas
columnas de oraciones execrables.
No habrá misericordia; falta al cántico
el ánimo caudal que se requiere
para enfrentarse airoso a la ordalía
blasfema y sofocante del silencio.

viernes, 8 de febrero de 2013

Poemas serios (XXIII)

Noche tras noche escribo
lo que no sé decir, lo que no debo
ni puedo desvelar: ese alarido,
vano lamento críptico,
con la lengua amputada,
de orfandad sin consuelo,
que pesa como roca
de Sísifo ligada
con una soga al cuello.
Y cómo me atormenta
advertir que el silencio
al que sucumbe el cántico
no es más que un eufemismo
inhumando tu nombre.

jueves, 7 de febrero de 2013

Mito

Estamos en el año
2094.
Un grupo de arqueólogos

halló hace unas semanas
con señas de no haber
sido jamás abierta
y en un lugar tenido
de siempre por sagrado,
la caja de Pandora.
De inmediato el hallazgo
desató la polémica
entre los partidarios
de abrirla con la idea
de desmentir el mito
y aquellos que, por contra,
ansiaban confirmarlo.
Hubo también algunos
individuos aislados,
tildados de insociables
por tirios y troyanos,
que abogaron, vehementes,
por dejarla cerrada.
Al fin se decidió,
tras una contumaz
y atroz caza de brujas,
desvelar sus secretos
por terribles que fuesen.
Estamos en el año
2094
y esto es el fin del mundo:
no se ha hallado en la caja
nada al abrirla, nada.

La injusticia mecánica

Hoy día, pervertida,
la Justicia en España
nos recuerda la escena -o su reverso
en lo que a su objetivo se refiere-
del "film" de Stanley Kubrick
-La naranja mecánica-,
cuando al protagonista, Alex DeLarge,
un salvaje sociópata, le instalan en los párpados
un extraño artilugio -un par de ganchos-
con el fin de impedirle cerrarlos y obligarle
a ver una tras otra películas violentas
para con este método inhumano,
llamado Ludovico en la ficción
e inspirado en los perros de Iván Pávlov,
hacerle aborrecer toda violencia.
Hoy día a la Justicia
en la Una, Grande y Libre,
al igual que a DeLarge,
le han quitado la venda,
sólo que con el fin
de hacerle tolerar las actuaciones
violentas que en España se perpetran,
siempre y cuando lo sean
desde una posición de privilegio.

miércoles, 6 de febrero de 2013

Anti tanka (9)


una elegía
no es más que una elegía
ni más ni menos
las musas del poeta
son sólo un sueño huero

La patria


A ellos, contra ellos: la jauría.

"Los trabajadores, los pueblos
sólo tienen un medio para tener patria:
hacer la revolución.”

Roque Dalton

“Cada vez que dicen patria,
pienso en el pueblo y me pongo a temblar”

Carlos Cano

Vinieron a buscarme enarbolando
banderas y, al unísono, entonando
un himno espurio al todo por la patria.
“La patria, vuestra patria, no la mía
–les dije–, es una cierva inerme, atónita
con la que se les llena
la boca a los felones que en jauría,
la acosan para, aún viva, devorarla.”
Y los mandé sin más, con sus banderas
y su himno carnicero, a hacer puñetas.

Ilustración: Paul de Vos.

martes, 5 de febrero de 2013

El espejo de la melancolía (LIII)

hablo de lo que sé
es decir de lo ignoto
de ese bajar los brazos ese vértigo
ese adusto estertor previo a la calma
con los ojos abiertos al silencio
y qué estarás pensando en este instante

Ilustración: Ophelia, de Alexandre Cabanel.

Bosque

ocultos como lobos
detrás de las metáforas
tabúes de alma lóbrega silentes rememoran
la acerba levedad de lo pretérito
la nieve es un sudario hecho rescoldo
sobre una piedra negra se desangra
el corazón del miedo

lunes, 4 de febrero de 2013

Alumbramiento


Bajo la luz menguante de un rescoldo, un ángel se diluye, enterrado en estiércol. Estamos en agosto y hace frío –nunca antes sucedió por estos pagos–, las flores languidecen quemadas por la escarcha, y el sol es una mancha enfermiza y borrosa hundiéndose en la ciénaga. El ángel gime inerme chapoteando en sus heces, siente el peso de su transmudación en pulpa y sexo, y se muerde las alas, en tanto el brío corrosivo de las horas desmenuza sus huesos. De súbito, la noche, se tiende como un muerto sobre el filo opaco y terminal del horizonte. Nadie escucha el lamento del ángel: dios ha muerto, y el nuevo ser nacido del despojo de una ilusión celeste, es lo único que, efímero y sin sentido, existe.

El túnel del tiempo de las comunicaciones (2): Roma Siglo I DC (Carlos Parejo)


El invento del topógrafo hace que se hable de todo lo referente al espacio y la distancia como una geometría medible en millas y escenificable a través de mapas, y no sólo como una percepción personal. A la par, el imperio romano tiene sus limes, con sus puestos fortificados y sus aduanas. Se comunica entre sí organizadamente por las calzadas y vías de piedra, el precedente de las modernas autovías. O por el mare nostrum, que se abre en primavera con los carnavales y se cierra a la navegación cuando empiezan los temporales que anuncian el invierno.

Meteoro, mercader de especias orientales, gusta pasear por la mayoría de las ciudades romanas que, excepto la capital, tienen dimensiones modestas. Cada persona porta su identificación legal, pues ha de estar censada y empadronada. Hay quienes tienen el privilegio de ser ciudadanos latinos y romanos, y después están los emigrantes, que son otra cosa. Y, además, la escala de tratar a cada cual varía infinitamente según seas una persona libre, liberta o esclava. La costumbre del sometimiento de la mujer al varón, típica de los pueblos bárbaros, ha ido desapareciendo. Las mujeres romanas no tienen pelos en la lengua. Tienen derecho a sentarse a la mesa con los hombres, a insultar, a tener amantes y divorciarse, a salir solas por la calle…

Van pasando las horas: Prima, Tercia, Sexta, Nona. La calzada, le parece a Meteoro, va subiendo su corriente vital. Se hace más intenso el ruido producido por el roce -sobre las losas de piedra- de las sandalias de los transeúntes y las yantas de los carros. Cada cual lleva su traje distintivo. Todo el mundo se aparta voluntariamente cuando pasa la toga de un senador con franjas púrpuras en la manga; el soldado con su casco y penacho de plumas; o el pedagogo luciendo su capa y bastón, las barbas lacias y unas sandalias negras con cordones blancos. La dama de alcurnia se hace conducir en su litera o silla de manos y tiene su esclavo delantero, que se abre paso con el látigo, y dos niños pajes a ambos lados, vestidos con túnicas inmaculadamente blancas y con el pelo teñido de oro.

Los militares se reúnen en los gimnasios, espacios que les están reservados para su formación atlética. El resto de La ciudadanía acude a los templos, los foros, las tabernas y los baños públicos, donde se pasa todo el día tertuliando pausadamente. Meteoro observa que, después de la hora Quinta, los tenderos le hablan con abruptos monosílabos, esperando que retire prontamente la mercancía. Los taberneros se apresuran a echar el cierre a sus negocios. Todo el mundo camina con prisas. Nadie quiere perderse los juegos gladiatorios. ¡Cómo si fuera un partido de fútbol de los eternos equipos rivales¡. Allí descubre que ya se usa el lenguaje dáctilo-gráfico como una forma de comunicación masiva. Para determinar la muerte los espectadores inclinan el dedo pulgar boca abajo, y para la clemencia del vencido lo alzan hacia arriba. El gladiador triunfante recibe una corona de laurel y numerosos ramos de flores, regalo entonces no sexista.

Las masas abandonan el circo. Cae la noche en la ciudad, dejando sus excepciones luminosas. Las vías principales se identifican por las columnas luminarias de sus aceras. Puntualmente, linternas informan de los lugares de placer, las rojas para las prostitutas y las verdes para los homosexuales. Meteoro ha sido invitado a cenar por el cónsul Próculo. Allí, los nobles patricios, que han recibido una educación esmerada - griego, retórica, geografía e historia, ética y filosofía,…- hablan variada y refinadamente con sus comensales mientras les enseñan los curiosos tesoros de sus bibliotecas y pinacotecas para mayor lucimiento personal… Después, Próculo se ha tumbado en un triclinio y recita poesías picantes a una dama que se ha adueñado de sus ojos. También hay anfitriones tímidos e introvertidos que llegan a alimentar de gañote a algún personaje famoso para que, con sus chistes e imitaciones, le asegure una distinguida concurrencia a sus fiestas. Contrasta este refinamiento artístico y gramatical con el comportamiento de los romanos mientras se alimentan. Devoran entre seis y once platos con sus copas siempre llenas de los más variados vinos y licores. Arrojan los restos de sus tragos de la boca al suelo para que los esclavos los recojan. Están a la orden del día salivazos, pedos, eructos y vomiteras, que se provocan a sí mismos para poder seguir comiendo.

Allá en el campo, los correos militares no están tan ociosos. Recorren continuamente el imperio trasmitiendo avisos, mensajes y órdenes que mantienen la “pax” romana. Son tanto más importantes y urgentes de portar, cuanto lo sea el sello del anillo que imprime el remitente: un centurión, un senador, un procurador, un cónsul, o el mismo imperator.

© Carlos Parejo Delgado

domingo, 3 de febrero de 2013

Poemas serios (XXII)

En la noche, espantoso,
me ha desvelado un grito:
mi aliento desbocado con tu nombre.
No ha sido,
por fortuna,
más que un sueño.

Violeta

Comprendo que haya poetas
de pluma enhiesta e inquieta
que en el café “Los estetas”
emborronen servilletas
mientras, porque el hambre aprieta,
toman leche con galletas
y echándole mucha jeta,
con la mano en la bragueta,
no quitan ojo a las tetas
que dominan la silueta
embriagadora y coqueta
de la barwoman, Violeta.
Lo comprendo ¡qué puñetas!
Pero como estoy a dieta
y odio a muerte las galletas
y además no soy poeta
y si la penuria aprieta,
aun no siendo anacoreta,
más que otra cosa, me inquieta
consolarme por la jeta,
con la mano en la bragueta,
echando el ojo a las tetas
colosales de Violeta,
en lugar de servilletas
utilizo una libreta.
Y si la tengo completa,
papel del váter ¡puñetas!

sábado, 2 de febrero de 2013

Chunda, chunda, chunda, chunda, chunda...

Si Ludwig van Beethoven
volviese, como dicen que hizo Lázaro
–y yo que no termino de creérmelo–,
del mundo de los muertos,
en vista del estruendo que preside
las actuales tendencias musicales,
no rogaría a dios lo devolviese
a su tranquila tumba con urgencia;
Beethoven, ya es de sobra conocido,
al fin de su afinada vida estaba
más sordo que una tapia.

Lejos del alba

Tú no me escuchas, tú
no prestas atención a lo que digo
-esto que nada importa.
O tal vez sí me escuchas,
y es sólo que yo caigo, callo el cántico
mientras tu boca se abre,
buscando el aire tibio del crepúsculo,
como flor a la urgencia del rocío.

viernes, 1 de febrero de 2013

Espinela kakafónica

(o de los vampiros patrios)

En tanto el pueblo es más pobre
cada día, hay quien absorbe,
sin que apenas nada estorbe
-da igual que España zozobre-
euros de oro, plata y cobre
en el interior de un sobre.
Y aunque, por velarlo, se obre,
ya es sabido en todo el orbe
quien la sangre a España sorbe
e impide que se recobre.

Poemas serios (XXI)

Aun cuando raras veces lo consiga,
vencido por el vértigo y las náuseas,
rompo aguas con denuedo noche a noche
tratando de parir poemas feos.
Feos como la penuria, la metralla,
un vagabundo ahogándose en sus heces,
un dogma, el exorcismo, la tortura,
las ratas de cloaca o el cadáver
preñado y putrefacto de una cierva
dando alimento a moscas y gusanos.
Porque sin duda así,
damas y caballeros, mis amigos,
y no como esos rancios eufemismos
–el río que va a la mar, un sueño, un círculo–
con que huyen de su espanto, cobardes, los poetas,
es este vacuo, acerbo y arduo tránsito
denominado vida.

jueves, 31 de enero de 2013

Spam-ku (XX)


salta una rata
destapando el pastel
PUAJ! cuántas moscas

(Yoko Hosobre)

miércoles, 30 de enero de 2013

¡No me entierren con cuentos!


“No me contéis más cuentos,
que vengo de muy lejos
y sé todos los cuentos.”

León Felipe

Después de la Segunda
República, las fases
de la historia de España
–según nos han venido
contando los cuentistas
paniaguados de siempre–,
a grandes rasgos, fueron
Franquismo, Transición y Democracia.
Y yo que ya me sé todos los cuentos
e, igual que León Felipe,
no quiero que me arrullen
con cuentos, ni que sellen
mis ojos y mi boca
con cuentos y más cuentos,
les digo a esos cuentistas que no es cierto;
las fases de la historia
de España –pescadilla intemperante
mordiéndose la cola–,
lejos de la ilusoria
y bucólica fábula
con que nos adormecen,
robándonos los sueños,
han sido las siguientes:
criminal dictadura
de Franco, pos-Franquismo
y, al cabo, neo-Franquismo:
democracia ficticia
en que hacen a su antojo
y, deshaciendo al pueblo,
deshacen los bastardos
disolutos de siempre.

martes, 29 de enero de 2013

Ueheheeeeeeee!!!



(poema feo)

Ayer comí fabada
y todavía tengo la barriga
como un jodido barco metanero.
Y eso que di de cuerpo,
cagué, excreté, cisqué, evacué, hice caca,
con un esfuerzo amargo y sobrehumano,
seis veces desde entonces.
Qué hedor tan hosco, fétido y corrupto.
Y no pude evitarlo, lo confieso:
con cada mostrencá
(vocablo que es sinónimo
de boñiga por ciertos
pagos de mi provincia
gaznápira, rociera y, por supuesto,
ultra recreativista –de todo esto, seguro,
debe saber un güevo
mi célebre paisana, Doña Fátima Báñez)
pensaba en nuestro estulto
y mendaz Presidente,
Sr. Rajoy y todos sus... ministros.

Poemas serios (XX)

Varada en un instante de imposturas
que no hubieron presente ni mañana,
la eterna brevedad de la tristeza.

lunes, 28 de enero de 2013

Bando municipal suspendiendo las fiestas patronales

No están las cosas para tracas
ni fuegos de artificio cualesquiera.
Y no es que no haya nada
–que tampoco–
digno de celebrarse;
es que a muy corto plazo,
si no pone remedio
un golpe de fortuna,
mezclada con tornillos y cristales,
va a hacer falta la pólvora.

Viaje por el túnel del tiempo de las comunicaciones (1): Babilonia (800 AC) (Carlos Parejo)

Hoy que todo el mundo habla de la revolución de las telecomunicaciones Y del milagro de poder comunicarse instantáneamente dos personas que habitan en las antípodas del planeta Tierra, he vuelto la vista atrás y me he preguntado: ¿Nos comunicamos mejor o peor que en tiempos pasados? Y de ahí, estas reflexiones.

Al llegar a las murallas, desde mi lejana Gades fenicia, me sorprende que los guardianes sean políglotas. Me entienden perfectamente. Y es que se considera requisito indispensable este don de lenguas, para ejercer dicho cargo, y así poder entenderse fácilmente con las innumerables embajadas y caravanas que confluyen a la que se considera capital del Mundo conocido. Mientras espero que sellen mi salvoconducto, observo una curiosa manera de dar las horas de la primera vigilia. Los centinelas tocan clarines y tambores, mientras se encienden antorchas en las azoteas del templo zigurat y del palacio. En un banco descansan banderas de múltiples tonalidades. Pregunto su función y me explican que se izan en las torres cuando hay que informar de contagios, del peligro de invasión y un largo etcétera.

Todos los comerciantes que entran llevan una tablilla de cerámica, anudada al cuello, con su nombre y oficio. Las prostitutas, hay más de cinco mil, tienen una marca de fuego en el muslo y han de llevar el pecho derecho expuesto. Los sacerdotes se distinguen por su cráneo rasurado. Los altos dignatarios lucen barbas postizas más refinadas que el resto. Además, portan collares ensartados de perlas, y lujosos cordones y pectorales con símbolos labrados en oro de las divinidades. Las damas de alcurnia se dejan conducir en sillas de mano y literas. Las acompaña su típico séquito de doncellas y guardias. Y, por supuesto, no faltan su guardamosca, su sombrillero y su abaniquero particular. Las que son vírgenes visten de color malva; las que ya no lo son de tonos verdes, y las que han parido, de amarillo.

Mientras me interno por las calles de la ciudad, me doy cuenta de que los gobernantes han grabado en piedra lo esencial que debe saber la plebe. En la vía del templo hay lápidas representativas de todas las fiestas religiosas del año. 

En la plaza principal un obelisco, donde están escritos los códigos y leyes. De hecho, hay un barrio de artesanos lapidarios. Aunque su principal demanda es sembrar el país de cientos de estelas conmemorativas que ensalzan todos los logros del monarca de turno. Además, los empleados de la corte colocan en lugares céntricos, multitud de tablillas con notas y avisos importantes, cuando no los recitan los voceros en plazas, explanadas y murallas. Hay otra comunicación no oficial, que me divierte. Los poetas de la Corte narran cada semana en el zoco  aquellos principales acontecimientos que en ella se producen. Y luego éstos son reproducidos en los barrios por ciegos, mendigos y tullidos, puestos en cualquier esquina, a cambio de una limosna.

En el zoco hay figuras geométricas trazadas en grandes tablillas, que basta mirar y no hay que leer, para indicar donde se aparcan camellos y caballerías, el sitio de la lonja o de la posada. Hay una subasta de esclavos. Su valor se expone enseñando monedas de distintas formas y colores. Piezas laminadas rectangulares de plomo y cobre, y otras redondas de oro y plata. Cuando alguien adquiere la mercancía en una subasta, le basta con alzar la mano, bajar la cabeza y llevarse luego idéntica extremidad al pecho.

La mayoría de las gentes son analfabetas. El niño que acude a una escuela de escribas tiene el porvenir asegurado como funcionario o sacerdote. Allí se instruye en la escritura en tablillas de cerámica fresca, para los documentos oficiales; de barro seco, para otros asuntos, y en el manejo de la tinta y el papiro. Éste tiene un uso muy particular. Los espías escriben sus mensajes en ellos y los cosen a los forros de los vestidos de sus colaboradores, para informar al exterior. En los hogares el pueblo llano apenas lee sino que canta o recita historias aprendidas de memoria. Pero tiene decenas de amuletos y figuras de arcilla. Unas para encontrar pareja, otras contra el mal de ojo o no enfermar, las de más allá para los dioses que atienden cada necesidad cotidiana.

Las viviendas son sencillas chozas de barro y paja, excepto las que se decoran con multicolores barros vidriados. En éstas viven los dignatarios palaciegos, militares y religiosos. Éstos últimos no sólo guardan las divinidades a las que se reza, sino que tienen un ejército de nigromantes, que leen el porvenir en los astros, e intérpretes de sueños, a los que los altos dignatarios deben consultar antes de tomar cualquier decisión. Por si fuera poco, una larga cola de personas espera diariamente en la entrada a que les presten alimentos – tienen el 90 por ciento de las tierras-, o dinero en metálico, a precios de usura.

© Carlos Parejo Delgado

domingo, 27 de enero de 2013

Poemas serios (XIX)

Árbol sin sombra, di
¿por qué nos han robado,
las estatuas,
la estación de las lluvias?
¿Acaso tienen miedo a ver su rostro
seráfico en las aguas del estanque?
¿A caer sobre sí mismas y perderse
en la honda persistencia de lo turbio?
Pero no; las estatuas
desconocen el miedo, son aliadas
del transcurso del tiempo
y, en su firme arrogancia sin mirada,
se sueñan portadoras de lo eterno.
Y entonces ¿qué?, ¿quién nos robó la lluvia,
ese prodigio insólito que iguala
–sólo es cuestión de tiempo–
la piedra al fuego estéril del sediento?

Conmutación

Como una fina piedra que, lanzada
con maña contra el agua de un remanso,
rebota hasta morir en la otra orilla.