jueves, 5 de abril de 2007

La sin-razón


¡Venceréis, pero no convenceréis! –les gritó el general, sabiéndose ya sin argumentos, un instante antes de ordenar abrir fuego.

miércoles, 4 de abril de 2007

Anillos de ceniza (un poema de Alejandra Pizarnik)

A Cristina Campo

Son mis voces cantando
para que no canten ellos,
los amordazados grismente en el alba,
los vestidos de pájaro desolado en la lluvia.

Hay, en la espera,
un rumor a lila rompiéndose.
Y hay, cuando viene el día,
una partición del sol en pequeños soles negros.
Y cuando es de noche, siempre
una tribu de palabras mutiladas
busca asilo en mi garganta,
para que no canten ellos,
los funestos, los dueños del silencio.

El efecto mariposa

Hoy que vuelve a cobrar fuerza la demagogia falaz de los que pregonan el "agua para todos", de los que se lamentan del "agua que se pierde en el mar" y de los que pretenden cubrir de hormigón y asfalto caulquier hálito de vida, recupero este artículo "novelado" que escribí allá por mayo del año 2001 y que fue publicado en el diario Huelva Información.

Un aspecto que normalmente no se tiene en cuenta a la hora de evaluar la incidencia ambiental de una determinada obra o proyecto es el de los impactos que podríamos denominar remotos, el tan de moda “efecto mariposa”, algo que, dicho así, puede parecer una cursilada o el producto de la mente “acalorada” de intelectuales y tecnócratas locos o pedantes, pero que, lejos de esto, es algo muy a tener en cuenta. Así, hoy comienza a haber cierto consenso en admitir que fenómenos como los incendios de 1997 en Australia e Indonesia o los más recientes de la selva amazónica tienen su origen (o, mejor, parte del mismo para acometer una más lógica explicación multifactorial en la causalidad de los fenómenos) en el ya famoso “Niño” del Pacífico Chileno, con una desconocida virulencia inusitada de sus manifestaciones en la actualidad como consecuencia del ¿cambio climático? : El efecto mariposa o los impactos remotos de los diferentes fenómenos naturales o antrópicos a los que hasta hace muy poco tiempo no se había dado ninguna relevancia.

Este efecto mariposa a nivel global o planetario es algo que a escala regional también se produce, siendo, si cabe, hasta más evidente. No obstante cuando se realizan estudios de impacto no se suelen tener en cuenta estos efectos remotos, bien en el plano espacial o en el temporal. Se evalúan casi exclusivamente los impactos más o menos locales y los que se pueden producir a corto o medio plazo.

Para ilustrar y hacer más comprensible este argumento me voy a permitir contar una historia, en la que por supuesto, “todos los hechos, lugares y personajes son ficticios y cualquier coincidencia con la realidad es pura casualidad”.

Erase una vez un país llamado IMPACTOLANDIA. Este era un lugar maravilloso, con inmensos bosques, magníficos ríos y tierras fértiles que sus habitantes aprovechaban de un modo tradicional y sostenible, sacando de la Naturaleza lo que necesitaban para vivir y compensando a la misma con un exquisito respeto por sus valores. No había grandes fortunas, todos tenían que trabajar a diario para vivir y todos vivían dignamente.

Pero un día llegó a aquellas tierras un gran emprendedor, llamado Señor X (no confundir con el Señor X de los GAL), con grandes proyectos. Él sólo iba a transformar la anticuada economía de aquel “atrasado” país, mediante la instalación de diferentes industrias basadas en la materia prima de aquellos “inútiles” bosques. Iba a generar energía (limpia por supuesto), a fabricar papel, muebles y un sin fin de productos manufacturados y, de paso, iba a proporcionar un enorme número de puestos de trabajo a los habitantes de la zona, porque aunque éstos ya tenían trabajo suficiente en el aprovechamiento sostenible de unos recursos naturales que eran su patrimonio inmemorial, sus técnicas de producción eran muy anticuadas y generaban poco valor añadido y escasas plusvalías. Con los nuevos avances prometidos, su trabajo iba a ser mejor y de mayor calidad e incrementarían notablemente su nivel de vida.

Así que en pocos años el Señor X acabó con aquel estúpido bosque sin utilidad alguna (no hubo oposición ninguna, no había aún conciencia ambiental; ni se evaluaron posibles impactos: por aquel entonces aún no existía esa molesta e inútil figura legal que la mayoría de las veces sólo sirve para impedir el “desarrollo), dejando en su lugar unas tierras yermas y casi desérticas, ¡bendito desierto por haber contribuido al “desarrollo” económico de IMPACTOLANDIA! Muchos habitantes de aquel bosque se trasladaron a trabajar a las factorías del Señor X, pero éstas no tenían capacidad suficiente para absorber toda la mano de obra que quedó sin tarea alguna al no poder ya ocuparse en aquella extinta riqueza forestal aniquilada es pos del modernismo y el crecimiento económico.

Al poco tiempo, aquellos ríos limpios y con un caudal suficiente todo el año (hay un “horrible” y “falso” dicho ecologista que afirma que el bosque es el mejor embalse posible) comenzaron a aparecer turbios por la materia que arrastraban y a secarse en verano, y los habitantes que fueron a poblar las villas y ciudades que surgieron en torno a la factoría del Señor X (insisto no confundir con el tema del GAL), empezaron a padecer sed, y los agricultores que les suministraban alimento comenzaron a tener problemas para regar sus tierras.

Ante tamaño problema, sesudos gobernantes decidieron que aquel “cuello de botella” de la economía del país había que atajarlo como fuese. Una señora llamada “Morcilla”, asesorada por el Señor X (convertido por aquel entonces en un gran constructor y en terrateniente) llegó a la conclusión de que recuperar aquel bosque era, además de innecesario, inviable, y que lo mejor era construir una serie de grandes embalses que almacenaran el agua en épocas de abundancia para cuando llegaran las vacas flacas. Ya había conciencia ambiental y se estudió el impacto de aquellos embalses en la fauna local, se hicieron islotes artificiales para las aves, se “aclimataron” nuevas áreas para mamíferos, e incluso se transplantó alguna encina centenaria al desierto que se había creado aguas arriba. La verdad es que “no quedó mal”.

No pasaron muchas lunas para que, muy lejos, aguas abajo, ya en la desembocadura de aquel río, Perico “Acuicultor” notase que las marismas donde sus más remotos ancestros habían encontrado sustento suficiente desde siempre, empezaban a secarse y a ser más y más saladas, y contempló como cada vez había una menor cantidad de peces, y desaparecían las especies más valiosas. Ya apenas llegaban a aquellas marismas aguas del río, ni los ricos sedimentos nutritivos que se acumulaban en ellas con cada crecida.

Por su parte, Curro “Chiringuito”, que había construido un “bareto” junto al mar (por supuesto fuera de dominio público), vio como la playa iba desapareciendo y los temporales cada vez eran una amenaza mayor para un patrimonio en el que había empleado todos sus recursos, hasta que un día una gran ola se lo tragó (entiéndase que esta ola se tragó el “bareto” y no a Curro, afortunadamente no hubo que lamentar daños personales).

Comenzaron las protestas; aquel embalse, junto a otras obras mal planificadas como diques, espigones y puertos deportivos, había reducido el aporte de arena a aquella playa antaño paradisíaca. Pero el Señor X y la Señora “Morcilla” no se arredraron, tenían la solución, una solución de progreso.

Transformarían aquellas marismas anticuadas en una instalación de corte industrial superproductiva y el “bareto” de Curro “Chiringuito” en un moderno complejo hotelero-hostelero-urbanización de segunda residencia (no faltaron, por supuesto, varias de esas instalaciones que tanto contribuyen a recuperar el medio ambiente en áreas degradadas como son los campos de golf) en los que darían empleo estable a Curro, sus amigos y sus familiares. Pero para ello había que recuperar aquella playa. Fácil; se dragaría de por vida la arena de los fondos marinos para rellenarla y mantenerla frente a los embates de aquel malvado océano.

¡Que maravilla! Al poco tiempo, donde había una playa limpia y libre para todos, se levantaban modernos hoteles, sobre una arena donde se pudrían peces muertos, y campos de golf, privilegio de turistas, en los que de manera estacional trabajaba Curro “Chiringuito” y hasta de vez en cuando Perico “Acuicultor”, que había visto como sus marismas se habían transformado en un estanque donde otros criaban peces transgénicos muy gordos y caros.

Poco después, Pepe “Pescador”, que vivía de pescar artesanalmente sargos, pargos (ciertamente capricho de dioses), herreras, lenguados, caballas, y otros manjares exquisitos en la costa, vio como muchos de los días en los que salía a faenar (por supuesto junto a las instalaciones para el dragado que estaban por doquier) de sol a sol volvía de vacío, hasta que un día tuvo que vender su pequeña embarcación y pasó a ofrecer pañuelos de papel a los automovilistas junto a un semáforo, que por supuesto había financiado el Señor X.

Pero todo esto eran minucias comparadas con la modernización, progreso y riqueza (por supuesto acumulada en manos del Señor X) que en pocas décadas habían transformado radicalmente el paisaje, el modo de vida y las relaciones sociales en IMPACTOLANDIA.

Tan grande fue el cambio que el máximo dirigente del país, el Señor “ANSAR” (al que, aunque tenía nombre de “pato”, sus homónimas palmípedas se la traían al fresco) decidió pasar ya siempre allí sus vacaciones y en la primera ocasión que lo hizo no pudo más que exclamar “IMPACTOLANDIA VA BIEN, pero que muy bien”. Y todos estuvieron de acuerdo, desde el Señor X hasta Pepe “Pescador”, temeroso de que algún día pudieran echarlo del semáforo.

Hoy los más contestatarios en IMPACTOLANDIA, por supuesto rojos diabólicos o ecologistas locos que lo único que quieren es volver a morar en sucias y libidinosas cavernas, lo más que se atreven es a preguntar: ¿Después de Pepe “Pescador”, quién? El tiempo lo dirá.

Y COLORÍN, COLORADO…

martes, 3 de abril de 2007

Rima sencilla

Al marcharse se llevó,
Con su aliento, media vida,
Mas la mitad que quedó
No ha de morir en la herida
Del corazón que quebró
Su dolorosa partida.

La parroquia de los excluidos y la falsa Iglesia.

Vaya por delante que yo no soy creyente. Lo cual no quiere decir que deje de respetar profundamente cualquier creencia religiosa ni que deje de valorar la labor en pro de los seres humanos que vienen efectuando desde siglos muchos creyentes, ya religiosos, ya seglares.

En el contexto de esta labor humanitaria se encuentra la parroquia de San Carlos Borromeo del madrileño barrio de Entrevías, la parroquia de “los excluidos”. Esta parroquia fue eximida hace veintidós años de sus responsabilidades pastorales por el entonces arzobispo de Madrid, Ángel Suquía. Desde entonces, los responsables de la parroquia vienen realizando una ímproba labor a favor de los desposeídos, de los marginados, de los excluidos, de los nadie, que diría Galeano. Antes que a evangelizar, se han dedicado a tratar de reintegrar a estos excluidos –drogadictos, prostitutas, sin techo…- en la sociedad, dándoles otra oportunidad de construirse un proyecto de vida digna y sin tantas apreturas, de ser hombres y mujeres de provecho que, tras comenzar de nuevo a amarse a sí mismos, sean capaces de amar y ayudar a sus semejantes. En definitiva, y en mi modesta opinión, a seguir fielmente la doctrina y las ideas de iglesia que quiero pensar que defendía Jesucristo, la iglesia de los pobres y para los pobres, una iglesia de personas con criterio y no un rebaño de borregos sumisos a los dictados de las jerarquías eclesiásticas.


Y, claro, esto ha terminado molestando a esas jerarquías, a esas jerarquías que sólo saben del “ordeno y mando” y que no quieren que nadie cuestione sus mandatos por extemporáneos y poco humanitarios que resulten, esas que quieren hacernos pensar que con la fe se soluciona todo y que se agarran a esa fe espuria para mantener sus privilegios. Deben ser los “nuevos” aires que corren desde el Vaticano desde la elección de Benedicto XVI como Papa, un Papa que ya ha dado buenas muestras de su involucionismo y de sus afanes reaccionarios.


Y, claro, el actual arzobispo, Rouco Valera, ha decidido poner fin a tan cristiana experiencia, bajo la burda coartada, en un acto de cinismo sin parangón, de convertir la citada parroquia en un centro dedicado a la acción social de la iglesia. Porque ¿qué aberración es esa de hacer comulgar con rosquillas a los hambrientos? ¿Y eso de impartir la liturgia con métodos dialécticos, dialogando, comprendiendo, escuchando, en lugar de, como mandan los cánones, “impartir las enseñanzas de Cristo” casi en latín, para que nadie las entienda, y tan sólo sean “compartidas” por esa mezcla de fe, miedo y asunción ciega de conciencia de pecador –aunque se desconozca el pecado cometido- que tanto daño han venido haciendo a la humanidad desde tanto tiempo atrás? Los que detentan el poder con modos absolutistas nunca han querido que sus siervos ni comprendan ni se cuestionen nada, sino un servilismo ciego que siga fielmente cualquier mándato jerárquico por injusto y aberrante que pueda llegar a ser.


Y es que, desde esa parroquia han surgido grupos tan dinámicos, tan humanitarios, independientemente de la mayor fe o no de sus integrantes –que hasta miembros de otras confesiones acudían allí a buscar asilo-, tan críticos y exigentes como Traperos de Emaús, Coordinadora de Barrios, Escuela sobre Marginación, Fundación Raíces... ¿Más acción social?, señor Rouco. Pero ¿a quiénes pretenden engañar estos señoritingos con casulla de la curia eclesiástica?


Tanto tiempo metiéndonos el miedo en el cuerpo con el Armagedón y el advenimiento del Anticristo, cuando ellos no dejan de trabajar únicamente por mantener sus privilegios y la obediencia ciega de los fieles, aun en contra de todo lo que predicó Jesús. No será que el Anticristo ya está entre nosotros, no ese Anticristo imposible de leyendas de agoreros y milenaristas, sino un Anticristo real y cotidiano, ese que se empeña en tirar por tierra la labor de los que se ocupan en tratar de mejorar las condiciones de vida de los excluidos, sean o no creyentes, que todos deberían tener cabida, de existir éste, en el Reino de los Cielos.


Creo que algunos, por mantener su estatus incuestionable, están dando pasos de gigante camino del infierno. Una pena que tampoco exista para que allí más de uno recibiese lo que merece por su falta de humanidad y su desprecio por el sufrimiento ajeno y por la labor desinteresada de aquellos que tratan de aliviarlo.


Vaya desde aquí mi solidaridad con los curas de la Parroquia San Carlos Borromeo, y con su intención de resistir al ataque vergonzoso que han recibido desde los que se autoproclaman indecentemente servidores de Dios y de los hombres. Y mi reprobación y desprecio por estos anticristos cotidianos empeñados únicamente en joder al prójimo.


Amén.


Ps. Me pueden, señores de la curia, amenazar de excomunión si no me retracto, que me la trae al fresco, que yo no he hecho oficial declaración de apostasía, porque me siento hace ya tiempo un apóstata de hecho. Que les den.

lunes, 2 de abril de 2007

Donde habite el olvido... (un poema de Luis Cernuda)

Donde habite el olvido,
En los vastos jardines sin aurora;
Donde yo sólo sea
Memoria de una piedra sepultada entre ortigas
Sobre la cual el viento escapa a sus insomnios.


Donde mi nombre deje
Al cuerpo que designa en brazos de los siglos,
Donde el deseo no exista.


En esa gran región donde el amor, ángel terrible,
No esconda como acero
En mi pecho su ala,
Sonriendo lleno de gracia aérea mientras crece el tormento.


Allí donde termine este afán que exige un dueño a imagen suya,
Sometiendo a otra vida su vida,
Sin más horizonte que otros ojos frente a frente.


Donde penas y dichas no sean más que nombres,
Cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo;
Donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo,
Disuelto en niebla, ausencia,
Ausencia leve como carne de niño.


Allá, allá lejos;
Donde habite el olvido.


Luis Cernuda


Este es para mí, no uno de los mejores, sino el mejor poema que he leído. Casi insuperable su lirismo. Y Cernuda, un poeta sin fisuras; sólido y, a la vez, embriagador como el éter.


De un oscuro rincón de la memoria

Cada noche, cuando mueren las estrellas
Entre la niebla amarilla
Del tiempo y el desaliento,
Me enfundo guantes de seda
Y asesino los recuerdos.

No es tarea nada fácil,
Y es que los muy puñeteros se defienden
Tan bien como gato panza arriba,
Y gimen y aúllan y muerden
Y arañan con sus garras el latido
Que alocado palpita en mis heridas.

Pero yo, con los modos de un nefasto cirujano,
Les clavo mis uñas sobre el lomo
Y golpeo sus fauces, sin aliento,
Y en mi horrible crimen aterrado.

Luego, espantado por la sangre chorreante de las sábanas
Me abro paso llorando a dentelladas sobre ellos
Hasta alcanzar a quebrarles de un lamento
La garganta.

Y todo, frío,
Se torna silencio oscuro.

Más tarde, cuando llamo a los servicios funerarios,
Para tratar de disponer que se hagan cargo
Tal y como se merece del cadáver,
Una voz, amable
Y a la vez sumamente impersonal,
Desde el otro lado del hilo telefónico me informa
De que en mi póliza de seguros no aparecen contempladas
Determinadas coberturas sin importancia.
Y cuando insisto, argumentando
Que empieza a oler a demonios,
Ya con unas maneras
Bastante más destempladas, y antes de colgarme bruscamente,
Me aconseja, con tono sarcástico,
Que vaya a buscarme la vida
A otro lado
-Ironía, quiero suponer,
De indolentes empleados funerarios-.

Me vuelvo entonces ofuscado
Para cerciorarme de que todo fue como debía,
Y un fantasma pavoroso que se aleja con el alba,
Entre susurros me anuncia
Que ha de volver con la noche
A ganarme otra batalla
Consumiéndome la sangre.

domingo, 1 de abril de 2007

El polígrafo

Aun después de conocer los resultados concluyentes de la prueba a la que había sido sometido, siguió sin poder asumir que, desde mucho tiempo atrás, no había hecho otra cosa que estar permanentemente engañándose.

Ergástula

Esta sed
Tan yerma,
Y ahí,
Frente a los labios resecos,
Aguas de un río cantando
Que me esquivan como sueños.

Boca henchida de tormento,
Y un anhelo, renegado,
De desiertos y silencio.

sábado, 31 de marzo de 2007

Ya gaviota migratoria


Ven, sí,
Ven
Y mírame.

Yo que fuera como alondra
Que apegada a tus jardines
Consumiera gota a gota
En tus rosas el rocío,
Hoy gaviota migratoria
Me apresto a levar el vuelo
Para dejar que acaricie
La dulce lluvia tus pétalos.

Y buscaré en otro mar
Las olas que nos negamos,
Al confín de un horizonte
Estrellado sin ocaso.

No es que en tu ansiado jardín
Dejase de amar las flores
Pero debo ya rendir
La sangre de mis blasones,
Y dejarte así morar
Nuevas nubes, nuevos vientos
Y recobrar la color
Sin mi aliento macilento.

Ven, sí,
Ven, y digamos adiós.

Y cuando me eche a volar
Mirémonos frente a frente
Esbozando una sonrisa
Que perdure para siempre.

viernes, 30 de marzo de 2007

Concurso de microrrelatos

En el trastero de la imaginación, el amigo larrey ha tenido la excelente idea de convocar un concurso de microrrelatos. Además está dotado de los mejores premios que se pueden conceder a alguien que escribe por el placer de hacerlo: participar y compartir. ¿A que sí? Pues venga, a animarse. Además de los enlaces, os copio aquí también las bases.

Un abrazo.
Rafa.

Una de las cosas más interesante que han llegado con el funcionamiento de este blog es el tema de los microrelatos. Además, por los comentarios que he leído, es quizá lo que más gusta. Como también estoy recibiendo de otros lectores he pensado HACER UN CONCURSO DE MICROS. No quiero que los participantes lo pongan como comentario de este artículo, sino que lo manden a mi correo: escritorenciernes@hotmail.com para que yo, una vez que tenga todos (espero que sean unos cuantos) los publique y republique (periódicamente) para que los vayamos votando. Así que, ya sabéis, lanzad el vuestro, que seguro que es el mejor.

Cigüeña

Yo ya no sé de nidos
Ni rutas hacia el sur:
Murmura un frío ardiente de sepulcros,
Y el viento en el ocaso
Sin nubes en el cielo
Me abisma desterrado al vertedero
Sin que una flor de plástico me otorgue
Quimérica esperanza de estaciones.

jueves, 29 de marzo de 2007

¿Y el amor?

Hoy he estado charlando con mi buen amigo Carlos, al que hacía ya un tiempo que no veía, y con el que siempre ha sido la conversación fluida, diversa, inteligente -digo yo-, y, en definitiva, amena y, a pesar de hablar tanto de temas serios como triviales, en todo momento divertida. Bueno, pues, como siempre, hemos hablado de todo tipo de asuntos, pero, de entre todos ellos, ha habido uno que, aun no siendo ni con mucho el de más peso –o sí, quién sabe-, ha llamado poderosamente mi atención.

Me refería Carlos que había escuchado una conversación entre dos amigas suyas, no porque Carlos tuviera intención de escuchar, sino por que ellas hablaban con total naturalidad del asunto y sin ningún tipo de tapujos, en la que una de ellas comentaba a la otra que los principales motivos que ella encontraba para compartir la vida con otra persona eran: poder irse de la casa de sus padres, sin tener que estar abocada a la soledad, y poder adquirir una Vivienda de Promoción Pública. Y, también, poder tener un acompañante seguro para las citas de carácter social, ya fuesen programadas o espontáneas. Y que, para poner la guinda a tan sólida relación, lo que no deja de ser ideal es que tanto los horarios laborales de los miembros de la pareja, como sus aficiones, no sean coincidentes para, de este modo, no dar oportunidad a demasiado diálogo. La respuesta de la otra amiga fue estar en todo de acuerdo. Y, bueno, tal vez, aunque ninguna de las dos lo mencionase, me da por pensar que, igual en algún momento, pudieron pensar en lo útil –y útil es un adjetivo muy meditado en este punto del texto- que puede resultar poder tener más o menos asegurada la satisfacción de las necesidades sexuales. Aquí es preciso que haga un inciso para decir que pienso que una conversación de este tipo es igualmente posible entre dos hombres.

Tras contarme todo esto, con una expresión y un tono de voz que denotaban perplejidad y asombro, hizo una larga pausa, acompañada de un gesto pensativo y a la vez escéptico, tras la que, con una vehemencia calmosa, me dijo:

- Y entonces yo pensé, Rafa, ¿y el amor?, ¿y el amor?

Yo, que no dejo de ser un romántico compulsivo y puede que un tanto morboso, no pude más que, sin palabras, mostrarme de acuerdo con la profunda, compleja y decepcionada reflexión sobre la banalización de los afectos contenida en su pregunta retórica.

Pero, casi de inmediato, terminé por decir:

- Querido amigo, nosotros dos no somos más que unos idealistas trasnochados y permanentemente angustiados por pretender o por no poder abandonar ciertas filosofías de vida que ya hace tiempo que se batieron en retirada.

Y, entre estas filosofías, no me refería tan sólo a las relativas al amor-pasión o de pareja, sino a todo tipo de relaciones “sociales” –padres-hijos, entre amigos, etc.- en las que el afecto, de ser casi el motivo exclusivo o, al menos, el de mayor importancia para su nacimiento, desarrollo y consolidación, ha pasado a considerarse un elemento meramente accesorio, con tintes ciertamente edulcorantes o decorativos, cuando no a no existir directamente.
O ¿pudiera ser también que yo ya me haya hecho adicto crónico a los pensamientos negativos?

Lo que siento por ti (un poema de Idea Vilariño)

Lo que siento por ti es tan difícil.
No es de rosas abriéndose en el aire,
es de rosas abriéndose en el agua.

Lo que siento por ti. Esto que rueda
o se quiebra con tantos gestos tuyos
o que con tus palabras despedazas
y que luego incorporas en un gesto
y me invade en las horas amarillas
y me deja una dulce sed doblada.

Lo que siento por ti, tan doloroso
como pobre luz de las estrellas
que llega dolorida y fatigada.

Lo que siento por ti, y que sin embargo
anda tanto que a veces no te llega.

Idea Vilariño.

miércoles, 28 de marzo de 2007

Sobreviviente

Cuando me colmó tu ausencia
yo pensaba que sin ti
de desamor moriría.

Y en mi espantosa agonía
esa esperanza perdí:
¡Sobrevivo en la carencia!

(Ya lo dice el refranero:
mala hierba nunca muere;
¡Soy cizaña sin tu apego!).

Abismos


Hoy me siento enfermo, más enfermo de lo que últimamente es habitual. Ayer me lancé una vez más a corazón abierto contra el muro de espinos que me rodea sin efugio, intentando arañarle una leve rendija que permitiese entrar un poco de aire. Pero lo único que logré fue salpicarlo todo de sangre. Y, tras el golpe, noté que algo importante, casi vital, se me había roto en lo más adentro. No fue nada físico, pero un trozo de alma se me cayó por los suelos con estrepitoso silencio, dejando al descubierto un enorme no se qué amargo y macilento en mitad de mi costado. Después, con el paso de las horas, pareció que de la herida abierta iba dejando poco a poco de manar con tanta fuerza la esperanza. Pero al llegar la noche, se me comenzó a escapar otra vez a borbotones. No he podido pegar ojo y no me han dejado de doler por un solo instante la cabeza, el pasado y el estómago. A las seis de la mañana, cuando me avisó el despertador de que me debía poner en marcha, me metí en la ducha para tratar de inferir un poco de calor al desaliento, y así desentumecer mi corazón cansado lo suficiente como para poder enfrentarme al día. Pero sólo he sentido frío. Luego, unas nauseas terribles me han retorcido de angustia haciéndome vomitar densos regueros de vacío. Pero casi todo se me ha quedado dentro. Y tampoco he logrado expulsar la bilis inmunda que inunda mis sentidos. Y no he tenido fuerzas para erguirme en el abismo. Ahora estoy en casa, sólo, más sólo que nunca, tratando de taponar con el olvido los desgarros de mis entrañas, para mañana poder de nuevo arrastrarme por el fango buscando el camino que he perdido. Pero en esta cárcel que encierra la arritmia palpitante de los pedazos de mi alma requebrada, sigo sin vislumbrar una estrella que me muestre donde queda la salida. Todo está negro; y el dolor inenarrable de lo oscuro hace que sangren mis dedos.

martes, 27 de marzo de 2007

Sólo busco un breve aliento

Sólo busco en la energía
De un breve aliento prestado
La calidez de la esencia
De algunos sueños pretéritos.
(Y en la atmósfera vacía
Vago en mis suspiros yermos).


Sólo espero que un momento,
Pertrechado de esperanza,
Alumbre la turbia uñada
Que se requiebra en mis dedos.
(Y en mis sueños de vigilia
Vuelan sombras al acecho).

Sólo un poco de clemencia
Dictada por los afectos
Para arrancar a mi vida
Tanto barro en sus cimientos
(Y una dureza de piedra
Se desploma desde el cielo).


Sólo una mirada amiga
Que la maraña marchite
Y de su mano sin tacto
Me conduzca a mi sendero.
(Cicatrices de patíbulo.
Arañan muñones ciegos).

Poder balbucir un nombre
Sin disfrazar de metáfora,
Torpe máscara que esconde
Culpa, cobardía y miedo.
Sólo
Eso
Voy buscando
Solo en mitad del océano,
Con el trayecto
Perdido,
Sin remos, vela, ni viento,
Sin un leve canto de sirenas
Como el último refugio del naufragio.

Y profano el mar que me acogía
Al tratar de retenerlo entre las manos,
Y la hiriente arena macilenta
De amargas lunas menguantes
Se me instala en los sentidos
Ahogándolos.

Pedestal de cieno

Te he visto en un delirio mirándome
Desde el pelo ensortijado dando escolta
A tus labios de fresa y tentación,
Y nos he soñado eternamente compartiendo
Anhelos, sinsabores y esperanzas
Al son del prodigio del viento:
Dulce sueño de un iluso
Que aún piensa que los afectos
Son los que mueven el mundo.
Luego, al despertar
Con matices agridulces en mi aliento
Te he buscado por la casa
Como quien busca un latido quebrado
Y la estela de mi sangre en el silencio me ha arrojado
Al pedestal de tu ausencia.

lunes, 26 de marzo de 2007

Cuarenta grados a la sombra (un poema de María Gómez)


Cuarenta grados a la sombra
Hay una alameda sin álamos
y sin bancos en los que sentarse
donde se compra y se vende dinero
al mayor postor.
Una irónica pintada de diseño ('Escape')
corona la fachada
de un antro sospechoso, con puerta cerrada
a hierro y canto.
Rodean la alameda sin álamos
ocho edificios Giralda de hormigón.
Un pobre de limosna soporta la vida bajo
la 'Consulta de Tratamiento de la Anorexia Mental
(puerta 21, cuarto B)'.
Y yo,
que salgo de la casa para no estar sola,
me siento en una terraza de esta alameda
sin álamos y con bancos nominativos,
a ver si por lo menos intercambio aburrimientos
con el camarero.
Pero no aparece nadie.
Al rato, el colmo de la soledad:
"psh, oiga, que es autoservicio",
equivalente al "su tabaco, gracias".
Menos mal Angel González
y esta cerveza fría
que indirectamente me han servido.
Pienso en ti y en el poema que escribirías
rodeado por esta realidad del verano sevillano,
en un barrio de urbanismo urgente e impersonal.


María Gómez Martínez, Islamaría.


Para saber más de María Gómez. Y también aquí.

Aun con la lengua muerta

Aun con la lengua muerta y fría la boca
Pienso mover la voz a ti debida.
Garcilaso de la Vega.

Cuantas veces a las puertas
De tus brazos he quedado,
Cuantas noches macilentas
Sin la luz de tu regazo,


Cuanta lágrima escondida
En la angustia de mis versos,
Cuanta pútrida saliva
Calcinada sin tus besos,


Cuantos gritos despechados
En la prisión de la ausencia
Cuanto amor amordazado
Tras los muros de un poema,


Cuanta estrofa ensangrentada
Por no habernos encontrado,
Cuanta vida malgastada
Por el pánico a entregarnos.


Y se me escapa la vida
Con la mudez de mis versos
Poesía a ti debida
Como bálsamo y veneno.


El desamor que en ti siento
Es lo que me hace poeta,
Y extenderá mi lamento,
Cuando more bajo tierra,


Más allá del sinsentido
De lo eternamente muerto,
Y mi verso como aullido
Pervivirá en el silencio,


Aunque entonces como ahora,
Indiferente a mis ruegos,
Tornes muda la oratoria
Donde yacen mis deseos.